Tras un accidente automovilístico que lo deja en una silla de ruedas, Carlos Eduardo enfrenta las consecuencias de su arrogancia y crueldad. El accidente, en realidad, fue provocado por su prometida, Sarah, quien teme ser abandonada. Para asegurarse de que él reciba los cuidados necesarios, su familia contrata a una joven sencilla del interior, acostumbrada a la vida en el campo. Obligada a convivir con Carlos Eduardo, ella debe lidiar con su carácter duro y sus actitudes ásperas. ¿Lograrán su bondad y sencillez ablandar el corazón de un hombre que parece incapaz de sentir compasión?
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Capítulo 2
Encontramos la yegua, tarde por la noche, no aguantaría salir del lugar, estaba entrando en trabajo de parto.
Carlos-vamos a tener que hacer el parto de ella, Betina.
Betina-pero ya empezó a llover, don Carlos.
Bajamos del caballo, y empezamos a ayudar a la yegua, la lluvia cayó fuerte, empañando nuestras vistas, la yegua estaba con mucha dificultad para tener el potrillo.
Carlos-está atascado, vas a tener que meter la mano, Betina, ve tú, tienes los brazos más delgados.
Así lo hice, metí la mano en la yegua y conseguí girar al potro, y tiré de sus patas, un bello potrito, uno más que ayudé a nacer, estaba toda sucia de sangre.
Carlos-muy bien, muchacha, deberías estudiar veterinaria, te va muy bien con los animales.
Nos levantamos, yo tomé el potrito en brazos, y lo llevé con mi amigazo, mientras Carlos llevaba a la yegua, fuimos siguiendo, estábamos lejos y bajo la lluvia, así que llegamos, colocamos a la yegua y a su cría en la bahía, los alimentamos.
Don Carlos revolvió mi cabello y fue a descansar a casa, yo fui a tomar un baño y fui a verlos nuevamente.
Betina-ustedes son hermosos, buenas noches.
Apagué todo el establo y vi un video de clases, y nuevamente dormí, desperté con el ruido del anuncio del video, cepillé mis dientes, aún estaba bien oscuro.
Encendí la cocina que hice y puse agua a hervir, e hice mi primer café, y cociné dos huevos, me senté y comí tomando café, don Carlos llegó y se sentó conmigo, él había traído pan nuevamente y algunas compras también.
Betina-no necesita, don Carlos.
Carlos-sí que necesita, está cada día más delgada.
Agradecí, así que salió el sol, fuimos a ver a la yegua.
Betina-¿será que él va a ser igual a la madre?
Carlos-creo que sí, vamos tras el ganado.
Estaba ensillando el caballo así que mi padre entra con Rosalina e Isabel.
Manoel-hija.
Betina-hola, buenos días.
Manoel-¿cómo estás?
Carlos-delgada, años durmiendo en este establo, así es como está, debería tener vergüenza, Manoel, qué te pasó.
Betina-yo estoy bien, don Carlos, por favor.
Carlos levanta la mano y sale, Isabel lo mira feo.
Manoel-¿estás necesitando algo?
Así que iba a hablar, Isabel me interrumpe.
Isabel-supe que nació un caballo.
Betina-sí, está en la bahía, con permiso.
Veo la tristeza en la mirada de papá, pero él no tiene coraje de enfrentar a Isabel, probablemente tiene miedo de quedarse solo por el resto de la vida.
Salí dejándolos, y seguí a Carlos, explorando la hacienda adentro, hasta que paramos en un arroyo.
Carlos-me disculpe.
Carlos-capataz de la hacienda.
Betina-no reclamo, don Carlos.
Carlos-tú eres la hija de él, Manoel te trata como basura, ¿por qué no vienes a vivir con nosotros?
Betina-ya dije que no puedo, agradezco la gentileza, don Carlos, pero mi lugar es aquí.
Don Carlos me abraza, lo tengo como un padre.
Carlos-mi esposa y yo nunca tuvimos hijos, y nos gusta mucho de ti, muchacha.
Betina-lo sé, los amo a los dos, son la familia que, pero me dan amor.
Nos quedamos mirando la bella vista que el arroyo tiene y seguimos tras el ganado.
Sentir el viento en la cara, y el olor del campo, era todo lo que más me gustaba, me sentía un espíritu libre, mi amigazo me llevaba a los lugares correctos, él seguía mis comandos.
