Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
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14- entre la calma y la tormenta
La mañana comenzó con una tranquilidad poco habitual en la Mansión Moretti.
La luz del sol entraba por los enormes ventanales del comedor.
Valentina permanecía sentada frente a Alessandro.
Una taza de café descansaba entre sus manos.
—¿Dormiste algo?
Preguntó ella.
Alessandro levantó la mirada de su teléfono.
—Un poco.
Valentina arqueó una ceja.
—Eso significa que no.
Él sonrió.
—Estoy bien.
—Siempre dices eso.
Alessandro dejó el teléfono sobre la mesa.
—Y tú siempre me descubres.
Valentina sonrió.
—Es uno de mis talentos.
Alessandro tomó su mano sobre la mesa.
—¿Y tú?
—Yo dormí perfectamente.
—¿Seguro?
—Sí.
Hizo una pequeña pausa.
—Aunque alguien pasó casi una hora hablando por teléfono a las tres de la mañana.
Alessandro frunció el ceño.
—¿Me escuchaste?
—Toda la conversación.
Él suspiró.
—Lo siento.
Valentina negó con la cabeza.
—No tienes que disculparte.
Solo... Quiero que tengas cuidado.
La expresión de Alessandro cambió ligeramente.
—Lo tendré.
Valentina lo observó durante unos segundos.
—¿Tiene que ver con los ataques?
Alessandro permaneció en silencio. Ella comprendió inmediatamente.
—No tienes que contarme detalles. Solo quería saber si estás bien. Él apretó suavemente su mano.
—Ahora sí.
Valentina sonrió.
—Entonces desayuna.
—¿Eso es una orden?
—Sí.
Alessandro soltó una pequeña risa.
—Como ordene, doctora.
En otra parte de la ciudad...
Dante caminaba por uno de los pasillos de la Mansión Moretti.
Matteo lo alcanzó.
—¿Ya hablaste con Alessandro?
—Sí.
—¿Y?
Dante negó.
—Nada concreto.
Matteo frunció el ceño.
—¿Sigues pensando que alguien está intentando enfrentarlos?
—Más que antes.
Ambos continuaron caminando.
—Los ataques fueron demasiado precisos.
Dijo Matteo.
—Y alguien sabía exactamente qué cargamentos golpear.
Dante se detuvo.
—Eso es lo que me preocupa.
—¿Crees que tenemos un infiltrado?
Dante miró hacia el final del pasillo.
—Creo que tenemos que asumir que sí.
Matteo permaneció pensativo.
—Entonces habrá que descubrir quién.
Dante asintió.
—Antes de que él nos descubra a nosotros.
Mientras tanto...
En la sede del Grupo Visconti...
Valentina cerró una carpeta.
—No.
El ejecutivo frente a ella parpadeó.
—¿Perdón?
—No voy a aceptar esas condiciones.
—Pero señorita Visconti...
Valentina levantó la mirada.
—Si quieren utilizar nuestros puertos, tendrán que aceptar nuestras condiciones.
Giovanni observaba desde el otro extremo de la mesa. No intervino.
Solo sonrió.
Valentina había comenzado a entender algo.
El poder no siempre estaba en quien tenía más armas. A veces...
Estaba en quien controlaba las puertas.
Y ella acababa de descubrir que el Grupo Visconti controlaba muchas más puertas de las que había imaginado.
Sin saberlo...
Acababa de convertirse en una pieza importante del tablero.
Una pieza que alguien, tarde o temprano...
Intentaría controlar.
...****************...
La tarde transcurría con relativa tranquilidad en la Mansión Greco.
Marcus se encontraba en su despacho revisando algunos documentos cuando Sophia apareció en la puerta.
—¿Estás ocupado?
Marcus levantó la mirada.
—Depende.
Sophia entró con una pequeña sonrisa.
—Quiero pedirte algo.
—Eso nunca suena bien.
Ella soltó una pequeña risa.
—Quiero ir al centro comercial.
Marcus dejó lentamente la carpeta sobre el escritorio.
—¿Al centro comercial?
—Sí. Necesito comprar algunas cosas para la universidad.
Marcus la observó durante unos segundos.
—¿Y Amelia?
Sophia suspiró.
—Ha estado ocupada. Se acerca su matrimonio y prácticamente vive entre reuniones, vestidos, proveedores y preparativos.
