PARALELOS
Una beca le abrió las puertas de la preparatoria más prestigiosa del país. Pero también despertó un antiguo misterio.
Cada noche sueña con un estudiante que murió hace más de cien años. Ahora ese mismo joven camina por los pasillos de su escuela... aunque nadie más parece verlo.
¿Son solo sueños, o el pasado y el presente están avanzando en paralelo?
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Capítulo 19 La primera conversación
"A veces una vida entera puede cambiar por una conversación que dura apenas unos minutos."
La mañana transcurrió con una tranquilidad poco habitual.
Akari asistió a clases, respondió las preguntas de los profesores e incluso consiguió concentrarse durante algunos momentos.
Pero cada vez que el reloj marcaba una nueva hora, su mirada se dirigía hacia la ventana.
No pensaba en los exámenes.
Ni en las tareas.
Pensaba en el diario.
Pensaba en Ren.
Y en aquella muchacha desconocida cuya sonrisa había comenzado a iluminar las páginas de su historia.
Cuando sonó el último timbre, salió del salón casi sin darse cuenta.
Yui la alcanzó en el pasillo.
—¿Otra vez vas a desaparecer en la biblioteca?
Akari sonrió con cierta timidez.
—Creo que ya sabes la respuesta.
Yui soltó una pequeña risa.
—Algún día tendré que pedirle permiso a la señora Hoshino para reservarte una mesa con tu nombre.
—No sería mala idea.
—Solo prométeme una cosa.
—¿Cuál?
—Si descubres quién era esa chica del diario... me lo contarás antes de quedarte toda la noche pensando teorías.
Akari asintió entre risas.
—Lo prometo.
La biblioteca estaba casi vacía.
La señora Hoshino la recibió con la misma calma de siempre y, sin necesidad de preguntar, le entregó cuidadosamente el diario.
—Te está esperando.
Akari miró el cuaderno con una mezcla de emoción y respeto.
Cada vez sentía con más fuerza que aquellas páginas eran un tesoro.
Entró en la pequeña sala privada.
Se sentó junto a la ventana.
Respiró profundamente.
Y abrió el diario.
La siguiente entrada estaba fechada.
2 de junio de 1924
La letra de Ren parecía mucho más ligera que en las páginas anteriores.
"Hoy ocurrió algo que todavía me cuesta creer."
Akari continuó leyendo.
"Después de las clases fui a devolver un libro de literatura que había terminado durante la madrugada.
La biblioteca estaba casi vacía.
Solo se escuchaba el sonido de las hojas al pasar y el reloj antiguo marcando lentamente el paso del tiempo."
Una sonrisa apareció en el rostro de Akari.
Era exactamente el mismo ambiente que ella experimentaba cada día.
"Buscaba un lugar libre en el estante superior cuando intenté alcanzar un libro que estaba demasiado alto.
Lo sujeté apenas con la punta de los dedos.
Fue un error."
Más abajo, Ren había dibujado un pequeño punto de tinta, como si incluso él hubiera sonreído al recordar la escena.
"El libro cayó."
Akari dejó escapar una risa.
Siguió leyendo.
"Intenté atraparlo antes de que llegara al suelo.
Al mismo tiempo, otra persona hizo exactamente lo mismo."
"Nuestras manos chocaron.
Los dos perdimos el equilibrio.
Y el pobre libro terminó igualmente sobre el piso."
Akari imaginó la escena con claridad.
No pudo evitar sonreír.
"Durante unos segundos ninguno dijo una palabra.
Creo que estaba demasiado avergonzado para levantar la vista."
La siguiente línea estaba escrita con una delicadeza especial.
"Entonces escuché una risa."
"No era una risa burlona.
Era cálida.
Suave.
Como el sonido del viento entre las hojas del cerezo."
Akari sintió un ligero estremecimiento.
Continuó leyendo.
"Cuando finalmente levanté la cabeza... era ella."
Su respiración se volvió más lenta.
Aquella misteriosa joven.
La misma del jardín.
La misma de la biblioteca.
La misma que aparecía una y otra vez en los pensamientos de Ren.
"Se agachó para recoger el libro antes que yo.
Cuando nuestras manos volvieron a encontrarse, sonrió y dijo:"
—Creo que intentamos salvar el mismo libro.
Akari dejó escapar una carcajada.
Podía imaginar perfectamente la expresión de Ren en ese momento.
El diario parecía confirmarlo.
"Estoy casi seguro de que mi rostro se puso completamente rojo.
No fui capaz de responder nada inteligente.
Solo asentí como un idiota."
Akari volvió a reír.
Era la primera vez que Ren escribía sobre sí mismo con tanto humor.
"Ella soltó otra pequeña risa.
Después me entregó el libro.
—Creo que ahora sí está a salvo —dijo."
Las siguientes líneas eran breves.
Pero transmitían una emoción inmensa.
"No hablamos mucho más.
Comentamos que ambos disfrutábamos de los libros antiguos.
Después tuvo que marcharse."
"Toda la conversación duró apenas unos minutos."
Ren dejó un pequeño espacio antes de escribir la última reflexión de aquella entrada.
"Hay personas que cambian una habitación cuando entran.
Ella cambió mi día con una sola sonrisa."
Akari apoyó lentamente una mano sobre la página.
Sentía una alegría inesperada.
Después de tantos capítulos marcados por la tristeza, las burlas y el silencio, descubrir aquel momento sencillo le devolvía un poco de esperanza.
Por unos instantes olvidó que conocía el destino de Ren.
Solo podía imaginar a un muchacho de diecisiete años caminando por los pasillos de la Academia con una sonrisa imposible de ocultar.
Y comprendió que, a veces...
