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367 Días Con Invierno

367 Días Con Invierno

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Batalla por el trono / Mundo mágico / Viaje a un mundo de fantasía / Romance / Romance paranormal
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabrielcandelario

En el antiguo continente de Aethelgard, las estaciones no son ciclos naturales, sino deidades malditas que caminan sobre la tierra. Caelum, el Señor del Invierno, ha sumido al Reino del Sol en una era de hielo perpetuo debido a una antigua traición. La única forma de apaciguar su furia y evitar que la humanidad muera de frío es el "Pacto del Bisiesto": entregarle a una mortal nacida bajo la luz del solsticio para que viva con él en su Fortaleza de Escarcha durante exactamente 367 días. Si ella sobrevive sin perder la cordura o el corazón, la primavera regresará.

NovelToon tiene autorización de Gabrielcandelario para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 20

Narrado por: Caelum

El sonido de la Espada Verde retorciéndose dentro del Pilar Central fue como el crujido de un cráneo gigante partviéndose por la mitad.

Elian me miró con una sonrisa manchada de sangre seca, sus manos aferradas a la empuñadura de su arma, inyectando la ponzoña del verano directamente en el corazón de mi Fortaleza.

—¡Saca esa hoja de mi montaña, Elian! —rugí.

No esperé su respuesta. Me impulsé hacia adelante, canalizando todo el frío de mi núcleo recién curado hacia mis piernas. Cubrí los veinte metros que nos separaban en un parpadeo. Invoqué un mandoble de escarcha negra en el aire y descargué un tajo horizontal directo al cuello de mi hermano.

Elian soltó el Pilar, se agachó por debajo del arco de mi hoja y contraatacó con un gancho ascendente revestido de fuego esmeralda.

Me eché hacia atrás, sintiendo el calor abrasador rozar mi barbilla.

—¡Es muy tarde, hermano! —gritó Elian, riendo a carcajadas mientras se ponía en pie de un salto—. ¡El invierno se pudre desde adentro! ¡Toda esta tumba de hielo se va a derrumbar sobre tu cabeza!

El Pilar Central emitió un gemido sordo.

Una grieta verde y luminosa, gruesa como el tronco de un roble milenario, subió en espiral por la superficie de la escarcha primigenia. La temperatura en la enorme cámara subterránea se disparó. Las paredes de obsidiana comenzaron a sudar.

—¡Caelum, arriba! —la voz de Aura cortó el aire sofocante.

Levanté la vista.

El techo de la caverna, una cúpula de hielo macizo y piedra volcánica que sostenía el peso de toda la Fortaleza, estaba cediendo. Un bloque de escarcha del tamaño de una casa de guardia se desprendió del centro y cayó en picado hacia nosotros.

—¡Maldición! —bramé.

Extendí ambas manos hacia arriba.

—¡Cero! —grité, liberando una onda de éxtasis térmico.

El bloque gigante se congeló en el aire a cinco metros de nuestras cabezas, suspendido por una red invisible de frío absoluto. Mis rodillas temblaron bajo el peso mágico de sostener semejante masa.

Elian aprovechó mi flanco expuesto. Cargó contra mí, su puño envuelto en raíces hirvientes, listo para atravesarme las costillas.

Pero una llamarada dorada y verde se interpuso entre nosotros.

Aura saltó sobre la plataforma de hielo, blandiendo a Deshielo. Chocó su espada contra el guantelete de Elian. La onda expansiva de los dos fuegos del solsticio estrellándose arrojó a Elian tres metros hacia atrás, derrapando sobre la escarcha semiderretida.

—¡No lo toques! —le gritó la humana, poniéndose frente a mí en posición de guardia, las cicatrices plateadas de sus brazos brillando como estrellas.

—¡Niña estúpida! —escupió Elian, sacudiendo su mano quemada—. ¡Si él muere, tú también! ¡Entrégame esa espada y te sacaré viva de este calabozo antes de que nos aplaste!

—¡Prefiero que me aplaste una montaña a darte la hora! —replicó Aura.

El Pilar Central volvió a quejarse. Esta vez, el sonido fue húmedo.