Marcus sonrió ligeramente.
—Eso es verdad.
Después volvió a ponerse serio.
—Pero sabes que no me gusta que salgas sola.
Sophia cruzó los brazos.
—Nunca salgo sola. Siempre me envías con veinte hombres.
Marcus soltó una pequeña risa.
—Es necesario.
—Es exagerado.
—Es seguridad.
Sophia puso los ojos en blanco. Marcus negó con la cabeza.
—Además... Sabes que tampoco me gusta que salgas sin Amelia.
Sophia lo miró fijamente.
—¿Por qué?
Marcus guardó silencio unos segundos.
En realidad, la respuesta era sencilla.
Amelia tenía entrenamiento militar. Si Sophia llegaba a estar en peligro, sabría exactamente cómo reaccionar.
Y después del atentado... Marcus no estaba dispuesto a correr ningún riesgo.
Pero no quería preocupar a su hermana.
—Porque confío en ella.
Dijo finalmente.
—Y porque sé que si algo ocurre, Amelia sabrá cómo protegerte.
Sophia suspiró.
—Marcus... Solo quiero comprar unas cosas.
No voy a ir a una guerra.
—Con nuestra familia nunca se sabe.
Sophia soltó una pequeña carcajada.
Después lo miró con aquella expresión que Marcus conocía demasiado bien.
—¿Puedo pedirle a Valentina que me acompañe?
Marcus arqueó una ceja.
—¿Valentina?
—Sí.
—¿Desde cuándo la señora Moretti es de tu interés?
Sophia abrió los ojos.
—Marcus, ella no es Moretti todavía.
Todavía no se ha casado con Alessandro. Además... Es mi amiga.
Me cae muy bien.
Necesito comprar unas cosas para la universidad.
Por favor.
Marcus intentó mantener la expresión seria.
No pudo. Aquella mirada suplicante siempre terminaba ganándole.
—Está bien.
Sophia sonrió inmediatamente.
—¿En serio?
—Sí. Pero con seguridad.
—Claro.
Sophia se acercó y lo abrazó rápidamente.
—Gracias.
Marcus negó con la cabeza mientras ella salía del despacho.
—No sé cómo haces eso...
Murmuró.
Después tomó su teléfono. Buscó un número.
Alessandro Moretti.
La llamada fue respondida después de varios tonos.
—Marcus.
La voz de Alessandro sonaba seria.
—¿Ocurrió algo?
Por un instante, Alessandro pensó inmediatamente en los ataques.
Marcus respondió:
—No. Quería pedirte algo.
Alessandro frunció el ceño.
—Te escucho.
—Sophia quiere ir al centro comercial.
Quería saber si Valentina podría acompañarla.
Hubo un silencio al otro lado.
Alessandro parecía haber esperado cualquier cosa menos aquello.
—¿Al centro comercial?
—Sí. Necesita comprar algunas cosas para la universidad.
Marcus hizo una pausa.
—Amelia está ocupada con los preparativos de la boda.
Alessandro respiró lentamente.
—Entiendo. Hablaré con Valentina al respecto y te aviso enseguida.
—Gracias.
La llamada terminó.
En ese momento, Matteo entró al despacho.
—¿Qué ocurre?
Alessandro guardó el teléfono.
—Marcus.
Matteo esperó.
—¿Qué quería?
—Que Valentina acompañe a Sophia al centro comercial.
Matteo permaneció unos segundos en silencio.
—¿Eso era todo?
—Eso era todo.
—Pensé que había ocurrido algo con los ataques.
—Yo también.
Alessandro negó con la cabeza.
—Pero parece que solo tenemos una emergencia con la hermana menor.
Matteo sonrió.
—Eso puede ser más peligroso que cualquier reunión.
Alessandro soltó una pequeña risa.
Después tomó nuevamente el teléfono.
Mientras tanto...
Valentina acababa de salir de una junta en el Grupo Visconti.
Camila caminaba junto a ella por uno de los pasillos.
—Te lo digo en serio. Ese hombre estaba intentando engañarte.
Valentina sonrió.
—No estaba intentando engañarme.
Estaba intentando negociar.
—Es exactamente lo mismo, pero con traje.
Valentina soltó una carcajada.
