La Flor de los Veraldi
Clara, una dulce florista, se enamora de Alessio Veraldi, un mafioso de ojos verde olivo. Su relación es acechada por Maximiliano, el patriarca de la familia, quien desprecia el origen de Clara y cuenta con la complicidad silenciosa de Bianca, la gemela de ojos grises de Alessio.
Al descubrir que Clara está embarazada, Maximiliano la obliga a desaparecer bajo una identidad falsa a cambio de dinero. Años después, la frágil joven se ha transformado en una loba implacable: una madre poderosa que ha criado a su hijo en las sombras, lista para volver y enfrentar el imperio que intentó destruirla.
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XXI- La jaula de Marfil
El sol de Dubái empezó a ponerse, tiñendo el cielo de un naranja tan intenso que parecía sangrar. Mientras caminábamos por el paseo marítimo, sintiendo la brisa cargada de sal y ambición, tomé una decisión. No era una decisión basada en el corazón —eso sería un error de principiante—, sino en el capricho. Soraya era una distracción deliciosa, una posesión que Malik me había cedido como si fuera una pieza de arte. Y yo, Alessio Veraldi, no dejo las piezas de arte atrás.
—Pack your things, Little Bird, —le dije mientras observaba los yates en el puerto—. You’re not staying here. You’re coming with me to Italy. You will be my mistress, my shadows in the dark of my empire. But make no mistake: you don’t get a crown, you get a cage with a view.
(Traducción: Empaca tus cosas, Pajarito. No te quedarás aquí. Vienes conmigo a Italia. Serás mi amante, mis sombras en la oscuridad de mi imperio. Pero no te equivoques: no obtienes una corona, obtienes una jaula con vista).
Ella no dudó. Sus ojos brillaron con una sumisión eléctrica que me reafirmó en mi elección.
(horas despues)
Horas después, el aterrizaje en nuestra base privada en las afueras de Milán fue todo lo ruidoso que esperaba. Apenas bajé la escalerilla del jet, el aire frío de Italia me golpeó la cara, limpiándome el rastro del desierto. Bianca estaba allí, al pie de la pista, envuelta en un abrigo de piel negra, con el ceño fruncido y un teléfono en la mano que amenazaba con aplastar.
—¡Alessio! ¿Tienes idea de la crisis que has causado? ¡El treinta y cuatro por ciento no justifica tu desaparición de cinco semanas, eres un imbécil irresponsable, si papá se entera de que te fuiste a jugar al turista en lugar de supervisar los muelles, vas a—!
Se calló de golpe. Sus ojos, afilados como cuchillas, se clavaron en Soraya, quien bajaba tras de mí con la gracia de una pantera y esa mirada vacía de quien no entiende ni una palabra del idioma de mis problemas.
Bianca recorrió a Soraya de arriba abajo con una mezcla de desdén y curiosidad profesional. El silencio que se instaló entre nosotros fue tan denso que solo se oía el zumbido de las turbinas apagándose.
—¿Quién es ella? —preguntó Bianca, bajando el tono, su voz ahora era un susurro gélido pero controlado.
—È solo un souvenir, Bianca, —respondí en italiano, lanzándole una mirada de advertencia—. Una distracción necesaria. Trátala como tal.
(Traducción: Es solo un souvenir, Bianca. Una distracción necesaria. Trátala como tal).
Bianca suspiró, cerrando los ojos un segundo antes de recuperar su máscara de acero. Me miró a mí y luego a Soraya, quien nos observaba con una sonrisa educada pero completamente perdida, sin entender que acabábamos de decidir su destino en ese imperio de cemento y plomo.
—Espero que al menos sea útil, hermano —dijo Bianca, esta vez con una sonrisa amarga—. Porque si se convierte en otro "patito" que te distrae de lo que realmente importa, yo misma me encargaré de que desaparezca antes de que oscurezca.
Soraya me miró, buscando una señal, y yo simplemente le pasé un brazo por la cintura, posesivo, como quien muestra un objeto de lujo.
—Don't worry, Little Bird, —le dije en inglés, con una calma que ocultaba el peligro—. My sister is just welcoming you to the family. She’s very... enthusiastic.
(Traducción: No te preocupes, Pajarito. Mi hermana solo te está dando la bienvenida a la familia. Ella es muy... entusiasta).
