Camila y Luciano son grandes amigos desde pequeños, ambos se quieren como hermanos, pero las trampas y envidia de una mujer perversa hacen que dos amigos, unan sus vidas por el bienestar de una inocente.
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El parecido que lo cambia todo
Luego del desagradable incidente con Camila, Emiliano lleva a Daniela a su casa, es recibida por un prepotente padre y una madre que al primer momento la tomo del brazo y se la llevó al interior de su casa, no intervino en ese momento porque no deseaba alertar a esa gente, debe de sacar a su Daniela muy pronto de esa casa
—Sus investigadores trabajaron muy rápido, descubrieron que hace más de diecinueve años una pareja de esposos denunció la pérdida de unas gemelas de una clínica exclusiva, aquellos empresarios Isidro. De todo para encontrarlas, pero hasta el día de hoy no la hallaron.
Emiliano ve los nombres y se da con la sorpresa que uno de sus clientes es la persona que perdió a sus gemelas, así que aceptara la sociedad.
Dos días después
El sol de la tarde bañaba el amplio despacho de Emiliano, donde el aire olía a libros nuevos y café recién hecho, sobre el gran escritorio de madera oscura, documentos de negocios cuidadosamente ordenados esperaban la firma de dos hombres que, sin saberlo, estaban a punto de cruzar no solo acuerdos comerciales, sino también el hilo invisible del destino.
Emiliano recibió a Miguel Carmona con un apretón de manos firme y una sonrisa cortés, conocía de su trayectoria, un hombre hecho a sí mismo, integro, cuyo imperio hotelero se basaba tanto en la calidad de sus servicios como en su palabra.
La alianza entre sus empresas. —Las clínicas y laboratorios de Emiliano con la red de hoteles de Miguel para atender a huéspedes extranjeros.— Era beneficiosa para ambos, pero ese día, lo que empezó como una reunión de trabajo pronto se transformaría en algo mucho más profundo.
—Es un honor cerrar este trato con usted.
—Dice Emiliano, señalando el sillón frente a su escritorio.— He escuchado hablar de su integridad y su visión.
—Igualmente. —Responde Miguel, tomando asiento.— Su trabajo en el campo de la medicina y la investigación es admirable, me llena de orgullo poder colaborar con alguien que no solo busca el éxito, sino también el bienestar de los demás.
Durante un repaso de los puntos del acuerdo, conversaron con fluidez, respetándose mutuamente, pero cuando Emiliano se levanta para buscar un documento adicional, Miguel, siguiéndolo con la mirada, detuvo su atención en algo que estaba sobre una mesa lateral, cerca de la ventana, era un marco de plata, y dentro, una fotografía, rodeada de flores.
El tiempo pareció detenerse, Miguel sintió que el aire le faltaba, se puso de pie lentamente, sin poder apartar la vista de la imagen, y dio unos pasos hacia ella, como si algo lo jalara con fuerza, Emiliano se giró al notar su silencio y su expresión de asombro, y se detuvo en seco al verlo acercarse al retrato, su plan había sido un éxito, no desea ser el quien le diga a Miguel que el conocía a sus gemelas, el deseaba que fuera Miguel quien lo descubriera.
—¿Esta joven? —Alcanzó a decir Miguel, con la voz entrecortada, señalando la foto.
—¿Quién es ella?
Emiliano miró la imagen con ternura y dolor mezclados, era Camila, en los días en que aún sonreía, con el cabello negro suelto y esa mirada dulce y valiente que tanto lo había enamorado.
—Se llamaba Camila —Respondió suavemente.— Era la mujer que amaba, falleció hace poco.
Miguel se quedó inmóvil, con las manos temblando levemente, se acercó más, hasta que su rostro estuvo casi a la altura del marco, y la observó con una intensidad que rayaba en la incredulidad, sus ojos se llenaron de lágrimas que no esperaba y su corazón comenzó a latir con fuerza, como si quisiera salirse del pecho.
—Es idéntica. —Susurró, más para sí mismo que para Emiliano.—Tiene el mismo rostro, la misma mirada, la misma forma de inclinar la cabeza, Ella es exactamente igual a mi abuela, mi abuela materna.
— Levanta la vista hacia Emiliano, con los ojos brillantes y la respiración entrecortada.
—¿Me permitiría saber algo más de ella? ¿De dónde era? ¿Quiénes eran sus padres? Todo lo que pueda decirme podría ser importante. Lidia, mi esposa, lleva más de diecinueve años buscando respuestas, yo también, y si esta chica tiene nuestra sangre, el rostro de mi abuela, tal vez, por fin, el destino nos está dando una pista.
— Ella fue mi novia, la mujer que la adoptó, es una ama de llaves de una familia media, ahí la conocí desde que era una niña de tres años, fuimos felices, hasta que apareció Lourdes, por celos envidias la drogo y termino en la cama de Luciano, se embarazó de él, ambos vivían en un modesto departamento, tenían una relación tranquila.
