Alessia Ferrer acepta casarse con el heredero de una familia rival para investigar la muerte de su hermano.
Lo que no esperaba descubrir es que su nuevo esposo también está buscando al asesino… y que ambos podrían estar viviendo con el enemigo dentro de sus propias familias.
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Un trato peligroso
La noche había caído sobre la mansión Ferrer.
Las luces del jardín iluminaban los caminos de piedra mientras el silencio envolvía la propiedad. Desde la muerte de Gabriel, la casa se sentía diferente. Más fría. Más vacía.
Alessia estaba en su habitación, frente al gran espejo de su tocador.
Pero no se estaba arreglando.
Estaba pensando.
Su reflejo le devolvía la imagen de una mujer tranquila, elegante… controlada.
Pero por dentro, su mente no se detenía.
Casarse con Thiago Castellani.
Apenas unas horas atrás la idea le habría parecido absurda.
Ahora era una posibilidad real.
Y no por razones románticas.
Sino por una sola cosa.
La verdad.
Alguien había matado a Gabriel Ferrer.
Y Alessia no confiaba en la policía ni en los hombres de su padre para encontrar al responsable.
En su mundo, las respuestas rara vez aparecían solas.
Había que buscarlas.
Incluso si eso significaba entrar directamente en territorio enemigo.
Un golpe suave en la puerta interrumpió sus pensamientos.
—Adelante.
La puerta se abrió.
Marco apareció en el umbral.
—Señorita Ferrer.
—¿Qué ocurre?
—Su padre quiere verla.
Alessia se levantó de la silla.
—¿Ahora?
—Sí.
—¿Está solo?
Marco dudó un segundo.
—No.
Eso fue suficiente para que Alessia supiera quién estaba allí.
—Está aquí, ¿verdad?
Marco asintió.
—Sí.
Alessia respiró lentamente.
Entonces caminó hacia la puerta.
—Bien —dijo con calma—. Supongo que es momento de conocer mejor a mi prometido.
El despacho de Vittorio Ferrer estaba iluminado por una única lámpara cuando Alessia entró.
Y tal como había imaginado, Thiago Castellani estaba allí.
De pie junto a la ventana.
Observando la ciudad a través del vidrio.
Cuando escuchó la puerta, se giró lentamente.
Sus ojos oscuros se posaron en ella.
—Señorita Ferrer.
Alessia cerró la puerta detrás de sí.
—Señor Castellani.
Su padre estaba sentado detrás del escritorio, observando a ambos con atención.
El ambiente estaba cargado de una tensión silenciosa.
Vittorio fue el primero en hablar.
—Gracias por venir, Alessia.
—Marco dijo que querías verme.
—Sí.
Su padre juntó las manos sobre el escritorio.
—Thiago y yo estábamos hablando del acuerdo.
Alessia caminó lentamente hacia el centro de la habitación.
—¿Acuerdo?
Thiago respondió antes que Vittorio.
—Nuestro compromiso.
Su tono era tranquilo.
Demasiado tranquilo.
—Todavía no he dicho que sí —respondió Alessia.
Thiago inclinó ligeramente la cabeza.
—Pero tampoco dijo que no.
Eso hizo que una pequeña sonrisa apareciera en los labios de Alessia.
—Es observador.
—Es necesario en mi posición.
Hubo un breve silencio.
Vittorio se levantó de su silla.
—Los dejaré hablar.
Alessia lo miró con sorpresa.
—¿Te vas?
—Sí.
—¿Y nos dejas solos?
—Si van a comprometerse, deberían empezar a conocerse.
Sin esperar respuesta, Vittorio caminó hacia la puerta.
Antes de salir, añadió:
—No se maten.
La puerta se cerró.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Ahora solo estaban ellos dos.
Alessia y Thiago.
Dos personas de familias rivales.
Dos personas que no confiaban el uno en el otro.
Y que, aparentemente, iban a casarse.
Alessia cruzó los brazos.
—Así que fue tu idea.
—Sí.
—El matrimonio.
—Sí.
Ella lo observó con atención.
—Eso es interesante.
—¿Por qué?
—Porque no entiendo qué ganas con esto.
Thiago caminó lentamente hacia el centro del despacho.
Sus pasos eran tranquilos.
Controlados.
—Paz.
Alessia soltó una risa baja.
—No te creo.
—No esperaba que lo hicieras.
Eso hizo que ella levantara una ceja.
—Entonces intenta con otra respuesta.
Thiago se detuvo frente a ella.
—Información.
Eso captó su atención.
—¿Sobre qué?
—Sobre la muerte de tu hermano.
El corazón de Alessia dio un pequeño salto.
Pero su expresión no cambió.
—¿Y por qué te interesa Gabriel?
—Porque su muerte también afecta a mi familia.
Alessia lo miró fijamente.
—¿Estás diciendo que los Castellani no tuvieron nada que ver?
Thiago sostuvo su mirada.
—Estoy diciendo que alguien quiere que lo parezca.
Eso hizo que el silencio volviera a caer entre ellos.
Alessia pensó en las palabras de su padre.
"Alguien está intentando provocar una guerra."
—¿Y crees que casarnos ayudará a descubrir quién fue?
—Creo que trabajar juntos será más útil que intentar destruirnos.
Ella caminó lentamente alrededor del escritorio.
Pensando.
Analizando cada palabra.
—Esto podría ser una trampa —dijo finalmente.
Thiago no lo negó.
—También podría ser una oportunidad.
Alessia lo miró.
—¿Para quién?
—Para ambos.
Sus ojos se encontraron nuevamente.
La tensión entre ellos era evidente.
No era odio exactamente.
Pero tampoco confianza.
Era algo más complejo.
Algo más peligroso.
—Bien —dijo Alessia finalmente.
Thiago levantó ligeramente la ceja.
—¿Bien?
—Acepto el compromiso.
El silencio llenó la habitación durante unos segundos.
Luego Thiago preguntó:
—¿Tan rápido?
—No lo hago por ti.
—Lo imaginé.
Alessia lo miró directamente a los ojos.
—Lo hago por Gabriel.
Thiago asintió lentamente.
—Entonces tenemos el mismo objetivo.
—No exactamente.
—¿No?
Alessia se acercó un paso más.
—Si descubro que tu familia tuvo algo que ver con su muerte…
su voz bajó ligeramente.
—Este matrimonio será lo último que te preocupe.
Durante un segundo, algo parecido a una sonrisa apareció en el rostro de Thiago.
No parecía ofendido.
Parecía… interesado.
—Eso lo hace más emocionante.
Alessia frunció el ceño.
—¿Te parece un juego?
—No.
Thiago dio un paso hacia la puerta.
—Pero definitivamente será peligroso.
Se detuvo antes de salir.
Y añadió:
—Mañana anunciaremos el compromiso.
La mano de Alessia se tensó ligeramente.
—¿Tan pronto?
—Cuanto antes, mejor.
Thiago abrió la puerta.
—Buenas noches, Alessia.
Y desapareció en el pasillo.
Alessia se quedó sola en el despacho.
Mirando la puerta cerrada.
Ahora estaba oficialmente comprometida con Thiago Castellani.
El hombre que podría ayudarla a encontrar al asesino de su hermano.
O el hombre que podría estar ocultando la verdad.
Y en cualquiera de los dos casos…
acababa de entrar en un juego del que tal vez no podría salir.