Bianca arqueó una ceja, divertida por mi juego cruel, y nos hizo un gesto para que subiéramos a los coches blindados. El imperio Veraldi acababa de recibir a un nuevo juguete, y yo estaba ansioso por ver cuánto tiempo duraba antes de romperse bajo el peso de mi vida.
El interior del vehículo blindado olía a cuero nuevo y a la frialdad metálica de las armas que siempre llevábamos cerca. Soraya iba sentada a mi lado, mirando por la ventana con esa curiosidad vacía de quien aún no comprende que ha entrado en la boca del lobo. Bianca, frente a nosotros, mantenía una postura impecable, aunque sus ojos no dejaban de analizar el contraste entre la mujer del desierto y la sombra que aún me perseguía desde Italia.
Cambié al italiano, bajando la voz para que el resto de los escoltas no pudieran seguir el hilo.
—Allora, Bianca, dimmi, —dije, mirando de reojo a Soraya, que se entretenía con el tapizado—. Hai verificato se il "topolino" ha ricevuto il mio messaggio?
(Traducción: Entonces, Bianca, dime: ¿has verificado si el "ratoncito" ha recibido mi mensaje?)
Bianca se cruzó de brazos, soltando un suspiro de fastidio mientras observaba a Soraya con un desdén apenas disimulado.
—Sì, Alessio. Il messaggio è stato consegnato. Non ha fatto una piega, ma ho visto che ha cambiato look. Quel rosso vino... è audace, quasi come se volesse gridare che non è più la ragazza sottomessa che ricordavi, —respondió ella, inclinándose hacia delante para acortar la distancia—. Ma onestamente? Guardando questa bambola di porcellana che ti sei portato dietro dal deserto... preferisco di gran lunga Clara. Almeno lei ha un’anima, anche se la odi. Questa qui? È solo un pezzo di plastica che Malik ti ha venduto per distrarti.
(Traducción: Sí, Alessio. El mensaje fue entregado. No se inmutó, pero vi que cambió de look. Ese rojo vino... es audaz, casi como si quisiera gritar que ya no es la chica sumisa que recordabas. Pero, ¿honestamente? Mirando a esta muñeca de porcelana que te has traído del desierto... prefiero de lejos a Clara. Al menos ella tiene alma, aunque la odies. ¿Esta? Es solo un pedazo de plástico que Malik te vendió para distraerte).
Sentí un pinchazo de irritación, pero mantuve mi expresión inalterable. El hecho de que Bianca comparara a Soraya con Clara, poniendo a mi "ratoncito" por encima en términos de valor, me revolvió las entrañas.
—Clara è acqua passata, Bianca, —corté, con la voz más gélida de lo habitual—. Non osare paragonarle. Clara è una ferita che ho imparato a cauterizzare, e questa donna... è solo il modo in cui mi assicuro che la ferita resti chiusa. Non mi serve un'anima, mi serve una distrazione che non ponga domande.
(Traducción: Clara es agua pasada, Bianca. No te atrevas a compararlas. Clara es una herida que he aprendido a cauterizar, y esta mujer... es solo la forma en que me aseguro de que la herida permanezca cerrada. No necesito un alma, necesito una distracción que no haga preguntas).
Soraya se giró hacia nosotros, ladeando la cabeza con una sonrisa dulce y vacía, ajena al hecho de que acabábamos de discutir su falta de valor frente a la mujer a la que yo no podía dejar de comparar con cada paso que daba.
—Everything okay, Alessio? You two sound so serious, —preguntó en inglés, tocando mi rodilla con una familiaridad que, por un segundo, me resultó intrusiva.
(Traducción: ¿Todo bien, Alessio? Ustedes dos suenan tan serios).
Le di una palmada en la mano, un gesto que pretendía ser afectuoso pero que terminó sintiéndose como un recordatorio de quién mandaba.
—We were just talking about how beautiful you look in this light, Little Bird, —mentí con una sonrisa impecable mientras Bianca rodaba los ojos hacia el techo del coche, claramente disgustada por mi actuación—. Just keep looking out the window. We’re almost home.
(Traducción: Solo hablábamos de lo hermosa que te ves bajo esta luz, Pajarito. Solo sigue mirando por la ventana. Ya casi llegamos a casa).
El trayecto hacia la mansión Veraldi se sintió más corto de lo habitual. El silencio en el coche, roto solo por el ronroneo del motor y las ocasionales notificaciones en el teléfono de Bianca, era una tensión que podía cortarse con un cuchillo. Soraya, o mi Little Bird, seguía pegada al cristal, fascinada por las colinas grises y los viñedos que se extendían bajo el cielo plomizo del norte de Italia. No tenía ni idea de que estaba entrando en una fortaleza donde la belleza es solo una moneda de cambio.
