NovelToon NovelToon
El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Viaje a un mundo de fantasía / Amor-odio / Amor eterno / Viaje En El Tiempo / Amantes del rey
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El tablero de ceniza

El amanecer en Hanyang no trajo la luz de la esperanza, sino el brillo metálico de una sentencia de muerte. El aire en los aposentos reales aún conservaba el rastro de la noche anterior: el aroma a incienso consumido, el calor de los cuerpos entrelazados y el eco de promesas susurradas en la oscuridad. Pero al abrir los ojos, la realidad me golpeó con la frialdad de una hoja de acero. Youngjae ya no estaba en el lecho. En su lugar, el espacio vacío irradiaba un frío que me hizo estremecer.

Me incorporé, envolviéndome en la túnica de seda. Mis músculos protestaron con un dolor dulce, un recordatorio físico de que ya no era la misma mujer que había caído del muro. Ahora llevaba la marca del Rey, no solo en mi hombro, sino en mi propia piel.

Caminé hacia la mesa de trabajo de Youngjae. Allí, sobre un pergamino de papel arroz, el Rey había estado trazando mapas durante la madrugada. Sus notas eran rápidas, agresivas. Al verlas, mi cerebro de historiadora se activó. Reconocí los despliegues: el Ministro Park Choong-hee no estaba atacando de frente. Según los movimientos marcados, planeaba un asedio de pinza, utilizando los suministros de agua del norte para presionar al palacio mientras las tropas del sur cerraban las puertas de la ciudad.

—Despertaste —la voz de Youngjae llegó desde la penumbra. Estaba de pie junto a la armadura de combate, terminando de ajustar las correas de cuero de sus protectores.

Ya no era el amante vulnerable de la noche anterior. Era el monarca que los libros describían como el "Rey de Sangre". Su mirada era una advertencia, sus movimientos una promesa de violencia.

—He visto tus mapas —dije, acercándome sin miedo, a pesar de la barrera de acero que ahora nos separaba—. Estás cometiendo un error táctico, Youngjae. Park no va a esperar a que las tropas del sur lleguen. Va a usar el túnel de drenaje del ala oeste, el que se construyó durante el reinado de tu abuelo y que fue sellado solo superficialmente. En mis registros, así es como logran infiltrar a los primeros cincuenta hombres que abren las puertas principales desde adentro.

Youngjae se detuvo, con una mano sobre su espada. Me miró con una mezcla de sospecha y fascinación.

—Ese túnel es un mito, Yoona. Mis ingenieros dicen que está derrumbado.

—Tus ingenieros son leales al oro de Park —repliqué, mi voz firme—. Si no sellas ese túnel con piedra sólida y fuego en las próximas seis horas, el asedio terminará antes de empezar. Y la masacre de la que hablan los libros ocurrirá hoy mismo, no en tres días.

Él caminó hacia mí, el ruido de su armadura resonando en la estancia. Me tomó por los hombros, su mirada escudriñando la mía.

—Dime la verdad, estrella del norte. ¿Me estás salvando porque me amas, o porque tienes miedo de desaparecer si la historia cambia demasiado?

—Te salvo porque no puedo permitir que el hombre que conocí anoche sea recordado solo como un tirano degollado —respondí, acariciando el metal frío de su coraza—. La historia dice que perdiste porque estabas solo. Pero ya no lo estás.

Youngjae soltó un suspiro pesado y me atrajo hacia él en un abrazo rígido por el metal, pero cargado de una urgencia desesperada. Besó mi frente con una ternura que me rompió el alma.

—Si mueres hoy, Yoona, quemaré este mundo para encontrarte en el tuyo.

—No voy a morir. Vamos a ganar.

El resto de la mañana fue un caos organizado. Youngjae, confiando finalmente en mi información, envió a su guardia personal —aquellos que habían pasado su prueba de lealtad tras el ataque en el lago— a sellar el túnel del ala oeste. Yo, por mi parte, me negué a quedarme encerrada. Como Concubina de Primer Rango, mi presencia en las murallas interiores era un escándalo, pero también un símbolo.

Las mujeres de la corte, lideradas por una Lady Ha-eun que ahora me miraba con un odio mortal, se agrupaban en los pasillos, susurrando que mi influencia era el presagio del fin.

—Miradla —siseó Ha-eun cuando pasé por el patio principal hacia la sala de estrategia—. La ramera del futuro ha convencido al Rey de que luche contra todo el consejo. Ella será la razón de nuestra ruina.

