Estrella Portugal nació en cuna de oro y pasó casi treinta años construyendo un imperio empresarial internacional, convenciendo al mundo de que no necesitaba a nadie, haciéndose dueña de cada lugar donde pisaba y dejando atrás el amor, confundiéndose incluso con el deseo.
Pero un accidente borra su memoria y también la coraza que siempre la protegió, ahora no recuerda su divorcio, su poder, ni a Lucio Salvatierra, el hombre diez años menor que la ama y logró ver el alma de la mujer implacable, que asusta a todos los demás.
Ahora, en medio de la confusión, su corazón laterá con miedo, con deseo, con libertad, por alguien que cree no conocer, pero la hace vibrar y no pide permiso; sin saber, que el imperio que había construido puede venirse abajo, y la ayuda vendrá de quien menos se lo espera.
¿Será capaz Estrella de no dejar ir el amor cuando recupere la memoria?
🔞⚠️🔥 LA NOVELA PODRIA CONTENER ESCENAS PARA MAYORES DE 18 AÑOS🔥⚠️🔞
LIBRO VI (Penúltimo)
Colección AMORES QUE SANAN
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1. La reina en aprietos
...❤️❤️ MENSAJE A MIS LECTORES❤️❤️❤️...
...Saludos cordiales a todos, empiezo una nueva historia....
...Es importante hacer una aclaración especial ESTA ES UNA HISTORIA FICTICIA Y PODRÍA MOSTRAR SITUACIONES QUE TALVEZ NO SEAN COMPATIBLES CON LOS VALORES DE TODAS LAS PERSONAS Y CONTENER ESCENAS SENSIBLES, ESTÁ DIRIGIDA PARA MAYORES DE 18 AÑOS Y SE RECOMIENDA LEER CON DISCRECIÓN....
...Mis lectores habituales saben que interactúo con ellos, mientras la historia está en emisión. Si la historia les va gustando, pueden dejar sus comentarios y darle "Me gusta"👍👍👍 en cada capítulo y siempre estaré agradecida por sus regalitos 🎁🎁🎁 y votos🗳️🗳️🗳️....
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Estrella Portugal cumplirá cincuenta años en tres días, nació dentro de una familia acaudalada, preparada para heredar el imperio empresarial de la Familia Portugal, y vaya que lo hizo crecer, la apodan “la reina Midas de los negocios”, porque todo en lo que invierte es éxito asegurado.
No obstante, su vida personal ha pagado un alto precio por su éxito, se casó poco después de cumplir veinte años, con Gustavo Romero, alguien de clase media, pero que había logrado demostrar amarla sinceramente. El padre de Estrella ya había perdido a su hija mayor casada con un hombre de su “misma clase”, pero ambicioso, que luego de investigar a Gustavo creyó que era el indicado.
Estrella y Gustavo tuvieron dos hijos, Alex que ahora tiene veintinueve años y Camila que tiene veintitrés años, quien acaba de salir del centro psiquiátrico donde estuvo recluida más de dos años, por un atentado que realizó en medio de una manipulación que ejecutaron algunos enemigos, aprovechando su trastorno histriónico de la personalidad mal tratado.
Pero el amor de Estrella y Gustavo no resistió, el apasionamiento de ella por hacer de su conglomerado empresarial el más poderoso del mundo; llegado el momento, el divorcio fue lo único que tenían para no volverse enemigos.
Sin un esposo, su imperio empresarial fue su obsesión y su meta, cualquiera no se mete con Estrella, es implacable; misma dedicación que le da a su apariencia personal, es una mujer hermosa, que ha sabido combatir el paso de los años.
Cuando por fin cree que su vida está equilibrada y ha encontrado a alguien que la entiende como nadie, un atentado está por ponerla a prueba una vez más.
Estrella apretó los dedos alrededor del volante del Mercedes-Maybach negro que estaba conduciendo, sus uñas rojas, recién pintadas esa misma tarde, estaban hundiéndose levemente en el cuero suave; y el aire olía a gasolina quemada y tierra mojada.
El camino de montaña serpenteaba ante ella, iluminado solo por los faros largos que cortaban la niebla espesa. No debería estar conduciendo. No así, no sola, no después de lo ocurrido en la ciudad. Pero no tenía opción.
Su equipo de seguridad yacía destrozado en algún lugar detrás de ella, sus cuerpos carbonizados aún humeantes entre los restos retorcidos de los SUV blindados.
