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El Circuito De Ceniza

El Circuito De Ceniza

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis / Terror / Mitos y leyendas
Popularitas:317
Nilai: 5
nombre de autor: Genesis YEPES

En el siglo XV, un círculo de ceniza negra aparece en un valle de Aragón. Quienes lo tocan o nombran desarrollan un grano bajo la lengua y una raíz que busca el corazón. Los cuerpos se vacían en polvo caliente. Fray Tomás de Ávila investiga el fenómeno para la Inquisición, pero el mal viaja con él: de Albarracín a Teruel, Zaragoza y Castilla. No es peste ni demonio, sino un hambre antigua que se alimenta de nombres propios. Cada intento de contenerlo solo lo extiende. El círculo no se rompe: se completa y busca la siguiente boca.

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El sótano y las columnas

Fray Hernando de Puebla ordenó el traslado de todos los que presentaban síntomas al sótano al amanecer del quinto día. Eran ya diecisiete. Alguaciles, copistas, dos confesores y el hermano que cuidaba la despensa. Los bajaron en silencio, con los paños tapándoles la boca. Algunos caminaban solos. Otros tuvieron que ser arrastrados. El escribano que había viajado a Teruel ya no tenía forma humana reconocible: solo un montículo caliente en el rincón más oscuro, que aún murmuraba el nombre con una voz hecha de varias voces.

Fray Julián fue el último en ser conducido. No se resistió. El grano bajo su lengua era ahora del tamaño de una nuez pequeña y le obligaba a mantener la boca entreabierta. La raíz negra le había trepado por el antebrazo hasta el codo. Cada paso que daba dejaba un fino rastro de polvo sobre la piedra.

La celda que le asignaron estaba al final del pasillo. No había jergón. Solo suelo húmedo y paredes que sudaban un líquido oscuro. Cuando la puerta se cerró, el murmullo de las otras celdas se volvió inmediato y denso. Ya no eran voces separadas. Era un solo coro desafinado que repetía el nombre una y otra vez, a veces en unísono, a veces en cascada.

Fray Julián se sentó contra la pared. El frío de la piedra no disminuía el calor que le subía por el brazo. Cerró los ojos y escuchó. Dentro del coro empezó a distinguir palabras sueltas que no eran el nombre. Fragmentos. “Albarracín”. “La Vieja”. “El grano”. “La raíz busca el corazón”. Frases que Fray Tomás había escrito y que ahora salían de bocas que nunca habían leído el cuaderno.

Arriba, en los pisos del Tribunal, Fray Hernando intentaba mantener la apariencia de control. Había atrancado las puertas exteriores. Había prohibido la entrada de cualquier mensajero. Había ordenado que las misas se celebraran en privado y en voz baja. Pero las columnas de humo negro ya se veían desde las ventanas altas. No salían solo de los barrios cercanos a las puertas de la ciudad. Salían también del interior: de una casa de la judería, de un taller de curtidores, de una posada junto al mercado. El círculo estaba aprendiendo los nombres de Zaragoza con la misma paciencia con que había aprendido los de Teruel. Al mediodía un alguacil no infectado subió corriendo al despacho del inquisidor general. Traía una noticia que no cabía en las fórmulas habituales: el río Ebro llevaba manchas negras. No de tintorería. De polvo. Las manchas formaban círculos imperfectos en la corriente y no se disolvían. Los barqueros se negaban a cruzar. Uno de ellos había caído al agua y, al sacarlo, tenía la boca llena de ceniza.

Fray Hernando bajó en persona a la orilla, rodeado de los pocos hombres que aún no tosían. Vio las manchas. Vio cómo una de ellas se acercaba a la orilla y dejaba un residuo brillante sobre el barro. Se agachó. Casi tocó. Después se incorporó sin decir nada y regresó al Tribunal. En el camino sintió que el punto negro de su dedo se extendía hacia la palma. El sabor metálico, que había estado negando, se instaló de golpe debajo de la lengua. Esa tarde las puertas del Tribunal se golpearon desde fuera. No eran soldados. Eran vecinos. Pedían explicaciones. Pedían que les entregaran a los frailes que habían traído la maldición. Pedían fuego. Fray Hernando salió al balcón del primer piso y habló con la voz más firme que le quedó:

—El Santo Oficio ha aislado el mal. Nadie sale. Nadie entra. Volved a vuestras casas y rezad. Cualquier tumulto será castigado como rebelión.

Le respondieron con piedras. Una de ellas golpeó la pared junto a su cabeza. Otra alcanzó a un alguacil que estaba en la puerta. El hombre cayó. Cuando lo levantaron, tosía polvo. La multitud retrocedió un momento, asustada de su propia obra. Después alguien gritó que el círculo ya estaba dentro de ellos. El grito se contagió. La gente se dispersó, pero no hacia sus casas. Hacia las iglesias. Hacia las plazas. Hacia cualquier sitio donde hubiera más bocas que pudieran oír el nombre.

En el sótano Fray Julián sintió el cambio. El coro de voces se intensificó de golpe, como si hubiera recibido un refuerzo. El grano bajo su lengua se abrió un poco más. El polvo salió en mayor cantidad. Ya no le dolía. Solo le llenaba la boca de un sabor que empezaba a resultarle familiar, casi íntimo. Se tocó el pecho. La raíz había alcanzado la axila y se dirigía hacia dentro. El latido era fuerte y lento. Ya no intentó rezar. Ya no intentó recordar el latín de los exorcismos. Solo escuchó el nombre que el coro repetía y descubrió, con una calma que le sorprendió, que lo sabía completo. Que lo había sabido desde que el sabor apareció en el camino de Teruel. Que todas las palabras que había escrito y copiado no eran informes: eran puertas.

Arriba, Fray Hernando regresó a su despacho y cerró la puerta con llave. Se arremangó. La mancha negra le cubría ya media palma. Se miró la lengua en el metal de un tintero. El grano estaba allí. Pequeño todavía, pero presente. Latiendo.

Se sentó. Abrió el cuaderno original de Fray Tomás por la última página. Leyó otra vez la frase incompleta:

«Si alguien lee esto…»

La terminó en voz baja, para sí mismo:

«…ya forma parte del círculo.»

Después cerró el cuaderno y esperó. El murmullo del sótano subía a través de la piedra. Las columnas de humo negro se multiplicaban en la ciudad. Y debajo de Zaragoza, el latido de la tierra era cada vez más fácil de confundir con el de un corazón humano.

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GENESIS YEPES
.BUSANDO HISTORIA
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