Un temible asesino a sueldo reencarna por karma en el cuerpo de una noble atrapada en una novela trágica. Su destino: casarse con el volátil Emperador de Fuego para calmar su ira, ser abandonada por la protagonista real y morir de depresión.
Dispuesto a cambiar su destino (y a costa de su hombría), decide jugar el juego: curará la inestabilidad del Emperador, pero planea exigir un divorcio millonario para recorrer este nuevo mundo mágico a su antojo. Lo que no esperaba es que al Emperador de Fuego le fascinara tanto su fría y letal esposa. Entre conspiraciones, magia y un romance que no quiere aceptar, el antiguo asesino tendrá que luchar para demostrar que ella (el)... definitivamente no es la heroína de esta historia.
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Capitulo 8: peligrosa fascinación
El aire en el salón de visitas de la mansión ducal Waters se ha vuelto tan denso que casi se puede palpar. La pesadez no proviene de la arquitectura, ni de la decoración opulenta, sino de la presencia en el centro de la estancia. Kaelen, el Emperador, no solo ocupa espacio; reclama el aire, la luz y la atención de todos los presentes. A su lado, los Duques Waters parecen figuras de cristal a punto de fragmentarse, con la respiración entrecortada y los rostros pálidos, al borde de un colapso nervioso.
La tensión entre la hija y el monarca es un abismo. Mirelle, con la espalda tan recta como una hoja de acero, mantiene la mirada fija en Kaelen sin pestañear. No hay rastro de la timidez que se esperaba de una joven noble; no hay sumisión en la forma en que sus dedos se cierran levemente sobre la tela de su vestimenta.
__Duques, retírense. Quiero un momento a solas para hablar con mi prometida__. Sentenció Kaelen.
No fue una sugerencia. Fue una orden, cargada con la autoridad absoluta de alguien que no conoce la negación. Kaelen ni siquiera se molestó en mirar a los padres, sus ojos naranjas, encendidos como brasas volcánicas, estan fijos exclusivamente en la joven frente a él.
Los Duques, atrapados en su propia red de protocolo y terror, no pudieron articular protesta alguna. Con pasos torpes y la mirada baja, abandonaron el salón. Antes de desaparecer tras las puertas, lanzaron una última ojeada cargada de desesperación hacia su hija. Mirelle les dedicó un asentimiento casi imperceptible, una sonrisa tenue que pretende ser un ancla de tranquilidad. No se preocupen, les dice su actitud, un emperador mandón no es nada comparado con los infiernos que he sobrevivido.
Una vez que el eco de sus pasos se desvaneció, el silencio del salón se volvió absoluto.
__¿Qué lo trae ante nuestro ducado, Majestad?__. La voz de Mirelle rompió el mutismo, firme y cortante.
__El acuerdo de matrimonio firmado entre usted y mis padres estipula con claridad que nuestro primer encuentro debería ocurrir en el altar, el día de la boda. No creo que un Emperador tenga tiempo para visitas sociales de cortesía__.
Kaelen ladeó la cabeza, un gesto casi depredador. Sus labios se curvaron en una sonrisa de medio lado, una expresión que no alberga alegría, sino una curiosidad peligrosa. El naranja de sus ojos se intensificó, como si una llama invisible hubiera cobrado fuerza en su interior.
Lentamente, se levantó. Su movimiento fue fluido, desprovisto de la rigidez de los cortesanos. Caminó hacia ella, acortando la distancia hasta quedar a apenas unos centímetros. El calor que irradia su cuerpo era casi sofocante. Sin previo aviso, extendió la mano y tomó un mechón de su cabello entre sus dedos enguantados. Mirelle sintió cada fibra de su cuerpo tensarse en alerta máxima; el instinto de Vance, el asesino, grita que saque una daga y corte ese vínculo, pero Mirelle, la noble, no puede moverse. Mantuvo su postura, erguida y desafiante, negándose a darle la satisfacción de verla retroceder.
__Los informes sobre ti, Mirelle, fueron exhaustivos__. Susurró Kaelen, su voz es un murmullo grave que vibra en el pecho de ella.
