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Donde Florece El Barro

Donde Florece El Barro

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor Campestre
Popularitas:546
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Noah tenía todo: 24 años, Milán, su regreso a la pasarela. Hasta que su hermana Lila murió mientras él se probaba un abrigo. Dejó todo botado, recayó y lo echaron de Europa.

Sin nada, vuelve al sur, a la casa chueca de su abuela cerca de Traiguén. Al lado vive Tomás, 32, agricultor, callado, conservador. Lo odia a primera vista.

Tres meses es el trato. Tomás le enseña a trabajar la tierra. Noah le enseña a no tenerle miedo a sentir.

Entre gallinas metidas, un tractor chocado, un invernadero saboteado y un desfile en un granero, se enamoran lento. Con barro en las manos y miedo de volver a caer.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: La señora Marta no olvida

Señora Marta no olvida nada. No olvida quién le debe pan, quién no pagó queso en 2019, quién dijo que su mote estaba muy dulce y quién es hijo de quién con quién.

Y yo fui a su negocio a comprar té porque se me había acabado y hacía frío y quería té con pan de ayer.

Marta estaba con delantal azul, con moño apretado, con radio a pilas igual que la de mi abuela pero que sí agarraba noticias de ahora no de 1999.

Hola modelo, dijo al verme entrar con botas rosadas. ¿qué quieres?

Té, dije. Y pan si tiene.

Tengo pan de ayer, dijo. Te lo dejo barato porque te conozco y porque usas botas rosadas y eso me cae bien.

Me pasó pan y té en bolsa de papel.

¿Supiste lo de cooperativa? Dijo de repente bajando voz como si fuera secreto grande aunque en su negocio siempre hay gente escuchando.

¿Qué cosa de cooperativa? Pregunté.

Que debe plata, dijo Marta acercándose. Mucha plata. Como ochenta millones. A forestal.

¿Ochenta millones? Dije. Me salió voz alta.

Shhh, dijo Marta mirando para todos lados aunque solo estábamos nosotros y su gato. Ochenta millones. Gerardo pidió préstamo a nombre de cooperativa para comprar maquinaria que nunca compró. Y ahora forestal quiere plata o tierras.

¿Y por qué tierras?

Porque forestal quiere agua, dijo Marta como si fuera obvio. Quiere estero. Y estero pasa por tu tierra y por tierra de Tomás y por tierra de Elisa. Si cooperativa no paga, forestal se queda con tierras que están puestas como garantía.

Me quedé helado con bolsa de té en mano.

¿Mi tierra está en garantía? Pregunté.

No, dijo Marta. Tu tierra no, porque Rosa nunca quiso meter su tierra en cooperativa. Era viva tu abuela. Pero Elisa sí metió su tierra y Juana también y tres más. Y si no pagan, pierden todo.

¿Y por eso Gerardo quiere comprar mi tierra barata?

Claro, dijo Marta. Porque si compra tu tierra barata, tiene estero. Y con estero puede negociar con forestal. O venderle a forestal más caro. Gerardo siempre hace eso. Compra barato por miedo y vende caro por negocio.

Me senté en cajón de papas que Marta tiene para que gente se siente a conversar. Porque en negocio de Marta no solo compras. Conversas.

¿Y cómo sabe tanto? Pregunté.

Porque no olvido, dijo Marta tocándose frente. Y porque mi marido era contador de cooperativa antes de morirse y dejó cuadernos. Yo guardé cuadernos.

¿Tiene cuadernos?

Sí. Con números. Con fechas. Con firmas de Gerardo sacando plata.

¿Me los puede mostrar?

Marta me miró fijo. Como evaluando si yo era de confiar o si era como esos de ciudad que después se van y cuentan todo en diario.

¿Para qué quieres verlos? Preguntó.

Para entender, dije. Porque me ofreció quince millones por mi casa y dijo que era para ayudarme. Y no le creo. Y si debo plata de contribuciones y me quieren rematar y además cooperativa debe ochenta millones y quieren mi agua, necesito entender.

Marta asintió. Se fue a trastienda que olía a harina y a detergente. Volvió con cuaderno de tapa verde, viejo, con hojas amarillas.

Toma, dijo. Pero no te lo lleves. Léelo acá. Y no le digas a nadie que te lo mostré porque Gerardo es vengativo y me puede dejar sin proveedores.

