NovelToon NovelToon
Que Dolor Me Da Quererte

Que Dolor Me Da Quererte

Status: Terminada
Genre:Venganza / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Bella campesina y rico citadino se aman contra la voluntad de él. Ella sufre humillación en la ciudad. Él cambia. Ella huye. Él la busca. Celos, maldad y un embarazo los unen para siempre.

NovelToon tiene autorización de analysi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: El viaje a la ciudad

Lucía tomó la decisión en la madrugada, cuando el silencio del campo era más profundo y sus pensamientos más claros. No podía seguir esperando noticias de Sebastián. Necesitaba verlo con sus propios ojos, necesitaba escuchar de sus labios que todo lo que Elena había dicho era mentira. El dolor de la incertidumbre era peor que cualquier verdad, por dura que fuera.

Don Justo se despertó al escucharla moverse en la cocina. La encontró preparando una pequeña mochila con ropa y algo de comida.

—¿Qué haces? —preguntó, con voz grave—. ¿A dónde piensas ir?

—A la ciudad, papá —respondió ella, sin levantar la vista—. Voy a buscar a Sebastián.

El viejo campesino sintió que el suelo se le hundía bajo los pies. La ciudad era un lugar peligroso para una mujer sola, especialmente para alguien como Lucía, que no conocía más allá de las montañas que rodeaban su pueblo.

—No puedes ir sola —dijo—. Es peligroso. No sabes cómo moverte allá.

—Tengo que hacerlo —insistió ella, con una determinación que sorprendió a su padre—. No puedo seguir aquí, esperando noticias que no llegan, escuchando las mentiras de Elena. Necesito verlo, papá. Necesito saber la verdad.

Don Justo la miró largamente. Vio en sus ojos la misma fiereza que había visto en los de su madre cuando decidió casarse con él, contra la voluntad de sus padres. Sabía que no podría detenerla.

—Entonces iré contigo —dijo finalmente.

—No, papá. Tú tienes que cuidar las tierras. Y además —sonrió con ternura—, si las cosas salen mal, necesitaré un hogar al que regresar.

Don Justo sintió que se le quebraba la voz.

—Prométeme que volverás —dijo—. Pase lo que pase, prométeme que volverás a casa.

—Te lo prometo, papá —respondió Lucía, abrazándolo con fuerza.

El viaje en autobús fue largo y tedioso. Lucía nunca había viajado tan lejos de su pueblo. Las carreteras polvorientas dieron paso a caminos pavimentados, y los paisajes verdes se transformaron en edificios grises y calles atestadas de gente. Todo era nuevo y aterrador. El ruido, el olor a gasolina, la prisa de la gente que caminaba sin mirar a nadie. Lucía se sintió pequeña y perdida en medio de aquel hormiguero humano.

Pero no se rindió. Recordó el rostro de Sebastián, sus ojos grises, su sonrisa, y supo que valía la pena cualquier sacrificio.

Llegó a la ciudad al atardecer. El sol se ocultaba tras los rascacielos, pintando el cielo de tonos naranjas y rosas. Lucía tomó su mochila y caminó sin rumbo, preguntando a los transeúntes por la dirección de la mansión Montenegro. La mayoría la miraba con desconfianza, otros con indiferencia. Pero finalmente, un anciano de ojos bondadosos le dio indicaciones precisas.

—La mansión Montenegro está al final de la avenida principal —dijo, señalando hacia el este—. No puedes perderte. Es la más grande y lujosa de toda la ciudad.

Lucía le dio las gracias y emprendió el camino. Sus pies estaban cansados, sus ojos llorosos, pero su corazón latía con fuerza. Estaba cerca. Muy cerca de verlo.

Cuando llegó a la mansión, sintió que el aliento se le escapaba. Era imponente, con rejas doradas, jardines perfectamente cuidados y una fuente en el centro que arrojaba agua cristalina. Lucía se sintió aún más pequeña frente a tanta opulencia.

Tocó el timbre con mano temblorosa. Un mayordomo de rostro severo abrió la puerta.

—¿Qué desea? —preguntó, con tono cortante.

—Vengo a ver a Sebastián Montenegro —respondió Lucía, con la voz firme aunque el corazón le temblaba—. Soy Lucía, su... su novia.

El mayordomo la miró de arriba abajo, con visible desprecio.

—Espere aquí —dijo, y cerró la puerta sin invitarla a pasar.