__Prometieron una emperatriz sumisa, hábil en magia de sanación, perfecta para estabilizar mi maná. Hablaron de una joven con una admiración devota y un deseo casi enfermizo de desposarme. Pero ante mí...__. Hizo una pausa, acercando su rostro al de ella, escrutando cada facción.
__Ante mí no tengo nada de eso. Y es por eso que estoy aquí. No eres lo que esperaba, y eso, incomprensiblemente, me atrajo hacia ti__. Mirelle apretó los dientes, aunque su rostro permaneció impasible. Él sabe demasiado.
__Si hubieras sido exactamente como el informe dictaba__. Continuó él, disfrutando de la incomodidad de ella.
__Nunca habrías sabido que estuve aquí. He estado observando desde las sombras, analizando a mi prometida en secreto. Si hubieras sido la muñeca de porcelana que describían, nos habríamos visto por primera vez en la boda, tal como estipulaba el contrato. Pero llamaste mi atención, Mirelle Waters. Y eso, te aseguro, es mucho más peligroso que ser considerada invisible ante mis ojos__.
Mirelle sintió un escalofrío recorrer su espalda. "Maldición", pensó mientras su mente trabaja a una velocidad vertiginosa. "He roto el guion".
En la historia original, Mirelle era la joven insípida y sumisa que los espías le habían descrito; el Emperador la ignoró y volvió al palacio, el matrimonio se consumó como un mero trámite político, y el desastre ocurrió años después. Pero su llegada, su reencarnación, su forma de moverse, de entrenar, de pensar... ha cambiado la variable fundamental. Kaelen esta interesado. Y estar en el ojo del huracán, bajo la mirada obsesiva de un hombre que puede arrasar kilómetros de tierra si algo le desagrada, es la última posición en la que quiere estar.
Es temperamental, volátil, iracundo, recordó ella, repasando las características del Emperador en la novela. "Si descubre que no soy Mirelle, sino Vance, un alma ajena en este cuerpo... ¿qué hará? ¿Me ejecutará por brujería? ¿Me usará como una curiosidad científica?" El terror es una sombra fría en su vientre, pero debe mantener la máscara.
__Mi intención nunca fue llamar su atención, Majestad__. Respondió ella, con una calma que le costó sudor frío conseguir.
__Mi única prioridad es mi propia supervivencia__. Kaelen arqueó una ceja, intrigado.
__¿Supervivencia? ¿En el Ducado Waters?__.
__Crecí con la idea de que usted era el ideal, sí__. Continuó Mirelle, mintiendo con una naturalidad que asustaría a cualquiera que conociera su pasado.
__La idea de ser su emperatriz fue mi objetivo durante años. Pero cuando comprendí la realidad, cuando vi que los matrimonios en la alta nobleza no son cuentos de hadas, sino acuerdos de poder... el sentimiento se evaporó. Me di cuenta de que un título no es un escudo, sino un blanco. Siempre habrá alguna rata buscando usurpar el trono, y no pienso ser una presa fácil para nadie__.
Mirelle mantuvo la mirada, desafiando la intensidad de los ojos naranjas. Dentro de ella, Vance esta gritando, maldiciendo su suerte, intentando desesperadamente encontrar una salida para liberarse del compromiso antes de que la obsesión de Kaelen la devore.
Kaelen la observó en silencio, procesando cada palabra. Lejos de desilusionarse por la frialdad de su prometida, parece aún más fascinado. Mirelle es todo lo que la nobleza desprecia: es rebelde, honesta hasta la brutalidad y carente de la fachada decorativa de las otras damas. Pero es, precisamente, todo lo que él no sabía que necesitaba.
__Supervivencia__. Repitió Kaelen, soltando finalmente el mechón de cabello de Mirelle.
__Una ambición tan honesta... resulta refrescante en este nido de víboras que llamamos corte imperial__.
Él dio un paso atrás, rompiendo la tensión física, pero su mirada sigue anclada en ella, como si hubiera encontrado un juguete nuevo y fascinante. Para Mirelle, la advertencia es clara: no solo ha cambiado el guion, sino que ahora es la protagonista de una tragedia que no sabe cómo evitar. Kaelen ya no la ve como un trámite; la ve como un reto, y para alguien con su poder y su maná inestable, un reto es simplemente algo que debe poseer.