Me detuve y me giré hacia ella. No era la estudiante tímida de la universidad. Era la mujer que había dormido con el dragón.

—Lady Ha-eun —dije, mi voz clara para que todas la oyeran—, mientras usted se preocupa por quién ocupa la cama del Rey, yo me preocupo por quién va a proteger su cuello cuando los hombres de Park entren por las puertas. Si quiere ser útil, ayude a preparar suministros médicos. Si no, quédese en sus aposentos y rece para que mis "profecías" sigan siendo exactas.

La joven noble se quedó muda de la indignación. Seguí mi camino, escoltada por dos guardias que ahora me miraban con un respeto renovado.

En la sala de estrategia, Youngjae estaba rodeado de sus generales. El mapa que yo había corregido estaba en el centro.

—El Ministro Park ha lanzado el ultimátum —informó el General Choi, un hombre de cicatrices profundas—. Exige que entreguemos a la concubina Kang por "brujería y manipulación real". Dice que es la única forma de evitar el derramamiento de sangre entre hermanos.

—Mi respuesta ya ha sido enviada —dijo Youngjae, su voz fría como el hielo—. He enviado la cabeza del mensajero de Park de vuelta en un cofre de seda. Joseon no negocia con traidores, y mi mujer no es moneda de cambio.

Un escalofrío me recorrió. Sabía que ese gesto era el punto de no retorno. La guerra había comenzado oficialmente.

—Señores —intervine, acercándome a la mesa—, Park tiene la ventaja numérica, pero nosotros tenemos la ventaja del terreno y… del tiempo. Según los registros meteorológicos de este año —mentí un poco para no sonar tan extraña—, esta tarde habrá una niebla densa que bajará de las montañas. Es el momento perfecto para una contraofensiva. Si fingimos una retirada hacia el palacio interior, los obligaremos a entrar en el patio de las ejecuciones, donde el espacio es estrecho y sus caballos no sirven de nada.

Los generales me miraron con escepticismo, pero Youngjae asintió.

—Haremos lo que ella dice. Preparen las trampas de aceite y los arqueros en los tejados. Si la niebla llega, seremos fantasmas cazando hombres.

Pasé las siguientes horas ayudando en las cocinas, pero no para preparar té, sino para supervisar la creación de suministros médicos básicos: vendajes limpios, alcohol destilado (que logré producir con la ayuda de los alquimistas reales tras explicarles el proceso rudimentario) y ungüentos para quemaduras. Mis manos estaban manchadas de hierbas y ceniza, mi hanbok rosa estaba sucio, pero me sentía más viva que nunca.

A media tarde, tal como predije (gracias a mis estudios sobre el clima histórico de la región), la niebla empezó a descender. Era una cortina blanca y pesada que engullía los tejados y los muros de piedra. El silencio que siguió fue sepulcral.

Entonces, el primer grito de guerra rompió el aire.

Desde mi posición en la torre de vigilancia, vi cómo las tropas de Park iniciaban el asedio. El sonido de los arietes golpeando las puertas principales era como el latido de un corazón monstruoso. Las flechas encendidas cruzaban el cielo gris como estrellas fugaces de muerte.

—¡Han entrado por el oeste! —gritó un soldado desde abajo.

—¡Imposible! —respondió otro—. ¡El túnel está sellado!

—¡No es el túnel! ¡Los guardias del portón oeste han abierto las puertas! ¡Son traidores!

Mi corazón se hundió. El infiltrado. No era solo uno, eran varios. El plan de Youngjae de atraparlos en el patio estaba en peligro si lograban flanquearnos antes de tiempo.

Sin pensarlo, bajé de la torre. Tenía que encontrar a Youngjae. Tenía que advertirle que el General Choi —el mismo que había estado a su lado en la sala de estrategia— era el verdadero cerebro detrás del asalto interior. Recordé un detalle crucial de un diario que leí hace años: "El leal Choi fue quien entregó las llaves de la ciudad de plata". En ese momento, no sabía qué era la "ciudad de plata", pero ahora, viendo los adornos de plata de la puerta oeste, todo encajaba.

Corrí por los pasillos, esquivando a sirvientes que huían despavoridos. El olor a humo empezó a llenar el aire. El palacio estaba ardiendo.

Encontré a Youngjae en el patio interior, luchando contra tres hombres a la vez. Su espada era un borrón de plata, su rostro una máscara de furia sangrienta. Justo detrás de él, el General Choi desenvainaba su daga, preparándose para apuñalar al Rey por la espalda mientras este estaba distraído.

