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“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

Status: En proceso
Genre:Edad media / Mitos y leyendas / Mundo de fantasía
Popularitas:310
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Bajo las estrellas del santuario

La lluvia había desaparecido al amanecer.

Pequeñas gotas todavía descansaban sobre las hojas del bosque mientras la luz del sol atravesaba lentamente las barreras mágicas del santuario.

El pueblo volvía poco a poco a la normalidad.

Algunos elfos trabajaban cerca del río. Otros organizaban cosechas o cuidaban criaturas mágicas pequeñas que habitaban alrededor de los árboles antiguos.

Pero aun así…

las miradas hacia Cecilia no habían cambiado.

La niña podía sentirlas.

Susurros. Silencios incómodos. Personas dejando de hablar cuando ella aparecía.

No entendía completamente el motivo.

Solo sabía que dolía un poco.

Aun así…

intentaba sonreír.

Porque su padre todavía estaba ahí.

Aquella tarde Cecilia se encontraba acostada sobre el césped junto a su madre cerca del lago.

El viento movía lentamente el cabello negro de ambas mientras observaban las nubes pasar.

Cecilia abrazaba nuevamente su libro de dragones.

—Mamá…

—¿Hm?

—¿Papá realmente te ama tanto?

La mujer soltó una pequeña risa suave.

—¿Por qué preguntas eso?

Cecilia infló ligeramente las mejillas.

—Porque siempre te mira raro.

—¿Raro?

—Como si fueras la cosa más importante del mundo.

La madre de Cecilia quedó en silencio unos segundos.

Luego sonrió con una ternura melancólica.

—Tu padre siempre fue así.

Cecilia giró ligeramente la cabeza para verla.

Sus ojos amatista brillaban llenos de curiosidad.

—¿Cómo se conocieron?

La mujer observó el cielo unos momentos antes de responder.

—Hace mucho tiempo… cuando yo era más joven…

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro al recordar.

—Él entró accidentalmente al bosque del santuario.

—¿Eso no era peligroso?

—Mucho.

Cecilia abrió los ojos sorprendida.

—¿Entonces casi lo matan?

—Sí.

—¡¿Qué?!

La mujer comenzó a reír suavemente.

—Los guardianes pensaron que era un espía humano.

—¿Y qué pasó?

—Tu padre siguió disculpándose durante horas.

—Eso suena a él…

—Lo sé.

Ambas rieron un poco.

El ambiente se volvió cálido nuevamente.

Entonces la madre de Cecilia cerró lentamente los ojos mientras el viento acariciaba su rostro.

—Desde que lo conocí… se enamoró perdidamente de mí.

Su voz sonaba increíblemente suave.

—Y yo también me enamoré de él.

Cecilia escuchaba atentamente.

—Él era torpe. Demasiado amable. Y siempre intentaba ayudar a todos incluso cuando terminaba metiéndose en problemas.

Una pequeña risa escapó de sus labios.

—Pero cuando estaba cerca de él… el mundo parecía menos solitario.

El silencio del bosque se volvió tranquilo.

Pacífico.

—Muchos se opusieron.

La sonrisa de la mujer se debilitó apenas un poco.

—Humanos… elfos… incluso nobles de Lytharia.

Cecilia bajó lentamente la mirada.

—¿Por mi culpa…?

—No.

La respuesta fue inmediata.

Su madre la abrazó suavemente contra su pecho.

—Nunca pienses eso.

Cecilia cerró lentamente los ojos.

La voz de su madre era cálida.

Protectora.

—Tú eres la prueba de que nuestro amor existió realmente.

La niña permaneció en silencio.

Y entonces…

sonrió ligeramente.

—Entonces… ¿yo fui deseada?

Su madre pareció sorprendida por la pregunta.

Luego acarició lentamente el cabello negro de Cecilia.

—Más que cualquier cosa en este mundo.

Los ojos amatista de la niña temblaron un poco.

Porque incluso siendo pequeña…

aquellas palabras llenaban un vacío que no sabía explicar.

El viento movió nuevamente las flores alrededor del lago.

Y por un momento…

el santuario pareció un lugar hermoso otra vez.

Lejos del odio.

Lejos del miedo.

Lejos del destino que lentamente comenzaba a acercarse hacia ellas.

Muy lejos…

sobre una colina oculta entre árboles gigantes…

Liz observaba el lago en silencio.

