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Lo Difícil De Amarte

Lo Difícil De Amarte

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Escuela
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: neversaynever

Uno, al enamorarse, cree que será fácil y será correspondido con el tiempo, pero nadie te dice que puede ser la persona más cruel de quien quieres que te enamores, o la equivocada. ❤️‍

Y así es como casi le pasó a Alison, quien sin darse cuenta...

Prohibido el plagio. ✅

NovelToon tiene autorización de neversaynever para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La primera impresión no siempre es la verdad.

Al escucharlo, bajé la mano y revisé el bolsillo de mi short: sabía que había guardado dinero ahí. Saqué el dinero, lo apreté en la palma y dije:

—Quiero chupetines por todo, por favor —mientras se lo entregaba.

Luego miré a Belén:

—¿Vos vas a comprar algo?.

Ella asintió, se volvió hacia Simón y preguntó:

—¿Tenés gomitas?.

—Sí, tengo —respondió él—. Salen diez centavos cada una.

—Quiero por todo lo que tengo —dijo ella, entregándole dos pesos.

Simón tomó el dinero, lo dejó sobre la mesa y metió la mano en el bolsillo del pantalón; segundos después sacó una llave plateada. Se acercó a la caja registradora, buscó la cerradura frontal, metió la llave y la giró un cuarto de vuelta hacia la izquierda hasta escuchar el clic del mecanismo. Una vez abierta, guardó el dinero adentro, levantó la vista y nos sonrió:

—Ya les traigo lo que pidieron, señoritas.

—No se apure —dije yo.

Él se dio la vuelta con calma, caminó hasta el estante donde estaban los chupetines Mister Pops, tomó unos cuantos y contó la cantidad exacta. Los dejó sobre la mesa, se acercó a un soporte metálico en la pared y tomó una bolsa blanca con un logotipo impreso. Volvió a la mesa, guardó los chupetines y luego se acercó a un frasco de vidrio lleno de gomitas en forma de ositos: rojas, verdes, amarillas, naranjas y blancas. Abrió la tapa, contó las gomitas y las metió también en la bolsa.

—Aquí está su compra —dijo al acercarse.

Levanté la mano, tomé la bolsa y respondí:

—Muchas gracias.

—Gracias, que tenga un buen día —agregó Belén—. Adiós.

—Chau —nos dijo él.

Al alejarnos, miré a Belén y pensé que quizás le había faltado dinero para chupetines. Saqué uno y se lo ofrecí:

—¿Querés uno?.

Ella lo tomó y dijo:

—Gracias.

Seguimos caminando en silencio por el pavimento hasta que ella preguntó:

—¿Vienes seguido por estos lados?.

—No —respondí, y luego le pregunté—: ¿Son amigas desde hace mucho con Jonás?.

—No sé... empezamos a hablar gracias a Matías —dijo ella, y no agregó nada más.

Yo tampoco insistí. Al llegar a la cancha, entramos por la puerta abierta y me acerqué a donde estaban mi hermana y Lizbeth.

—Ahí volvieron —dijo Jonás al vernos.

Lizbeth se dio la vuelta y nos miró.

—Parece que tardamos bastante —comentó Belén.

—¿Qué compraste? —me preguntó mi hermana.

—Chupetines —respondí, y le di dos a ella, guardé dos para mí y le entregué uno a Lizbeth. Como no tenía suficientes para todos los chicos que seguían jugando, le di uno más a ella para que se lo comiera.

Pensé que estaba bien: me faltaban chupetines, y Belén tampoco me había invitado nada de sus gomitas; además, había escondido el resto de mi compra sin que nadie viera. Vi cómo ella guardaba la bolsa en su bolsillo, así que le pregunté:

—¿Y tus amigos? ¿No les vas a invitar algo? Tenés muchas gomitas.

—No, déjalos que jueguen —respondió ella.

—Está bien —dije.

—¿Y vos no les vas a dar chupetines? —me preguntó a su vez.

—No tengo más —aclaré—, y además no los conozco lo suficiente como para darles lo mío.

—Yo tampoco les voy a dar las mías —dijo Belén—. Son muchos y me van a faltar.

Miré a Lizbeth, que me miraba como si esperara que yo diera algo más, y le dije:

—¿Son tus amigos, no?.

Ella se hizo la distraída, guardó el chupetín en su bolsillo y respondió:

—Mejor me lo como más tarde.

—Es verdad —intervino Lizbeth mirando a su hermana—. Si les das algo, no te queda nada para vos.

Belén se volvió hacia mí y dijo con tono firme:

—Ellos tienen plata, Alison. Que se compren lo que quieran —levantó el chupetín que tenía en la mano y agregó—: Este es mío, no de ellos.

Lizbeth me miró y trató de calmar las cosas:

—Ya verás que más tarde les da algo —dijo, aunque yo sabía que había visto cómo Belén había guardado más gomitas en su otro bolsillo.

Me sorprendió su reacción; nunca imaginé que se pusiera así por un chupetín que yo le había regalado. Unos minutos después, Lizbeth propuso:

—¿Quieren ir a mi casa?.

Jonás me miró, yo le asentí con la cabeza, y ella respondió:

—Sí, ¿por qué no?.

—Podemos esperar sentadas en esos troncos de allá —sugirió Belén, señalando el lugar donde yo había estado antes— hasta que nos vayamos.

—Está bien —dijo Jonás, y las cuatro nos dirigimos hacia allí.

Mientras mirábamos el partido, uno de los chicos dijo que ya estaba cansado. Otro comentó que se estaba haciendo tarde y empezaba a refrescar, y otro más aseguró que su equipo había ganado. Se acercaron al borde de la cancha, tomaron las remeras que habían dejado en el suelo y se las pusieron, luego caminaron hasta donde estábamos nosotras.

Sabían que habíamos comprado algo; uno de ellos se acercó, jadeando por el esfuerzo, y le dijo a Belén:

—Dame un poco de lo que compraste —a mí no me pidió nada.

Me quedé pensando: ¿Cómo se enteraron? Si ninguna de nosotras se está comiendo nada todavía.

Todos miraban a Belén esperando su respuesta. Ella se quedó callada un instante, luego se levantó, sacó la bolsa con las gomitas, tomó una para cada uno y, al llegar a los dos últimos, les dijo:

—Vos compartí la mitad con él.

Desde mi lugar le sonreí con amabilidad, aunque sabía que le quedaban muchas más guardadas. Me sentí un poco avergonzada por la situación, pero me dije a mí misma que no pasaba nada: ellos no me habían hablado a mí, así que no tenía por qué sentirme culpable.

^^^Continuará❤️...^^^

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