No era preciso golpear al caballo, él me seguía por donde iba, cuando bajaba para ver el ganado él me seguía, era maravilloso vivir aquí, a pesar de todo.
Colocamos todo el ganado en el corral, era día de vacunación y adoraba ver, era legal ver a los tres veterinarios vacunar y consultar a los animales, me sentía atraída por eso.
Veterinaria-¿te gusta eso, verdad?
Betina-sí, don Carlos cree que debería estudiar eso.
Veterinaria-y te iría bien, ya tienes el tino, si quieres te ayudo, aquí mi tarjeta.
Tomo y la miro trabajar, cómo voy a estudiar veterinaria, si ni siquiera salí de la cuarta serie, y mal sabía leer o escribir. Creo que me quedaría vieja estudiando.
Por la noche volví para el establo, y miré a la yegua, y me quedé un poco con ellos, así que me levanto veo a mi padre dejando un plato de comida y jugo en la mesita cerca de mi cama.
Betina-qué susto, papá.
Manoel-no quería asustarte, disculpa.
Betina-el señor está bien.
Manoel-yo debería preguntarte eso.
Me aproximo.
Betina-amo a usted, papá😭
Mis ojos se llenan.
Manoel-necesito entrar, Isabel no sabe que estoy aquí afuera, los patrones vienen este fin de semana.
Betina-todo bien.
Él se va y limpio mis lágrimas, no toqué la comida, tomé un baño y llevé el plato del modo que él dejó, coloqué encima de la mesa y salí bien despacio, seguí para la casa de la hacienda.
Ella era muy grande, entonces necesitaba limpiar, tomo los productos y voy para el piso de arriba, limpio todo, amaneció estaba bajando las escaleras. Dejé todo y fui para el establo, tomé café y Carlos me mira.
Carlos-dónde estabas, no dormiste.
Betina-estaba limpiando la casa, de los patrones, ellos llegan fin de semana.
Carlos-Dios mío Betina, mira tu estado, ve a dormir.
Betina-no, yo voy a ayudar, necesitamos llevar el ganado para el otro lado, don Carlos.
Carlos- tú te quedas, Betina, descansa.
No protesté, estaba muy cansada mismo, él va y me acuesto un poco, pero no consigo dormir, me levanto y vuelvo para la casa, doy continuidad al servicio de la casa.
El piso de abajo quedó todo limpio, coloqué el olor de gente rica en la casa, y cerré toda la casa, aún tenía el lado de afuera, lavé toda la veranda.
Jardinero-buenos días, muchacha.
Betina-buenos días, don José, si arranca algunas rosas el señor separa para mí.
José-claro, los patrones necesitan contratar a alguien para limpiar, esta casa es muy grande.
Betina- sí, pero ellos están pasando por alguna cosa.
José-dicen que el hijo de él sufrió un accidente.
Betina-ellos tienen hijo, él nunca vino aquí.
José-gente rica, hija, ese pueblo gusta de ciudad grande.
Betina-verdad.
Don José continuó y yo fui para la cocina, descongelé las carnes en el microondas y condimenté todas, separé en Marmitex para facilitar, como yo que iba a hacer el almuerzo y la cena de ellos, necesitaba ser ágil, cuando ellos estaban aquí, yo solo servía a la casa.
Mi uniforme de una muchacha del campo era cambiado por ropas de una empleada de la casa, termino, y cuando miro el reloj ya era noche, trancé todo.
José-aquí, hija, buenas noches.
José me entrega un ramo de rosas lindo, y doy buenas noches a él, y voy para el establo, coloqué las flores cerca de la cama en un balde, y seguí para mi baño. Me tiré en la cama, y ni siquiera cené, y ni siquiera recuerdo si almorcé. Apagué, solo desperté a las cinco de la mañana con Carlos retirando la yegua y el potro de la bahía.
Betina-buenos días.
Carlos-buenos días, voy a llevarlos para la veterinaria a vacunar, quieres ir.
Betina-me espera.
Coloco la ropa y voy, la veterinaria me enseña a aplicar las vacunas, ella me entrega un maletín.
Veterinaria-su primer kit, voy a enseñarte todo, y quiero que estudies mucho.
Betina-gracias, voy sí.
La veterinaria me pide mi celular y me inscribe en una escuela en línea, ni siquiera sabía que existía. El restante del día, presté mucha atención en lo que ella me enseñaba.