Sus ojos negros descansaban sobre Cecilia.

La representante de la Avaricia sonrió apenas.

—Qué crueles son las cosas felices…

El viento movió lentamente su cabello rojo.

—Mientras más brillan…

Su mirada se volvió distante.

—Más doloroso será cuando desaparezcan.

Capítulo 3

Bajo las estrellas del santuario — Parte 2

El lago permanecía tranquilo.

Pequeñas ondas recorrían la superficie cristalina mientras la luz del atardecer teñía el agua de tonos dorados y violetas.

Cecilia seguía recostada junto a su madre observando el cielo.

El ambiente era silencioso. Cálido.

Uno de esos momentos pequeños que parecen eternos cuando todavía eres niño.

Entonces Cecilia habló nuevamente.

—Madre…

—¿Sí?

—Siempre me he preguntado algo.

La mujer sonrió un poco.

—Eso suele ser peligroso contigo.

Cecilia infló ligeramente las mejillas.

—No me burlo tanto como papá dice.

—Claro que no.

Ambas rieron un poco.

Entonces Cecilia observó el lago.

—¿Por qué los elfos adoran tanto a las tortugas?

La mujer parpadeó ligeramente sorprendida.

Y justo en ese momento…

una pequeña tortuga salió lentamente del agua.

Sus pequeñas patas avanzaban torpemente sobre una roca húmeda mientras miraba alrededor con calma absoluta.

Cecilia abrió un poco los ojos.

—Mira…

La tortuga permaneció inmóvil unos segundos bajo la luz del sol.

Completamente tranquila.

La madre de Cecilia sonrió suavemente.

—Las tortugas representan muchas cosas para nosotros.

Cecilia escuchó atentamente.

—Representan longevidad. Sabiduría. Paciencia.

El viento movió lentamente el cabello negro de ambas.

—Pero también representan algo más importante.

La mujer observó a la pequeña criatura.

—La paz tranquila.

Cecilia inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Paz tranquila?

—Sí.

La tortuga volvió lentamente hacia el agua sin miedo alguno.

Como si el mundo entero avanzara demasiado rápido para ella.

—Las tortugas no tienen prisa. No buscan destruir. No compiten con nadie.

La voz de su madre era suave.

Casi relajante.

—Simplemente viven a su propio ritmo.

Cecilia observaba fascinada al pequeño animal.

—También representan la inocencia.

Los ojos amatista de Cecilia reflejaron ligeramente la luz del lago.

—¿La inocencia?

—Porque incluso en un mundo cruel… siguen siendo criaturas pacíficas.

La niña guardó silencio unos segundos.

Luego miró nuevamente la tortuga.

—Entonces son débiles.

Su madre sonrió apenas.

—No.

Cecilia parpadeó confundida.

La mujer acarició suavemente la cabeza de su hija.

—Las personas creen que ser amable significa ser débil. Pero continuar siendo amable en un mundo cruel…

Su mirada se perdió ligeramente sobre el agua.

—Eso requiere mucha fuerza.

El viento recorrió lentamente el lago.

La pequeña tortuga finalmente volvió al agua desapareciendo bajo la superficie.

Cecilia siguió observando el lugar donde había estado.

—Me gustan.

—¿Las tortugas?

—Sí.

La niña abrazó sus piernas lentamente.

—Se sienten… tranquilas.

Su madre sonrió con ternura.

—Eso es porque todavía eres una niña amable.

Cecilia levantó la mirada.

—¿Todavía?

La mujer pareció quedarse callada un instante.

Como si hubiera dicho algo que no debía.

Entonces sonrió nuevamente.

—Quise decir que espero que nunca pierdas eso.

Cecilia no entendió completamente esas palabras.

Pero aun así…

asintió lentamente.

A lo lejos…

Liz seguía observando desde la colina.

Sus ojos negros descansaron unos segundos sobre el lago.

Luego sobre Cecilia.

Y finalmente…

sobre la pequeña tortuga que nadaba tranquilamente bajo el agua.

La representante de la Avaricia cerró lentamente los ojos.

—Qué irónico…

El viento movió suavemente su cabello rojo.

Porque incluso ella sabía algo.

En el futuro…

muy lejos de aquel momento pacífico…

otra pequeña tortuga terminaría convirtiéndose en uno de los pocos símbolos de calma dentro de la vida rota de alguien más.

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