A los cinco años, Elena Vega sobrevivió al intento de asesinato de su madre adoptiva tras la aparición del Sistema Dura de Matar. Esta interfaz le otorga datos tácticos, alertas de riesgo y a "Ratón Mayor": la encarnación física del sistema, un roedor con quien se comunica mentalmente para analizar venenos sin parecer loca.
Dieciocho años después, Elena regresa a la mansión Montenegro a reclamar su lugar como la verdadera heredera. Pero Camila, la falsa heredera, orquesta sabotajes y contrata sicarios para eliminarla.
Guiada por la lógica de su sistema, Elena desmantela cada trampa mientras Mateo, su atolondrado hermano biológico, absorbe sin querer los atentados como su "escudo humano" involuntario. ¿Podrá la impía rival salirse con la suya o sucumbirá ante la estratega más implacable?
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La trampa de la pantalla y la muerte social fallida
Para mantener las apariencias de una familia de la alta sociedad, Don Fernando y Doña Rosa matricularon de inmediato a Elena y a Mateo en el exclusivo Instituto Superior Montenegro, la universidad privada de la élite de la ciudad.
Elena caminaba por el patio principal luciendo el uniforme formal de la institución, ajustando con calma los tirantes de su mochila táctica. A su lado, Mateo vestía una chaqueta acolchada de protección con chaleco antipunzadas ligero, cascos antiruido colgados al cuello y un termo con agua filtrada por él mismo.
—Elena... —susurró Mateo, mirando a los grupos de estudiantes adinerados que los rodeaban—. Estamos en la universidad. Aquí no hay coches bomba, ni estufas voladoras, ni francotiradores en los tejados. Aquí la gente no te ataca con armas... te destruye con la 'muerte social'. Rumores, fotos vergonzosas, humillación pública... Es un campo de minas psicológico.
—La muerte social no detiene balas, no causa paro respiratorio ni fractura huesos —respondió Elena con total tranquilidad—. Impacto táctico en mi tabla de supervivencia: cero por ciento.
En ese momento, Camila apareció al final de la explanada central caminando con gracia sobre sus tacones y rodeada por un séquito de seguidoras. Lucía su habitual sonrisa angelical de niña buena e indefensa, pero en sus ojos brillaba una malicia desesperada.
—¡Atención a todos, por favor! —anunció Camila alzando la voz, haciendo un gesto elegante para que los estudiantes que circulaban por el patio se detuvieran a escuchar—. Como presidenta del comité de bienvenida, preparé una sorpresa muy especial para mi estimada hermana biológica, Elena. ¡Queremos proyectar en la pantalla gigante del foro un pequeño video sobre su humilde vida en el campo antes de unirse a nuestra distinguida familia!
Mateo se agarró la cabeza con ambas manos y miró a Elena con pánico.
—¡Te lo dije! —gimió Mateo—. ¡Ahí viene la muerte social! Seguro editó un video haciéndote quedar como una salvaje o algo ridículo frente a trescientos futuros empresarios.
[¡ADVERTENCIA DEL SISTEMA!] [Análisis de amenaza social: Montaje de video difamatorio detectado en la red del campus. Intento de desacreditar la reputación de la heredera principal. Acción de contraataque activa: Inyección de código en la red Wi-Fi del instituto a través del servidor de Ratón Mayor.]
—«¡A la Falsa Heredera le va a salir el tiro por la culata!» —chifló Ratón Mayor en la mente de Elena, tecleando a toda velocidad en un mini microprocesador desde el bolsillo delantero de su chaqueta—. «¡Sustituyendo el video del campo por el archivo privado de la cámara de seguridad de su habitación en tres, dos, uno...!»
—Veamos qué tal su producción cinematográfica —comentó Elena con una leve sonrisa irónica, cruzándose de brazos.
La pantalla LED gigante del patio central parpadeó y se encendió con sonido envolvente a todo volumen.