Al llegar, los portones de hierro fundido se abrieron con un chirrido pesado. Estacionamos frente a la escalinata de mármol. Salí del coche y, por puro instinto posesivo, rodeé la cintura de Soraya mientras ella bajaba, maravillada por la arquitectura gótica de mi hogar.
Bianca bajó del otro lado, cerrando la puerta con un golpe seco. Se ajustó el abrigo de piel y nos miró con una frialdad que habría congelado el mismísimo desierto de donde veníamos.
—Portala pure di sopra, Alessio, —dijo Bianca en italiano, con un tono de voz que arrastraba un cansancio cínico—. Ma non pensare che i tuoi doveri siano spariti. Papà ti aspetta nello studio tra un'ora. E non vuole sentire parlare di quanto sia calda la sabbia di Dubai.
(Traducción: Llévala arriba, Alessio. Pero no pienses que tus deberes han desaparecido. Papá te espera en el estudio en una hora. Y no quiere oír hablar de lo caliente que es la arena de Dubái).
—Lo so, Bianca. Non ho bisogno di una babysitter, —respondí, apretando el agarre sobre la cadera de Soraya, quien me miró confundida ante el tono áspero de nuestra lengua materna—. Prepara i rapporti. Voglio vedere ogni movimento di quella florería mentre ero via.
(Traducción: Lo sé, Bianca. No necesito una niñera. Prepara los informes. Quiero ver cada movimiento de esa florería mientras estuve fuera).
Bianca soltó una risa amarga y se dio la vuelta para entrar en la mansión, sus tacones resonando contra el mármol como disparos. Soraya se pegó a mi costado, buscando refugio.
—Alessio, she seems... upset, —susurró ella en inglés, mirando la espalda de mi hermana—. Is it because of me? Did I do something wrong?
(Traducción: Alessio, ella parece... molesta. ¿Es por mi culpa? ¿Hice algo malo?)
Me detuve al pie de la gran escalera y la obligué a mirarme. Mis 34 centímetros de impaciencia y deseo empezaron a despertar de nuevo al ver el miedo genuino en sus ojos. Me gustaba esa vulnerabilidad; era el recordatorio de que aquí, ella no era nada sin mí.
—You are overthinking, Little Bird, —le dije, acariciando su mejilla con el dorso de mi mano antes de deslizarla hacia su cuello, apretando ligeramente—. In this house, Bianca is the storm, and I am the wall that protects you from it. Just focus on being my distraction. That’s your only job.
(Traducción: Estás pensando demasiado, Pajarito. En esta casa, Bianca es la tormenta, y yo soy el muro que te protege de ella. Solo enfócate en ser mi distracción. Ese es tu único trabajo).
—I want to be more than a distraction... —murmuró ella, rodeando mi cuello con sus brazos y besando mi mandíbula con una desesperación que olía a necesidad—. Take me to your room. Show me how a king welcomes his queen to Italy.
(Traducción: Quiero ser más que una distracción... Llévame a tu habitación. Muéstrame cómo un rey recibe a su reina en Italia).
Sonreí con malicia. Sabía que Bianca nos observaba desde el rellano superior, pero no me importó. La cargué en mis brazos, sintiendo su risa ligera contra mi pecho, y subí las escaleras. No era una reina; era una amante, una propiedad, un escudo carnal contra el recuerdo de una mujer pelirroja que, según Bianca, tenía más "alma".
Entramos en mi suite y pateé la puerta para cerrarla. El lujo de Dubái era estridente, pero el mío era oscuro, pesado y eterno. La tiré sobre la cama de sábanas negras y me deshice de mi saco en un solo movimiento.
—Welcome to my world, Soraya, —gruñí, mientras mis manos buscaban su piel—. Let’s see if you can handle the Italian winter.
(Traducción: Bienvenida a mi mundo, Soraya. Veamos si puedes manejar el invierno italiano).
El olor a azahar de Dubái se había disipado, reemplazado por el aroma familiar de mi propia suite: cuero, tabaco caro y el rastro inconfundible del deseo. Soraya estaba tendida sobre las sábanas de seda negra, su piel dorada contrastando violentamente con la oscuridad del tejido. Era una visión de rendición absoluta. Había algo embriagador en tenerla aquí, en mi territorio, lejos de la vigilancia de Malik.
