El día que cumplió dieciocho años debía ser una celebración.
Pero terminó siendo una sentencia.
Heredero de un apellido poderoso, su vida cambia cuando su padre —un CEO en decadencia— le revela la verdad: para salvar la empresa, ya ha sido prometido en matrimonio como moneda de cambio a la mafia más influyente del país. Un trato frío, cruel… y sin salida.
Lo que nadie esperaba era que el hombre que tomaría su mano no fuera el viejo y despiadado jefe de la mafia, sino su hijo: el verdadero heredero del imperio criminal. Un alfa temido, criado entre violencia y poder, que nunca quiso ese matrimonio tanto como él.
Ambos son alfas. Ambos se desprecian desde el primer encuentro.
Y ambos están atrapados en un vínculo que ninguno eligió.
Entre choques de orgullo, silencios cargados de odio y un destino que insiste en unirlos, descubrirán que el omegaverse no siempre sigue las reglas… y que incluso dos alfas pueden desafiar lo imposible.
Porque en un mundo donde el poder lo decide todo, amar p
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Un nuevo hogar
Demon
No hizo falta que dijera nada.
El gesto de dolor fue suficiente.
Cuando intentó caminar y su cuerpo falló, actué por reflejo. Lo tomé en brazos antes de que cayera, sintiendo cómo se tensaba al instante, como si el contacto lo descolocara más que el dolor mismo.
Está herido.
Y lo está ocultando.
Era liviano. Demasiado. No debería ser así para un alfa de su estatura. Su cuerpo estaba rígido, defensivo, como si esperara que lo lastimara en cualquier momento.
No lo hice.
Avancé hacia la salida con él en brazos, ignorando las miradas, ignorando el murmullo. No era un gesto de ternura. No era compasión. Era simple lógica: no podía caminar.
Eso es todo, me dije.
Nada más.
Pero algo no encajaba.
Sentí el temblor contenido de su cuerpo, la forma en que evitaba mirarme, el orgullo herido escondido detrás del silencio. No era debilidad. Era resistencia. Una silenciosa, desesperada.
Interesante.
Un alfa no debería sentirse así.
Pero tampoco debería haber llegado al altar con miedo en los ojos.
Lo acomodé en el auto con cuidado medido, preciso. No porque fuera frágil, sino porque sabía que cada movimiento le dolía. Me molestó notar que lo sabía tan bien.
No me gusta que me importe.
Cuando cerré la puerta, me quedé observándolo un segundo más de lo necesario. Su mirada estaba perdida, como si su mente estuviera en otro lugar, lejos de mí, lejos de todo.
Este matrimonio iba a ser muchas cosas.
Un acuerdo.
Una herencia.
Un acto de poder.
Pero mientras el auto arrancaba, una idea se instaló en mi cabeza, incómoda y persistente:
Jean no era una pieza más del trato.
Y si alguien lo había quebrado…
no había sido yo.
Aún.
Demon
—¿Qué fue lo que sucedió? —pregunté con frialdad.
No obtuve respuesta.
El joven seguía mirando por la ventana del auto, con la mandíbula tensa, como si el mundo exterior fuera más fácil de enfrentar que yo. Ese silencio no era distracción. Era defensa.
Volví a hablar, esta vez con la voz más baja. Más peligrosa.
—Te pregunté qué sucedió —dije—. ¿O acaso no escuchas?
Giré apenas el cuerpo hacia él, observándolo con atención.
—¿Qué mierda te pasó? —continué—. Puedo notar tu tobillo roto… y el dolor en todo tu cuerpo.
Lo vi tensarse.
—Solo me caí —respondió Jean, sin mirarme.
Mentira.
Mala, además.
Lo estudié unos segundos en silencio, dejando que la presión hiciera su trabajo. La mayoría de las personas hablaban solas cuando se las dejaba incómodas el tiempo suficiente.
—¿Acaso te parezco idiota? —pregunté con un dejo de sarcasmo, sin alzar la voz.
No hacía falta gritar.
El control no se ejerce así.
Jean apretó los labios. Sus dedos se cerraron sobre la tela del traje blanco.
—No… —dijo al fin—. Yo solo… intenté escapar.
Hizo una pausa breve, como si admitirlo le costara más que el dolor físico.
—Pero, como puedes ver, no salió bien.
Ahí estaba.
La verdad.
No sentí sorpresa. Solo confirmación.
Intentó huir incluso sabiendo el precio.