De la grieta abierta por la espada de Elian comenzaron a brotar gruesas lianas llenas de espinas púrpuras. El veneno de la Primavera estaba devorando la magia de la Primera Era como un parásito en un huésped muerto. Las paredes de la caverna temblaron. Otra docena de bloques gigantescos se desprendieron del techo, cayendo alrededor de la plataforma. El estruendo fue apocalíptico.

Yo no podía moverme. Si soltaba el bloque que levitaba sobre nosotros, Aura y yo seríamos aplastados instantáneamente. Mi núcleo latía dolorosamente, bombeando magia pura para mantener el techo en su sitio.

—¡La montaña se cae! —grité por encima del ruido—. ¡Elian, detén esa infección o morirás aquí abajo con nosotros!

—¡Yo no le temo a la tierra! —respondió él, abriendo los brazos—. ¡Que el invierno sea sepultado!

De repente, una niebla blanca y espesa inundó la plataforma.

El Custodio se materializó justo en frente del Pilar agrietado. Ya no era una pequeña nube flotante. Había expandido su forma etérea hasta alcanzar casi tres metros de altura. Dos ojos vacíos y luminosos miraron directamente hacia la grieta venenosa.

—¡Señor! —la voz del Custodio resonó, no con su habitual tono servil, sino con la autoridad resonante de un rey ancestral. La voz de uno de los Primeros Reyes—. ¡El Pacto de la Primera Era exige que el Norte resista! ¡No dejaré que mi Fortaleza caiga por el berrinche de un príncipe malcriado!

—¡Custodio, apártate de ahí! —ordené, sintiendo un nudo de terror helado en el estómago. Sabía lo que el espíritu planeaba hacer.

—Fui débil en vida, Caelum —dijo el Custodio, girando su cabeza de niebla hacia mí por una fracción de segundo—. Déjame ser piedra en la muerte.

El espíritu se abalanzó hacia adelante.

No intentó atacar a Elian. El Custodio sumergió su cuerpo entero de niebla directly dentro de la herida del Pilar Central.

—¡NO! —gritó Elian, dando un paso al frente.

La cámara entera se iluminó con un destello cegador.

El Custodio comenzó a absorber el veneno. La niebla blanca, pura e inmaculada del espíritu chupó las lianas púrpuras, la savia hirviente y la corrupción esmeralda de la Primavera. El Pilar Central dejó de crujir al instante. El techo dejó de desmoronarse.

Pero el precio fue grotesco.

El espíritu comenzó a aullar. Era el grito de un alma siendo triturada.

La niebla blanca se volvió negra, espesa como alquitrán. Las lianas que había absorbido comenzaron a tejerse alrededor de su forma etérea, dándole una masa física, retorcida y brutal. Pedazos de escarcha rota, obsidiana y madera envenenada se fusionaron a su alrededor.

En menos de diez segundos, el Custodio ya no existía.

En su lugar, una abominación de cinco metros de altura, con cuatro brazos asimétricos terminados en cuchillas de hielo negro y madera podrida, se erguía frente al Pilar Central. Un único ojo rojo, inyectado en locura y dolor, brillaba en el centro de lo que parecía una cabeza coronada por raíces espinosas.

Aproveché el cese de los temblores para lanzar el bloque de hielo suspendido hacia el abismo, liberando mis manos.

La Abominación soltó un rugido que no era de este mundo y giró sobre sí misma.

Uno de sus enormes brazos de madera podrida barrió la plataforma a una velocidad absurda para su tamaño.

Elian, que estaba más cerca, no tuvo tiempo de invocar un escudo. El impacto lo golpeó de lleno en el pecho, haciéndolo volar como un muñeco de trapo. El Príncipe de la Primavera se estrelló violentamente contra la pared de la caverna, a treinta metros de distancia, cayendo al suelo envuelto en un charco de su propia sangre dorada.

La bestia fijó su ojo rojo en Aura.

—¡Cuidado! —grité.

Aura no retrocedió. Apretó la empuñadura de Deshielo y trazó un arco de fuego verde frente a ella.

La Abominación ignoró las llamas. Dos de sus brazos descendieron como martinetes directamente hacia la cabeza de la humana.

