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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:151.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 —Aprendo lo que no me enseñaron

La residencia de Lady Grimm no buscaba impresionar de forma exagerada, pero lo hacía igual, desde el momento en que crucé la entrada supe que aquel lugar no funcionaba como otros salones donde las sonrisas se medían y las palabras se cuidaban; aquí había otra clase de conversación, otra forma de mirarse entre mujeres que ya no necesitaban fingir inocencia.

Una doncella me guió sin demasiadas formalidades, lo cual ya decía bastante, no hubo largas presentaciones ni murmullos incómodos, solo una puerta que se abrió y varias miradas que se posaron sobre mí con interés directo.

—Así que tú eres la nueva duquesa —dijo una mujer sin levantarse de su asiento.

No había juicio en su voz, tampoco dulzura, era observación.

—Rosaline Ravenshire —respondí con calma.

Lady Grimm se levantó entonces, se acercó sin prisa.

—Bienvenida, querida, aquí no necesitas hablar con cuidado, si te quedas es porque puedes sostener lo que digas.

Eso me hizo mirarla con más atención.

—Eso espero.

Una risa suave recorrió la sala, no burlona, más bien curiosa.

—Toma asiento —añadió—, estamos hablando de cosas que en otros salones se susurran.

Me senté.

Había mujeres de distintas edades, todas con presencia fuerte, ninguna parecía estar allí para agradar a nadie, las copas ya estaban servidas, el ambiente era relajado pero no descuidado.

—Estábamos hablando de matrimonios —dijo otra, girándose hacia mí—, o mejor dicho, de lo que ocurre dentro de ellos cuando se cierran las puertas.

—Un tema interesante —respondí.

—Un tema real —corrigió Lady Grimm—, aquí no fingimos que el amor lo resuelve todo.

—Ni que el deber basta —añadió otra.

—Ni que los hombres entienden lo que hacen —dijo una tercera, provocando varias risas.

Me relajé un poco. No porque el tema fuera ligero.

Sino porque nadie pretendía disfrazarlo.

—Tú acabas de casarte —dijo una mujer de cabello oscuro, apoyando el codo en la mesa—, dinos algo, ¿cómo es el duque en privado?

Las miradas volvieron a mí.

—Reservado.

—Eso ya lo sabemos —respondió otra—, todos los hombres poderosos lo son en público, nos interesa lo demás.

—Aún no hay demasiado que contar.

Eso generó una reacción inmediata.

—¿Aún no?

Lady Grimm inclinó ligeramente la cabeza.

—¿No has consumado el matrimonio?

Sostuve la mirada sin bajar el rostro.

—No.

El silencio fue corto. Luego, varias expresiones cambiaron, no con burla, más bien con interés.

—Entonces estás en una posición interesante —dijo una.

—O un problema —añadió otra.

—Depende de cómo lo maneje —dijo Lady Grimm, sin apartar los ojos de mí.

—¿Debería preocuparme? —pregunté.

—Depende de lo que quieras —respondió una mujer mayor—, si buscas solo cumplir, entonces no importa, si quieres contratarlo, entonces cada decisión cuenta.

—Y cada demora también —añadió otra, levantando su copa—. No queremos que busque a otra mujer.

Tomé un pequeño sorbo.

—No parece que ustedes esperaran demasiado.

—Aprendimos a no hacerlo —dijo una con una sonrisa ladeada—, pero también aprendimos a tomar lo que queremos.

—¿Y cómo se hace eso? —pregunté, sin ironía.

Las miradas se cruzaron entre ellas, divertidas.

—Mírenla —dijo una—. Es muy inocente.

—Eso me gusta —añadió Lady Grimm—. No finge ignorancia.

Se acercó un poco más.

—Los hombres como tu esposo no se dominan con dulzura, se interesan cuando algo los reta.

—Eso lo sé. Lo hago a cada rato.

—Entonces ya llevas ventaja.

—¿Y en lo demás?

Una de ellas rió.

—En lo demás tendrás que dejar de pensar tanto y agarrarlo por las riendas.

