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Destinados Por Accidente

Destinados Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Romance / Pareja destinada / Familias enemistadas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yajaira MG

Dos haciendas. Dos familias. Una rivalidad que ha sobrevivido durante generaciones.

Lara Dávila nunca imaginó que el hombre que la observaba a escondidas junto al arroyo terminaría convirtiéndose en el hombre que cambiaría su vida. Mucho menos que, después de golpearlo con una piedra y huir, él juraría encontrarla y hacerla su esposa.

Izan Orellana ha regresado a la hacienda familiar para hacerse cargo del legado de sus padres. Lo último que esperaba era enamorarse a primera vista de la hija de sus eternos enemigos.

NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4

El movimiento del caballo, el aire fresco y el sonido de los cascos sobre la tierra despertaron recuerdos que creía olvidados.

Había extrañado aquello más de lo que imaginaba.

Se internó por un sendero que conducía hacia el límite de la propiedad. Conocía aquella zona desde niño, aunque algunos árboles habían crecido y el terreno parecía diferente después de tantos años.

No tardó en reconocer el sonido del agua.

El arroyo.

Redujo el paso de Relámpago y se acercó a una zona despejada desde la que podía observar ambas orillas.

Fue entonces cuando la vio.

Distinguió una figura femenina.

La mujer tenía el cabello oscuro mojado, parte del cual se adhería a su espalda, y se movía con una naturalidad que lo dejó completamente cautivado. El sol se filtraba entre las ramas, iluminando su silueta mientras ella jugaba distraídamente con el agua, sin sospechar que tenía un espectador.

Izan olvidó por completo que debía continuar su camino.

No sabía quién era aquella mujer. Tampoco entendía por qué no podía apartar la mirada. Había conocido mujeres hermosas, pero nunca le había sucedido algo semejante: quedarse paralizado por la simple presencia de una desconocida.

—Demonios... acaso estoy soñando —susurró para sí mismo.

La mujer se echó agua sobre los hombros y después se recogió el cabello, dejando al descubierto su rostro durante unos segundos.

Izan sintió que el corazón le daba un vuelco.

Era preciosa.

Y él, que siempre se había considerado un hombre sensato cuando se trataba de tomar decisiones importantes, estaba allí, sobre su caballo, observándola como un completo idiota.

Lara, entretanto, sintió una extraña inquietud.

Le pareció escuchar el resoplido de un caballo.

Dejó de jugar con el agua y giró la cabeza hacia la orilla. Al principio no distinguió nada entre los árboles, pero, cuando miró con más atención, vio a un hombre montado sobre un caballo negro.

Observándola.

El desconcierto inicial dio paso a la indignación.

—¡¿Qué demonios...?!

Se sumergió inmediatamente hasta el cuello, cubriéndose el pecho con los brazos.

—¡¿Se puede saber qué está haciendo?!

Izan reaccionó al escucharla, aunque tardó un instante en comprender que le estaba hablando a él.

—Yo...

—¡No se mueva!

La voz de Lara resonó por la orilla.

Sin esperar respuesta, nadó apresuradamente hacia el lugar donde había dejado su ropa. Salió del agua, tomó la ropa y corrió hasta colocarse detrás de un árbol lo suficientemente ancho para ocultarse.

Tenía las mejillas encendidas de rabia y vergüenza.

¡Aquel descarado la había estado mirando mientras se bañaba!

—¡Será posible! —masculló mientras se vestía a toda prisa—. ¡Desvergonzado!

...****************...

Al otro lado del árbol, Izan seguía sin comprender cómo había terminado en semejante situación.

Lo cierto era que, en cuanto la mujer había descubierto su presencia, debería haberse disculpado y marchado. Sin embargo, la sorpresa lo había dejado paralizado y, para cuando quiso reaccionar, ella ya había salido del agua.

—¡Oiga, espere! ¡Puedo explicarlo!

—¡No quiero escuchar absolutamente nada!

Izan se pasó una mano por el cabello.

Aquella mujer tenía una voz tan hermosa como su rostro, aunque estaba empezando a sospechar que su carácter no sería precisamente sencillo.

Cuando Lara terminó de vestirse, asomó la cabeza por un costado del árbol.

El desconocido continuaba allí.

Y, para colmo de males, parecía estar mirándola otra vez.

La joven apretó los dientes.

—¡¿Todavía sigue ahí?!

—¡Le estoy diciendo que puedo explicarlo!

—¡No hay nada que explicar! ¡Es usted un descarado!