Invoqué un muro de hielo reforzado con titanio mágico a un milímetro por encima de Aura.

Los puños de la bestia chocaron contra mi barrera. El muro de hielo aguantó, pero se agrietó instantáneamente bajo la fuerza colosal. El impacto me hizo hincar una rodilla en el suelo.

—¡Esa cosa absorbió toda la magia residual del techo! —gritó Aura, mirando a través del hielo translúcido los puños gigantes de la bestia—. ¡Es un dios de madera y piedra!

Me puse en pie, haciendo desaparecer el muro y tirando de Aura por el cuello de su chaqueta justo antes de que la bestia diera un pisotón que destrozó la escarcha donde ella estaba parada.

—¡No es un dios, es un tumor mágico! —grité, retrocediendo hacia el borde de la plataforma circular—. ¡Su núcleo es el espíritu del Custodio, corrompido!

La Abominación rugió de nuevo, preparando un ataque de embestida con todo su peso.

A nuestra derecha, una tos húmeda y ensangrentada interrumpió la oscuridad.

Elian se estaba poniendo de pie a duras penas. Su armadura de placas doradas estaba hundida en el centro. Su hombro izquierdo colgaba en un ángulo antinatural, claramente dislocado. Con su mano derecha, sostenía la Espada Verde, que ahora parpadeaba débilmente.

—¡Elian! —rugí, saltando para esquivar una estalactita de hielo arrojada por la bestia—. ¡Escúchame, maldito imbécil!

El Príncipe me miró con puro odio, escupiendo un diente ensangrentado.

—¡Vete al infierno, Caelum! —gritó él.

—¡Iremos los tres si no abres los ojos! —repliqué, conjurando dos lanzas y arrojándolas al pecho del monstruo. Las lanzas se hicieron añicos contra la corteza de madera sin hacerle ni un rasguño—. ¡Esa cosa no distingue bandos! ¡Es locura pura! ¡Si destruye el Pilar durante la pelea, la Fortaleza nos sepulta!

La Abominación giró su cuerpo pesado y fijó su único ojo rojo en Elian, reconociendo la magia de la Espada Verde que lo había corrompido en primer lugar. La bestia ignoró a Aura y cargó hacia el Príncipe del Sur como una locomotora desbocada.

—¡Maldita sea! —Elian levantó su espada a duras penas, preparándose para un impacto que lo mataría con seguridad.

—¡Humana, a los tendones traseros! —le ordené a Aura.

Corrí directamente hacia la bestia.

Me deslicé por el hielo por debajo de las piernas del monstruo justo en el momento en que estaba a punto de aplastar a Elian. Al salir por detrás, me levanté y materialicé una cadena de escarcha absoluta, gruesa como el ancla de un galeón.

Lancé la cadena. Se enrolló alrededor de la garganta de madera y hielo de la Abominación.

Tiré con todas las fuerzas de mi cuerpo divino, clavando mis botas en la plataforma.

—¡Atrás! —grité, tensando los músculos hasta que mis huesos crujieron.

La bestia se detuvo en seco, a medio metro de Elian, su cuello siendo estrangulado por el frío absoluto.

Aura apareció por el flanco derecho como una exhalación de fuego.

—¡A un lado, principito! —le gritó a Elian.

Aura hundió a Deshielo profundamente en la parte posterior de la rodilla de obsidiana del monstruo. El fuego primigenio rugió, fundiendo la piedra negra y quemando las lianas que articulaban la pierna.

El monstruo soltó un chillido agudo y cayó sobre una rodilla, soltando a Elian.

Elian no se quedó pasmado. Apoyó la bota en la pared de la caverna, se impulsó hacia adelante y clavó su Espada Verde directamente en uno de los ojos de madera del monstruo.

—¡Cómete esto, escoria! —rugió Elian.

La bestia se sacudió violentamente. Con un movimiento brusco de su cabeza, rompió mi cadena de hielo, tirándome de espaldas. Luego agitó su brazo sano y golpeó a Elian y a Aura al mismo tiempo, lanzándolos por los aires.

Rodé sobre mi costado y me levanté rápidamente.

