VOLUMEN 3 Y FINAL
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VOLUMEN 3 — CAPÍTULO 18
Thal’Zerion la observó.
—Es por el rubí.
Nerissa parpadeó.
—¿Por el rubí?
—Sí. Pero también se debe a tu deseo.
Ella permaneció atenta.
—Seguro que cuando eras hombre, en lo más profundo, deseabas ser mujer. Como esa era tu naturaleza original cuando eras Diosa, tú rubí simplemente reaccionó a tu deseo y te hizo transicionar, devolviéndote a lo que siempre fuiste.
Nerissa bajó lentamente la mirada.
Por unos segundos contempló sus propias manos, tratando de imaginar aquella vida que ya no podía recordar.
Finalmente dejó escapar un pequeño murmullo.
—Ohh...
Thal’Zerion continuó caminando a su lado, mientras los cuatro cachorros seguían corriendo alegremente unos metros delante de ellos.
Nerissa, en cambio, permaneció sumida en sus pensamientos.
Había perdido sus recuerdos, pero poco a poco estaba descubriendo fragmentos de quién había sido.
......................
Cuando salieron finalmente del castillo, Nerissa caminó unos cuantos pasos junto a Thal’Zerion. Sin embargo, no tardó en reconocer algo que hizo que sus cejas se fruncieran.
Miró a su alrededor con mayor atención.
Las calles, las construcciones, los hombres bestia que transitaban por ellas... Todo le resultaba familiar.
Entonces se dió cuenta.
Espera...
Siempre estuvimos en la Zona 1.
Nerissa volvió lentamente el rostro hacia Thal’Zerion. Sus ojos adquirieron un brillo de evidente molestia.
Y ese castillo...
Thal’Zerion evitó deliberadamente su mirada.
Aquello fue suficiente para confirmar sus sospechas.
Es el castillo de la familia real terrestre.
El Dios del espacio permaneció tranquilo, como si aquella mirada acusadora no tuviera mayor importancia.
—Si no lo hacía, te ibas a escapar.
Nerissa abrió la boca para responder, pero al final soltó un pequeño suspiro.
Fue entonces cuando un fuerte graznido resonó desde el cielo.
¡Kraaa!
Nerissa levantó la cabeza.
Una enorme silueta descendía entre las nubes.
Sus alas cortaron el aire con poderosos movimientos mientras descendía hacia las calles.
Nerissa abrió ligeramente los ojos.
—Heren...
El halcón dio una vuelta sobre la ciudad y comenzó a descender.
Al mismo tiempo, desde una de las calles apareció un enorme lobo gris acompañado por un majestuoso zorro de nueve colas.
Los tres se dirigieron rápidamente hacia Nerissa.
Al encontrarse frente a ella, sus cuerpos comenzaron a transformarse.
El halcón se convirtió en Heren.
El lobo adoptó la forma humana de Yokun.
Y el zorro de nueve colas se transformó en Umiel.
Umiel fue el primero en reaccionar.
—¡Nerissa!
Corrió hacia ella y la tomó entre sus brazos, alejándola inmediatamente de Thal’Zerion.
—¡Papá!
Los cuatro cachorros corrieron detrás de él.
—¡Papá!
—¡Papá, estás aquí!
Aster, Kael, Lior y Lyra se aferraron a Umiel.
Sin embargo, Umiel no apartaba los ojos de Thal’Zerion.
Su expresión había cambiado.
El sabía que aquel hombre era peligroso.
Ese hombre...
Umiel conocía las historias que circulaban sobre el rey bestia terrestre.
Todos saben que es un psicópata.
Apretó los labios y acercó más a Nerissa a sus brazos.
Yokun y Heren permanecieron unos pasos atrás.
Ambos observaron la escena con desconcierto.
La misma pregunta cruzó sus pensamientos.
¿Por qué Nerissa está con el rey bestia terrestre?
Yokun entrecerró los ojos.
Heren, por su parte, mantuvo una expresión seria mientras estudiaba cada detalle.
Umiel volvió a mirar a Nerissa.
La examinó de arriba abajo, comprobando que no tuviera heridas.
—¿Estás bien?
—Sí...
De repente Umiel se quedó inmóvil.
Su expresión cambió.
Lo había percibido.
El olor de Thal’Zerion estaba impregnado en Nerissa.
Los ojos de Umiel se oscurecieron.
Sus dedos se tensaron sobre los hombros de ella.
Nerissa sintió la presión.
—Ay... Umiel, duele.
El zorro reaccionó inmediatamente y la soltó.