—¡YOUNGJAE! —grité con todas mis fuerzas—. ¡CHOI ES EL TRAIDOR! ¡A TU ESPALDA!

Youngjae reaccionó con la velocidad de un rayo. No se giró para mirar, simplemente se agachó y lanzó una coz hacia atrás que golpeó la mano de Choi, haciendo que la daga volara por los aires. En el mismo movimiento, atravesó al soldado que tenía enfrente y se giró para encarar al general.

La mirada de traición en el rostro de Youngjae fue más dolorosa que cualquier herida física.

—¿Tú también, Choi? —preguntó, su voz apenas un susurro cargado de veneno.

—El reino necesita un rey, no un hombre hechizado por una bruja del futuro —escupió Choi, agarrando una espada del suelo—. Park traerá el orden. Tú solo traes caos.

La pelea que siguió fue brutal. Choi era un veterano, pero Youngjae peleaba por algo que el general no entendía: peleaba por su futuro. Los golpes resonaban en el patio vacío mientras la niebla nos rodeaba. Finalmente, con un movimiento magistral, Youngjae desarmó a Choi y lo obligó a arrodillarse.

—La historia dirá que moriste como un héroe defendiendo el trono —dijo Youngjae, su espada rozando el cuello del traidor—. Pero tú y yo sabremos que mueres como la basura que eres.

Con un tajo limpio, la amenaza de Choi terminó. Youngjae se giró hacia mí, su armadura bañada en sangre, sus ojos buscando los míos entre la bruma. Corrí hacia él y nos fundimos en un abrazo en medio del patio lleno de cadáveres.

—Lo sabías —murmuró contra mi oído—. Sabías lo de Choi.

—Lo recordé justo a tiempo —dije, temblando.

—Todavía no hemos ganado, Yoona. Las tropas de Park están en el primer anillo. El asedio real empieza ahora.

Se separó un poco y me miró con una resolución que me hizo comprender que el capítulo final de esta historia estaba a punto de escribirse.

—Quédate en los aposentos interiores. Si el palacio cae, hay un pasadizo detrás del trono que lleva al bosque. No me esperes. Vete y vive para contarle al futuro que este Rey… no fue tan malo como dijeron.

—No voy a dejarte, Youngjae. Dijimos que reescribiríamos esto juntos. Si el palacio arde, arderemos los dos. O ganaremos los dos.

Youngjae sonrió, una sonrisa triste pero llena de amor. Me dio un beso rápido, con sabor a hierro y sal, y luego volvió a la batalla.

La noche caía sobre Joseon. El fuego iluminaba el cielo y el grito de miles de hombres llenaba el aire. La historia decía que el Rey Youngjae moría hoy. Pero mientras observaba su silueta desaparecer en la niebla para enfrentar a su destino, yo apreté el espejo de bronce que llevaba oculto en mi túnica.

El tablero estaba en llamas, pero la última jugada todavía me pertenecía a mí.

1
Ana Leticia Morales
se mira super interesante 😃
DAISY VARGAS
espectacular 😍😍😍
Gianna Viteri
ATENCIÓN, LECTORES… 🔥

Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.

Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.

Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.

Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?

👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.

— GIA 💞
DAISY VARGAS
jodeeerrr si siguen a si en menos de un mes estará embarazada son como conejos 🤣🤣🤣
Gianna Viteri: 👀 ¿Crees que sobrevivirá lo suficiente para eso?”
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
espectacular capitulo, pero actualice más seguido
Gianna Viteri: Ahhh gracias 😭🖤 lo prometo… pero te advierto, lo que viene se pone MUCHO más intenso 👀🔥 ¿estás lista para lo que el rey va a hacer?”
total 1 replies
Maria Liendo
más capítulos por favor la novela es excelente
Gianna Viteri: GRACIAS 😭✨ comentarios así me motivan demasiado… y créeme, los próximos capítulos van a doler rico 💔😈”
total 1 replies
Vivi Márquez Alarcón
siguiente capítulo por favor 😭😭😭
Gianna Viteri: JAJAJA 😭 ya séee, los dejé en lo peor… pero dime:
¿tú confiarías en el rey… o ya sospechas de él? 👀🩸
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
Autora no me deje con la intriga quiero más capitulos 🥰
Gianna Viteri: Ay nooo 😭🥺 me encanta que estés así de atrapada… pero te aviso:
esa intriga solo va a empeorar 😈🔥
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play