Abrí cuaderno. Números a mano, con letra apretada de hombre viejo. Fechas del 2020, 2021, 2022. Préstamo forestal, 80 millones, fecha, firma de Gerardo como presidente de cooperativa. Después salidas de plata. Compra de camioneta, 15 millones, firma Gerardo. Compra de no sé qué, 10 millones, firma Gerardo. Y al lado, con otra letra, de Marta, decía no se compró maquinaria, se compró camioneta para Gerardo.

Pasé hojas. Más salidas. Hasta que llegué a última hoja. Decía deuda actual, 80 millones más intereses, total 92 millones, vencimiento diciembre de este año.

Cerré cuaderno. Tenía manos sudadas.

¿Y qué pasa si no pagan en diciembre? Pregunté.

Forestal se queda con tierras de Elisa, Juana y otros, dijo Marta. Y después forestal corta todo y planta pino y se seca estero y nos quedamos sin agua todos. Incluso tú que no estás en cooperativa pero que tienes estero que pasa por tu tierra.

Me quedé con eso. Sin agua. Sin estero. Con pino seco.

¿Y por qué nadie hace nada? Pregunté.

Porque Gerardo dice que va a solucionar. Que va a comprar tierras baratas y con eso paga. Y gente le cree porque tiene labia. Y porque da miedo decirle que no.

¿Y usted por qué me cuenta a mí?

Porque tú eres nieto de Rosa, dijo Marta. Y Rosa no le tenía miedo a Gerardo. Una vez en reunión le dijo que era ladrón en su cara. Y Gerardo se quedó callado porque Rosa era Rosa.

Me sentí orgulloso de mi abuela sin conocerla tanto. Rosa que le decía ladrón en cara a Gerardo.

Marta guardó cuaderno en trastienda de nuevo. Me miró.

No vendas, dijo. Como me dijo Tomás. Como decía carta de Rosa. No vendas por miedo.

No voy a vender, dije.

¿Y cómo vas a pagar contribuciones?

No sé, dije. Vendiendo tomates. Haciendo desfile de granero. No sé.

Marta me pasó otro pan, este fresco, no de ayer.

Toma, dijo. Para que pienses con pan fresco no con pan de ayer.

Me fui con té, con pan fresco y pan de ayer, con botas rosadas clac clac, con cabeza llena de números. Ochenta millones. Noventa y dos con intereses. Quince millones que me ofreció Gerardo que no era ayuda sino negocio.

Llegué a casa. Tomás estaba en invernadero. Fui corriendo.

¿Sabías que cooperativa debe ochenta millones? Le dije sin saludo.

Sí, dijo Tomás sin sorprenderse. Sabía. Mi papá me contó hace tiempo.

¿Y por qué no me dijiste?

Porque no quería preocuparte más. Ya tienes deuda de dos millones de contribuciones.

¿Y ahora qué hacemos? ¿Si forestal se queda con tierras nos quedamos sin agua?

Sí, dijo Tomás. Sin agua no hay tomate. Sin tomate no hay plata. Sin plata no pagas contribuciones.

Nos sentamos en suelo de invernadero. Con olor a tomate que ahora me olía a agua también.

Tenemos cuaderno, dije. Marta tiene cuaderno con pruebas de que Gerardo se compró camioneta con plata de cooperativa.

¿Marta te mostró cuaderno? Dijo Tomás sorprendido. Marta no muestra cuaderno a nadie.

Me lo mostró porque soy nieto de Rosa, dije inflando pecho un poco.

Entonces tenemos prueba, dijo Tomás. Pero prueba no sirve si nadie denuncia. Y nadie quiere denunciar a Gerardo porque da trabajo en forestal.

¿Y si denunciamos nosotros?

Nos echan del pueblo, dijo Tomás. O nos queman invernadero como ya nos quemaron mitad una vez.

Me quedé callado. Con rabia y con miedo mezclados.

Esa noche no dormí. Puse radio a pilas que solo agarraba cumbia del 98 y la dejé sonando bajito con fritura.

Y pensé en Rosa que le dijo ladrón en cara a Gerardo.

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Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy buena narrativa y, buen contenido.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Me gusta esta Novela, es diferente tiene un buen contenido urbano.☺️
Brisa Romero
/Sweat/
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