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La Reina Del Fuego

La Reina Del Fuego

Status: Terminada
Genre:Mitos y leyendas / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Selflove

En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.

NovelToon tiene autorización de Selflove para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: El reino que el mar devoró

El castillo entero despertó en caos.

Magma lo sintió incluso antes de salir de su habitación. Los pasillos normalmente elegantes del palacio ardían de movimiento: soldados corriendo, sirvientes nerviosos, puertas abriéndose y cerrándose con violencia.

Y el fuego.

El fuego estaba inquieto.

Las antorchas temblaban sobre las paredes como si una corriente invisible las golpeara constantemente. Algunas crecían de repente. Otras se apagaban por segundos antes de volver a encenderse.

Magma avanzó rápidamente entre los corredores ignorando las órdenes de los guardias que intentaban detenerla.

—¡Princesa, no puede bajar!

—¡Su padre ordenó que permaneciera en sus aposentos!

Ella no escuchó.

Algo dentro de su pecho ardía demasiado fuerte.

Necesitaba saber qué estaba ocurriendo.

Descendió las enormes escaleras centrales del castillo y llegó finalmente al Salón Solar, donde los miembros de la corte discutían alrededor de una mesa gigantesca iluminada por fuego líquido.

Su madre fue la primera en verla.

—Magma.

Había tensión en su voz.

Kaelor estaba de pie frente a un enorme mapa del reino. Varios generales y consejeros hablaban al mismo tiempo mientras soldados entraban y salían constantemente de la sala.

Y todos tenían miedo.

Eso era lo peor.

Magma jamás había visto miedo en los líderes del Reino Ígneo.

—¿Qué ocurre? —preguntó acercándose.

El rey guardó silencio unos segundos.

Como si intentara decidir cuánto decirle.

Finalmente habló.

—Aparecieron barcos en la costa sur.

—¿Piratas?

Nadie respondió.

Uno de los consejeros tragó saliva antes de murmurar:

—No existen barcos así.

Magma frunció el ceño.

Kaelor giró lentamente el mapa hacia ella.

Sobre la costa sur había marcas negras dibujadas apresuradamente.

—Los vigías aseguran que navegaron entre la niebla sin velas ni fuego.

El salón quedó completamente en silencio.

Y entonces otro hombre habló.

Un anciano general cubierto de cicatrices viejas.

—Los sobrevivientes dicen que el océano se movía con ellos.

Un escalofrío recorrió la espalda de Magma.

—Eso es imposible.

Pero mientras lo decía, recordó algo.

Las historias.

Los cuentos prohibidos.

Los relatos que las niñeras dejaban a medias cuando hablaban del Reino del Agua.

El rey notó el cambio en su expresión.

—¿Qué recuerdas?

Ella dudó.

Porque incluso mencionar ciertas cosas dentro del Reino Ígneo era peligroso.

—Cuando era niña escuché historias sobre personas capaces de controlar el mar.

Algunos consejeros hicieron inmediatamente el símbolo sagrado del fuego sobre el pecho.

Como alejando una maldición.

Uno de ellos habló con nerviosismo:

—Los herederos del agua desaparecieron hace siglos.

—Eso creíamos —murmuró Kaelor.

El silencio cayó otra vez.

Magma sintió que el aire dentro del salón se volvía más pesado.

—¿Qué quieren?

Nadie tenía respuesta.

Pero entonces las puertas del salón se abrieron violentamente.

Un guardia entró cubierto de sudor y ceniza.

—¡Majestad!

Respiraba tan agitado que apenas podía hablar.

—La costa sur… está ardiendo.

Todos quedaron inmóviles.

Magma frunció el ceño.

—¿Ardiendo?

El hombre asintió desesperadamente.

—Las aldeas comenzaron a incendiarse apenas los barcos tocaron tierra.

Eso no tenía sentido.

El agua apagaba fuego.

No lo creaba.

Kaelor tomó inmediatamente la espada ceremonial junto al trono.

—Preparen a los soldados.

Lynera se levantó de golpe.

—No irás solo.

—Debo hacerlo.

—Entonces yo también.

Los ojos de Magma se abrieron apenas.

Sus padres jamás discutían frente a la corte.

Kaelor sostuvo la mirada de la reina.

—Si esto realmente es el agua…

No terminó la frase.

No hacía falta.

Todos entendieron.

El reino entero había sido educado para temer al agua.

Porque el agua no destruía como el fuego.

El agua consumía lentamente.

Silenciosamente.

Y nadie sobrevivía cuando decidía llevarse algo.

Magma dio un paso adelante.

—Voy con ustedes.

—No —respondieron ambos al mismo tiempo.

Ella apretó los puños.

—Ya desperté mi fuego.

Kaelor la observó fijamente.

Y eso dolió.

Porque por primera vez desde el mercado…

su padre parecía verla como heredera.

No como hija.

—Precisamente por eso te quedarás aquí.

Magma sintió rabia inmediata.

—¡No soy una niña!

