Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 19
...⚔️...
Después de la reunión en la mansión de massimo, algo en chiara cambio, No fue inmediato, No fue evidente para todos. Pero estaba ahí.
Como una grieta silenciosa que comenzaba a expandirse desde dentro. La noticia del embarazo, la tensión con Daniela, la mirada de su abuelo… y, sobre todo, esa sensación persistente de estar siendo observada.
La DEA.
Ese nombre ya no era una amenaza lejana.
Era una presencia constante.
Invisible.
Pero real.
Y Chiara lo sabía.
El centro de entrenamiento se convirtió en su refugio.
Y en su campo de batalla.
Pasaba horas allí.
Días enteros.
Entrenando.
Perfeccionando cada movimiento, cada disparo, cada reacción.
No era solo disciplina.
Era necesidad.
Como si prepararse más pudiera compensar algo que no podía controlar.
Como si volverse más letal la hiciera… intocable.
Las armas habían cambiado.
Más modernas.
Más precisas.
Más mortales.
Y Chiara las dominaba con una facilidad inquietante.
Ese día…
El eco de los disparos resonaba con fuerza en la sala.
Secos.
Precisos.
Letales.
Chiara sostenía un rifle semiautomático calibre 30-06.
Su postura era firme.
Impecable.
Sus ojos, clavados en la mira.
Pero no veía un blanco.
No realmente.
En su mente…
Había otro rostro.
Bruno Becker.
Su sonrisa.
Esa sonrisa que la perseguía.
Esa sonrisa que había estado presente el día que todo se rompió.
El día que su padre murió.
El sonido del disparo se mezclaba con los recuerdos.
La sangre.
Los gritos.
La impotencia.
Y la rabia.
Disparó.
Una vez.
Otra.
Otra más.
Cada bala impactaba exactamente en el centro.
Sin fallar.
Sin dudar.
Como si estuviera ejecutándolo una y otra vez.
Como si pudiera cambiar el pasado.
Pero no podía.
Nunca podría.
Un leve toque en su frente.
Un segundo.
Un error.
Chiara reaccionó de inmediato.
Giró el arma con velocidad, lista para disparar.
Pero se detuvo.
Ricci.
Su respiración estaba agitada.
Sus ojos… peligrosos.
—Bambola… —dijo él con una sonrisa leve—Así como actúas… das miedo.
Chiara bajó lentamente el arma.
—Estaba entrenando.
Pausa.
—Me sobrepasé.
Ricci la observó con más atención.
—El tema de los Becker te está afectando más de lo que crees.
Silencio.
—¿Esa arma es nueva?
Chiara miró el rifle por un segundo.
—Me la regaló Leonid.
Ricci asintió, pensativo.
—Ya veo.
Pausa.
—Vine a decirte que tenemos que arreglar unos negocios.
Chiara respiró hondo.
—Bene. Déjame terminar aquí… y vamos. Tengo que ponerme al día.
El agua caliente de la ducha no logró relajarla.
Nada lo hacía.
Pero al menos le daba unos minutos de silencio.
De pausa.
Cuando salió, eligió un traje blanco impecable, adornado con pequeños detalles de diamantes que brillaban sutilmente bajo la luz.
Elegante.
Imponente.
Perfecto para recordar quién era.
Se colocó un arma en la cintura.
Siempre presente.
Siempre lista.
Al llegar a la organización, su presencia cambió el ambiente.
Todos la miraban.
Algunos con respeto.
Otros con miedo.
Y algunos… con ambas cosas.
Chiara los observó a todos.
Sin excepción.
Pero su mirada se detuvo un instante más en una persona.
Grace.
Entrenaba con los demás.
Movimientos controlados.
Demasiado controlados.
Chiara no dijo nada.
Pero tomó nota.
Siempre lo hacía.
En su oficina, el caos la esperaba.
Correos.
Informes.
Llamadas perdidas.
El trabajo se había triplicado.
La guerra lo exigía.
La presión aumentaba.
Y el tiempo nunca era suficiente.
Con ayuda de Klara, logró organizar parte de todo.
Firmó documentos.
Revisó rutas.
Aprobó operaciones.
Pero su atención se desviaba constantemente.
Hacia las noticias.
Su nombre estaba en todas partes.
Titulares.
Investigaciones.
Recompensas.
Millones ofrecidos por su captura.
O su cabeza.
Chiara observaba la pantalla sin expresión.
Pero por dentro…
Algo se movía.
No era miedo.
No exactamente.
Era… alerta.
Instinto.
Supervivencia.
El sonido de su teléfono la sacó de sus pensamientos.
Un mensaje.
Número desconocido.
Chiara frunció el ceño.
Lo abrió.
Y su expresión cambió.
Markus.
Su corazón se detuvo un segundo.
Solo uno.
Luego volvió a la normalidad.
O eso intentó.
Sin dudarlo,activó el sistema de privacidad de la oficina.
Un botón.
Silencio absoluto.
—Klara, déjame sola.
—Sí, señorita.
La puerta se cerró.
Chiara respondió la llamada.
—¿Se puede saber cómo consiguió este número?
La voz al otro lado fue inmediata.
Calma.
Segura.
—Sabes quién soy.
Pausa.
—Obtengo lo que quiero… con solo cerrar los ojos, Vindicta.
Chiara cerró los ojos un segundo.
Conteniendo algo.
—No es buena idea que me llame.
—¿Eso te asusta, Vindicta?
Chiara sonrió levemente.
Pero no había humor en ello.
—Hable claro, Markus.
Silencio breve.
—Quiero verte.
Chiara soltó una pequeña risa.
Fría.
Cortante.
—Claro. ¿Quiere venir a mi mansión? Le preparo una cena. Invite a su padre si quiere.
Pausa.
—No me haga reír.
—Es en serio.
El tono de Markus cambió.
Más grave.
Más… humano.
—Necesito verte.
Chiara no respondió de inmediato.
—Le daré una ubicación.
Silencio.
Chiara apretó el teléfono con fuerza.
Su mente se llenó de recuerdos.
Alemania.
Sus palabras.
Sus promesas.
Su traición.
—Deme unos minutos.
Colgó.
El silencio en la oficina se volvió insoportable.
Chiara caminó lentamente.
Pensando.
Analizando.
No era solo un encuentro.
Era una trampa.
O una oportunidad.
O ambas.
Su reflejo en el vidrio la observaba.
Firme.
Pero no invencible.
—No va a ser fácil… —murmuró.
Volvió al teléfono.
Marcó.
—Nos veremos.
Su voz era distinta ahora.
Más fría.
Más controlada.
—Pero será por negocios.
Pausa.
—No piense que hay otra razón.
—Perfecto.
—Quiero dejar algo claro.
Silencio.
—Esto es para cerrar lo que quedó pendiente entre usted y yo.
—Lo entiendo.
—Usted me enviará la ubicación.
—Así será.
Pausa.
—Chiara…
Ella no respondió.
Pero no colgó.
—Sigue siendo peligrosa.
Chiara sonrió.
Pero esta vez…
Era real.
—Siempre lo fui.
Colgó.
El teléfono quedó en su mano.
Inmóvil.
Chiara sabía la verdad.
Ese encuentro…
No iba a terminar bien.
Porque en ese juego…
No había segundas oportunidades.
Solo…
Finales.
Y ella estaba dispuesta a llegar hasta el último.
Sin importar el precio.
...CONTINUARÁ...