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Ya no soy tu sustituta

Ya no soy tu sustituta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Juego de roles / Triángulo amoroso / Tú no me amas / Amante arrepentido / Amor platónico
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Durante tres años, Valentina Robles creyó ser la mujer que Gabriel Duarte amaba. Hasta que volvió su ex y ella escuchó la verdad: él solo había estado buscando a otra en su rostro.
Valentina no va a competir por un lugar que nunca fue suyo. Acepta el matrimonio que antes había rechazado y vuelve a casa, decidida a dejar a Gabriel atrás. Lo que él no sabe es que la mujer a la que dio por sentada es una heredera que ya no necesita ocultarse.
A su lado está Alejandro Ferrer, dispuesto a darle algo que con Gabriel nunca tuvo: confianza sin condiciones.
Pero Gabriel no acepta haberla perdido. Y Valentina ya no está dispuesta a ser la segunda opción de nadie.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

002. El primer amor de Gabriel

Gabriel apartó instintivamente la mano de la mujer que llevaba del brazo. A ella se le tensó el rostro.

—Paula también es amiga mía. ¿Qué tiene de raro que venga a su fiesta? —Valentina lo miró con una media sonrisa.

—No, es que pensé que no te gustaban estas fiestas. Por eso no te dije nada.

Valentina se rio por dentro, sin humor. ¿De verdad era porque no le gustaban las fiestas? ¿No sería que había preferido callárselo para poder traer a otra?

Tras explicarse, Gabriel recorrió la sala con una mirada helada que parecía preguntar quién la había invitado. Paula desvió la vista, culpable, sin atreverse a mirarlo de frente. Fingió que aquello no tenía nada que ver con ella.

La mujer que había llegado con él se acercó a saludar.

—Hola, ¿tú eres Valentina Robles? Soy Camila Salazar. Seguro que Gabriel te ha hablado de mí.

Así que aquella era Camila. El primer amor que Gabriel no había podido olvidar.

Aún tenía el pecho oprimido. Tres años con Gabriel no se borraban de un día para otro. Aun así, supo disimularlo: sonrió y asintió.

—Camila, he oído hablar mucho de ti.

—Valentina, ¿nunca te han dicho que nos parecemos un poco? —preguntó Camila con una sonrisa.

El rostro de Gabriel se ensombreció de golpe. Valentina le lanzó una mirada divertida antes de volver a sonreír y encontrarse con los ojos de Camila, donde asomaba cierta provocación.

—¿Ah, sí? —Parpadeó con sus ojos almendrados y brillantes, con aire inocente—. Pues yo no veo el parecido. No eres tan bonita como yo.

Los que seguían la escena se quedaron atónitos. ¿No había sido Valentina siempre tan dócil, tan tranquila? ¿De dónde salía ese tono cortante que tenía hoy?

Antes de que la incomodidad fuera a más, Paula se apresuró a cambiar de tema.

—Vengan, siéntense. No se queden ahí parados.

Camila contuvo su disgusto con Valentina, forzó una sonrisa y le tendió su regalo a Paula.

—Feliz cumpleaños, Paula. Esto es para ti.

Al recibirlo, Paula se sorprendió al ver la bolsa: era idéntica a la que acababa de entregarle Valentina. Sacó el estuche y lo abrió.

—¡Ay, llevaba tanto tiempo queriendo este collar! ¡Gracias, Camila!

Valentina se quedó mirando la joya. ¿No era el mismo modelo que había comprado ella?

Paula abrió también la bolsa de Valentina.

—¡Valentina, tú también me regalaste el mismo collar!

—Debe de ser falso.

Una de las amigas que estaban detrás de Paula ni siquiera se molestó en mirar la pieza antes de declararla falsa.

—Ese collar cuesta más de 8 000 dólares. ¿Cuánto crees que gana al mes una abogadita como Valentina? ¿De verdad te va a comprar algo tan caro?

La sala enmudeció. Las miradas que se volvieron hacia Valentina dejaban claro que todos pensaban lo mismo: una abogada sin renombre como ella no iba a gastar semejante suma en una joya auténtica para Paula.

—Valentina, si no te alcanza el dinero, me lo dices —intervino Gabriel, con el rostro sombrío—. El regalo te lo podía haber conseguido yo. Pero ¿cómo vas a…?

La vergüenza le impidió terminar la frase. No dijo «regalar algo falso», pero todos lo entendieron.

—Gabriel Duarte, ¿tú también crees que mi regalo es falso? —Valentina lo miró con frialdad.

Gabriel guardó silencio, con el rostro cerrado. Lo daba por hecho.

Paula intentó mediar con una sonrisa incómoda.

—No, no. Valentina y yo nos llevamos bien. Ella no me regalaría algo falso. No digan esas cosas, la van a hacer sentir mal.

A pesar de aquellas palabras, Valentina alcanzó a ver un rastro de desprecio en sus ojos y sintió cómo se le enfriaba el corazón. Había gastado más de 8 000 dólares en aquel collar para agradecerle las atenciones que había tenido con ella.

Tres años atrás, Valentina se había enfrentado a su familia por negarse al matrimonio que le habían acordado y se había marchado sola a Puerto Azul. Esteban Robles le bloqueó las tarjetas y le cortó todo apoyo económico. Ella no recurrió a ninguno de los contactos de los Robles; consiguió por su cuenta un puesto en un bufete.

