Tres amigos fijan un objetivo cada uno y deciden grabar un vídeo esperando poder cumplirlos en un año... pero las situaciones alterarían los planes iniciales.
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Capítulo 19
Digo: “Necesito saber algo. ¿Qué pruebas hay de que ella robó ese dinero?”
El abogado suspira y me dice: “Creo que sé en qué dirección vas y debo decirte algo: Estamos hablando de una familia con recursos y contactos. En esta situación yo tendría mucho cuidado. No porque ellos necesariamente tengan razón, sino porque como alguien a quien conozco y en confianza puedo decirte que no sabes todavía qué capacidad tienen para complicarte la vida.”
Entonces hace una pausa y continúa diciendo: “dicho eso… mi trabajo es defender a mi cliente, no convencerlo de convertirse en el protagonista de un problema que no es suyo. Ahora, respondiendo tu pregunta… aparte del testimonio de la familia no hay evidencia de que Priscila haya tomado ese dinero, ni evidencia de que esos 40000 dólares hayan existido siquiera. De cualquier modo, las mejores mentiras tienen algo de verdad. Al parecer Priscila si estuvo trabajando puertas adentro con esta familia aunque se desconoce mucho de la verdadera situación laborar en la que se encontraba, y también es cierto de que a ellos no les agradó en lo más mínimo que ella se fuera por lo que es seguro que Priscila no se fue de esa casa con el consentimiento de la familia.”
En este punto recuerdo muy bien la frase: “Hay que elegir muy bien con quién complicarse la vida… pero yo ya había elegido y no me iba a retractar de mi elección.”
Digo a mi abogado: “Entiendo lo que intentas decirme. Sin embargo, te revelaré información que aún desconoces. Priscila es mi pareja y espero que en poco tiempo sea la madre de mi hijo. No busco destruir a una familia corrupta aunque probablemente se lo merecen. Tampoco me interesa que paguen por sus crímenes como la ley dicta. Solo me interesa que dejen en paz a mi familia. Si eligen no hacerlo, entonces defenderé a Priscila con todo lo que tengo que quizás no sea tanto como lo que ellos tienen, pero creo que es lo suficiente para poder asegurar de quizás no les vaya a ganar… pero sí les va a doler.”
El abogado se toma un tiempo para procesar la información y después dice: “No sabía que Priscila era tu pareja, ni que estaban planeando formar una familia. Eso cambia la ecuación por completo. No por el caso en sí, sino porque ahora entiendo que esto no es un favor ni una curiosidad legal. Esto es tu vida. Y si vas a defenderla, no lo harás con la frialdad de un cliente, sino con la determinación de alguien que está construyendo un hogar. En cualquier caso, tengo claras cuáles son tus intenciones. Como lo único que te interesa es que dejen a Priscila en paz, quizás podamos encontrar una salida sin convertir esto en una guerra. Pero si intentan perseguirla, intimidarla o utilizar esa denuncia para hacerle daño, entonces sí cambiaremos de estrategia.”
Digo: “Me parece muy bien. Sé que para ellos les sería muy fácil encontrar otra víctima a la cual lastimar, pero soy consciente de en qué mundo vivo. Con que dejen en paz a Priscila me conformaré.”
Termino la llamada con mi abogado y finalizo mi jornada laboral. Al regresar a mi departamento, tengo mucho en que pensar, pero intento centrarme en la conversación que tendré con Priscila.
Sin embargo, al entrar me llevo una gran sorpresa. La casa está excepcionalmente ordenada. En general no era muy aparente para dedicar mucho tiempo a la limpieza y por eso prefería un estilo de vida minimalista, pero esperaba que la situación se complicara un poco ahora que somos 2.
Sorprendentemente, parece que Priscila es experta en realizar las labores de ama de casa.
Al verla recibirme con una sonrisa digo sorprendido: “Priscila… esto no es solo una casa limpia. Esto es que te has tomado el tiempo de hacer de este espacio un hogar para los dos. No esperaba que hicieras todo esto, y no era necesario, pero significa mucho para mí. Gracias. Si no supiera lo que sé, me resultaría difícil creer que una mujer con tu talento ha vivido en la calle.”
Entonces noto que la sonrisa de Priscila desaparece de su rostro y dice: “Me alegra que pienses que soy buena en esto y la verdad es que si intenté trabajar de empleada doméstica. Pero aunque es común que haya jefes abusadores, para alguien que trabaja en el interior de la casa de sus jefes el riesgo aumenta considerablemente.”
Por un instante siento que al final de mi comentario metí la pata.
Creo que quizás no es momento de hablar de ciertas cosas, así que digo: “Priscila, no quise hacerte recordar cosas difíciles. Solo quería decirte que valoro lo que has hecho. Y también quiero que sepas que no necesitas justificar tu pasado ni tu talento. No importa cómo aprendiste estas cosas. Lo que importa es que ahora estás aquí, y que este lugar es tuyo también.”
Entonces Priscila me mira a los ojos y dice: “¿Y si mi pasado decide tocar a nuestra puerta?”
Digo: “¿Qué intentas decir?”
Priscila me pide que me siente con ella y dice: “Supongo que no es difícil deducir que sufrí explotación laboral. El asunto es que vivía con la constante amenaza de que si escapaba, lo iba a pagar muy caro. Estoy aquí así que claramente escapé, pero elegí vivir en las calles, evitando llamar la atención y esperando que lo que me habían dicho sea solo una amenaza vacía, si bien nunca tuve el valor de averiguarlo por mi cuenta.”
Se me vienen a la mente 2 frases que Priscila me había dicho la primera noche que nos conocimos: “no soy buena para nada” y “he estado forzada a hacer cosas que no quiero”. Todo lo que he descubierto últimamente se agolpa en mi mente, pero debo tomar una decisión…
Vivir con la incertidumbre de que alguien poderoso pueda hacerte daño es tremendamente desgastante en el aspecto psicológico. Quizás, aunque sea doloroso, normalmente yo preferiría saber la verdad porque para mí eso es mejor que la duda de no saber qué pasa exactamente.
Pero…
Yo no soy Priscila. Para mí una deuda repentina de 40000 sería un golpe severo, pero soportable. Sin embargo, sé por las noticias que muchas personas se han suicidado por deudas mucho más pequeñas y no sé si Priscila pueda soportar la verdad.
Entonces, ¿Qué haré?