Una pequeña explosión de brasas salió disparada desde las antorchas cercanas.

El salón quedó en silencio.

Las llamas reaccionaban a sus emociones otra vez.

Lynera caminó lentamente hacia ella.

—Magma. Escúchame.

Su voz era suave.

Pero había algo extraño en sus ojos.

Algo parecido a despedida.

—Si ocurre algo…

—No digas eso.

La reina sostuvo su rostro entre las manos.

—Necesito que recuerdes quién eres.

Magma sintió miedo inmediatamente.

—Madre—

—Prométemelo.

La princesa tragó saliva.

No quería hacer esa promesa.

Porque algo dentro de ella le gritaba que todo estaba cambiando demasiado rápido.

Aun así asintió lentamente.

Lynera besó su frente.

Y por primera vez desde que era pequeña…

Magma sintió ganas de llorar sin entender por qué.

Horas después, el castillo estaba casi vacío.

La mayoría de soldados y generales habían partido hacia la costa junto al rey y la reina. Ignis permanecía inquieta bajo la noche roja, iluminada por volcanes distantes y humo constante.

Pero ahora había algo diferente.

El cielo.

Nubes oscuras comenzaban a cubrir lentamente el reino.

Extrañas.

Pesadas.

Como tormentas nacidas sobre el océano.

Magma permanecía de pie en uno de los balcones más altos del castillo observando el horizonte.

No podía dormir.

No podía respirar tranquila.

Y el fuego dentro de ella seguía moviéndose de forma inquieta.

Las antorchas cercanas crecían y disminuían constantemente.

Como si sintieran su ansiedad.

Entonces escuchó pasos detrás de ella.

—Sabía que estarías aquí.

Magma giró rápidamente.

Era Rowan.

El hijo del comandante real.

Alto, cabello oscuro desordenado y ojos ámbar iluminados por las antorchas del balcón.

Habían crecido juntos desde niños.

Y aunque él siempre intentaba actuar despreocupado…

Magma podía notar la preocupación en su rostro.

—No deberías estar despierto.

Rowan se apoyó junto a ella mirando las nubes negras a lo lejos.

—Tú tampoco.

El silencio cayó entre ambos.

Cómodo.

Familiar.

Hasta que él habló nuevamente.

—La gente del castillo está asustada.

Magma soltó una pequeña risa amarga.

—Eso jamás pasa en el Reino Ígneo.

—Precisamente por eso es peor.

Ella observó las cenizas flotando sobre la ciudad.

—¿Crees que realmente sea el agua?

Rowan tardó unos segundos en responder.

—Creo que alguien quiere que tengamos miedo de creerlo.

Magma giró apenas hacia él.

—Eso sonó demasiado inteligente para ti.

Él sonrió un poco.

Y durante un instante, el peso dentro del pecho de Magma disminuyó.

Solo un poco.

Pero entonces ocurrió.

El viento caliente sobre el balcón desapareció.

De golpe.

Las antorchas se apagaron.

Todas.

La oscuridad cubrió el castillo entero por un segundo eterno.

Y luego…

la lluvia comenzó a caer.

Magma sintió que el corazón dejaba de latir.

Porque en el Reino Ígneo…

nunca llovía.

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Maria Elena Gomez
Normal
Selflove: María Elena, muchas gracias por animarte a leer La Reina del Fuego y por acompañar a Magma a lo largo de esta historia. Tu comentario me motiva muchísimo a seguir mejorando y creciendo como escritor para la próxima entrega de la Saga Elemental: La Madre Tierra.

Y si te animas a descubrir dónde comenzó todo, La Hija del Viento 🌬️ también está disponible en mi perfil.

Gracias de verdad, mil gracias por tu apoyo.
total 1 replies
Kawtar Chilah
es una novela muy buena con un final que me hubiera gustado que fuera otro. pero es muy bonito
Selflove: Kawtar, muchísimas gracias por leer La Reina del Fuego y por compartir tu opinión conmigo. Me alegra muchísimo saber que disfrutaste la historia, y también entiendo que te hubiera gustado un final diferente para Magma.

De alguna manera, eso significa que conectaste de verdad con ella y con todo lo que vivió durante la novela, y para mí como autor eso vale muchísimo.

Tus palabras y tu sinceridad me motivan a seguir mejorando y construyendo el universo de la Saga Elemental. Y si te animas a descubrir cómo comenzó todo, La Hija del Viento 🌬️ también está disponible en mi perfil.

Gracias por acompañar esta historia hasta el final…
total 1 replies
Kawtar Chilah
que triste me parece que no se haya podido salvar y estar juntos
Kawtar Chilah
pues me está gustando muchísimo 👏
Selflove: Es increíble querido/a lector/a. Muchísimas gracias por animarte a leer la historia de Magma. Si aún no te has leído la primera parte de la saga elemental: La hija del viento; te invito a que te animes a descubrir el origen de todas estas guerreras leyendas elementales. Próximamente, la madre de la tierra 🍃 también tendrá mucho por contarte 👀…
total 1 replies
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