"Cuatro esposos, cuatro muertes misteriosas, una viuda sospechosa. El detective Eduardo Rizzo se infiltra en la vida de Julieta Vera, la enamora y se casa con ella. Pero cuando la verdad sobre su investigación salga a la luz, ¿podrá su amor sobrevivir al peligro y la traición?"
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Capítulo 9
Julieta conoce a Eduardo.
―Jefa, aquí esta su mate como me lo pidió. ―De manera solicita, Janna entrega el mate a Julieta.
―Mmm, está delicioso. ―Dice Julieta cerrando los ojos. ―Gracias.
―De nada, jefa. Le tengo el orden del día; en una hora tiene una reunión con el señor Eduard Risso. Va a abrir una sucursal de su negocio de autos y necesita que lo asesore con unos locales, y un edificio de oficinas. ―Janna le explica.
―Pero yo ayer no tenía a nadie con ese nombre en la agenda, y no tenía nada programado hasta las once de la mañana. ―Janna debía rápidamente buscar una excusa; al parecer a Julieta no se le escapa nada.
―Eso es verdad, el señor Rossi llamó hace media hora y, como vi ese espacio disponible, por eso lo agendé. Pero si desea, lo puedo llamar para reasignar la cita en otro horario que tenga disponible. ―Janna trató rápidamente de liberarse de la situación.
―Tranquila, Janna. En ese horario que le diste está bien. Mientras tanto, busca en el archivo, los locales y edificios que tengamos disponibles en la Recoleta, por el área de las concesionarias. ¿Y qué más tenemos para hoy? ―Janna termina de indicarle el orden del día y sale a buscar lo que su jefa le pidió.
Una hora después llega el agente Rizzo al edificio. Al entrar, se registra en la recepción y le dan su credencial de visitante. Sube hasta el piso diez y ve a su colega la agente López, haciendo el papel de secretaria. Esta lo anuncia a Julieta y lo hace pasar a su oficina.
―Jefa, el señor Rossi. ―Lo presenta al abrir la puerta. ―Señor Rossi, le traigo algo de tomar. ¿Un mate, un café, agua?
―Un café está bien. Buenos días, señora Vera, mucho gusto, Eduard Rossi. —Eduardo se presenta con su alias a la hermosa Julieta. Esta le indica que se siente, y mientras lo hace la escanea mejor. La vez que la conoció, hace ya seis años, no la pudo detallar bien. Era solo una chica en shock después de salvarse de milagro de la masacre que fue su boda.
«Es hermosa, con razón los hombres caen rendidos a sus pies», pensó Eduardo.
―El gusto es mío, caballero. Me informa mi secretaria que está en búsqueda de un inmueble adecuado para la apertura de su negocio de automóviles. ―Julieta indaga sobre las necesidades de su cliente.
―Sí, tengo mi negocio radicado hace más de diez años en Córdoba, pero es necesario expandirlo a la capital y me recomendaron esta inmobiliaria. —Eduardo le explica de manera cordial.
―Y tomó la mejor decisión. Según el perfil de su negocio, estos son los inmuebles que le puedo recomendar. ―Julieta le pasa el portafolio con las fotos y especificaciones de los locales y edificios. Eduardo lo toma y ojea uno a uno.
―Todos se ven muy interesantes, pero una cosa es ver el papel y otra es ver la estructura real. ―Julieta ya estaba preparada para este punto. La mayoría de sus clientes hacen esa observación.
―Podemos programar una visita con alguno de mis asesores a los inmuebles que más le llamen la atención. —Eduardo hace una mueca de disgusto y se lo hace saber a Julieta.
―Esa visita la hago, pero si usted es la que me enseña sus propuestas. —Eduardo habla en doble sentido, pero Julieta no captaba las indirectas de su nuevo cliente; ella solo está enfocada en concretar el negocio.
―Creo que tengo un espacio después de las dos de la tarde, si le parece bien. Si no, ya tenemos que programarla la próxima semana, pues debo viajar a Bariloche. ―Julieta, a pesar de lo que pasó en esa ciudad con su maldito tercer esposo, aún conserva la mansión que le dejó Dante. Pero la convirtió en un hotel de lujo.
―Me parece perfecto. Apenas llegué ayer de Córdoba y tengo todo el tiempo del mundo. ―Así concretaron la visita a los lugares y Eduardo, muy puntual, llegó en su lujoso Bentley a la dirección del primer edificio.
Allí ya lo esperaba Julieta en su vieja moto Harley, herencia de Dante, y esto dejó a Eduardo boquiabierto. Esa información no estaba en el expediente y le pareció muy interesante.
El primer edificio era moderno, solo cinco pisos, pero adecuado para iniciar su concesionaria, pues el primer piso es totalmente en vitrales donde se pueden observar los autos; el segundo piso es una bodega con una rampa de acceso desde el primer piso y el resto de los pisos es de oficinas y archivos.
Julieta de manera profesional explicaba cada edificio que visitaban, todos en la misma área, y cada uno con sus características, las cuales ella conocía al pie de la letra.
Eduardo aprovechó esta interacción para saber más de Julieta, pero ella era un muro inquebrantable que solo hablaba lo necesario y ya.
―Estas son las propuestas que tenemos para las necesidades de su negocio. Ya usted me dirá cuál es la elegida y hacemos el papeleo. Si desea, se hace contrato de arrendamiento con posibilidad de compra o, si hacemos de una vez la venta, le tengo la proyección de ambas propuestas. ―Julieta hace la propuesta; ella ya ha aprendido a manejar el negocio a la perfección, por algo son los número uno en el rubro.
―Elijo la propiedad número uno; es la más adecuada para iniciar mi negocio y me gusta que en el último piso tiene la estructura para hacer un apartamento estilo loft. El contrato va a ser para compra, pero necesito que me remodelen las oficinas, el local y construyan el loft a mi gusto. ¿Qué te parece si vamos a un restaurante para tratar bien estos puntos? —A Julieta no le pareció nada raro esta propuesta, ya que muchos de sus negocios se cierran en restaurantes.
Así que se dirigieron al restaurante Sanjuanino, por recomendación de Julieta a su nuevo cliente que supuestamente no conoce algunos sitios de la ciudad.
Eduardo pensó en esa cena de negocios como una oportunidad para conocer aún más a Julieta, así conquistarla y poderla enamorar. Pero Julieta seguía con su muro alrededor, mucho más al ser Eduardo alguien que apenas está conociendo.
Así que en la cena, Julieta se centró solo en el negocio por el cual se reunió personalmente con su cliente y a Eduardo no le quedó de otra que cerrar el negocio con la bella Julieta. La compra se estableció y en tres semanas le será entregada la remodelación del edificio.
Eduardo tiene tres semanas para conquistar el ya frío corazón de Julieta y su misión se torna cada vez más difícil. Ahora solo queda rogar para que Betty pueda descubrir algo.
Al día siguiente, Betty llegó una hora antes argumentando que iba a adelantar trabajo, pero en realidad iba a revisar los cajones del escritorio de su jefa al saber que en estos lugares es donde más se guardan documentos comprometedores. Si no encuentra algo, el próximo paso a seguir es buscar en la caja fuerte. Julieta era demasiado ordenada; todos los documentos que había encima de su escritorio estaban organizados por orden de importancia y fecha.
Luego abrió los cajones y sacó una carpeta donde estaba toda la personería jurídica de su fundación “Viudas Con Amor”. Estaba buscando algo fuera del lugar y en ese momento la puerta de la oficina fue abierta.
—Janna, que haces? —Pregunta Julieta.