— Hasta que volvió aparecer Lourdes, en una reunión de negocios lo volvió a drogar, pero está vez lo llevo al departamento en donde vivían Luciano y Camila, ella los encontró en la cama, salió cogió el auto y a toda marcha salió del lugar, su auto chocó contra un árbol, ella fue mortalmente herida, pudieron salvar a la bebe, pero ella falleció.
Interrumpe, tragando amargamente antes de seguir— Hace casi veinte años nos robaron a nuestras mellizas, apenas nacidas, nunca les pusimos nombres, nunca pudimos despedirnos ni darles nada nuestro, esta joven, esta Camila, tiene el rostro de mi abuela, como si el tiempo hubiera vuelto atrás, como si ella hubiera regresado para decirme algo.
Emiliano escuchaba comprendiendo todo, sentía la verdad en cada palabra de Miguel, vio cómo el hombre, fuerte y seguro de sí mismo unos minutos antes, ahora parecía frágil, con el alma al descubierto, mirando la foto como si pudiera hablarle.
—¿Está seguro? —preguntó Emiliano con calma, aunque su propio pecho se llenó de un impulso de hablarle de la hermana gemela.
— ¿Tan parecida era?
—No es parecida —corrigió Miguel con firmeza, sin apartar la vista de la imagen— Es igual, los ojos, la nariz, la forma de sonreír, incluso el brillo del cabello bajo la luz, mi abuela tenía esa misma expresión serena, esa fuerza tranquila, cuando la vi, sentí un golpe en el pecho, como si algo dentro de mí me dijera que no es casualidad, que esta chica tiene que ver con nosotros.
Emiliano sintió cómo todo lo que creía saber empezaba a tambalearse, pero al mismo tiempo, una luz nueva se encendía en su interior. Recordó a Milagros, la hija de Camila, y la pequeña Daniela que luchaba por su vida con el corazón de su madre. Recordó que nadie sabía de dónde venía Camila, que ella misma apenas conocía su origen. Y ahora, este hombre, un padre que perdió a sus hijas, veía en ella el rostro de su propia familia.
—Se lo contaré todo —dijo Emiliano, acercándose y colocando una mano suavemente sobre el hombro de Miguel— Sé dónde está su hija, la hermana melliza de Camila. Se llama Daniela y también está la hija de Camila, una niña pequeña.
Miguel lo miró con los ojos desbordados en lágrimas, sin poder creer lo que escuchaba.
—¿Daniela? —repitió, como saboreando el nombre que nunca pudo dar.— ¿Está viva?
—Lo está —confirmó Emiliano con firmeza.
— Y ahora que la vió, ahora que vio a Camila, todo tiene sentido, son sus hijas, Miguel, Las mellizas que le robaron hace cerca de veinte años, Camila y Daniela llevan su sangre, su rostro, y el de su abuela.
El silencio llenó la habitación, pero no era un silencio vacío, era el sonido de una verdad que por fin encontraba su lugar, Miguel volvió a mirar la foto de Camila, esta vez no solo vio el parecido con su abuela, vio a su hija, la niña que le quitaron cuando apenas era unas horas de vida, crecida, hermosa, llena de luz, aunque la vida la había tratado con crueldad, por primera vez después de más de diecinueve años, lloró de esperanza, no de dolor.
—Lidia tiene que saberlo —dijo, recuperando poco a poco la firmeza de su voz—Tenemos que decírselo y ver a Daniela, conocer a la hija de Camila, nuestra nieta.
— Emiliano asintió, sintiendo que el mundo empezaba a ordenarse, que las piezas de un rompecabezas que nadie sabía que empezaban a encajar. — Que buenos investigadores, lo aprobaron a todo, por fin Camila descansará en paz.
—Prepararé todo —dijo— Pero primero, déjeme decirle que Camila era una mujer maravillosa, noble y valiente, Daniela es fuerte, inteligente, llena de vida, Puede estar orgulloso, Miguel.
— Miguel acarició suavemente el borde del marco, como si estuviera tocando el rostro de su hija.
—Gracias —susurró— Gracias por cuidarla, por amarla, por decirme al fin quién era.
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Esa tarde, el acuerdo comercial se firmó, pero lo que realmente quedó sellado fue algo mucho más grande, el reencuentro de una familia que el destino se empeñó en separar, y que ahora, a través de una foto y un parecido imposible de ignorar, empezaba a recuperar lo que le habían arrebatado, la verdad, tan esperada y tan dolorosa, finalmente veía la luz, aunque el camino seguía siendo largo y lleno de obstáculos, por primera vez en más de diecinueve años, Miguel sintió que iban por el buen camino.