Eso no es estupidez.
Eso es desesperación.
Mantuve el rostro impasible, aunque por dentro algo se acomodaba lentamente. Una pieza encajando donde debía.
—Entiendo —dije finalmente.
Y era cierto.
Lo entendía demasiado bien.
No dije nada más. No porque no tuviera palabras, sino porque sabía que el silencio, en ese momento, pesaba más que cualquier amenaza.
Jean no era un problema que hubiera que quebrar.
Era uno que alguien ya había roto.
Y eso cambiaba las reglas.
Jean
Apenas el auto se detuvo, levanté la vista y vi lo que se suponía que ahora era mi nuevo hogar.
Parecía un castillo sacado de un sueño: enorme, elegante, imponente. Luces cálidas, jardines perfectamente cuidados, muros altos que protegían todo lo que había dentro.
Para cualquiera habría sido un privilegio.
Para mí, solo era otra jaula.
Una más grande. Una más lujosa. Pero igual de cerrada.
No me di cuenta en qué momento Demon bajó del auto, ni cuándo abrió la puerta de mi lado. Solo sentí cómo sus brazos me rodeaban otra vez y me levantaban con la misma facilidad de antes. Me tensé por instinto, molesto conmigo mismo por no poder hacer nada.
Otra vez cargado.
Otra vez sin opción.
Me llevó hasta el interior y me sentó en uno de los sillones del salón principal. El lugar era tan frío como perfecto. Nada parecía realmente vivido.
—Mira —dijo Demon con frialdad, sin rodeos—. Es obvio que este matrimonio no es por amor ni nada parecido. Es solo por poder y dinero. Así que no esperes nada de mi parte.
Lo miré, sintiendo cómo algo dentro de mí se endurecía.
Como si no lo supiera.
—Eso está claro —respondí—. No esperaría nada de alguien que ni siquiera conozco.
Por un segundo pensé que eso sería todo. Me equivoqué.
—Bien —continuó, con el mismo tono distante—. Pero espero que sepas cuál es tu papel como mi esposo. Preparar mi desayuno, la cena, el almuerzo… y la merienda.
Lo miré incrédulo.
¿Mi papel?
¿De verdad cree que esto es solo eso?
La rabia me subió al pecho, mezclándose con la humillación y el cansancio.
—Soy tu esposo —dije, poniéndome de pie con esfuerzo—, no tu sirviente. Si quieres uno, contrata a alguien.
No esperé respuesta.
Ignorando el dolor que atravesó mi tobillo, caminé lo más rápido que pude hacia el pasillo, buscando cualquier puerta que pudiera ser mi habitación. Necesitaba alejarme de él. De su voz. De esa sensación constante de no pertenecerme.
Mientras avanzaba, una idea se me clavó con fuerza en la cabeza:
Este lugar podrá ser enorme.
Podrá ser hermoso.
Pero nada de eso importaba.
Seguía siendo un prisionero.
Solo que ahora, la celda llevaba el apellido de mi esposo.
eso duele mas que mil palabras demon sabiendo que Jean es tan inestable inexperto a como debe actuar y sentirse verse descontrolado por algo que no sabe manejar y dices una cosa asi no es justo idiota /Scare//Scare//Scare//Scare//Scare/
jean tu significa de ancla para ti estabilidad lealtad compromiso verdadero te brinda seguridad apoyo firmeza te mantiene en tierra y tranquilo en medio de la tormenta emocional o en dificultades de la vida todo eso es para ti demon tu ancla la persona favorita en tu mundo /Scream//Scream/
pero por el otro lado jean también razón el decide sin tomarlo en cuenta ambos son culpables por no comunicarse y ser sinceros con el uno con el otro/Shy//Shy//Shy//Shy/
por que el creyó que lo habia arruinado sin ni siquiera tener algo /Sly//Sly//Sly//Sly//Sly/
y poder pensar con claridad y ordenar bien tus dudas y temores aunque
implique que demon se enoje por lo que acabas de hacer /Grievance//Whimper//Grievance//Whimper//Whimper//Grievance/
oh que sera!!!!! lo que le estara pasando /Doge//Doge//Doge//Doge/
o un enigma!❤!/Scream//Panic//Scream/
por jean tiene 18 no es como un adolescente destrozado emocionalmente no tiene experiencia en relaciónes con un padre que lo uso para su propia salvación /Scream//Scream//Scream//Scream/