Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 3
Renata cerró la puerta de la habitación y soltó el aire lentamente.
Por primera vez desde la boda, el silencio la estaba agotando.
Todo en esa casa era demasiado perfecto. Las paredes claras. Los muebles impecables. El enorme ventanal frente a ella mostrando una ciudad que seguía moviéndose como si su vida no acabara de complicarse.
Caminó hasta la cama y se dejó caer boca arriba.
Todavía no entendía cómo había terminado ahí.
Un matrimonio absurdo.
Un hombre que prácticamente era un desconocido.
Y un acuerdo que parecía esconder más cosas de las que ella sabía.
Cerró los ojos unos segundos.
Pero el sonido de su estómago la hizo abrirlos de inmediato.
—Qué vergüenza… —murmuró.
No había comido casi nada desde la boda.
Se levantó lentamente y miró alrededor otra vez. Seguía sintiéndose como una invitada atrapada en la casa de otra persona.
Tomó aire y salió de la habitación.
Mientras bajaba las escaleras, escuchó voces viniendo desde la cocina.
Frunció el ceño.
No esperaba escuchar a nadie más.
Cuando llegó a la entrada, se detuvo.
Una mujer elegante estaba sentada en la mesa tomando café. Cabello oscuro perfectamente arreglado, postura recta y mirada afilada.
Gael estaba frente a ella revisando algo en su teléfono.
La mujer levantó la mirada apenas vio a Renata.
Y la observó de arriba abajo sin disimulo.
El ambiente se volvió incómodo de inmediato.
—Así que tú eres Renata —dijo finalmente.
Renata cruzó los brazos con suavidad.
—Y usted debe ser la madre de Gael.
La mujer arqueó una ceja, sorprendida por la respuesta rápida.
—Correcto.
Gael dejó el teléfono sobre la mesa.
—Madre, no empieces.
—¿Empezar qué? —respondió ella con calma—. Me entero de que mi hijo se casó ayer y esperas que actúe normal.
Renata soltó una pequeña exhalación divertida.
—Créame, yo tampoco estoy actuando normal.
Eso hizo que la mujer la mirara otra vez.
Más interesada ahora.
Gael caminó hacia la cafetera sin decir nada. El ambiente seguía raro, pero ya no tan frío como antes.
Más… humano.
—¿Quieres café? —preguntó él de repente.
Renata dudó un segundo.
—Sí.
Gael sirvió una taza y la dejó frente a ella.
El gesto fue simple.
Demasiado simple.
Y eso la desconcertó más de lo que quería admitir.
La madre de Gael observó todo en silencio.
—No pareces nerviosa —comentó.
Renata tomó la taza caliente entre sus manos.
—Por dentro sí.
Eso hizo que la mujer sonriera apenas.
Pequeño.
Pero real.
—Al menos eres sincera.
—No siempre me sirve de mucho.
Gael soltó una leve risa nasal mientras se apoyaba en la encimera.
Y Renata lo miró automáticamente.
Fue raro.
Porque era la primera vez que lo veía hacer algo que pareciera natural.
No frío.
No calculado.
Solo… normal.
La madre de Gael notó la mirada.
Y también notó que ambos apartaron los ojos casi al mismo tiempo.
Interesante.
—Entonces —dijo ella dejando la taza sobre la mesa—, ¿alguien piensa explicarme qué fue exactamente esta boda?
Silencio.
Renata miró a Gael.
Gael miró el café.
Nadie quería empezar.
—Fue un acuerdo —dijo él al final.
—Eso ya lo imaginé —respondió su madre—. Pero no explica por qué te casaste tú.
Renata levantó la mirada inmediatamente.
Sí.
Ella también quería escuchar esa respuesta.
Gael tardó unos segundos en responder.
—Era necesario.
La mujer soltó una risa corta.
—Qué respuesta tan mala.
Incluso Renata estuvo de acuerdo con eso.
—¿Necesario para qué? —preguntó ella.
Gael la miró unos segundos.
Pero antes de responder, sonó su teléfono.
Otra vez.
Su expresión cambió apenas vio la pantalla.
Seria.
Tensa.
—Debo responder esto.
Y salió de la cocina.
Renata lo siguió con la mirada hasta que desapareció.
Entonces la madre de Gael habló otra vez.
—No suele traer gente aquí.
Renata volvió a mirarla.
—Yo tampoco suelo casarme con desconocidos.
Eso hizo que la mujer soltara una pequeña carcajada.
La primera de verdad.
—Ahora entiendo por qué sigues aquí.
Renata frunció ligeramente el ceño.
—No estoy aquí porque quiera.
La mujer inclinó apenas la cabeza.
—Tal vez no todavía.
Renata no supo qué responder.
Y eso la irritó un poco.
Tomó un poco de café para evitar contestar algo impulsivo.
El silencio entre ambas ya no era tan incómodo.
Aún extraño.
Pero más tranquilo.
Gael regresó unos minutos después.
Más serio que antes.
—Tengo que salir un momento.
Renata levantó la vista.
—¿Y yo qué hago aquí?
—Descansa.
—No soy una mascota.
—Nunca dije eso.
—Pero lo insinuas bastante bien.
La madre de Gael negó suavemente con la cabeza, claramente entretenida.
Gael tomó las llaves de la mesa.
Antes de salir, miró a Renata directamente.
—Volveré en la noche.
Y se fue.
La puerta se cerró.
El silencio regresó otra vez.
Pero esta vez… se sintió diferente.
Porque por primera vez desde que llegó ahí, Renata sintió que esa casa escondía mucho más de lo que imaginaba.
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos