Mi última orden para mi marido mafioso fue que firmara los papeles del divorcio. Por fin dejé atrás mi obsesión por él, y ahora es libre para vivir con su verdadero amor… sin embargo, ahora es él quien me persigue.
Mi marido Gio no era más que un soldato, una herramienta para los trabajos sucios de la mafia de mi padre.
Pero yo estaba enamorada de él y lo perseguía durante años. Mi primera orden fue que firmara los papeles de nuestro matrimonio, y creía que lograría conquistarlo.
Pero en mi peor momento, el día de la muerte de mis padres, me abandonó para estar con la mujer que amaba. Esa fue la gota que colmó el vaso.
Le dejé los papeles del divorcio y me fui, decidida a criar sola al bebé que llevaba en mi vientre.
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Capítulo 4
Gio
Savanna siempre fue un problema en mi vida. Sus intromisiones me pusieron en un callejón sin salida.
Si hubiera sabido que asaltar a esa chica caminando distraída en una calle desierta me traería tantos problemas, la habría ignorado.
¿Cómo iba a saber que esa chica que parecía una adolescente normal era hija del Don De Luca?
Debo confesar, fue una actitud desesperada. Necesitaba comprar los medicamentos para mi madre y pagar la cuenta del hospital.
Estaba dispuesto a robar a cualquiera que apareciera frente a mí y el destino la puso en mi camino, justo a la hija del hombre que dominaba la ciudad.
Incluso parece crueldad, pero al menos, conocí a Don De Luca. Era un hombre diferente de lo que imaginaba. Pensé que iba a matarme, pero fue comprensivo y me dio una oportunidad.
En la mafia ya no necesitaba arriesgarme cometiendo hurtos y robando bolsos en las calles, allí tuve entrenamiento, estabilidad, protección, amigos y un buen salario para costear el tratamiento de mi madre y cuidar de Mia.
Era un buen trabajo, aunque yo sabía que era de la clase más baja en la jerarquía, una herramienta para los trabajos sucios. La línea de frente en caso de guerra.
Pero Don De Luca, incluso pensaba en nosotros, los pequeños, y así como mis compañeros, yo le prometí mi total lealtad.
El problema era su hija, Savanna. Ella no conocía límites, sus investidas eran obvias.
Si hubiera sabido que llamarla linda el día del asalto haría que se obsesionara conmigo, también lo habría pensado dos veces antes de hacer eso.
Sí, ella era bonita. Ella sigue bonita, en realidad. Deslumbrante, yo diría. Pero no es una mujer de mi nivel.
Su persecución era tan evidente que mis compañeros jugaban con provocaciones.
— A la hija del jefe parece gustarle mucho, ella no para de mirarte. Por qué no vas allá y hablas con ella, le tiras un piropo y tal vez consigas hasta un aumento de salario.
Ellos reían, zumbando. Y yo no lo encontraba gracioso. Yo quería sí crecer en la jerarquía, pero quería crecer probando mi valor.
Cuando Don De Luca me dio la oportunidad, él dijo:
— Tú serás uno de mis soldatis y el entrenamiento comienza hoy. No pienses que será fácil, será difícil, pero yo estoy siempre al tanto de nuevos talentos, si consigues probar tu valor, no veo problema en dejar que subas en la jerarquía.
Él fue la primera persona, además de mi madre, que vio algún valor en mí. En mi vida siempre he apaleado y escuchado cosas horribles de las personas.
Hasta mi padre biológico no creyó en mí. Antes de que él nos abandonara por una amante, él me dijo que yo era un desperdicio de energía.
Y yo quería probarle eso a Don De Luca, que yo no era un desperdicio de energía.
Pero Savanna no dejaba. Sus persecuciones constantes me redujeron a solo el tipo que la hija del jefe estaba obsesionada.
Pensé que no dándole atención a ella, ella acabaría dejándome en paz. Pero los años se pasaban y ella sobrepasaba los límites.
Convocándome para quedarme a solas con ella, para acompañarla mientras probaba ropas.
Apareciendo en lencería frente a mí.
Tenía que admitir, su cuerpo era increíble, pero ella aún era la puta hija de mi jefe.
Pensé que hasta usando a Mia, yo conseguiría alejarla.
Generalmente yo no acostumbraba llevar a mi hermana al trabajo, pero a veces yo la llevaba y fingía estar divirtiéndome escuchando las tonterías de ella, solo para que Savanna se alejara.
Pero eso solo hizo todo peor.
Ella apareció frente a mí con un maldito contrato, un contrato de matrimonio.
Me quedé aturdido, entre los soldatis ya corría la noticia de que Don De Luca estaba buscando un novio para Savanna y que probablemente sería el heredero de la familia Martinelli. Uno de los mayores aliados de los De Luca.
Leí aquello y ya sabía, ella estaba intentando usarme para huir de un matrimonio arreglado.
Aquello iba a acabar con mi búsqueda de probar mi valor. Ella quería convertirme en un juguete de ella.
Me sentí en un callejón sin salida, si yo rechazaba tal vez ofendiera a Don De Luca, todos decían que Savanna era la niña de sus ojos.
Pero yo tenía una chance, Don De Luca parecía ser un hombre sensato, tal vez si yo explicara mis razones para rechazar, él podría comprender.
Fue ahí que ella mencionó a mi madre.
Las implicaciones en mi desistimiento aumentaron. Si yo rechazaba tal vez hasta mi madre sería perjudicada en todo esto. Pero yo aún podría intentar conversar con Don De Luca.
Sin embargo, yo sabía, Savanna me marcó. Ella tenía más poder que yo. No la conocía bien, pero las personas decían que ella era mimada.
¿De lo que ella sería capaz por venganza?
En el día en que mi padre me abandonó con mi madre enferma, mi vida se convirtió en un infierno.
Tuve que aprender temprano a hacer lo que necesitara para sobrevivir.
Todo ese sufrimiento me hizo percibir una cosa, amor no era un objetivo en mi vida y yo no pretendía casarme nunca. Casamiento era apenas una prisión, una condenación.
Pero estaba allí, Savanna, prácticamente colocando un arma en mi cabeza. Las implicaciones en mi rechazo estaban pesando más en la balanza.
Entonces yo acepté.
Pensé en ver aquello apenas como un trabajo y desistí de mi búsqueda por mostrar mi valor.
Después de convertirme en marido de Savanna, yo no era más Giordano Ricci, yo era el marido de la hija del jefe. El juguete de ella.
Yo intentaba ser obediente, pero mantenía una línea tenue entre nosotros. No quería nunca que ella confundiera nuestra relación y pensara que había algún sentimiento allí.
Ella me daba órdenes y yo cumplía. Era así nuestra vida.
Sus órdenes eran bobas, apenas para cumplir sus caprichos.
“Gio, trae flores para mí! Me gustan las rosas rojas. Eso es una orden.”
“Gio, pasa el fin de semana conmigo. Es una orden.”
“Llévame en brazos. Es una orden.”
“Haz el amor conmigo toda la noche. Eso es una orden.”
Yo tenía que admitir, el olor de ella era bueno, su piel tenía una textura delicada y suave.
Sus ojos verdosos son salvajes, sus cabellos rizados le daban una apariencia aristocrática, ella parecía haber salido de algún libro de la realeza.
Ella realmente parecía una princesa, mientras yo no tenía nada de especial para ofrecer.
En la cama, incluso cumpliendo sus órdenes, era el único momento que yo me sentía en el control.
La forma como ella se ablandaba en mis brazos y como su rostro se quedaba sonrojado debajo de mí, era casi hipnotizante.
Pero para mí no teníamos nada de especial, nuestro casamiento era un trabajo.
Los años fueron pasando y yo ya estaba acostumbrado con aquella rutina.
Fue ahí que Mia me llamó, diciéndome que había sido violada.