Me deshice de la ropa con movimientos bruscos, mis 34 centímetros palpitando con una necesidad que el viaje no había hecho más que intensificar. Me arrastré sobre ella, atrapando sus muñecas por encima de su cabeza. Sus ojos persas estaban muy abiertos, brillando con una mezcla de miedo y expectación.
—Ready to fly, Little Bird? —susurré en inglés, mi voz bajando varios tonos, convirtiéndose en un rugido sordo contra su oído.
(Traducción: ¿Lista para volar, Pajarito?)
—Yes, Alessio... yes... —gimió ella, arqueando la espalda, buscando el contacto de mi cuerpo.
(Traducción: Sí, Alessio... sí...)
La penetré de una sola estocada, profunda y brutal, arrancándole un grito que se perdió en las pesadas cortinas de la habitación. No hubo preámbulos, no hubo ternura. Solo carne contra carne, el ritmo frenético de mi posesión reclamando su lugar. Soraya se retorcía bajo mi peso, sus uñas clavándose en mis hombros, sus gemidos llenando el aire.
Estaba en la cima, perdido en el éxtasis químico de su cuerpo, cuando la puerta de la suite se abrió de par en par con un estruendo. El sonido cortó el aire como un disparo.
Me congelé por un microsegundo, pero no me detuve. Continué embistiéndola, mi ritmo ahora impulsado por una furia fría. Giré la cabeza, mis ojos inyectados en sangre clavándose en la figura que estaba de pie en el umbral.
Bianca.
Llevaba el mismo abrigo de piel negra, pero su expresión había cambiado. Ya no era la frialdad profesional; ahora había una burla cruel y despiadada en su rostro. Se cruzó de brazos, apoyándose en el marco de la puerta, mirándonos como si fuéramos animales en un zoológico.
—Los patitos tienen hambre, —soltó ella en español, con un tono cantarín y burlón que me revolvió las entrañas.
La mención de los patitos, de ese recuerdo, en medio de este acto carnal, fue como una bofetada helada. Soraya soltó un jadeo confundido, intentando cubrirse, pero yo no se lo permití. Mantuve mi agarre sobre ella, continuando mis estocadas mientras le gritaba a mi hermana en italiano.
—¡Cazzo, Bianca! Hai dato loro da mangiare? —le exigí, mi voz ronca por el esfuerzo y la rabia.
(Traducción: ¡Mierda, Bianca! ¿Les has dado de comer?)
Bianca ni siquiera parpadeó. Simplemente negó con la cabeza, manteniendo esa sonrisa burlona que tanto odiaba.
—Nop, Alessio. Quello è il tuo lavoro, non il mio, —respondió ella, arrastrando las palabras con un desdén absoluto—. Io mi occupo dell'impero. Tu ti occupi delle tue... "distrazioni". Ma non dimenticare chi ha davvero fame lì fuori.
(Traducción: Nop, Alessio. Ese es tu trabajo, no el mío. Yo me ocupo del imperio. Tú te ocupas de tus... "distracciones". Ma no olvides quién tiene realmente hambre ahí fuera).
La furia estalló en mi pecho. La imagen de los patitos, de Clara, de la florería... todo se mezcló con el placer carnal que estaba experimentando. Embestí a Soraya con una violencia renovada, una descarga de rabia y posesión. Ella gritó mi nombre, perdida en su propio clímax, ajena a la guerra que se libraba sobre su cuerpo.
—¡Merda! ¡Lasciami in pace, Bianca! —le grité, mi voz quebrándose mientras me corría dentro de Soraya con un espasmo violento, vaciándome de todo el veneno acumulado—. ¡Vattene!
(Traducción: ¡Mierda! ¡Déjame en paz, Bianca! ¡Vete!)
Pero Bianca no se movió. Siguió allí, de pie en la puerta, observando mi momento de debilidad con un desprecio que me atravesaba. Esperaba. Esperaba a que el monstruo terminara de jugar para recordar que el mundo real, el mundo de los Veraldi, no se detenía por un par de gritos y un cuerpo dorado.
Me desplomé sobre Soraya, jadeando, el sudor goteando de mi frente. Bianca no había venido a interrumpir el sexo; había venido a interrumpir la ilusión de que yo podía escapar del pasado. Los patitos tenían hambre. Y Clara, la florería y mi maldita herida seguían ahí, esperando.