En lugar de ver a Elena en el campo, la pantalla proyectó a Camila en su habitación, en pijama de ositos rosas, con el cabello completamente despeinado y esponjado, cantando a los gritos frente al espejo del baño. Usaba un cepillo de dientes como micrófono mientras desafinaba horriblemente entre gallos:
—«¡Yo soy la mejor! ¡La más bella, la más talentosa de la ciudad! ¡Elena es una campesina que no me llega ni a los talones, yo soy la única y verdadera reina de los Montenegro! ¡Aaaaaah!» —remató Camila en el video, sosteniendo un agudo desafinado que hizo vibrar las bocinas del instituto antes de tropezarse con el cesto de la ropa sucia y caer de espaldas contra la tina.
El patio quedó en un silencio sepulcral durante dos segundos exactos... y luego estalló en una carcajada masiva, sonora e imparable por parte de cientos de estudiantes.
—¡¿QUÉ ES ESO?! —chilló Camila, perdiendo por completo el color del rostro y llevándose las manos a las mejillas.
—¡Miren a la 'princesa Montenegro' en pijama de osos! —se burló un estudiante de la primera fila.
—¡Qué bárbara, qué despeinada! ¡Y esa nota alta parecía un gato pisado! —comentó una chica entre risas.
—¡Pésimo control vocal y qué mal peinado para salir en cámara! —gritaban otros universitarios señalando la pantalla.
Mateo, mirando la pantalla con la boca abierta y la cara desorbitada, empezó a agitar los brazos tratando de apelar a la cordura de la multitud.
—A ver... ¡oigan! ¡Espérense un segundo! —exclamó Mateo mirando a los estudiantes de alrededor—. ¡¿Nadie va a decir nada del hecho de que hay un video grabado dentro de un baño?! ¡¿No les parece que un video grabado en el baño es lo verdaderamente incorrecto, ilegal y aterrador aquí?! ¡¿A nadie le preocupa la privacidad?!
Sin embargo, los estudiantes lo ignoraron olímpicamente, demasiado ocupados riéndose.
—¡No, hombre! ¡Lo incorrecto es ese gallo que se le salió al final! —le respondió un chico riéndose a carcajadas.
—¡Y ese cabello esponjado! ¡Necesita un tratamiento de queratina urgente! —añadió otra estudiante.
En ese momento, Doña Rosa y Don Fernando, que habían ido a la universidad para acompañar la bienvenida oficial y estaban entre el público del patio, miraban la pantalla gigante con absoluta fascinación. Doña Rosa se llevó las manos a las mejillas, negando suavemente con la cabeza.
—¡Ay, Fernando, qué barbaridad! —suspiró Doña Rosa con una sonrisa de pena ajena—. Mira a Camila... ¡qué despeinada y qué mal peinada salió en esa pantalla! Y miren cómo desafina, ¡qué vergüenza con los distinguidos miembros del campus!
—Tienes toda la razón, Rosa —asintió Don Fernando, ajustándose los lentes con desaprobación estética—. Definitivamente le falta práctica de canto y un mejor estilista. Mañana mismo le contrataremos un profesor de vocalización para que no haga estos papelones de afinación.
Mateo se volvió hacia sus padres, tomándose la cabeza con ambas manos como si estuviera al borde de un colapso nervioso.
—¡¿Mamá?! ¡¿Papá?! ¡¿Ustedes también?! ¡¿En serio solo van a opinar sobre el cabello esponjado y la desafinación?! ¡El video fue filtrado desde un baño! ¡¿Soy el único ser humano en esta universidad que piensa en lo anormal de la situación?!
Elena le dio un sorbo a su agua estéril, miró a la Falsa Heredera hacer un berrinche mientras sus propios padres y toda la universidad solo criticaban su peinado, y sonrió con profunda ironía.
—Nivel de ejecución de la muerte social: rebotado con un ciento por ciento de efectividad sobre el emisor —evaluó Elena en voz alta.
—Regla táctica número cinco, carne de cañón —le murmuró Elena a su hermano, dándole una semilla de girasol a Ratón Mayor en el bolsillo—: En este mundo, a la gente le importa más un mal peinado que la violación de la ciberseguridad. Bienvenido a la lógica de la alta sociedad.
Mateo miró a sus padres, miró a los universitarios riéndose del gallo de Camila y se ajustó los cascos antiruido con resignación absoluta.
—Definitivamente... el único cuerdo en esta familia soy yo —murmuró Mateo al borde del llanto.