El ataque había sido rápido, preciso, como si alguien supiera exactamente dónde golpear. Y ahora, mientras el motor del auto rugía entre las paredes de roca, sintió el peso de cada decisión que la había llevado hasta este punto.
El último mensaje de Lucio brillaba en la pantalla del tablero, sin leer. "Te extraño. Cuando vuelvas, quiero que te quedes toda la noche. Sin prisas, sin excusas." Sus labios, pintados de un rojo oscuro que contrastaba con el bronceado dorado de su piel, se curvaron en una sonrisa amarga.
Habían pasado cinco días. Solo cinco días desde la última vez que lo había tenido entre sus piernas, jadeando su nombre mientras ella lo montaba con una ferocidad que lo dejaba sin aliento. Recordaba el sabor salado de su sudor en sus labios, la forma en que sus manos se aferraban a sus caderas como si temiera que pudiera desaparecer.
- "Jódeme más fuerte, mi reina", le había susurrado al oído, y ella lo había hecho, clavando sus uñas en su espalda mientras lo cabalgaba hasta dejarlo vacío.
Pero ahora, el auto patinó levemente al tomar una curva cerrada, y el sonido de las llantas rozando la grava la sacó de su ensoñación.
El GPS parpadeaba en rojo: "Ruta no disponible. Señal perdida."
- “Mierda”, exclamó, habiendo perdido el control que siempre la sostenía.
Apagó la música, un bolero de los noventa que Lucio odiaba pero que a ella le recordaba a sus veinte años y aguzó el oído. Nada, excepto el viento azotando los árboles y el distante rugido de un río abajo.
“Debería haber tomado el helicóptero”, pensó. Debería haber escuchado a su sobrino Matías Belmonte cuando le advirtió sobre los rumores de que la familia Agnelli estaba moviendo fichas. Pero no. Había querido manejar. "Necesito sentir que aún controlo algo", le había dicho a su asistente antes de salir.
El primer impacto la tomó por sorpresa. Un estruendo sordo, como si el mundo mismo se partiera en dos, retumbó desde el costado derecho del vehículo.
El auto se sacudió violentamente, el volante giró entre sus manos como un animal salvaje. Estrella maldijo, pisando el freno con fuerza, pero era demasiado tarde. Las llantas traseras perdieron tracción, y por un segundo eterno, sintió el peso del Maybach inclinarse hacia el vacío.
El corazón le golpeaba las costillas como si quisiera salir de su pecho cuando el auto se lanzó al abismo, girando en el aire como una hoja arrancada por el viento.
Entonces, el choque. No fue contra el suelo, sino contra algo sólido, brutal. El cinturón de seguridad le cortó el pecho con una fuerza que le arrancó el aliento, y el sonido del metal retorciéndose llenó sus oídos.
El auto se detuvo de golpe, colgando en un ángulo imposible, sostenido solo por el tronco grueso de un pino que había atravesado el capó como una lanza. El parabrisas estaba agrietado en mil pedazos, pero aún aguantaba. Afuera, la oscuridad era absoluta, solo rota por la luna llena que se filtraba entre las ramas, iluminando el precipicio que se abría bajo ella. Veinte metros, o quizás treinta, en cualquier caso suficiente para convertir su cuerpo en una mancha roja sobre las rocas.
Respiró hondo, el aire quemándole los pulmones. Sintió dolor en todas partes. Un líquido caliente le resbalaba por la sien, pensó que probablemente era sangre, y sus manos temblaban al intentar soltarse del cinturón.
Cuando por fin lo logró, cayó hacia adelante, su frente golpeando el volante con un sonido hueco.
- "Joder", escupió, llevándose los dedos a la herida. No era profunda, pero dolía como el infierno.
Fue entonces cuando lo sintió, el olor a gasolina. No era solo el tanque roto. Era el olor de su propia muerte acercándose, lento pero inevitable. Si el auto se movía un centímetro más, si el tronco cedía, si una chispa alcanzaba el líquido derramado, todo terminaría en un instante.
Y de repente, entre el dolor y el miedo, una risa amarga le burbujeó en la garganta. Estrella Portugal, una de las empresarias más importantes del mundo, ironizó que así terminaba todo, no en una cama de hospital, rodeada de sus hijos, sino colgando de un puto árbol, con el sabor de Lucio aún en su boca y la certeza de que nunca volvería a verlo.
...Estrella Portugal...