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La Reina De Las Cenizas

La Reina De Las Cenizas

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Amor-odio / Villana / Completas
Popularitas:8.1k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 19

Mi hermanastra retrocedió otro paso.

—Principe... yo...

La espada seguía en la mano de Kamali.

Él la observaba con una tranquilidad que resultaba mucho más aterradora que un grito.

—¿No eras tú quien decía que debía ser tu esposo?

Ella comenzó a temblar.

—Sí, pero...

—Entonces no deberías tener miedo.

Kamali dio otro paso hacia ella.

Mi hermanastra miró a los guardias buscando ayuda, pero ninguno se movió.

Todos sabían que no tenían derecho a intervenir.

—Yo solo quería recuperar lo que me pertenece —dijo ella con la voz quebrada.

Kamali entrecerró los ojos.

—¿Lo que te pertenece?

Ella asintió rápidamente.

—Sí. El vestido, las joyas... y el matrimonio. Todo debía ser mío.

Sentí que Mane se tensaba a mi lado.

Yo, en cambio, permanecí tranquila.

Kamali bajó lentamente la espada.

Mi hermanastra respiró aliviada.

Pero entonces él se acercó a mí.

Me tomó de la mano y entrelazó sus dedos con los míos.

—Te equivocas.

Ella lo miró confundida.

Kamali levantó nuestras manos.

—Nada de esto te pertenece.

Su mirada se volvió fría.

—Y nada de lo que sea suyo tampoco tampoco.

Me miró.

—Aine no es alguien con quién te puedas comparar — insistió Kamali

Mi corazón dio un pequeño vuelco.

Mi hermanastra apretó los puños.

—¡Pero ella tomó mi lugar!

—No —respondió Kamali—. Tú intentaste tomar el suyo.

Ella se quedó callada.

Kamali se acercó a mí y acarició mi mejilla.

—Mi esposa no necesita demostrarle nada a nadie.

Me sonrojé.

—Kamali...

Él sonrió.

—¿Qué? Estoy diciendo la verdad.

Mi hermanastra nos observó con una expresión llena de rabia.

Por primera vez, comprendió que no había conseguido conquistar a Kamali.

Ni siquiera había conseguido llamar su atención de la manera que esperaba.

Lo único que había logrado era demostrarle que quería ocupar el lugar de la mujer que él ya había elegido.

—Ahora entiendo... —murmuró ella.

Kamali la miró.

—¿Qué entiendes?

Ella me señaló con una mano temblorosa.

—Que ella te engañó.

Mi sonrisa desapareció.

Kamali también dejó de sonreír.

—Ten cuidado con lo que dices.

Su voz fue baja.

Pero todos entendimos la amenaza.

Mi hermanastra tragó saliva.

Aun así, siguió hablando.

—Ella llegó aquí haciéndose la víctima y consiguió que todos sintieran lástima por ella.

Kamali apretó mi mano.

—No.

La interrumpió de inmediato.

—Yo vi cómo llegó— dijo el enojado al recordar que llegué inconsciente

Su mirada se volvió más fría.

—Vi su estado.

—Pero... — intento protestar ella

Pero el principe la interrumpe

—Y escuché lo que ella misma me contó.

Kamali dio un paso hacia ella.

—No necesito que nadie me diga qué debo pensar de mi esposa.

Mi hermanastra palideció.

Yo observé en silencio.

Ya no tenía nada que demostrar.

Porque, por primera vez en mi vida, alguien había elegido estar de mi lado sin que yo tuviera que suplicarlo.

—La conozco desde que éramos niños —dijo Kamali.

Su voz se volvió completamente seria.

—Y desde entonces estoy perdidamente enamorado de ella.

Mi hermanastra se quedó inmóvil.

Kamali se agachó frente a ella y la sujetó firmemente por el cuello, obligándola a mirarlo.

—¿Sabes por qué enviudé cinco veces? —preguntó.

Ella negó lentamente con la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas.

—No...

—Porque jamás quise estar con ninguna mujer que no fuera ella.

La expresión de mi hermanastra cambió.

Por fin había entendido el terrible error que había cometido al presentarse en aquel palacio.

Kamali continuó:

—Así que agradece haber cambiado aquella boda.

Su mirada se volvió fría.

—De lo contrario, habría enviudado por sexta vez.

Ella comenzó a temblar.

Yo observaba a Kamali en silencio.

A pesar de su crueldad, había algo que me sorprendía.

Nunca había escuchado a nadie hablar de sus sentimientos con tanta seguridad.

—Pero voy a dejarte vivir —continuó él.

Mi hermanastra levantó lentamente la mirada.

—¿Por qué?

Kamali sonrió.

