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La Villana Que Dejó De Perseguir Al Príncipe

La Villana Que Dejó De Perseguir Al Príncipe

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Villana / Mujer poderosa
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Alina Drayce nació para ser la villana. Sufrió tanto que creyó que si era mala, al menos el Príncipe Kian la miraría. Pero cada vez que se le acercaba, él la trataba mal.

Todo cambia cuando llega Leo, un chico humilde y becado. El príncipe, que nunca la quiso, sí se interesa en él. Ahí Alina entiende que gastó años persiguiendo a quien no la valora y decide dejar de hacerlo.

Empieza a darse tiempo para ella. Es inteligente, hermosa, hábil y perfecta cuando se quiere. Deja de ser mala y se vuelve feliz, y todos notan que ahora brilla más.

Es entonces cuando descubre su don: puede hablar con los animales y entenderlos. Antes ni un pájaro se le acercaba por ser la villana, ahora todos la buscan. Empieza a ayudarlos y abre su propia clínica veterinaria "El Susurro Salvaje".

Allí la encuentra el Rey Silas, un joven rey que siempre la vio, incluso cuando ella no se veía a sí misma.

Una historia de amor propio, magia y segundas oportunidades.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 - La primera adopción oficial

El viernes vino la familia que adoptó al gatito gris a traer fotos. La niña me mostró una foto del gatito durmiendo en su cama, con una manta amarilla que le compraron. En la foto se veía grande y con los ojos bien abiertos. En mi cabeza, cuando lo vi la primera vez, escuchaba frío, hambre. Ahora, en la foto, se veía caliente y tranquilo. Le dije a la niña que lo estaba cuidando bien y se puso contenta.

Ese mismo día vino otra familia por los dos gatitos que quedaban. Eran un señor y una señora jóvenes que viven cerca del río. Me dijeron que querían los dos juntos porque no querían que se separaran. Los miré y les dije que eran hermanos y que dormían siempre uno arriba del otro. Me dijeron que tenían una casa con patio cerrado y que los iban a dejar adentro en invierno y afuera en verano. Les mostré el papel de adopción que me dio don Ernesto y les expliqué lo mismo que a la otra familia, comida blanda por una semana, control en diez días y no dejarlos en la calle.

Leo me ayudó a hacer la ficha. En la ficha ponemos nombre del animal, fecha de nacimiento que inventamos, lo que comió y lo que se le hizo. Pusimos, gatito blanco con mancha negra, día setenta, comió leche especial y comida blanda, sano, se va con familia del río. Y el otro, gatito negro con patas blancas, lo mismo. Los pusimos en una caja con una de las mantas nuevas de Clara y con un poco de comida para el camino. Cuando se fueron, la caja quedó vacía y el refugio se sintió grande y silencioso.

Tizón bajó de la repisa y se metió en la caja vacía donde estaban los gatitos. Se acostó ahí y se quedó dormido. En mi cabeza escuché, por fin silencio. Me reí y le dije que sí, que por fin había silencio. Bruno vino y olió la caja vacía y después se acostó al lado, como si cuidara a Tizón.

En la tarde vino don Ernesto con una carpeta azul que decía municipio. Adentro había papeles con sellos y con mi nombre. Me dijo que eran los papeles oficiales de adopción y que desde ahora tenía que usar esos papeles para cada animal que se fuera adoptado. Me dijo que tenía que guardar una copia en el refugio y mandar otra al municipio cada mes. Me dijo que eso hacía que el refugio fuera oficial y que la gente lo tomara más en serio. Le dije gracias y guardé la carpeta en la caja de galletas donde guardo la plata y los papeles importantes.

El sábado no vino nadie a adoptar porque llovía mucho. La lluvia del deshielo es fría y entra por la calle del fondo y hace charcos grandes. Las cuatro cajas de madera que hicimos se mojaron un poco por fuera, pero por dentro seguían secas y con perros adentro. Me puse botas de goma y fui a verlas una por una. Todas ocupadas. Un perro chico que nunca se metía en ninguna, ahora estaba adentro de una y me miró con la cabeza afuera. En mi cabeza escuché, no me mojo.

En la tarde vino Clara con su madre. Trajeron una torta y me dijeron que querían festejar la primera adopción oficial del refugio. Pusimos la torta sobre la mesa del local viejo y la cortamos en pedazos chicos. Mi madre vino también y trajo té caliente. Clara me dijo que en la escuela mostraron las fotos de los gatitos adoptados y que dos chicos más quieren adoptar cuando haya más gatitos. Le dije que por ahora no había más gatitos, pero que en primavera siempre llegan más porque las gatas tienen crías en esa época.

Clara me contó que la profesora Vidal quiere venir al pueblo la semana que viene a ver los dos locales y a ver las cajas de madera para perros callejeros. Me dijo que quiere traer a toda la clase para que vean cómo se hace un refugio con poco. Le dije que sí, que vinieran, pero que tenían que traer botas de goma porque la calle se llena de barro.

Cuando Clara y su madre se fueron, me quedé con Leo en el refugio. Leo me dijo que cuando adoptaron a los gatitos, él sintió un poco de pena, pero también alegría. Me dijo que antes, cuando veía un animal que se iba, pensaba que se iba a morir, y ahora piensa que se va a una casa mejor. Le dije que a mí me pasó lo mismo y que es raro sentir las dos cosas a la vez.

En la noche llegó un chico corriendo con un pájaro en las manos. Era un zorzal que se cayó de un árbol por el viento y que no podía volar. Tenía un ala doblada y respiraba rápido. Lo puse sobre la mesa y le miré el ala. No estaba quebrada, solo golpeada. Le puse una venda chica y lo dejé en una caja con una manta cerca de la estufa nueva. En mi cabeza escuché, miedo, no puedo volar. Le dije que descansara y que mañana iba a estar mejor.

Escribí en mi cuaderno, día ciento dos, se fueron los dos gatitos que quedaban juntos con familia del río, llegaron papeles oficiales del municipio, festejamos con torta, llegó un zorzal con el ala golpeada. Abajo escribí, antes quería que alguien me eligiera a mí. Ahora yo elijo a quién le doy un animal y tengo que estar segura de que lo va a cuidar. Es más difícil que perseguir a alguien.

Apagué las dos luces amarillas de los carteles y salí con Tizón en mi bufanda. Bruno me siguió hasta la esquina como siempre. La calle del fondo estaba con charcos y con barro, pero las cuatro cajas de madera se veían secas por dentro y con perros durmiendo. Caminé a casa con la carpeta azul del municipio en la mochila y con la caja vacía de los gatitos en la mano, pensando que mañana iba a tener que limpiar esa caja para el zorzal que no podía volar.

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bruja de la imaginación 👿😇
me gustó mucho está historia 🥰
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