Cinco años de matrimonio empañados por la distancia y un embarazo fallido llevan a Victor y Victoria al inevitable divorcio. El acuerdo es pacífico y la separación, inminente. Cada uno toma su propio camino; sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que el frío y reservado Victor Song descubra que desatarse del pasado es imposible cuando la mujer que dejó ir sigue siendo la única que desea.
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Palabras que se niegan a salir; una verdad que no quiere ser escuchada
—Victor.
Aparté la mirada de mi libro cuando su voz llegó a mis oídos con la ligereza de su tonada casual. Mi corazón traicionero desechó todo el rencor existente y se alborotó apenas la miré a los ojos. Mi capacidad de habla se perdió en el vacío y solo pude atinar a alzar las cejas para no tener que evidenciar la estupidez de mi lengua dormida.
Y es que la belleza de esa condenada mujer no iba a desvanecerse por mucho que yo estuviera decepcionado. Sus mejillas rojizas, lo cristalino de sus enormes ojos, la sana palidez de su piel, la exquisitez anhelante de sus labios húmedos… Ni siquiera podría considerar una verdadera razón, pero pareciera que el divorcio le había regresado el brillo de su juventud.
¿Había sido tan malo con ella?
—Tengo que ir a la empresa un momento, Leo viene en camino —explicó.
Miré la ligera ansiedad en sus pupilas, luego alcancé a ver la mensajería abierta en la pantalla de su teléfono. Sus dedos estaban aferrados al mismo con fuerza y esa fue señal suficiente para hacerme saber que se trataba de un asunto importante. Mi instinto inicial fue tratar de investigar razones, incluso ofrecer soluciones, sin embargo, recordar la razón principal de mi estancia aquí fue más el empuje que necesité para evitarle la mirada y devolverle mi completa atención al libro.
—No tengo problema. De hecho, no es necesario que vuelvas.
Su suspiro llegó a mis oídos como la clara representación de la frustración. La miré de reojo, cuando se cruzó de brazos y comencé una guerra conmigo mismo en el momento que entendí perfectamente sus manías y gestos, como si no hubiera servido de nada el actuar frío durante los cinco malditos años de nuestro matrimonio.
—No tengo intenciones de dejarte a tu suerte —mencionó con esa seriedad que me erizaba la piel—. Leo solo viene para darte las actualizaciones de la empresa, no a llevar a cabo el puesto de niñera.
—Sigo sin comprender el afán de esta farsa, si ya has anunciado el divorcio al público —la miré de nuevo—. También se formalizó el traspaso de obligaciones, así que no sé qué más quieres de mí.
—Me gustaría que me escucharas… Atención es lo que quiero de ti.
La punzada en el pecho me atravesó hasta la espalda. Su voz, escondida en una súplica, me atormentó porque pude encontrar en su mirada una extrañeza que me dejó conmocionado, incapaz de pensar más allá de lo que veía ahora mismo.
Creer o no creerle, esa era la cuestión.
Y es que todavía no me veía capaz de encontrarle un significado a sus acciones. Ayer había marcado el final nuestro definitivo, pero ahora se presentaba frente a mí, solidaria y amable, cuidando de mi salud como si de verdad pudiera importarle. Lo peor era que mi propio inconsciente lo aceptaba y lo agradecía. El estómago se me retorcía de pura emoción, esperando ansioso por el siguiente servicio que tendría para mí.
Patético.
Cerré el libro y le miré a los ojos, evitando lo más posible el mostrarle cualquier mísera señal de verdadero interés. Victoria tragó aire y se acercó aún más a la cama, con los dedos aferrados en la tela de su falda.
—Victor, yo nunca di…
—¡Victor!
Yuri y Leo entraron a la habitación sin pena ni gloria. Leo entró con la calma de su decencia, pero Yuri no tuvo reparo alguno en entrar y abrazarme como si no tuviera noción alguna de lo que había sucedido. Y aquello solo ocasionó que el dolor me dejara paralizado sobre mi lugar.
—Yuri, lo estás lastimando. Y no puedes gritar así como así porque le afectará en su migraña.
Yuri se alejó cuando la voz imponente de Victoria resonó por encima de su lloriqueo artificial. Bajó la cabeza y se alejó de mí, tal cual un cachorro que había sido regañado por su dueño.
—Tienes que ser más consciente con tus acciones, niña.
—Lo siento, tía Vicky.
Las mejillas de Victoria se pintaron de un rosado furioso. Tomó su bolso de la silla y nos miró a todos, con la vergüenza de aquel sobrenombre instalándose sobre sus hombros bajo la misma intensidad que lo haría una ofensa.
—No voy a tardarme —avisó sin más, dejando la habitación si oportunidad de alguna otra palabra.
La puerta se cerró y las miradas se dirigieron hacia mí. El silencio entre todos fue agonizante y pude escuchar con demasiada claridad, la manera en la que mi corazón golpeaba contra mis oídos con una fuerza que parecía iba a salírseme del pecho en cualquier instante. Aun así, ninguno de los dos hizo mención de ello y solo tomaron asiento, examinando mi cara con un detenimiento absurdo que me incomodó.
—¿Qué? —pregunté.
—Nada. Solo… siento que llegamos en mal momento —murmuró Yuri—. ¿Cómo estás ahora? Todo el mundo se está preguntando de tu repentina desaparición y las noticias están saliéndose de control
—Ahórrate el informe de esos chismes, Yuri —acomodé el libro en la mesita del costado, tragándome las ganas de indagar sobre ello—. ¿Cómo van los avances del evento?
— ¡Oh! —aplaudió—. Ya tengo arreglado el contrato de privacidad con el salón, también preparé los contratos con los proveedores y mañana Leo y yo iremos a probar los menús para la recepción del evento.
Yuri me pasó una carpeta rechoncha. La misma contenía las fotografías de los salones, las propuestas de acomodo, datos de la recepción y hasta las notas de compra y apartado. Todo el archivo acomodado de una manera perfeccionista que casi me hizo sentir envidia porque muy difícilmente yo habría podido conservar intacto un comprobante de pago.
A pesar de ello, podía respirar tranquilo sabiendo que el evento en honor a mi padre ahora estaba en las manos correctas y que no terminaría en un desastre debido a la mierda mental que seguía incrustándose en mi cabeza como vil tormento infinito.
—Buen trabajo, Yuri. Te agradezco el esfuerzo.
—Te dije que no te equivocabas al escogerme —guiñó el ojo, arrogante—. Espero que con el cuidado de Vicky puedas recuperarte por completo para el evento.
—Al paso que vamos, quizá Victor muera de un coraje primero —intervino Leo—. La tía Vicky me llamó para decirme que tenía que enfocarme en la empresa todo el tiempo, me prohibió darme vueltas por aquí y me dijo que por nada del mundo escuchara lo que tuvieras para decir en su contra… ¿Tiene qué ver con el anuncio?
Una punzada se instaló en mi cráneo. La comisura del labio me tembló por sí sola y el estómago se me revolvió en una náusea llena de amargura que ambos notaron porque sus cejas se alzaron al mismo tiempo, bajo la misma reacción.
—Esos son asuntos de los adultos, niños. Por ahora, espero que ambos sigan evitando dar explicaciones —miré a Yuri—. Y no necesito que me defiendas de lo que sea que se esté diciendo por ahí afuera.
Yuri asintió y Leon frunció el ceño con evidente curiosidad. Evité la mirada de sus ojos y volví mi concentración en la carpeta, tratando de analizar las fotografías del salón para no tener que dar explicaciones sobre la razón específica por la que la mera mención de Victoria era suficiente para ponerme de nervios.
Jodida mierda.