—¡No sabía que había alguien bañándose!

—¡¿Y eso le da derecho a quedarse mirando?!

Izan abrió la boca, pero no encontró una respuesta que pudiera defenderlo de aquella acusación.

Porque, para ser completamente sincero, sí se había quedado mirando.

Y no precisamente porque estuviera buscando una explicación.

Lara miró a su alrededor y encontró una piedra cerca de sus pies. La recogió sin apartar los ojos del desconocido.

Izan frunció el ceño al verla.

—¿Qué piensa hacer con eso?

—¡Darle una lección!

—¡Ni se le ocurra!

Pero Lara ya había echado el brazo hacia atrás.

La piedra salió disparada antes de que Izan pudiera apartarse.

¡Pum!

El proyectil lo golpeó de lleno en la frente.

—¡MALDITA SEA! —gritó, llevándose una mano a la cabeza.

Relámpago se sobresaltó y retrocedió unos pasos, obligándolo a sujetar firmemente las riendas.

Izan sintió un dolor punzante y, al apartar la mano de su frente, descubrió que tenía los dedos manchados de sangre.

¡Sangre!

¡Aquella mujer acababa de abrirle la cabeza!

—¡¿ESTÁ LOCA?! —bramó.

Lara, que no había esperado acertar con tanta precisión, se quedó sorprendida durante apenas un segundo.

Después, al ver que el hombre seguía gritando, decidió que lo más sensato era marcharse antes de que se le ocurriera acercarse.

Corrió hacia Canela, tomó las riendas y montó apresuradamente.

—¡Oiga! ¡No se atreva a marcharse! —gritó Izan, todavía presionándose la herida.

Lara ni siquiera lo miró.

—¡Y usted no vuelva a espiar a ninguna mujer!

Le dio un suave golpe con los talones a su yegua y salió al galope por el sendero, levantando una nube de polvo tras ella.

Izan intentó seguirla con la mirada, incrédulo ante lo que acababa de suceder.

—¡VUELVE AQUÍ!

Pero Lara ya se alejaba a toda velocidad.

No lo escuchó.

Ni siquiera volvió la cabeza.

Lo único que quería era llegar a casa, dejar atrás aquel desagradable encuentro y olvidar el rostro del descarado que había arruinado su tarde.

Izan permaneció junto al arroyo, con la frente ensangrentada y una furia que crecía a cada segundo.

—¡Increíble! ¡Absolutamente increíble!

Se bajó del caballo y examinó la herida con ayuda de la cámara frontal de su teléfono. No parecía profunda, pero sangraba lo suficiente para recordarle que aquella desconocida tenía una puntería extraordinaria.

—¡Una piedra! —exclamó—. ¡Me lanzó una piedra a la cabeza!

Relámpago movió la cabeza, como si quisiera recordarle que gritar no iba a solucionar nada.

Izan respiró profundamente y volvió a mirar hacia el camino por el que la mujer había desaparecido.

Debería estar furioso. De hecho, lo estaba.

Pero, por encima de la indignación, había algo más que no podía ignorar: seguía recordando sus curvas, el cabello mojado y el rostro que había descubierto cuando ella giró la cabeza.

No sabía su nombre.

Quizás era una empleada de la hacienda vecina.

Ni siquiera había conseguido escuchar su voz sin que terminara insultándolo.

Pero iba a encontrarla.

Y cuando lo hiciera, aquella mujer tendría que darle una explicación.

Izan montó nuevamente, sujetó las riendas y se dirigió hacia la hacienda. La sangre seguía resbalándole por la frente, pero ahora tenía una sonrisa obstinada en los labios.

—¡Te encontraré, preciosa! —gritó hacia el sendero vacío—. ¡Y vas a ser mi esposa! ¡Aunque tenga que recorrer cada rincón de estas tierras para encontrarte!

El eco de su voz se perdió entre los árboles.

Al otro lado del arroyo, Lara ya estaba demasiado lejos para escucharlo.

Y, sin saberlo, acababa de despertar la obsesión de un hombre que todavía ignoraba su nombre, su apellido y el hecho de que ella pertenecía a la familia Dávila.

La mujer que acababa de golpearlo era la hija de su mayor rival.

Y el destino, que parecía disfrutar de las ironías, acababa de poner en marcha una historia que ninguno de los dos estaba preparado para vivir.

1
Maya
Que bueno otra historia con imagenes
Yadira Alvarez
vamos con esta también que locura 🤦
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