Vitória lo tenía todo bajo control: una carrera que amaba, un departamento propio en São Paulo y un novio que parecía sacado de un sueño. Henrique era guapo, encantador, atento… demasiado perfecto. Lo que ella no sabía era que esa noche, en la cena «especial» que él le había preparado, cada copa escondía una trampa.
Cuando el instinto le grita que huya, Vitória corre sin mirar atrás y termina pidiéndole ayuda a un completo desconocido. Arthur no duda un segundo en salvarla. Es todo lo que Henrique jamás fue: sereno, firme, incapaz de pedir nada a cambio. Entre los dos nace algo que ninguno buscaba… hasta que descubren un vínculo que lo complica todo.
Pero Henrique no está dispuesto a perder. Herido en su orgullo y ahogado en deudas, su obsesión se vuelve peligrosa. Y no está solo: la persona en quien Vitória más confía guarda, tras cada sonrisa, una envidia capaz de destruirla.
Entre un amor que sana y un pasado que acecha desde las sombras, Vitória tendrá que aprender a confiar de nuevo… y a defender lo que construyó. Porque en la vida todo se reduce a elegir. Y esta vez no puede equivocarse.
Amor, traición, deseo y venganza en una historia que no vas a poder soltar. ¿Estás lista para descubrir cuál es la elección perfecta?
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Seguir adelante
Vitória despertó el lunes de un modo muy distinto al del viernes anterior, antes de que todo pasara. Durante unos segundos se quedó mirando el techo, respirando hondo, antes de sentarse en la cama.
El viernes creía tener la vida bajo control, y un novio con quien hasta llegó a pensar que podría construir un futuro.
Ahora, días después, todo parecía diferente, y su relación había terminado de la peor forma posible.
—Tengo que seguir adelante... —se decía a sí misma—. No puedo dejar que lo que pasó me paralice... no voy a vivir con miedo.
Era una decisión; quizá la más importante que había tomado en los últimos días.
Vitória se levantó decidida. Se dio un baño largo y eligió una ropa cómoda para el trabajo. Al mirarse en el espejo antes de salir, notó que aún tenía sombras en los ojos. Los últimos días habían dejado huellas, pero también vio algo diferente: había coraje y determinación para continuar, y con eso bastaba.
El estudio estaba muy movido cuando llegó al trabajo. Vitória saludó a algunos colegas y fue hasta su escritorio, encendió la computadora y abrió el proyecto que estaba desarrollando: la remodelación de una casa antigua en un barrio elegante de la ciudad. Trató de concentrarse en los detalles que faltaban en los planos, en los materiales que debía escoger, en la iluminación, pero su mente se empeñaba en volver a Arthur.
Pensaba en su sonrisa, en la forma en que la escuchaba sin interrumpir. En la paciencia y el apoyo que le ofreció sin pedir nada a cambio.
—¿Cómo puedo agradecerle por haberme ayudado? —se preguntó mordiendo la punta del bolígrafo.
Una idea le vino a la mente, y decidió invitarlo a almorzar.
Empezó a sonreír sola. Podrían verse, conversar. Estaba a punto de escribirle un mensaje cuando Bárbara llegó con dos vasos de café.
—¡Buenos días, Vi! Te traje tu café favorito.
—Buenos días. Gracias.
Bárbara se sentó en la silla frente al escritorio de Vitória y cruzó las piernas.
—¿Y entonces? ¿Ya arreglaste las cosas con Henrique? —Vitória sintió que su buen humor se esfumaba al instante al oír ese nombre—. Me llamó súper preocupado. Dijo que trató de hablar contigo, pero que ya no le contestaste el teléfono.
Vitória la miró de frente, y su expresión se puso seria.
—No le contesté, porque no quiero volver a hablar con él.
—Pero amiga...
—Bárbara, no hay vuelta atrás. Lo que hizo Henrique es imperdonable.
Bárbara parpadeó, fingiendo sorpresa.
—Pero Vi… Henrique te quiere… Tal vez fue solo un error tonto, una mala noche…
—¿Un error tonto? —la cortó Vitória, con voz firme—. Intentó drogarme, Bárbara... pensaba entregarme a otros hombres, estoy segura… Eso no fue un error. Fue asqueroso… imagina cómo estaría yo ahora si no hubiera escapado… No entiendo por qué lo ves como un error tonto… ¡porque para mí no lo es! Y no quiero volver a verle la cara.
Bárbara se quedó unos segundos sin reacción. En realidad, la sorprendía la firmeza de su amiga. Esperaba encontrar a una Vitória frágil, confundida y hasta fácil de manipular, no a aquella mujer decidida.
—Vaya… no imaginé que esto te afectara tanto... —Bárbara forzó un tono solidario—. Si necesitas cualquier cosa, aquí estoy, ¿de acuerdo?
Vitória solo asintió, sin mucha convicción. La actitud de Bárbara en las últimas conversaciones era cada vez más rara, y algo dentro de ella no creía en la preocupación de su amiga. En los últimos días, Bárbara parecía más interesada en defender a Henrique que en apoyarla.
Y eso empezaba a incomodarla.
Bárbara cambió de estrategia y se inclinó hacia adelante, buscando averiguar cómo había logrado escapar Vitória.
—Vi, hay algo que todavía no entiendo bien… ¿Cómo lograste llegar al hospital? No me explicaste esa parte.
Vitória dudó un segundo. No quería dar detalles de lo ocurrido, dado lo que sentía respecto a su amiga.
—Le pedí ayuda a una persona en la calle… y me llevó al hospital.
Bárbara notó de inmediato que a Vitória le brillaron los ojos cuando mencionó a la persona que la había ayudado. Un brillo fugaz, pero suficiente para encender la alarma en su mente.
—¿Una persona? —repitió Bárbara, arqueando las cejas—. ¿Quién? ¿Un desconocido? ¿Alguien que conoces? ¿Y se quedó contigo en el hospital? Porque a mí no me llamaste.
Vitória se sentía incómoda con el tono de su amiga. La insistencia de Bárbara empezaba a irritarla.
—Fue un desconocido el que me ayudó... pero no quiero hablar de eso ahora… Tengo que trabajar.
Bárbara se dio cuenta de que Vitória estaba a la defensiva.
—Está bien… Solo me preocupo por ti y por Henrique. Él parece estar sufriendo, ¿sabes? De verdad te quiere. Tal vez todavía puedan…
—Bárbara… —la interrumpió Vitória—. Ya te dije que no hay vuelta atrás. Lo que hizo es imperdonable. Y no quiero volver a hablar de él, de este tema. No insistas.
Bárbara levantó las manos en señal de rendición.
—Está bien. Solo quiero tu bien, amiga. Si necesitas algo, me avisas. Aquí estoy para lo que sea.
—Está bien.
Apenas Bárbara se alejó, Vitória dejó escapar un largo suspiro. Desde que su amiga la visitó el fin de semana, algo le resultaba extraño. Bárbara insistía en defender a Henrique, en minimizar lo que había pasado, en sugerirle que hablara con él.
Vitória frunció el ceño, pensativa.
—¿Qué te está pasando, Bárbara? —comenzó a preguntarse.
Negó con la cabeza, tratando de ahuyentar la mala sensación, y volvió la atención al proyecto en la pantalla. Pero su mente pronto regresó a Arthur, y pensó que quizá era hora de escribirle un mensaje.