En ese momento, su teléfono comenzó a sonar.
Miró la pantalla.
Alessandro.
—¿Sí?
—Amore...
¿Estás ocupada?
—Acabo de salir de una junta.
¿Por qué?
—Marcus acaba de llamarme.
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿Ocurrió algo?
—No. Sophia quiere ir al centro comercial.
Y quiere que la acompañes.
Valentina sonrió inmediatamente.
—Claro.
—¿Estás segura?
—Sí. Además, me vendrá bien despejarme un poco , y eso también ayudaría al tratado.
Alessandro hizo una breve pausa.
—Está bien. Pero no se separen de nuestra gente.
Aunque Marcus envíe hombres de los Greco para protegerlas.
—Entendido.
—Y mantén el teléfono contigo.
—Sí, jefe.
Alessandro sonrió al escucharla.
—Te quiero.
—Yo también.
La llamada terminó.
Camila la observó con curiosidad.
—¿Qué quería?
Valentina guardó el teléfono.
—Sophia. Quiere verme en el centro comercial.
Camila sonrió.
—¿Y yo?
Valentina la miró.
—Tú también vienes.
—Eso quería escuchar.
Alessandro volvió a mirar a Matteo.
—Dante.
Matteo asintió.
—¿Lo llamo?
—Sí.
Unos minutos después...
Dante apareció en el despacho.
—¿Sí?
Alessandro lo observó.
—Vas a acompañar a Valentina y Sophia.
Dante arqueó una ceja.
—¿van de compras?
—Sí.
—¿Desde cuándo soy guardaespaldas?
Matteo soltó una carcajada.
Alessandro lo miró fijamente.
—Desde que no quiero recibir una llamada diciendo que algo le ocurrió a Valentina.
Dante levantó las manos.
—Como ordene.
Alessandro señaló hacia la puerta.
—Y lleva hombres suficientes.
—Entendido.
Dante salió del despacho.
Media hora después...
El centro comercial se encontraba prácticamente vacío.
Todo un piso había sido cerrado exclusivamente para ellas. Los hombres de Marcus habían tomado posiciones en los accesos.
Los Moretti habían hecho lo mismo.
Valentina salió del ascensor junto a Camila.
Dante caminaba unos pasos detrás.
Sophia apareció desde el otro extremo acompañada por varios hombres de seguridad.
Al ver a Valentina... Su rostro se iluminó.
—¡Valentina!
Ella sonrió.
—Sophia.
Ambas se abrazaron.
Camila observó la escena divertida.
—Creo que esto va a ser divertido.
Dante permaneció unos metros detrás.
Serio.
Atento.
Vigilando cada acceso.
Hasta que... Sophia se giró.
Y sus ojos se encontraron con los de él.
Por un instante...
Dante olvidó mirar a los hombres que vigilaban las puertas.
Olvidó el teléfono en su bolsillo.
Olvidó incluso dónde estaba.
Solo pudo verla.
Sophia sonrió cortésmente.
Dante respondió con un leve movimiento de cabeza. .
Una hora después...
Las bolsas comenzaban a acumularse.
Sophia había comprado una computadora, varios libros y algunas prendas.
Valentina llevaba varias bolsas.
Camila llevaba todavía más.
—Necesito sentarme.
Dijo Camila.
Valentina soltó una carcajada.
—Tú fuiste la que quiso entrar en todas las tiendas.
—Porque tengo criterio.
Sophia sonrió.
—Eso es discutible.
Camila la miró ofendida.
—Traición.
Las tres rieron.
Por primera vez en varios días...
Solo eran tres mujeres disfrutando una tarde normal.
Después de unos minutos...
Sophia se levantó.
—Creo que ya podemos continuar.
Valentina asintió.
—Sí.
Los hombres de seguridad comenzaron a organizarse nuevamente.
Dante permanecía unos metros detrás, atento a cada movimiento.
Sophia tomó varias de sus bolsas.
Dio apenas unos pasos...
Y entonces su pie tropezó con el borde de una de las alfombras.
—¡Ah!
Las bolsas cayeron al suelo.
Algunas cajas se deslizaron varios metros.
Sophia perdió el equilibrio.
Antes de que pudiera caer completamente...
Dante reaccionó.
Corrió hacia ella y la sostuvo por el brazo.
—Cuidado.