—Porque, después de todo, gracias a ti mi mayor anhelo se hizo realidad.

Se giró hacia mí y tomó mi mano.

—Ahora tengo a mi esposa.

Sentí que mis mejillas se calentaban.

Kamali volvió a mirar a mi hermanastra.

—Así que voy a perdonarte la vida por esta insolencia.

Hizo una pausa.

—Pero recibirás cincuenta bofetadas.

Ella abrió los ojos horrorizada.

—Y escucha bien.

Su voz se volvió amenazante.

—No vuelvas a faltarle el respeto a mi esposa.

Kamali entrelazó sus dedos con los míos.

—Porque la próxima vez no tendré piedad.

Me llevó con él.

Mientras nos alejábamos, escuché cómo comenzaban a cumplir la sentencia.

No miré atrás.

Por primera vez, no sentía la necesidad de hacerlo.

Kamali apretó suavemente mi mano.

—¿Estás bien?

Lo miré.

—Sí.

Él sonrió.

—Entonces vámonos, esposa.

Y continuamos caminando juntos, dejando atrás a todos aquellos que alguna vez habían decidido cuánto valía mi vida.

Mi hermanastra regresó al palacio de Gael completamente enfurecida.

Cerró la puerta de su habitación de un golpe y comenzó a llorar.

Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras se miraba las manos temblorosas.

—¡No es justo!

Tomó un cojín y lo lanzó contra la pared.

—¡No es justo!

Había soportado las cincuenta bofetadas.

Había soportado la humillación frente a todos los sirvientes del palacio imperial.

Pero lo que realmente la hacía sufrir no era el castigo.

Era pensar en mí.

En mi vestido.

En mis joyas.

En la manera en que Kamali me había tomado de la mano.

En cómo me había llamado su esposa.

Y, sobre todo, en aquella sonrisa que había visto en el rostro del príncipe.

Una sonrisa que nunca había visto dirigida hacia ella.

—¿Por qué ella? —sollozó.

Se dejó caer sobre la cama.

—¿Por qué Aine tiene que tenerlo todo?

Desde pequeña le habían enseñado que podía tomar lo que quisiera.

Si Aine recibía un vestido bonito, ella podía usarlo.

Si Aine tenía una joya, podía pedirla.

Si Aine tenía la atención de alguien, bastaba con llorar para conseguirla.

Y había funcionado durante años.

Incluso había conseguido casarse con Gael.

Por eso había creído que también podría quedarse con Kamali.

Pero había cometido un error.

Kamali no era como los demás.

Y ahora Aine estaba viviendo en un palacio.

Tenía vestidos hermosos.

Joyas.

Una sierva que la adoraba.

Y, peor todavía...

Tenía un esposo que parecía dispuesto a darle el mundo entero.

Mi hermanastra apretó los dientes.

—No quiero que sea feliz.

Las lágrimas volvieron a caer.

—No quiero que viva así.

Se cubrió el rostro con las manos.

—¡No quiero que tenga nada de lo que yo quería!

La puerta se abrió.

Gael apareció en la habitación.

Al verla llorando, se quedó en silencio.

—¿Qué ocurrió?

Ella levantó la mirada.

—Aine...

Gael sintió una punzada en el pecho al escuchar su nombre.

—¿Qué pasó con ella?

Mi hermanastra apretó las sábanas entre sus dedos.

—Está feliz.

Gael no respondió.

—Está viviendo en el palacio imperial —continuó ella entre lágrimas—. Tiene vestidos preciosos, joyas y sirvientes que la tratan como una princesa.

Su voz se llenó de resentimiento.

—Y Kamali la adora.

Gael bajó la mirada.

Eso era precisamente lo que más le dolía.

Mi hermanastra comenzó a llorar nuevamente.

—No quiero que sea feliz.

Gael la observó.

Por primera vez, comprendió que aquello no era tristeza por haber perdido un matrimonio.

Era rabia.

Rabia porque Aine, después de haber sido humillada, traicionada y abandonada por su propia familia, finalmente había conseguido algo que ninguno de ellos podía quitarle.

Una nueva vida.

Un nuevo hogar.

Y un esposo que la había elegido por encima de todos.

Mi hermanastra apretó los puños.

—Quiero que vuelva a sufrir.

Gael permaneció inmóvil.

Pero aquellas palabras despertaron algo oscuro en ella.

Porque si no podía tener la vida de Aine...

Entonces comenzaría a pensar en cómo destruirla.

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Sahelys Rondón
Que bello🥺🔥
Cardona salazar yolanda
partes tristes, pero un final feliz, gracias autora
Cardona salazar yolanda
siii con la protagonista
Cardona salazar yolanda
me encanta su actitud
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