Elian aterrizó a cinco pasos de mí. Aura rodó y se detuvo a mi lado, apoyando una mano en el hielo, respirando pesadamente. Su fuego mantenía el frío de la caverna a raya para ambos.

Estábamos los tres, lado a lado, frente al gigante de corrupción.

—Mil años queriendo decapitarte —escupió Elian, agarrándose el hombro roto con una mueca de agonía, sin apartar la mirada del monstruo—, y ahora tengo que cubrirte la espalda en tu propia sala de estar.

—Solo intenta no morir, hermano —dije, invocando una espada bastarda de obsidiana en mi mano derecha—. Si te matan, no te lo perdonaré nunca.

—¿Qué tiene de malo el plan de decapitarlo? —preguntó Aura, con una sonrisa salvaje aflorando en su rostro sudoroso. Deshielo zumbaba con pura agresividad—. Porque me parece una excelente idea.

—La madera corrompida es demasiado dura para el hielo —dije rápidamente, evaluando la regeneración del monstruo. Las lianas de su pierna quemada por Aura ya estaban volviendo a crecer—. Mi magia solo lo ralentiza. Y la magia de Elian lo alimenta.

—Entonces necesitamos calor blanco —sugirió Elian, mirándome de reojo—. Frío absoluto para congelar la madera hasta volverla quebradiza.

—Y fuego puro para reventarla desde adentro —completó Aura, mirándome a mí.

Los miré a ambos. Era suicida. Era imposible. Requería una sincronización perfecta entre tres personas que se odiaban o desconfiaban mutuamente hace cinco minutos.

—Elian —dije con voz gélida—, tú eres el cebo. Atráelo lejos del Pilar Central.

—¿El cebo con un brazo roto? —se quejó Elian—. Eres un genio táctico, Caelum.

—¡Hazlo! —bramé.

Elian gruñó, agarró su Espada Verde con su mano sana y corrió hacia el flanco izquierdo de la caverna, gritando insultos en el antiguo idioma de la Primera Era.

La Abominación, atraída por la vibración de la magia de Primavera, giró hacia él y cargó ciegamente, levantando sus cuatro brazos para aplastarlo.

—¡Ahora, humana! —le ordené a Aura.

Me adelanté, conjurando todo el Cero Absoluto que mi núcleo podía generar. No le apunté al monstruo entero. Apunté exclusivamente a su pecho, justo donde la densa maraña de madera venenosa protegía su corazón (el espíritu corrompido del Custodio).

Lancé un rayo sostenido de energía térmica negativa.

El rayo impactó en el pecho del gigante en pleno trote. La temperatura de la madera bajó trescientos grados en un segundo. La humedad del veneno de la Primavera se cristalizó. La madera antes flexible y dura como el acero, se volvió rígida, gris, cubierta de una gruesa capa de escarcha estática.

El gigante bramó y se detuvo, golpeándose el pecho helado con desesperación, intentando romper mi campo de éxtasis.

—¡Aura, dalo todo! —grité, sintiendo la sangre de mis venas ralentizarse por el esfuerzo.

Aura no dudó.

Corrió en línea recta hacia el monstruo congelado. No saltó. No buscó una apertura táctica.

Dejó que Deshielo cayera hacia atrás, raspar el hielo del suelo creando una estela de chispas ardientes, y justo cuando llegó frente al gigante, clavó la bota en la escarcha para frenar. Con todo el impulso de su carrera y la fuerza de ambos brazos, lanzó una estocada brutal y ascendente directamente contra la madera congelada del pecho del monstruo.

—¡Estalla! —rugió la humana.

La hoja al rojo vivo de la espada penetró la madera ultracongelada por la fuerza bruta.

El contraste de temperaturas fue catastrófico para la estructura física del monstruo.

La expansión térmica violenta del fuego primigenio chocando contra mi Cero Absoluto en un espacio cerrado causó una detonación sorda.

La madera cristalizada no se quemó. Explotó.

Miles de astillas del tamaño de lanzas salieron disparadas en todas direcciones. El pecho del monstruo voló en pedazos, dejando un enorme agujero hueco en el centro de su torso.