Los recuerdos más importantes de una vida comienzan con un accidente tan pequeño como dejar caer un libro.
La tarde comenzaba a teñirse de tonos dorados cuando Akari volvió la página del diario.
Durante unos segundos permaneció contemplando la delicada caligrafía de Ren.
Nunca imaginó que un simple encuentro entre dos personas pudiera transmitir tanta calidez.
Respiró hondo y continuó leyendo.
9 de junio de 1924
"Pensé que aquel encuentro había sido una casualidad."
"Me equivoqué."
Akari sonrió.
"Hoy volví a verla en la biblioteca."
"Estaba sentada junto a la misma ventana de siempre.
El sol iluminaba las páginas de su libro y, por un instante, tuve la impresión de que el tiempo se había detenido."
Ren describía la escena con una sensibilidad que hacía imposible no imaginarla.
"No quería molestarla.
Así que elegí una mesa bastante alejada.
Sin embargo, después de unos minutos escuché una voz conocida."
—¿Otra vez salvando libros?
Akari dejó escapar una pequeña risa.
Continuó leyendo.
"Levanté la vista.
Era ella.
Sonreía exactamente igual que la primera vez."
"Creo que tardé demasiado en responder.
Cuando finalmente encontré las palabras, solo pude decir:"
—Esta vez prometo no dejarlos caer.
"Ella volvió a reír."
Ren había dibujado un diminuto símbolo de una flor de cerezo al margen de la página.
Era la primera vez que decoraba su diario.
"Terminamos hablando durante casi media hora."
"Descubrí que compartimos el gusto por las novelas clásicas.
También le gustan las historias donde las personas encuentran esperanza incluso en los momentos más difíciles."
Akari sintió que aquellas palabras describían perfectamente al propio Ren.
Siguió leyendo.
"No hablamos sobre nuestras familias.
Ni sobre las clases.
Ni sobre los problemas de la Academia."
"Solo hablamos de libros."
"Y, curiosamente... hacía mucho tiempo que no me sentía tan tranquilo."
Akari levantó lentamente la vista hacia la ventana de la pequeña sala.
La luz del atardecer iluminaba el escritorio exactamente como Ren lo había descrito.
Por un instante, sintió que los cien años que los separaban dejaban de existir.
Volvió al diario.
La siguiente entrada era breve.
15 de junio de 1924
"Hoy volvió a recomendarme un libro."
"Dijo que era una historia sobre personas que nunca dejaron de creer en los demás."
"Cuando le pregunté por qué lo había elegido, respondió:"
—Porque creo que tú entenderás mejor que nadie este libro.
Ren escribió una sola línea debajo.
"No supe qué responder."
Akari sonrió con ternura.
Aquel muchacho seguía siendo incapaz de ocultar su timidez.
Entonces continuó leyendo.
"Todavía no conozco su nombre.
Cada vez que intento preguntarlo, encuentro una excusa para cambiar de tema."
"Debe pensar que soy bastante extraño."
Akari no pudo contener una risa.
—Un poco... sí.
Justo en ese instante...
Sintió un leve mareo.
Las palabras comenzaron a desdibujarse.
La biblioteca desapareció lentamente.
Y una nueva imagen ocupó todo su pensamiento.
Se encontraba frente a una gran ventana bañada por la luz de la tarde.
Entre sus manos sostenía un viejo libro de tapas verdes.
Podía sentir el peso del volumen.
El aroma del papel.
El suave perfume de las flores de cerezo que entraba por la ventana abierta.
Entonces escuchó una voz masculina detrás de ella.
—Ese también es mi libro favorito.
Akari giró lentamente.
No consiguió distinguir el rostro del muchacho.
La luz lo envolvía por completo.
Pero sus ojos...
Aquellos ojos transmitían una calidez imposible de olvidar.
Sintió que iba a responderle.
Que conocía exactamente las palabras que debía decir.
Pero antes de pronunciar una sola sílaba...
Todo desapareció.
Akari abrió los ojos sobresaltada.
Respiraba con dificultad.
El diario seguía abierto frente a ella.
Llevó una mano a su pecho.
Su corazón latía con fuerza.
—¿Qué fue eso...?
Susurró casi sin voz.
Aquello ya no parecía una simple imaginación.
Había sentido el tacto del libro.
El calor de la luz.
Incluso la voz de aquel muchacho.
Todo era demasiado real.
Respiró profundamente varias veces antes de mirar una vez más el diario.
Solo quedaban unas pocas líneas.
Las leyó con cuidado.
"Todavía no sé su nombre."
"Pero hoy, por primera vez..."
"Escuché el sonido de su risa."
"Creo que nunca voy a olvidarlo."
Akari cerró lentamente el diario.
Lo sostuvo entre sus manos mientras observaba el cielo anaranjado detrás de la ventana.
Sin darse cuenta, sonrió.
Y al mismo tiempo sintió una profunda tristeza.
Porque por primera vez deseó con todas sus fuerzas que aquella historia tuviera un final distinto.
Aunque, en el fondo de su corazón...
Sabía que el destino ya había comenzado a escribir otra cosa.
📖 A veces, las historias más importantes no comienzan con grandes promesas... sino con un libro compartido, una conversación inesperada y una sonrisa imposible de olvidar.
Si este capítulo te gustó, regálame un ❤️, sígueme para continuar descubriendo el diario perdido de Ren y cuéntame en los comentarios: ¿crees que Ren finalmente se atreverá a preguntarle su nombre... o el destino volverá a adelantarse a sus sentimientos?
Nos vemos en el próximo capítulo... porque algunas personas llegan a nuestra vida por casualidad... y terminan cambiando nuestro destino para siempre.