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Todo Por Mis Hijos

Todo Por Mis Hijos

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Emili de 18 años es hija de una migrante cubana y un Italiano, su padre no la reconoció por eso lleva los apellidos de su madre, Álvarez García con orgullo, deciden migrar a Estados Unidos, el sueño Americano Pero en la travesía en México conoce a Dimitri por mediación del coyote y tienen un encuentro sexual, ella se embaraza de mellizos y pero la niña tiene una enfermedad grave que necesita mucha atención médica y apartir de ese momento, Ella hará lo que sea por sus hijos y su bienestar...

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Mi niña no.

Emili está trabajando en el hospital como todos lis dias, después de dejar a sus hijos en la guarderíaa. Subpreocupacion siempre fue la pequeña Mia, tan fragil como una flor, su nombre procedure del hebreo, significa la elegida de Dios o la amada de Dios, a diferencia de David, tan fuerte y centrado para su edad, su nombre tan bien provide del Hebrew significa Amador o quetido, un nombre antiguo, que sinboliza, valentine, fe y liderasgo.

La guardería “Little Explorers” olía a plastilina nueva, puré de manzana y desinfectante. En el rincón de los bloques, David, con su tupé rubio desobediente y sus serios ojos grises, construía una torre imposible, concentrado como un ingeniero. A su lado, Mia, su melena de rizos rojos formando un aura suave, pintaba meticulosamente un sol con grandes rayos amarillos. De repente, el crayón azul se deslizó de sus dedos, trazando una línea errática en el papel. Un leve “oh” escapó de sus labios, más una sorpresa que una queja.

Su maestra, la señora Álvarez, notó primero la palidez repentina, como si la luz se hubiera apagado detrás de sus ojos azules. “Mia, cariño, ¿te sientes bien?”. La niña intentó asentir, pero en lugar de palabras, solo salió un suspiro frágil. Luego, su pequeño cuerpo se desplomó suavemente, como un muñeco de trapo, sobre el brillante suelo de linóleo. El grito ahogado de la maestra cortó el rumor de la clase. David dejó caer su bloque, su torre olvidada hecha añicos.

El protocolo de emergencia se activó con un pitido agudo: una llamada al 911, otra a los contactos de emergencia. Mientras la ambulancia se acercaba con su sirena lacerante, la directora, con manos temblorosas, marcó el número de Emilí. “¿Señora Emili? Es la guardería. Es Mia. Ha perdido el conocimiento. La ambulancia la lleva al General. Necesita venir ahora mismo, por favor”. Al otro lado de la línea, solo se escuchó un silencio denso y aterrado, seguido del ruido sordo del teléfono cayendo al suelo antes de que la línea se cortara, se escucho la voz apagada de Emili, mi niña no....

El hospital se convirtió en una prisión de luz blanca y murmullos sombríos. Mia, ahora diminuta y pálida entre las sábanas almidonadas, estaba conectada a un racimo de cables y tubos que parecían empequeñecerla aún más. Los días siguientes fueron un torbellino de pruebas invasivas y esperas agónicas. Emilí, demacrada y con la mirada perdida, sostenía la mano de su hija mientras los extraños en batas blancas le extraían sangre, le hacían punciones lumbares y la deslizaban en el frío cilindro de resonancia magnética.

David, confuso y silencioso, se aferraba a su madre, sus ojos grises, tan parecidos a los de su padre, observando todo con una seriedad prematura. Finalmente, el hematólogo, un hombre de gesto compasivo pero cansado, se sentó frente a Emilí en una sala de consultas desolada. Las palabras cayeron como losas: “Leucemia linfoblástica aguda”. El mundo se detuvo. Luego, la explicación continuó, técnica y brutal: el mejor pronóstico pasaba por un trasplante de médula ósea.

Necesitaban un donante compatible, y cuanto antes. “Empezaremos por los familiares más directos”, dijo el médico. La esperanza, frágil y tenue, se posó por un instante en Emilí. David fue el primero en ser examinado, con la ilusión de que el vínculo de mellizos fuera la clave. Pero los resultados, días después, trajeron una nueva desolación: no era compatible. La búsqueda se amplió entonces a un universo desesperado: registros internacionales, donantes anónimos, una carrera contra un reloj invisible y despiadado. Cada llamada al teléfono era un latigazo de esperanza o de decepción. Y en medio de ese infierno, una verdad se le clavó a Emilí en el corazón: para salvar a Mia, ya no bastaba con esconderse. Tendría que enfrentar los fantasmas del pasado y buscar ayuda en el lugar más peligroso: la familia Volkov.

La llamada cruza el océano como un latigazo en la noche. Emili marca, con dedos entumecidos por el miedo y la falta de sueño, el antiguo número de Olga, el único hilo que le queda del pasado moscovita. Suplica en un murmullo que su amiga conteste, que sea el ancla en este naufragio. Pero el timbre suena una, dos veces, y al tercer tono una voz masculina, grave y llena de una autoridad instantáneamente reconocible, corta el silencio: «¿Sí?». Es Dimitri.

El mundo se desvanece por un segundo; el aire se espesa. Él, al otro lado, conteniendo la respiración. Hace años, en un gesto de lealtad desgarradora, Olga le entregó ese número secreto, el último recurso, diciéndole: «Si alguna vez llama, será porque el infierno se ha cerrado sobre ella. Estate listo». Ahora, ese momento ha llegado. Emili, con la voz quebrada por un llanto que ya no puede contener, fuerza las palabras a través del nudo en su garganta. «Dimitri… soy yo. Es Mia… nuestra hija». Le explica, entrecortadamente, se ⁷desmayo en la guardería, las luces cegadoras del hospital, el diagnóstico que suena a sentencia: leucemia. Necesita un trasplante de médula ósea para vivir. «Hemos probado con todos», gime, «conmigo, con David… pero ninguno es compatible. Sus anticuerpos… rechazan todo».

La confesión cuelga en la línea, pesada como un ataúd. Del otro lado, solo se escucha el silencio cargado de Dimitri, un silencio que pronto se llenará con el eco metálico de un arma siendo amartillada y la ferocidad silenciosa de un padre que acaba de descubrir que su mundo, su sangre, está a punto de extinguirse a miles de kilómetros de su imperio. El solo dice voy para alla, Emili esperame.

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Rosalina Vega Palazuelos
perro 🐕 infeliz HDSPM
Yulianni Casanova
me encantó más capítulos esta inconclusa
Jos Qui
el papa de Elie era italiano va a ver si no resulta hermana con la esposa de el o hermana del Alexie su cuñado ya también es procedente italiano también
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
Gómez Martínez juaniss
Hay Olga que hicisteis 🤭😍🥰😱
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