El primer año, como pasante, apenas ganaba 650 dólares al mes. Al año siguiente obtuvo la habilitación para ejercer y empezó a ganar un poco más, aunque su sueldo seguía siendo bajo. A ojos de aquella gente, no era más que una pobretona.

Los jóvenes adinerados del círculo de Gabriel siempre habían mirado por encima del hombro a aquella «pobretona». Cada vez que salían, la hacían a un lado y la aislaban, unas veces a las claras y otras con disimulo. Gabriel miraba hacia otro lado. Paula, en cambio, la había sacado de apuros varias veces e incluso se acercaba a conversar con ella.

Valentina había creído que Paula era distinta. Y resultaba que, en el fondo, también la despreciaba.

Qué ridículo.

La misma noche en que aceptó el matrimonio, Esteban le había devuelto el acceso a sus tarjetas. Para ella, gastar 8 000 dólares o un centavo era lo mismo.

—Dame el collar. Luego te traigo otro regalo de cumpleaños —dijo Gabriel—. Valentina no sabe comportarse. Perdona.

Paula miró a Valentina y luego a Gabriel, sin saber qué hacer. Negarse a entregárselo sería dejarlo mal a él; dárselo equivalía a reconocer que también creía que era falso. La que pasaría la vergüenza sería Valentina, pero, al ser su novia, en realidad era Gabriel quien quedaba en ridículo.

—Pues dáselo, si lo quiere —dijo Valentina, cruzada de brazos, mirando a Gabriel con frialdad.

A Paula no le quedó más remedio que entregárselo.

—Gabriel, no te enojes con Valentina —intervino Camila—. Lo hizo con buena intención.

Gabriel no respondió; seguía con el rostro sombrío. Alguien propuso un juego para aliviar la tensión y Camila se unió al grupo, sonriente, para jugar y beber.

A Valentina no le gustaban esos alborotos, así que se sentó sola en un sofá del rincón. Gabriel se acercó con expresión fría y se sentó a su lado. Ella no le hizo caso; siguió con su teléfono.

—Si no te alcanza, le regalas algo más barato —dijo él al fin, con voz grave—. Mejor eso que regalar algo falso.

—Si te parece falso, devuélvemelo —respondió ella sin apartar los ojos de la pantalla, como si tal cosa.

—El que queda mal soy yo, ¿te das cuenta?

Valentina cerró los ojos y respiró hondo dos veces. Luego los abrió de golpe y giró la cabeza hacia él.

—¿Y en qué te hice quedar mal? El recibo está adentro. ¿No puedes leerlo tú mismo? ¿O te llevo a la tienda de la marca para que te lo confirme un vendedor?

Gabriel tardó un instante en reaccionar y bajar la mirada para buscar el recibo. Solo al verlo creyó que el collar era auténtico. Se le relajó el gesto y, al hablar, su voz ya era más suave.

—¿Y por qué no me dijiste antes lo del recibo?

—No me iba a molestar en explicarlo —resopló ella, desdeñosa, y volvió a su teléfono.

Al cabo de un rato, él se disculpó en voz baja.

—Perdón por lo de hoy. Me equivoqué.

Valentina fingió no haberlo oído y se concentró en su videojuego. Gabriel permaneció a su lado sin decir nada más, con la vista puesta en el grupo que jugaba.

O, mejor dicho, en Camila.

Valentina terminó una partida y, al levantar la cabeza, lo sorprendió mirando a Camila. Ella había perdido y los demás la presionaban entre gritos para que bebiera. Gabriel se contuvo al principio, pero, cuando la vio vaciar la tercera copa y disponerse a tomar la cuarta, se levantó de golpe, llegó a su lado a grandes pasos y le arrebató la copa.

—¡Tienes el estómago mal y sigues bebiendo así! Camila, ¿te quieres morir?

Nadie podía pasar por alto su enojo. El alboroto del salón privado se apagó de golpe y todas las miradas se volvieron hacia ellos.

—¿Y tú por qué te metes? —replicó Camila, obstinada, alzando los ojos hacia la mirada furiosa de Gabriel.

—Ya no vas a beber. —Gabriel recorrió al grupo con una mirada helada—. A ver quién se atreve a hacerla beber otra vez.

Los demás desviaron la vista, sin atreverse a mirarlo de frente. Desde el sofá, Valentina contempló la escena con una sonrisa burlona y la mirada fría.

Camila se levantó e intentó recuperar la copa, pero Gabriel la mantuvo en alto, fuera de su alcance. Ella se puso de puntillas, perdió el equilibrio y cayó en sus brazos. Él la estrechó instintivamente contra sí con el brazo libre.

—Ten cuidado. Después de tantos años, sigues igual de torpe.

Con las mejillas encendidas, Camila se apoyó en su pecho y alzó el rostro hacia él.

—Ay, Gabriel, qué odioso eres —se quejó, mimosa.

Los demás volvieron a lanzar exclamaciones de complicidad. Gabriel iba a decir algo cuando levantó los ojos y se encontró, de pronto, con la mirada helada de Valentina.

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ysabel cecilia contreras
Está buenísima está historia me preocupa que no esté terminada 🙏
ysabel cecilia contreras
Miércoles llegó con otra 👿🤣🤣🤣🤣🤣
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