Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 3: El destino no pregunta
El primer indicio de que algo no iba bien no llegó con gritos ni alarmas, sino con un murmullo incómodo que se filtró por los pasillos del palacio como una corriente fría.
Takumi lo notó mientras revisaba informes junto a uno de sus tutores. Las plumas se detuvieron, los sirvientes hablaban en voz baja, y más de una mirada se desvió al verlo pasar.
—¿Qué ocurre? —preguntó finalmente, levantando la vista.
El tutor dudó antes de responder.
—Ha llegado una petición urgente del distrito sur, Su Alteza. Hubo disturbios… un altercado entre comerciantes y los guardias locales.
El corazón de Takumi dio un pequeño salto.
El distrito sur.
No recordaba cada detalle del libro, pero ese nombre estaba grabado en su memoria. En la historia original, ese conflicto había sido ignorado. El príncipe había considerado el asunto “menor”, y esa indiferencia fue el inicio de una cadena de desgracias que terminó arrastrando al reino entero.
Takumi cerró el informe con cuidado.
—Quiero ir —dijo.
—¿Ir… personalmente? —preguntó el tutor, alarmado—. Su Alteza, eso no es necesario. Puede enviarse un delegado.
—Precisamente por eso debo ir —respondió Takumi con calma—. Porque antes no se hizo.
La reacción fue inmediata. Objeciones del consejo, preocupación de los sirvientes, dudas evidentes. Sus padres también lo miraron con inquietud, pero Takumi no alzó la voz ni impuso su decisión.
Explicó.
Habló del riesgo de ignorar al pueblo, de la importancia de escuchar antes de juzgar, de corregir errores pequeños antes de que se volvieran irreparables. No fue un discurso apasionado, sino firme y claro.
Finalmente, accedieron.
El distrito sur no era pobre. Era descuidado.
Las calles estaban llenas de gente cansada, de miradas desconfiadas y de resentimientos acumulados. Cuando el carruaje real apareció, el murmullo se extendió como una ola. Nadie se inclinó de inmediato. Nadie sonrió.
Takumi descendió sin escolta cercana, vestido con ropas sobrias, intentando no imponer su presencia.
—Vengo a escuchar —dijo simplemente.
Eso desconcertó a muchos.
Mientras avanzaban por la zona central, ocurrió el accidente.
Un carro mal asegurado perdió el control. Gritos. Movimiento brusco. Un niño quedó paralizado en medio del camino.
Takumi reaccionó sin pensar.
Corrió y empujó al niño fuera de peligro. El carro pasó de largo, pero el impulso lo hizo perder el equilibrio. Sintió que caía… y entonces, unos brazos firmes lo sujetaron.
—¡Cuidado!
Takumi alzó la vista.
El joven que lo sostenía tenía uniforme militar sencillo y una expresión seria, atenta. Sus manos lo soltaron de inmediato, con respeto.
—¿Se encuentra bien, Su Alteza?
Takumi asintió, aún sorprendido.
—Sí… gracias.
—Capitán Hikaru Valen —se presentó—. A cargo de la seguridad temporal del distrito.
Hikaru.
El nombre resonó en su mente. El protagonista secundario. El alfa destinado a un final trágico.
Pero Takumi no sintió nada especial. Ni destino, ni latido extraño. Solo curiosidad.
—No esperaba verlo aquí —añadió Hikaru.
—Yo tampoco esperaba venir —respondió Takumi con honestidad—. Pero alguien tenía que hacerlo.
Hikaru lo observó con atención, como intentando reconciliar esa respuesta con la imagen que conocía del príncipe.
—Haré todo lo posible para que regrese sano al palacio —dijo finalmente.
No fue una promesa solemne.
Fue profesional.
Durante las horas siguientes, Takumi escuchó a los comerciantes, habló con los guardias, revisó documentos antiguos. Descubrió irregularidades pequeñas, corrupción silenciosa, abusos normalizados. Nada espectacular… pero peligroso.
En el libro, este era el punto donde el villano miraba hacia otro lado.
Takumi no lo hizo.
Ordenó una investigación formal. Reemplazó supervisores. Estableció medidas temporales de alivio. Nada drástico, pero suficiente para marcar un cambio.
Hikaru lo observó desde la distancia.
No con admiración.
No con interés.
Con desconcierto.
—No se comporta como dicen… —murmuró para sí.
Cuando el grupo se preparó para regresar, Takumi se acercó a Hikaru.
—Gracias por hoy —dijo—. Su apoyo fue importante.
Hikaru inclinó la cabeza.
—Es mi deber.
—Aun así —respondió Takumi—. Gracias.
Sus miradas se cruzaron un segundo más de lo necesario.
No hubo chispa.
No hubo promesa.
Pero el destino, que había esperado indiferencia, se encontró con algo distinto.
Y por primera vez, no supo cómo reaccionar.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