—O agarrarlo en la cama—corrigió otra. La demás se rieron.

—Lo importante es no alejarlo—dijo Lady Grimm.

Me quedé en silencio unos segundos.

—No quiero que se aleje—No se porque lo dije tan rápido.

—No lo trates como si fuera ajeno —dijo una—. Ya es tu esposo.

—Y tú eres su esposa —añadió otra—. Usa eso.

La conversación continuó sin tensión, pero con una honestidad que no había encontrado en otros espacios, hablaron de matrimonios que funcionaban por acuerdos, de otros que se sostenían por costumbre, de algunos que escondían más de lo que mostraban; bebí más de lo que había planeado, no por descuido, sino porque me sentía cómoda de una forma nueva.

—Te ves más relajada —comentó Lady Grimm.

—Lo estoy.

—Eso es bueno. Te enseñaremos consejos básicos para tu matrimonio. Para que lo político no se vuelva aburrido.

No supe en qué momento la reunión empezó a diluirse, las voces se mezclaban más, las risas eran más libres, y yo… yo me sentía ligera, no descontrolada, pero sí menos contenida.

Cuando finalmente me levanté, el mundo no giraba, pero tampoco estaba completamente estable.

—Cuídate, duquesa —dijo una de ellas con una sonrisa cómplice—, no todos los días se tiene un marido interesante.

—Ni una posición que pueda cambiar tanto —añadió otra.

Lady Grimm me acompañó hasta la salida.

—Volverás.

—Probablemente.

—Eso espero, eres más interesante de lo que parecía.

—Tú también.

Sonrió.

—Eso ya lo sabía.

Cuando salí, el aire fresco me ayudó un poco, pero no lo suficiente como para recuperar completamente la compostura, y entonces vi el carruaje.

Y a Erick.

Estaba allí, de pie, esperándome, su presencia tan firme como siempre, pero su mirada cambió apenas al verme.

No dijo nada de inmediato.

Se acercó.

—Has tardado.

—Fue una buena conversación.

—Lo veo.

Su mirada recorrió mi rostro, no con juicio, más bien con evaluación.

—¿Bebiste?

—Un poco.

—Más de un poco.

—Tal vez.

No sonreía, pero tampoco estaba molesto. Me ofreció la mano para subir.

—Ven.

No discutí.

Entré al carruaje, él subió después, la puerta se cerró y el movimiento comenzó de nuevo, esta vez el silencio era distinto, más cercano, más cargado.

—¿Te divertiste?

—Sí.

—Eso es raro en este tipo de reuniones.

—No fue como otras.

—Lo imaginé.

Me recosté un poco. Y él me miró un segundo más.

—¿Qué aprendiste?

Lo miré, el efecto del vino hacía más fácil hablar sin medir tanto.

—Que los matrimonios no son lo que dicen en público.

—Eso ya lo sabías.

—Que tampoco tienen por qué ser vacíos sin sentimientos.

Su expresión cambió apenas.

—Eso depende de la pareja.

—Eso dijeron.

Hubo un pequeño silencio.

—¿Te preguntaron por mí?

—Sí.

—¿Y qué dijiste?

—No hablé mal de tí. Despreocúpate.

El carruaje siguió avanzando, el movimiento suave, el aire más cálido dentro.

—¿Te hicieron preguntas incómodas?

—Preguntaron si habíamos consumado el matrimonio.

Su mandíbula se tensó apenas.

—¿Y qué respondiste?

—La verdad.

—Eres imprudente.

—No me avergüenza decir que no hemos hecho el amor.

El silencio se sostuvo unos segundos.

—¿Algo más?

Dudé un segundo. No por miedo. Sino porque sabía lo que iba a decir.

—Sí—esperó—. Recuerdas la pregunta que no te respondí antes.

—¿Cuál?

—La que me hiciste antes de llegar aquí. Sobre que opinaba del tamaño.

Él se sorprendió está vez. Esperó a mi respuesta.