—Lo siento.
Pero ya era demasiado tarde.
Su mirada se había clavado en Thal’Zerion.
Una intensa energía rosa comenzó a surgir alrededor de su cuerpo.
El aire vibró.
Las nueve colas de Umiel se levantaron detrás de él mientras una presión poderosa se extendía por las calles.
Era el poder de un hombre bestia que había alcanzado el nivel siete en su punto máximo y que se encontraba a un paso de trascender los límites de un mortal.
Umiel apretó los dientes.
—Te voy a matar.
—¡Umiel, espera!
Pero él ya se había lanzado.
—¡UMIEL!
El zorro de nueve colas atravesó la calle como un relámpago rosado.
Thal’Zerion, en cambio, permaneció completamente tranquilo.
Una pequeña risa escapó de sus labios.
—Qué adorable, zorrito.
Umiel lanzó el primer golpe.
El impacto hizo temblar el suelo.
Nerissa apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Heren y Yokun intercambiaron una mirada.
No necesitaban decir una palabra.
Ambos se transformaron.
Las formas bestiales aparecieron en medio de la calle y se lanzaron contra el Dios del espacio.
—¡Yokun!
—¡Heren!
La batalla comenzó.
Los ataques hicieron estremecer las calles de la ciudad. El estruendo de los golpes resonaba entre los edificios mientras fragmentos de piedra salían despedidos y enormes nubes de polvo se elevaban alrededor de los combatientes.
Thal’Zerion levantó una sola mano.
Una barrera oscura apareció inmediatamente alrededor de Nerissa y los cuatro cachorros.
Los pequeños retrocedieron sorprendidos.
—¡Mamá!
—¡No se preocupen! —les dijo Nerissa, colocándose delante de ellos—. Su séptimo padre nos protegerá.
Dentro de la barrera, los cachorros observaron con los ojos muy abiertos.
—¡Papá está peleando!
—¡Y el quinto papá Yokun también!
—¡el sexto también!
Nerissa, sin embargo, no podía compartir su entusiasmo.
Su corazón estaba acelerado.
—¡Deténganse!
Pero nadie parecía escucharla.
Yokun fue el primero en caer.
Su cuerpo salió despedido y rodó varios metros antes de detenerse.
—¡Yokun!
Heren intentó aprovechar aquella abertura, pero Thal’Zerion lo golpeó con una fuerza que lo hizo atravesar varias palmeras cercanas.
—¡Heren!
Nerissa apretó los puños.
Solo quedaba Umiel.
El zorro de nueve colas respiraba con dificultad, pero continuaba de pie.
Su energía rosa ardía alrededor de su cuerpo con una intensidad extraordinaria.
Thal’Zerion lo observó con interés.
—Tienes bastante poder para ser un mortal.
Umiel gruñó.
—¡Aléjate de mi esposa!
Volvió a lanzarse.
Esta vez el choque de ambos poderes hizo estremecer toda la calle.
Umiel resistió.
Por primera vez, Thal’Zerion tuvo que retroceder unos pasos.
Nerissa abrió los ojos con sorpresa.
—Umiel...
Pero la diferencia seguía siendo demasiado grande.
Thal’Zerion era un Dios.
Por mucho que Umiel se encontrara cerca de alcanzar el nivel de un semidiós, todavía existía una distancia abismal entre ambos.
Thal’Zerion detuvo finalmente uno de sus ataques y lo hizo retroceder.
—Suficiente.
Umiel volvió a prepararse para atacar.
—¡No!
Nerissa miró a los cachorros.
—Quédense aquí. No salgan de la barrera.
—¡Pero mamá...!
—Obedezcan.
Los cuatro asintieron con sus pequeñas orejas gachas.
Nerissa salió de la barrera.
—¡Mamá!
Corrió entre los escombros mientras las piedras caían a su alrededor.
Una roca cayó delante de sus pies.
Nerissa la esquivó y siguió corriendo.
Finalmente llegó hasta ambos.
Umiel tenía el cuerpo cubierto de polvo y respiraba agitadamente.
Thal’Zerion permanecía prácticamente ileso.
Nerissa se colocó entre los dos y levantó ambos brazos.
Su cabello se agitó por la energía que todavía flotaba alrededor.
Su rostro estaba rojo de indignación.
—¡Deténganse ustedes dos de una vez!
Umiel se quedó inmóvil.
Thal’Zerion también.
Nerissa los miró alternativamente.
—¡O me enojaré aún más!
El silencio cayó sobre la calle.
no soporto la esperaaaaa