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Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Pareja destinada
Popularitas:526
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Amir era el tercer hijo de Elena y Zayn, hermano de Karim, Layla y Sara. Y aunque todos lo respetaban, lo admiraban y lo querían como al hombre más noble y leal que existía, él cargaba con una soledad que nadie más podía comprender. Había nacido para proteger. Desde niño, mientras Karim aprendía a sentarse en un trono y dictar leyes, mientras Layla aprendía a blandir la espada y desafiar al mundo, Amir aprendía a vigilar, a esperar, a estar alerta. Se había convertido en el Capitán General de la Guardia Real y el Guardián de los Límites, el hombre que conocía cada sendero, cada bosque, cada escondite y cada peligro en los tres reinos de Al-Jazair, Velarion y Zoraya.

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¡Gracias y Bendiciones!

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL DON DE LA ETERNIDAD

Se levantó rápidamente, la tomó entre sus brazos y la levantó del suelo, haciéndola girar entre risas y lágrimas, besándola con una pasión desbordante, besándola en la boca, en los ojos, en el cuello, en el vientre.

—Será el niño más fuerte, más mágico, más amado que jamás haya existido —decía él, sin dejar de besarla—. Le enseñaré todo lo que sé, le daré todo lo que tengo, y lo protegeré con mi vida, igual que te protejo a ti.

Nalia lo abrazó con fuerza, escondiendo su cara en su cuello, sintiendo el calor de su cuerpo, la fuerza de sus brazos, la felicidad que emanaba de él.

—No solo uno, mi amor —le dijo ella en voz baja, con una sonrisa misteriosa y brillante—. La magia antigua no da cosas pequeñas. He sentido dos latidos. Dos vidas que crecen aquí. Tendremos gemelos, Amir. Un príncipe y una princesa. La leyenda de Al-Jazair y los Umbrales unida para siempre.

Amir se quedó inmóvil, y luego soltó una carcajada de pura alegría, un sonido que resonó por todo el bosque, haciendo que los pájaros volaran y que las flores se abrieran más.

—¡Dos! —exclamó él, lleno de orgullo—. ¡Dos hijos tuyos y míos! ¡Doble bendición, doble amor, doble vida! ¡Gracias, Nalia! Gracias por darme todo lo que siempre soñé y mucho más.

Corrieron de regreso al palacio para dar la noticia. Y la alegría que se desató fue indescriptible. Zayn y Elena lloraban de felicidad, abrazando a su hijo y a su nuera, sabiendo que el legado continuaba, que la mezcla de magia y fuerza sería eterna. Karim y Amara abrazaron a ambos, riendo y diciendo que sus hijos tendrían nuevos compañeros de juegos, nuevos príncipes y princesas con quienes crecer y gobernar. Layla y Caelan, emocionados, prometieron enseñarles todo lo que sabían, hacerlos guerreros y sabios, igual que ellos. Los niños, al escuchar que venían bebés nuevos, saltaban y gritaban de alegría, prometiendo cuidarlos y jugar con ellos.

Esa noche, la celebración fue grande, con música, comida y risas que duraron hasta muy tarde. Pero cuando todo quedó en silencio, Amir y Nalia se retiraron a sus aposentos, ese lugar que ya era su refugio, su templo de amor.

Amir cerró la puerta con llave, y se giró hacia ella, despacio, con una mirada llena de amor, ternura y un deseo que, lejos de disminuir, crecía con cada día que pasaba. Se acercó a ella y, con mucho cuidado, con una delicadeza infinita, comenzó a desvestirla, quitando cada prenda con lentitud, descubriendo su piel perfecta, su cuerpo que ahora guardaba el mayor tesoro de todos.

—Eres más hermosa que nunca —le susurró él, mientras sus manos recorrían su vientre, ahora apenas redondeado, con una reverencia sagrada—. Llevas a nuestros hijos... llevas mi futuro... y te deseo más que el primer día, más que la primera noche. Te deseo con una intensidad que me duele en el pecho.

Nalia se quitó la última prenda y quedó desnuda ante él, brillante, luminosa, la diosa que era, la mujer que amaba. Ella también comenzó a desvestirlo, quitándole su ropa, descubriendo su cuerpo fuerte, marcado por la vida y el amor, ese cuerpo que ella conocía de memoria y que siempre le parecía nuevo y maravilloso.

—Y yo te deseo a ti, mi Guardián —respondió ella, con voz ronca y suave, mientras acariciaba su dureza que crecía bajo su tacto—. Deseo que me hagas tuya una vez más. Deseo que nuestra magia se mezcle de nuevo, que nuestra energía alimente a lo que llevamos dentro. Hazme el amor, Amir. Hazme sentir que soy la mujer más amada del universo.

Amir la tomó en brazos y la llevó hasta la cama, recostándola con suavidad extrema, como si fuera de cristal, aunque ella le pedía fuerza y pasión. Se colocó entre sus piernas abiertas, mirándola a los ojos, viendo el amor infinito que brillaba en ellos, viendo la vida que crecía en su vientre. Se deslizó dentro de ella despacio, muy despacio, sintiendo la calidez, la humedad, la suavidad infinita que siempre lo recibía como su hogar.

—Siempre tuya... —murmuró él, comenzando a moverse con un ritmo lento, profundo y armonioso, uniéndose a ella, fundiéndose con ella, llenándola de amor y placer—. Siempre mío.

Esa noche se amaron con una mezcla de pasión salvaje y ternura infinita. Amir la recorría toda con sus manos y sus labios, besando cada rincón, acariciando su vientre con devoción, asegurándose de que ella solo sintiera placer, seguridad y amor. Nalia se entregaba a él con todo su ser, moviéndose al compás de sus embestidas, apretándolo con sus piernas y sus brazos, susurrándole palabras de amor, de magia, de eternidad.

Se amaron sabiendo que ya no eran solo dos, sino cuatro almas unidas en un mismo destino. Se amaron sellando el futuro, asegurando la paz, celebrando la vida que habían creado y la oscuridad que habían vencido.

Y cuando llegaron juntos al clímax, gritando el nombre del otro, derramando su esencia y su amor el uno dentro del otro, Amir se quedó apoyado sobre ella, besando su frente, sus ojos, sus labios, mientras ella acariciaba su cabello y su espalda.

—Lo logramos, mi amor —dijo Nalia suavemente, mientras la luz de la luna los bañaba—. Vencimos el tiempo, vencimos la distancia, vencimos el odio y la oscuridad. Y ahora tenemos todo. Tenemos amor, tenemos familia, tenemos vida. Tenemos eternidad por delante.

Amir sonrió, cerrando los ojos, sintiendo la paz absoluta que solo se encuentra cuando se está con el alma gemela.

—Sí —respondió él, con la voz cargada de felicidad—. Tenemos todo. Y lo mejor de todo... es que esto es solo el principio.

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Michel Yandi
está muy buena la historia 👏
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