Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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21 ESTOY MALDITA
Me fui a casa, Ezequiel y Mercedes estaban afuera sentados, los saludé a la pasada y pasé directo a mi dormitorio, me puse un gorro. No sé dieron cuenta.
Me había venido pensando todo el camino, y ya tenía un plan.
Siempre lo supe. Esa idea estaba ahí.
La presentía. Mi tiempo de felicidad era prestado.
El préstamo se había acabado.
Era mi realidad, no podía ser de otra manera. Todo en mi vida había sido así. Mi papá me amó y siempre supe que lo tendría un tiempo corto solamente. Y así fue, papi me dejó después de una cruel enfermedad.
Conocí a Ezequiel, él me terminó de criar. Y volví a creer que podía ser feliz al lado de un abuelo que me lo dió todo. Me enseñó mil cosas más y compartió conmigo. Ahora tenía a Mercedes, era la primera mujer que me demostraba que una mujer también me podía amar.
Sentada en mi cama esperaba que oscureciera un poco más
Escuché el llamado de Mercedes a comer, seque mi cara y fuí a compartir la última cena con ellos.
Arreglé mi pelo, en un moño para que no notarán que mi larga cabellera no existía ya.
Desde que llegó ella, agradecía los alimentos, este día no fue diferente. Le dió gracias a Dios por tenernos los tres y por los alimentos que teníamos en la mesa. Y que el día de mañana fuera mejor. No pude dejar de llorar silenciosamente. Ezequiel no se dió cuenta. Pero Mercedes si
Terminamos de comer, iluminados por las luces de las velas trabajamos cada uno en nuestras artesanías, mientras Mercedes tejía.
Llegó el momento que yo más temía, la separación. Le pedí un ratito más, para postergar el alejamiento obligatorio al que estaba siendo sometida.
Cada noche abuelo se despedía con un beso, esa noche, lo abracé con desesperación.
Sabía que trataría de buscarme. Pero dejaría una carta explicando todo. No quería que me buscará, quería que siguiera con su vida.
El único consuelo que tenía era saber que él no estaría solo, era como si nuestros caminos se iban a separar y Dios había enviado un ángel llamado Mercedes.
--¿Que pasa mi niña? ¿Tienes miedo?
--No abuelo, solo quería decirte cuánto te quiero.
--Y que pase lo que pase nunca te olvidaré.
--Yo soy el agradecido Catalina. Con tu llegada a mi vida todo cambió, le diste una razón de ser.
--Contigo aprendí a reír. Eres la niña de mi corazón.
--Lo sé abuelito., lo sé...
Se fue a dormir. Mercedes se quedó.
--Ahora me dirás...
--¿Que pasó en la cabaña?
La miré y empecé a llorar, no podía hablar. Me sacó la cinta con la que había arreglado mi pelo. Y me vió.
Se llevó la mano a la boca para taparse y no emitir ningún ruido.
--Cuéntame hija.
Se lo dije todo.
La sorpresa de verme atrapada, de sentir esos brazos rodeándome de tiritar de miedo.
El olor, ese olor hediondo.
La cortapluma que siempre llevaba y que se la enterré en el costado.
La amenaza de la violación.
Y el intento de matarme con mi propio rifle.
Lloraba con angustia, y ella me calmaba.
Le conté de la proposición, del arrepentimiento del delincuente.
Era el mismo al que mi abuelo le perdonó la vida.
Y ahora él me daba la oportunidad de elegir.
La cabeza de mi abuelo tenía precio. Y ese precio era yo.
Mercedes se negaba a aceptar lo que le contaba.
--Encontraremos una solución Catita.
--No la hay.
--Ellos quieren venganza, ojo por ojo diente por diente.
--Eso me dijo, y es verdad.
--la venganza era violarme y dejarme libre.
--Para que mi abuelo sufriera.
--No hay otra solución Mercedes.
--Me iré y no volveré en un largo tiempo.
Yo lloraba y Mercedes también.
--¿Pero a dónde irás?
--Eres una niña, no conoces el mundo. Has vivido toda tu vida rodeada de ovejas.
--No conoces a nadie.
--Me dijo que no buscara a nadie conocido de mi abuelo o tuyo. Porque podrían sospechar.
Mercedes se tapó la cara con sus manos.
--¿Que le diré a tu abuelo?
--Morirá sin tí
--Todo tiene un propósito en esta vida.
-- Dios, tenía un propósito al traerte.
--Mi abuelo no quedará solo.
--Tú estarás aquí con él.
--Y con la esperanza de volvernos a encontrar en unos años más.
--Le escribiré una carta.
--Me iré en unas horas más, caminando. Le cerraré la puerta al galpón, para que Margarita y Peonia no me sigan.
--No tengo mucho dinero, pero podrías pasar a la Hostería a buscar lo que haya.
--No. Tengo que evitar ser vista. Tomaré otra ruta.
--No pasaré al pueblo. Nadie puede verme.
--Todos deben pensar que estoy muerta.
--No puedo Catalina, no puedo dejarte ir así sola.
--¿Y si me voy contigo?
--Yo te acompañaré
--¡No Mercedes! No podemos abandonarlo las dos.
--Eres el amor de mi abuelo.
--Yo nunca lo dejaría, jamás.
--Solo me voy porque me obligaron a hacerlo
--Me prometí cuidarlo cuando fuera viejito, así como él me cuido a mi.
Trataba de no llorar y no podía.
Fuí a mi dormitorio, silenciosamente comencé a arreglar mi mochila con ropa.
Guardé mis tesoros que me acompañarían. Una foto de papá, la medalla al valor de Ezequiel que le habían dado. Me la había obsequiado cuando cumplí diez años. Mi libro de hierbas y bolsitas con algunas de mis hierbas y unas cremas que había creado.
En mi pequeña mesa que Ezequiel había hecho para mi, escribí una carta de despedida. Comencé tres veces y no podía continuar.
La terminé toda mal escrita por mis lágrimas.
Salí a despedirme de mis compañeras de aventuras. Con mi cortapluma corté un trocito de pelo de cada una y lo guardé en una cajita. Les escuché latir su corazón como siempre lo hacía. Lloré entre ambas abrazada. Las olí, con ese olor a hierba, traté de impregnar mi nariz.
Agradecí cada uno de los momentos que vivimos y que me hicieron feliz. Y le pedí que lo cuidaran.
Salí llorando y cerrando completamente el galpón. No quería que Margarita me siguiera.
Mercedes lloraba, sentada en la mecedora.
--No es mucho, pero te ayudará. Me dió una bolsita. Lo tomé por inercia.
--Catalina, nunca olvides que no estás sola.
--Que aquí en estas montañas quedan dos viejos con el corazón roto.
--Que te aman, y esperarán tu regreso.
--Que cada día pedirán a Dios por tí. Para que te cuide.
--Afuera hay gente mala, pero también gente buena. Los reconocerás
--Sigue siendo la niña hermosa y de alma noble.
--Eres especial, tu madre nunca te mereció.
--Y no dejes que ese odio te gane.
--Fuiste y eres amada por nosotros.
La abracé por largos momentos. Luego comencé a caminar rápido. Quería poner distancia del lugar donde fuí abandonada por una cruel mujer.
Y dónde conocí un paraíso llamado hogar.
Escuchaba el relinchar de las yeguas a lo lejos.
Volvería a estar sola. Condenada a vagar.
A buscar.
Un lugar lejos de dónde era amada.
Y el lugar que yo amaba.
La oscuridad escondió mis lágrimas y mis sollozos.
¿Y me preguntaba cuando volvería a ser feliz?
¿Es que no lo merecía?
¿Será que estoy maldita?
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!