Olvera de la Frontera, Andalucía, España, 1957.
En plena dictadura franquista, Zeynep huye de un hombre violento tras defenderse y se esconde en el Convento Santa Clara bajo el nombre de Ana Vidal. Embarazada, sin familia y con otra identidad, cree que nunca volverá a amar.
Hasta que llega Zoe Araya, la hija del juez del pueblo, enviada al convento por sus padres para "corregirse" porque se niega a casarse con el hombre que le impusieron.
Entre limoneros, rezos en voz baja y secretos, nacerá un amor prohibido que todo un pueblo querrá castigar. Una historia de supervivencia, maternidad y un amor que no pide perdón.
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CAPÍTULO 21 - LA CARTA DEL JUEZ
El papel era fino, de juzgado. No era como el papel barato de Sor Inés. Era papel de verdad, con escudo y con sello morado que ponía JUZGADO DE PRIMERA INSTANCIA DE SEVILLA.
Lola lo encontró a las siete de la mañana cuando abrió la persiana de Telas Lola. Estaba doblado por debajo, como si alguien lo hubiera tirado de noche. Sin sobre. Sin nombre afuera. Solo ponía dentro, a máquina: PARA ZOE ARAYA - ENTREGAR EN TELAS LOLA - PAGÉS DEL CORRO, 17 - TRIANA.
Zoe todavía dormía con Lucía encima. Yo ya estaba despierta, cortando un patrón azul que nos habían encargado después de la feria. Desde que fuimos a la feria con los trajes rojos y azules, nos habían encargado seis trajes más. En Triana ya decían que las Vidal cosían los mejores volantes.
Lola entró a la trastienda con el papel en la mano y sin cigarro. Eso me asustó. Lola siempre tenía cigarro.
- Es para Zoe - dijo bajito.
Zoe se despertó cuando escuchó su nombre. Se sentó en la cama con Lucía dormida en el pecho. Tenía el pelo suelto todavía de la feria.
- ¿Qué es?
Lola se lo dio. Zoe lo abrió. Le temblaban las manos.
Yo me senté a su lado y leí con ella, como en la bodega con Mujercitas.
"JUZGADO DE PRIMERA INSTANCIA DE SEVILLA
A instancia de Don Federico Araya Martín, Juez de Olvera de la Frontera,
Se requiere la comparecencia de su hija legítima ZOE ARAYA CARMEN, de 19 años, actualmente en paradero desconocido en Triana, para su reintegro al domicilio paterno en Olvera de la Frontera.
De no comparecer en el plazo de ocho días, se procederá conforme al artículo 321 del Código Civil vigente, declarándose su desobediencia a la patria potestad y autorizándose su internamiento en el Reformatorio de Mujeres de Sevilla para corrección de conducta, así como la entrega a su futuro esposo Don Luis Ortega para contraer matrimonio.
Dado en Sevilla, a 21 de abril de 1958."
Zoe leyó la carta dos veces. La segunda vez en voz alta, para que Lola la escuchara.
Cuando terminó, no lloró. Se quedó mirando el sello morado.
- Reformatorio - dijo bajito -. Mi padre me quiere meter en un reformatorio. Como a las putas.
- No - dije yo -. No te va a meter.
Lola le quitó el papel de las manos y lo leyó ella. Se puso roja.
- Esto no es de Sevilla - dijo -. Este sello es de Sevilla pero la letra es de Olvera. Tu padre le pidió un favor a un juez de aquí. En Triana un papel de Olvera no vale nada si no viene la 【entity-Guardia Civil¦canonical_name\=Guardia Civil】 de Sevilla a llevarte. Y la 【entity-Guardia Civil¦canonical_name\=Guardia Civil】 de Sevilla no va a venir a llevarse a una chica que cose trajes de flamenca.
- Pero puede venir - dijo Zoe -. Mi padre es juez. Si dice que estoy loca o que soy desobediente, pueden venir.
Doña Rosario llegó a las nueve, como todos los días, a verle los pies a Lucía para ver si iba a ser bailaora. Le enseñamos el papel.
Lo leyó con los labios, despacio, porque no sabía leer bien. Cuando terminó, lo arrugó y lo tiró al brasero.
- ¡Reformatorio! - dijo, escupiendo al suelo -. ¡Tu padre te quiere meter en el reformatorio por no querer casarte con un señorito que tiene coche negro! ¡En mi casa tengo a tres niñas que se escaparon de sus padres y ninguna está en reformatorio!
Zoe se rió por primera vez desde que leyó el papel. Una risa corta, con lágrimas.
- ¿Qué hacemos? - le pregunté a Lola.
Lola encendió por fin su cigarro. Dio una calada muy larga.
- Nada - dijo -. No vamos al juzgado. Si vamos, le dan la razón al padre porque es juez y es hombre y estamos en 1958. Si no vamos, tienen que venir a buscarnos. Y para venir a Triana a buscar a una chica que no ha robado nada, necesitan una orden de verdad de Sevilla, no una carta de tu padre escrita a máquina.
- ¿Y si viene la orden? - dijo Zoe.
- Pues cuando venga, nos escondemos otra vez en casa de Rosario. Y si no, nos vamos a Cádiz. Tengo una prima en Cádiz que también cose. Pero no va a venir. Porque tu padre no quiere que en Olvera digan que su hija está en un reformatorio. Le da más vergüenza que si estás en Triana cosiendo.
Esa noche quemamos también esa carta en el brasero, como quemamos la de Sor Inés. Vimos cómo el escudo de Franco se hacía negro.
Zoe no durmió. Se quedó con Lucía en brazos toda la noche, mirando el limonero del patio.
A las tres de la mañana me dijo bajito:
- Si me llevan al reformatorio, tú te quedas con Lucía. Le dices que soy su tía Zoe que se fue a estudiar para maestra. Como decía mi madre que estaba yo.
- No te van a llevar - le dije -. Si te llevan, nos vamos contigo. Las dos. Con Lucía. Otra vez con una piedra si hace falta.
- ¿Otra vez juntas?
- Otra vez juntas. Una por dentro y otra por fuera.
A la mañana siguiente fuimos al bar de la esquina y preguntamos si habían visto al hombre a caballo de la feria. El del bar dijo que sí, que era de Olvera y que había vuelto a Olvera esa misma noche de la feria.
Se había ido. Pero la carta se había quedado.
Y ahora teníamos ocho días. Ocho días para decidir si nos quedábamos en Triana escondidas o si nos íbamos de verdad.
Lola decía que en Triana una carta de Olvera no vale nada.
Pero yo sabía que una carta de un padre sí vale. En 1958, una carta de un padre vale más que una madre con una niña en brazos.