La onda expansiva lanzó a Aura hacia atrás. Me tiré al suelo para evitar ser empalado por la metralla de madera.

El monstruo, ahora sin pecho, se tambaleó. Un sonido parecido a un suspiro masivo escapó de su boca sin labios. La luz roja de su ojo se apagó de golpe, y la inmensa estatua colapsó sobre sí misma, convirtiéndose en una montaña inerte de escombros de obsidiana y ceniza.

El silencio cayó sobre la Cámara del Núcleo Principal.

Me levanté lentamente, sacudiéndome la escarcha y los restos de ceniza de mi túnica. Mi núcleo latía con un dolor sordo y constante. El esfuerzo conjunto nos había drenado casi por completo.

Caminé hacia donde Aura había caído. Ella estaba sentada en el hielo, respirando de forma entrecortada, con Deshielo clavada en el suelo a su lado. Su frente estaba perlada de sudor y tenía un pequeño corte en la frente, pero sonreía débilmente.

Le extendí la mano. Ella la tomó y la ayudé a ponerse de pie.

—Eres una lunática, humana —le dije en voz baja.

—Soy tu luna favorita, témpano —respondió ella, limpiándose la sangre de la ceja con el dorso de su mano cicatrizada.

Un crujido de botas sobre el hielo nos interrumpió.

Elian caminaba hacia nosotros. Su armadura estaba destrozada, su brazo seguía colgando inerte, pero no había bajado la guardia. Mantenía la Espada Verde levantada y apuntando en nuestra dirección.

—Bien —dijo Elian, escupiendo un coágulo de sangre al suelo—. El monstruo está muerto. El techo no se ha caído. Ahora volvemos a donde estábamos antes de ser tan groseramente interrumpidos.

Me coloqué delante de Aura, materializando mi propia espada negra.

—La tregua ha terminado, Elian. Tira tu espada. No puedes ganarnos a los dos en ese estado.

—No necesito ganaros, Caelum —Elian sonrió, una sonrisa fría y cruel que no llegaba a sus ojos—. Solo necesito ganar tiempo.

El Príncipe del Sur levantó su mano libre y sacó de un pequeño compartimento en su cinturón un cristal de cuarzo tallado con runas rojas.

—¿Crees que vine a cavar hasta aquí solo para envenenar un bloque de hielo? —Elian apretó el cristal en su puño—. La Vanguardia de gólems fue una distracción. El veneno fue una distracción.

—¿Qué estás haciendo? —exigió Aura, dando un paso lateral para salir de mi sombra.

Elian cerró los ojos y aplastó el cristal en su mano.

—Lo siento, hermano —susurró Elian—. Pero el Sur necesita a la Diosa viva.

Un ruido ensordecedor provino de arriba. No de la cámara, sino del exterior. De la superficie de la Fortaleza del Norte. Era un sonido sordo, rítmico, como el latido de un corazón del tamaño de una montaña.

Y luego, todo el palacio tembló, no por un colapso físico, sino por una onda expansiva de magia pura y oscura que atravesó las paredes hasta llegar a nosotros.

—¡Caelum! —gritó Aura, señalando hacia las puertas de obsidiana por las que habíamos entrado—. ¡Las sombras!

Miré hacia la entrada.

De debajo de la pesada puerta hermética, una sustancia negra y viscosa, como tinta líquida, comenzaba a filtrarse hacia el interior de la Cámara del Núcleo Principal. No era veneno. Era magia antigua. La magia de la Cárcel Inferior.

Elian había detonado las celdas de contención de los Antiguos debajo de la Fortaleza.

Imagen referencial al capítulo.

Imagen generada con ia

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Yerlis Ramos
Muy Muy buenas las imágenes 🤭🤭🤭 la del custodio ni hablar.🤣🤣🤣🤣
Yerlis Ramos
muy buenas las imágenes .
Yerlis Ramos
buenísima la imagen .. 10/10
Yerlis Ramos
hermoso Capitulo. 🥰👏👏
Yerlis Ramos
Excelenteeee..
Yerlis Ramos
🥰🥰 Excelente comienzo 🥰🥰
Katy
Muchas felicidades fascinante historia ,gran imaginación 😘😘😘
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