Lucía esperó largos minutos, sintiendo que el tiempo se estiraba como chicle. El frío de la noche comenzaba a calar sus huesos, y sus manos temblaban. Finalmente, la puerta se abrió de nuevo, pero no era Sebastián quien estaba al otro lado. Era Victoria Montenegro, con su sonrisa de hielo y sus ojos de serpiente.

—¿Tú? —dijo, con fingida sorpresa—. ¿Qué haces aquí, campesina?

—Vengo a ver a Sebastián —respondió Lucía, sosteniendo su mirada—. Necesito hablar con él.

Victoria soltó una risita cruel.

—¿Ver a Sebastián? Lo siento, pero no está disponible. Está muy ocupado con su nueva vida. ¿No te lo dijo? Se va a casar con Rosseta, la hija de una familia muy importante. Una mujer de su clase.

Lucía sintió que el mundo se derrumbaba. Pero algo en su interior se negó a creerlo.

—No le creo —dijo—. Sebastián me ama a mí. No haría eso.

—¿Amor? —Victoria alzó una ceja—. El amor es para los débiles, querida. Mi hijo ha entendido que el dinero y el poder son más importantes. Ahora vete y no vuelvas a molestar.

Y sin más, cerró la puerta en su cara.

Lucía se quedó paralizada. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, pero no hizo ningún esfuerzo por detenerlas. Había recorrido todo ese camino, había dejado su hogar, su padre, su vida, para escuchar esas palabras. Pero entonces recordó algo: Mateo le había dicho que cuidaría de Sebastián. Que volvería. Y Mateo no era como su madre.

Se secó las lágrimas y decidió esperar. Se sentó en la acera frente a la mansión, abrazando su mochila, mirando la puerta con la esperanza de que Sebastián saliera. Pasaron horas. La noche se volvió fría y oscura. Los coches pasaban a toda velocidad, y las luces de la ciudad parpadeaban como estrellas muertas.

Y entonces, la puerta se abrió.

No era Sebastián, pero era alguien que lo conocía bien. Mateo salió corriendo, con el rostro desencajado.

—¡Lucía! —exclamó al verla—. ¿Qué haces aquí?

—Vine a buscar a Sebastián —respondió ella, con voz temblorosa—. Tu madre dijo que se va a casar con Rosseta. ¿Es verdad?

Mateo la tomó por los hombros y la miró a los ojos.

—No es verdad —dijo, con firmeza—. Mi madre miente. Sebastián no sabe que estás aquí. Lo han mantenido encerrado en su habitación, sin comunicación con el exterior, para que no pueda contactarte. Pero él te ama, Lucía. Te ama más que a nada.

Lucía sintió que la esperanza renacía en su pecho.

—¿Puedes llevarme a verlo?

Mateo asintió.

—Sí, pero tenemos que ser rápidos. Mi madre ha puesto guardias en todas las entradas. Sígueme.

Tomó a Lucía de la mano y la guió por un camino lateral, rodeando la mansión hasta llegar a una puerta trasera. Subieron unas escaleras estrechas y finalmente llegaron a una habitación elegantemente decorada. Allí, sentado en la cama con el rostro entre las manos, estaba Sebastián.

—Sebastián —susurró Lucía.

Él levantó la cabeza y, al verla, saltó de la cama y corrió hacia ella.

—¡Lucía! —gritó, abrazándola con tanta fuerza que parecía querer fundirla en su pecho—. ¡No sabes cuánto he sufrido! No me dejaban salir, no me dejaban llamarte...

—Ya sé —respondió ella, entre lágrimas y risas—. Mateo me lo contó todo. Pero ya estoy aquí. No voy a dejarte nunca más.

Sebastián la besó con una pasión que borró todo el dolor y la incertidumbre. Mateo, sonriendo, salió de la habitación para darles privacidad.

Esa noche, mientras Lucía y Sebastián se abrazaban en la oscuridad, supieron que nada ni nadie podría separarlos. La ciudad, las mentiras, la familia, todo quedaba atrás. Solo quedaba el amor.

Pero afuera, en el jardín, Victoria Montenegro miraba hacia la ventana iluminada, con los puños apretados y el odio ardiendo en sus ojos.

—Esto no ha terminado —susurró—. No mientras yo viva.

1
Monica Liliana Broudiscou
estuvo muy buena, me gustó mucho, muchas felicitaciones🥰👏👏👏👏👏
Lis
🐍
valeska garay campos
bella historia
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play