Sophia levantó la mirada.
Y se quedó completamente quieta.
Dante también.
Durante unos segundos...
Ninguno de los dos dijo una palabra.
Era la primera vez que realmente se miraban.
Dante había visto muchas mujeres hermosas a lo largo de su vida.
Pero había algo en Sophia que lo desarmó.
Era su mirada.
Su manera de observarlo sin ninguna intención de intimidarlo.
Y aquella inocencia que todavía conservaba...
A pesar de pertenecer a una familia que llevaba generaciones viviendo rodeada de peligro.
Sophia se puso ligeramente roja.
Dante la soltó despacio.
—¿Estás bien?
Ella asintió rápidamente.
—Sí. Creo que solo me lastimé la rodilla.
Dante bajó la mirada.
—Déjame ver.
Sophia negó con una pequeña sonrisa.
—Estoy bien. No es nada.
En ese momento...
Bruno se acercó rápidamente.
—Señorita Sophia.
Es hora de regresar a casa.
Sophia miró las bolsas que todavía estaban en el suelo.
—Pero aún no he terminado.
Bruno recogió una de ellas.
—Puede hacerlo en otra ocasión.
Quizás la señorita Amelia pueda acompañarla la próxima vez.
Sophia hizo una pequeña mueca.
Valentina pudo notar inmediatamente la nostalgia en su rostro.
Se lo estaba pasando realmente bien.
Y parecía que aquello no ocurría con frecuencia.
Valentina sonrió.
—¿Te parece si en estos días tomamos el té juntas?
Sophia levantó la mirada.
Su rostro volvió a iluminarse.
—¿De verdad?
—Claro.
Sophia sonrió.
—Gracias, Valentina. Me encantaría, y que venga la señorita Camila también.
—trato.
Dante permaneció en silencio.
No sabía por qué...
Pero aquella sonrisa se le quedó grabada.
Minutos después...
Los hombres de los Greco comenzaron a acompañar a Sophia hacia la salida.
Valentina caminaba junto a ella.
Camila las seguía unos pasos detrás.
Dante permaneció cerca de la entrada hasta asegurarse de que todo estuviera bajo control.
Cuando finalmente las vio alejarse...
Sergio se acercó.
—¿Todo bien?
Dante tardó un segundo en responder.
—Sí.
—Pareces distraído.
Dante lo miró.
—Estoy trabajando.
Sergio soltó una pequeña risa.
—Claro.
Cuando Valentina y Camila se alejaron junto al resto del grupo...
Dante caminó junto a ellas.
—Las señoritas Greco viven bastante aisladas.
Valentina lo miró.
—¿A qué te refieres?
—Aunque Sophia va a la universidad...
Sus clases son en salones privados.
Con seguridad permanente. Prácticamente no tiene contacto con otros estudiantes.
Camila frunció el ceño.
—¿Nunca sale?
—Muy pocas veces.
Dante hizo una breve pausa.
—Digamos que el único contacto real que han tenido últimamente fuera de su círculo familiar...
Han sido ustedes dos.
Valentina guardó silencio.
Miró hacia la dirección por donde Sophia había desaparecido.
De repente sintió una pequeña punzada de culpa.
Quizá...
Si el mundo no fuera tan peligroso.
Si las familias no estuvieran constantemente enfrentadas.
Si la mafia no hubiera convertido cada relación en una posible amenaza...
Sophia podría tener una vida mucho más normal.
Podría ir a la universidad como cualquier otra joven. Salir con sus amigas.
Ir de compras sin veinte hombres vigilando cada puerta.
Valentina bajó la mirada.
—Es triste.
Dante la observó.
—¿Qué?
—Que una persona tenga que vivir así.
Dante no respondió inmediatamente.
Después miró hacia la entrada.
—En nuestro mundo... La normalidad es un lujo.
Valentina suspiró.
—Entonces quizá deberíamos intentar darle un poco de ella.
Dante la miró durante unos segundos.
No supo qué responder.
Pero, por primera vez...
Entendió por qué aquella joven había conseguido llamar su atención.
No solamente por su belleza.
Sino porque, incluso dentro de aquel mundo...
Sophia todavía parecía conservar algo que todos los demás habían perdido hacía mucho tiempo.
La capacidad de vivir sin miedo.
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.