Una chica vive cada una de sus primeras veces con un completo desconocido:
su primer beso, su primera noche, su primera confianza, su primera ilusión real.
Para ella, él es solo alguien que llegó sin aviso.
Para él, ella se convierte en todo.
El problema aparece cuando el pasado del chico —oscuro, doloroso y nunca cerrado— regresa para reclamarlo.
Un pasado que amenaza con destruir no solo la relación, sino también la inocencia de todas esas primeras veces.
A veces, el primero en todo… no es el último.
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LA LINEA ENTRE LO PROFESIONAL Y LO PERSONAL
La oficina de **NEXUS CORE TECHNOLOGIES** estaba llena de actividad. Pantallas encendidas, cables, informes y gráficos por doquier, pero para **Lía Montero**, todo parecía difuminarse cuando **Daniel Cáceres** entraba a la sala. Cada vez que él estaba cerca, su concentración se fragmentaba. No era solo su presencia; era la forma en que sus ojos cages oscuro parecían leer más allá de sus palabras.
—Necesitamos revisar las proyecciones del nuevo proyecto —dijo Daniel, cruzando los brazos y apoyándose en la mesa. Su voz firme llenaba el espacio, pero había un matiz que Lía no podía ignorar: una curiosidad intensa, personal.
—Ya tengo los análisis listos —respondió Lía, colocando los gráficos sobre la mesa—. Pero hay un detalle que quiero discutir sobre la estrategia de implementación.
Daniel se inclinó hacia adelante, examinando cada gráfico. Cada gesto de Lía, cada explicación, lo mantenía alerta. No era solo la información; era la forma en que ella pensaba, cómo anticipaba cada problema antes de que surgiera.
—Impresionante —dijo finalmente—. No muchas personas podrían presentar esto de manera tan clara y precisa.
Lía sintió un ligero escalofrío recorrer su espalda. Era un elogio profesional, pero había algo en la mirada de Daniel que iba más allá del trabajo. Cada palabra, cada gesto, parecía cargar con una tensión contenida, como si ambos estuvieran jugando un juego que ninguno quería admitir del todo.
—Gracias —respondió ella, tratando de mantener la compostura—. Todo es cuestión de planificación y organización.
Daniel levantó la mirada y la observó durante unos segundos más largos de lo habitual. —Me sorprende —dijo—. No solo por la habilidad técnica, sino por la calma bajo presión. —Hizo una pausa—. Y eso me desconcierta.
Lía lo miró, sorprendida por su comentario. —¿Desconcertado? —preguntó, manteniendo su tono firme.
—Sí —respondió él, con una pequeña sonrisa que apenas podía contener su intensidad—. No estoy acostumbrado a encontrar personas que puedan igualarme en estrategia, previsión y… resistencia.
El silencio se hizo presente, pero esta vez no era incómodo. Era un espacio cargado de algo más. Algo que ninguno de los dos quería admitir del todo, pero que estaba ahí: **la química, la tensión, la curiosidad mutua**.
—Entonces supongo que tendremos que acostumbrarnos —dijo Lía finalmente, dejando escapar una ligera sonrisa—. A trabajar juntos y a mantenernos un paso adelante.
Daniel sonrió, una sonrisa breve, pero que hablaba de reconocimiento y desafío a la vez. —Así es —dijo—. Pero cuidado, porque la línea entre lo profesional y lo personal puede desdibujarse rápido.
Lía asintió, comprendiendo la advertencia. Sabía que trabajar con Daniel sería más que un desafío profesional; sería un juego de inteligencia, estrategia y emociones contenidas.
Mientras ambos continuaban revisando los datos, **José** los observaba en silencio desde un costado, consciente de que la dinámica entre ellos ya no era solo de trabajo. Sabía que lo que estaba surgiendo podía cambiar todo: empresas, decisiones, y sobre todo, los corazones de ambos.
Porque en la combinación de talento y personalidad, **la chispa ya estaba encendida**, y ninguno de los dos podía fingir que no la sentía.