Me aparté de Soraya con un bufido, dejando que el aire frío de la suite golpeara mi piel sudada. Ella se quedó allí, parpadeando confundida, intentando procesar por qué la mujer que acababa de entrar hablaba de "patitos" hambrientos mientras yo seguía encima de ella.
Bianca, lejos de retirarse, decidió que este era el momento perfecto para su acto de comedia negra. Soltó una risita seca y, con una agilidad que solo mi hermana posee para ser molesta, empezó a caminar de un lado a otro frente a la cama.
Pero no era su caminar elegante. No. Estaba encorvada, con los pies hacia afuera y moviendo el trasero de forma exagerada, balanceando los brazos rígidamente a los costados. Estaba imitando a un pato. Mi hermana, la mujer más peligrosa de la organización Veraldi, estaba haciendo el ridículo más absoluto para humillarme.
—Quack, quack, Alessio, —dijo ella, arrugando la nariz y fingiendo un gruñido nasal mientras se reía—. ¿Me oyes? Así suenan tus responsabilidades. Mientras tú estás aquí, enterrado en seda y... otras cosas, ellos están en el jardín esperando que "papá" regrese con el maíz.
—¡Piantala, Bianca! —le grité, aunque una parte de mí, la parte que estaba un poco ebria de adrenalina y pos-clímax, quería soltar una carcajada—. ¡Pareces una idiota! ¡Vattene via prima che ti tiri qualcosa!
(Traducción: ¡Corta con eso, Bianca! ¡Pareces una idiota! ¡Vete antes de que te tire algo!)
—Oh, ¿te molesta, fratellino? —siguió ella, ignorándome por completo y haciendo un sonido de gruñido feroz pero cómico, como un pato con rabia—. ¡Grrr! ¡Cuidado! ¡El pato alfa está enojado! ¡Tiembla, Italia! ¡Alessio ha vuelto pero está muy ocupado con su "pajarito" de Dubái como para alimentar a los de verdad!
Soraya miraba la escena con la boca abierta, pasando la vista de Bianca —que seguía caminando como un dibujo animado— a mí.
—Alessio... why is she... jumping like a bird? —preguntó Soraya en un inglés roto, genuinamente asustada de que mi hermana hubiera tenido un brote psicótico.
(Traducción: Alessio... ¿por qué está ella... saltando como un pájaro?)
—Because she’s a sociopath, Soraya. Just ignore her, —respondí, frotándome las sienes mientras buscaba mis pantalones por el suelo.
(Traducción: Porque es una sociópata, Soraya. Solo ignórala).
Bianca se detuvo en seco, recuperando su postura de reina del crimen en un segundo, aunque sus ojos brillaban con una diversión cruel.
—En serio, Alessio. Lávate, vístete y baja. Los animales no son los únicos que tienen hambre de atención. Papá ya se terminó su primer whisky y está preguntando por qué su heredero huele a perfume barato y arena, —dijo Bianca, lanzándome una mirada de desdén antes de dar media vuelta—. Y por cierto... tus 34 centímetros son impresionantes, pero como sigas tardando, los voy a usar de decoración en la entrada de la mansión.
Salió de la habitación cerrando la puerta con un estruendo, dejándome allí, a medio vestir, con una amante confundida y el eco de su "quack" resonando en mis oídos.
—Maledetta donna... —murmuré, aunque no pude evitar que una sonrisa torcida apareciera en mi rostro. Odiaba a mi hermana, pero maldita sea, sabía cómo arruinar un momento con estilo.
Me quedé parado en el borde del jardín, todavía terminando de ajustarme el cinturón, mientras el aire fresco de la tarde italiana intentaba despejarme la mente. Pero lo que vi me dejó mudo. El jardín de los Veraldi, usualmente un lugar de reuniones solemnes y ejecuciones discretas, se había convertido en el escenario de una comedia absurda.
Ahí estaban ellos. Los catorce. Pero ya no eran esos bichitos amarillos y adorables que cabían en una caja de zapatos. Eran catorce moles con plumas, gordos como pelotas de rugby y con una actitud que decía: "esta casa es nuestra y tú solo eres el que paga las cuentas". Se paseaban por el césped con una prepotencia que ya quisiera mi padre para sus reuniones de consejo.
Y en medio de aquel caos de graznidos ensordecedores, estaba Luis.