—Sí me sorprendiste. Demasiado.—respiré lento—. No esperaba que fueras… así.

El silencio se volvió más denso.

—Define así.

Lo miré directo.

—Así de grande.

No hubo sonrisa. No hubo broma. Solo ese silencio cargado que se instaló entre nosotros.

—Lo ves como un problema ¿No?

—O una ventaja. Me comentaron que tamaño importa. Tal vez quiera averiguarlo.

Su respiración cambió apenas.

—Rosaline Ravenshire. El alcohol te hace más pervertida. ¿Dónde quedó mi duquesa inocente?

Sentí el calor subir, pero no aparté la mirada.

—Quedó en esa habitación donde pensabas en mí.

Y eso fue suficiente para desatar su sentimiento pecaminosos sobre mí.

1
Irene Nievecita
Siempre me sorprendes con tus historias, esta estuvo corta pero redondita, no falta ni sobra nada es perfecta, gracias una vez más por tu tiempo y tu inspiración para crear historias entretenidas, que dan la impresión de vivirlas como en las películas, pir lo menos yo me siento parte de la historia y logro imaginar cada detalle de la misma
Irene Nievecita
Me alegro que el se diera cuenta que ella no es una damisela, que no sabe resolver los problemas, también me gusta mucho que le demuestre con palabras que la ama mucho
Irene Nievecita
Eso sí que fue un giro inesperado de los acontecimientos, ella sabe defenderse y muy bien por lo demás. Y se da el lujo de reclamarle por demorarse.👏👏👏👏👏
Irene Nievecita
Esa recompensa si estuvo muy caliente, yo quisiera una recompensa así de abundante☺️☺️☺️☺️
Irene Nievecita
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Irene Nievecita
Era lo menos que debía esperarse de parte de Gabriela, sentirse traicionada, por llevar ella la casa, pero de ahí a sentir que ella tenia un peso especifico en la vida de él, no tiene ningún sentido, por más que él hubiera tenido sexo con ella, solo era parte de la servidumbre y nada más
Irene Nievecita
Hasta que al fin vio las estrellas, como debe ser, tiene un hombre joven, fuerte. apasionado y muy bien dotado, mejor suerte imposible.
Irene Nievecita
Así se habla con la verdad, nada de fingir, que el note que también estas interesada por tener un conocimiento más cercano del tamaño y grosor de su virtud como hombre🤭🤭🤭🤭
Irene Nievecita
Que bueno que ella ya no es la muchachita sin personalidad, que crío lady Valmont, ahora es una mujer casada, con responsabilidades y los sirvientes deben tenerlo claro en especial la tal Gabriela, sino debe despedirla así de sencillo.
Irene Nievecita
El no le quiere dar su lugar, el espera que ella saque el carácter que vio en ella el día que se casaron, así que a ganar en contra de la famula que se cree duquesa.
Irene Nievecita
No debe permitir por ningún motivo, que esa famula se crea la dueña de casa, ella es la duquesa y lo debe poner de relieve desde el principio, la obligación de ella es hacerse cargo, de todo lo relativo con la casa y la servidumbre
Irene Nievecita
Por lo menos no es un duque altanero, que impone sus derechos
Irene Nievecita
grasias por esta nueva historia
Sandra Vielmas
mee encantó esta historia. te felicito así me gustan cortas...🙏❤felicidades
Sandra Vielmas
entonces esa zorra se acostaba con el. por eso tanto coraje y altaneria
Sandra Vielmas
sán Francisco de los palos... Que Estrada le dieron😂😂😂/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Aniramairos
Va a agarrar una infección infernal, eso no se hace 🤭
Yajaira Castellanos
porq no la despide
KJ
Me encantó un montón la historia, es corta pero pero muy linda, me gusto muchísimo la personalidad de la protagonista y tu forma de narrar todo, estuvo muy precioso todo, gracias por escribir y compartirnos tan bonito libro 🫶🏻🫶🏻☺️🥰
Paola Coria
excelente novela
sin palabras
muy bien contada clara sin mucho relleno innecesario
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