Una joven enfermera huérfana que trabaja 48 horas para poder subsistir,despiertan en el cuerpo de una joven en el tiempo antiguo siendo esta la hija de un Duque el más importante del reino Luna,prometida del príncipe heredero de dicho reino,sentenciada a muerte tras atentar contra la vida de la joven amante del príncipe heredero.Renace para cambiar el rumbo de la vida de Patricia ahora su nueva vida.
*Esta es mi primera obra, espero que me den ideas para seguir escribiendo muchas gracias*
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Segundo encuentro y verdades dichas
Después del encuentro entre el Duque y el Rey todo quedo en una aparente calma, mientras en el Palacio se hacían planes macabros para obtener lo que deseaban en el ducado las cosas eran muy diferentes.
-Buenos días padre, que guapo te ves hoy -,lo elogiaba Patricia con una enorme sonrisa, el Duque conociendo a su hija le pregunta,
-Que quieres mi cielo,sabes que todo lo mío es tuyo y de tus hermanos-. A Patricia se le enrrojecieron las orejas de la vergüenza, todavía no se acostumbraba al cariño con que la trataba su padre.
-Quiero ir al pueblo a comprar algunas cosas que necesito-, le dice haciendo un tierno puchero en los labios. El Duque se enterneció al ver lo tierna que se veía su amada hija. Abrió un gabinete de su escritorio y sacó una bolsa mediana con monedas de oro y se la da a su hija.
-Compra todo lo que te haga falta princesa, para eso tu padre trabaja-. Patricia tomó la bolsa y le dio un cálido abrazo a su padre.
-Muchas gracias papá, te amo-. Así se encaminó a su habitación a prepararse para ir al pueblo hacer sus compras. Al bajar llevaba puesto un hermoso vestido púrpura claro con un hermoso collar y su peinado era hermoso con adornos que realzaban su belleza sin igual.
En el transcurso del viaje ella no paraba de pensar en el joven Sebastian y si en verdad le había mentido con respeto a su identidad como Duque. Al llegar al pueblo se dirige con la modista para ver si su pedido ya estaba listo,al salir de la tienda ve personas corriendo hacia un lugar, ella ganada por la curiosidad se dirige hacia ese lugar, al llegar ve como había una pequeña tarima y personas dramatizando una obra, eran un grupo de comediantes que pasaban por el pueblo dando vida y alegría a las personas.
-Buenos días hermosa dama-, alguien que ella conoce bien le hablaba contra su oído, un escalofrío le recorre la espalda y un pequeño rubor se le instala en las mejillas. Dando la vuelta lentamente lo mira seriamente, se cruza de brazos y levanta una ceja.
-Buenos días Duque Sebastian, o como debería referirme hacia usted ya que Duque no es-. Sebastian entrecerro la mirada y sonrió de costado.
-Creo que a llegado el momento de contarte mi historia, pero no aquí, sígueme-, Patricia entrecerro la mirada y le dijo.
-Como puedo confiar en que no seas un mercenario o un secuestrador de personas-, Sebastian soltó una pequeña risa y le dijo.
-Si quieres saber quien soy me seguirás, en tu interior puedes sentir que no soy alguien peligroso o no-.Patricia sabía que tenía razón y decidió seguirlo. Sebastian camino por un sendero que los llevaba hacia un hermoso mirador natural rodeados de bosque, una majestuosa montaña y una hermosa cascada, aquello era lo más hermoso que Patricia había visto jamás, al mirar alrededor no había nadie y eso la puso un poco nerviosa.
-Ya estamos solos, dime quien eres en verdad-, Sebastian la miró con esos ojos rojos brillantes y decidió decirle toda la verdad.
-Mi nombre si es Sebastian Draco, pero no soy un Duque, en realidad soy un Emperador-. Patricia se asombró de esa confesión, no tenía palabras para decir.
-Pero no solamente soy un Emperador, soy el Emperador del reino Vampiro. Un reino que se encuentra en lo profundo del bosque y que a estado oculto de los humanos por 500 años-. Patricia lo miraba con los ojos tan abiertos que cualquiera pensaría que se le saldrían de su órbita, tuvo que sentarse en un banco que se encontraba ahí, pero no lo interrumpió y dejó que siguiera hablando. Así Sebastian le contó como fue su vida hace 500 años ,le contó de su padre ,de su hermana, de la guerra, le contó todo con lujo de detalles, Patricia no podía creer como habían personas tan malas en el mundo que no le importaba la vida de los demás. Ella lloró como una niña pequeña porque sentía el dolor que sintió Sebastian al perder a su familia, de un momento a otro ella abrazó a Sebastian con tanta fuerza como si se fuera a desaparecer y no quisiera que se fuera nunca.
-No puedo imaginar el dolor que sufriste al perder a tu padre, a tu hermana por la ambición de un rey sin escrúpulos, pero ya no estas solo ,yo estoy aquí contigo. Sebastian la miró con una mirada tierna y tomó su rostro entre sus manos y le dijo.
-Cuando me hirieron caí en un sueño profundo, pero hace unos meses atrás desperté y sentí a mi tua cantante, mi alma gemela-. Patricia lo miraba estraño y no entendía lo que él le decía. - Tú eres mi alma gemela mi bella Patricia-. Ella no podía creerlo, empezó a sacar cuentas y se dio cuenta que era ella su alma gemela y no la antigua Patricia, una felicidad le embargo el corazón y decidió serle sincera como el fue con ella.
-Hay algo que tengo que decirte, no se como vas a reaccionar pero es la verdad-, no sabía como decirle pero respiró hondo y le dijo, - Yo no soy la verdadera Patricia, es decir este cuerpo lo es pero mi alma es de otro tiempo, otro mundo muy diferente de este donde no hay magia, ni vampiros, yo era una enfermera que trabajaba 48 horas para poder subsistir ya que era huérfana, tuve un colapso y mi alma llegó aquí a este cuerpo, y por eso creo que mi llegada fue lo que te despertó-. Sebastian la mirada asombrado y comprendió que no era Patricia su alma gemela sino aquella chica que ocupó su lugar en este cuerpo. Lentamente se fue acercando a ella y le levantó el rostro, la miró a esos ojos que le encantaban tanto y la besó como deseaba hacerlo desde hace mucho tiempo y Patricia se dejó llevar porque ella también sentía lo mismo. Al separarse juntaron sus frentes y se miraron a los ojos, Sebastian le dice a Patricia.
-Quiero que seas mi Emperatriz ,solo mia y de nadie más, Patricia solo sonrió y le dijo.
Ya soy tuya y tu eres mío, solo mío-, y volvieron a besarse.