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BAJO CONTRATO CONTIGO

BAJO CONTRATO CONTIGO

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Karol Bellandi lo perdió todo en cuestión de semanas. La empresa que levantó con años de esfuerzo está al borde de la quiebra, las deudas la persiguen y el embargo de su casa termina de destruir el mundo que construyó con sacrificio.

Sin opciones y desesperada por salvar lo único que le queda de su padre, acepta buscar ayuda del frío y poderoso empresario Nathanael Moretti.
Nathanael no cree que asociarse con Karol sea una buena inversión. Para él, ella solo es una empresaria en caída libre. Sin embargo, intrigado por la determinación de Karol, le propone un trato: si logra conquistar al cliente más importante del próximo proyecto, considerará firmar el contrato que podría salvar su empresa.

Obligada a convivir con él después de quedarse sin hogar, Karol descubre que detrás de la arrogancia de Nathanael existe un hombre marcado por secretos y heridas del pasado. Lo que comienza como un acuerdo estrictamente profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.

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Capitulo 19

En la sala de juntas de las oficinas Moretti, el sol entraba con fuerza, pero el ambiente estaba lejos de ser cálido. Sobre la mesa descansaba el documento que, según creían ambos, sellaría el acuerdo definitivo: el respaldo de Nathanael para salvar la empresa de Karol. Ella tomó la carpeta con manos ligeramente temblorosas, dispuesta a firmar sin dudar, pero al repasar rápidamente las condiciones, se detuvo de golpe, frunciendo el ceño.

—Esto… no es lo que hablamos —dijo levantando la vista, con sorpresa y alarma en la voz—. Aquí dice que cedo el cincuenta por ciento de las acciones y el control total de la gestión durante cinco años. Y también que pierdo cualquier derecho sobre la marca original. Nathanael, nunca acordamos nada de esto.

Él la miró con extrañeza, como si no comprendiera su reacción.

—Son ajustes razonables para proteger la inversión —respondió con calma, aunque ya empezaba a notar algo raro—. Mis asesores consideraron que era necesario asegurar el futuro del proyecto. ¿Acaso no confías en que esto es lo mejor para ti?

—No es cuestión de confiar —replicó ella, poniendo una mano sobre el papel para señalar las cláusulas—. Es que estas condiciones no existen en la versión que revisamos juntos. Tú mismo dijiste que yo conservaría la dirección, que solo aportarías el capital como socio respaldador, no como dueño de todo. ¿Por qué cambiaste las reglas sin decírmelo?

Nathanael se tensó al escuchar esa acusación.

—¿Crees que he modificado el contrato a mis espaldas? —preguntó con voz más seca—. He dado instrucciones claras para que se respetara lo pactado. Si hay cambios, son por seguridad… y ahora me pregunto si tú te opones porque buscas beneficios mayores de los que te corresponden.

Karol sintió que el pecho se le cerraba. Después de todo lo que habían vivido, de las confesiones y el apoyo mutuo, ahora él volvía a dudar de su honestidad.

—¿Cómo puedes decirme eso? —le dijo, con la voz quebrada por el dolor—. Yo solo quiero salvar lo que es de mi padre, no arrebatarte nada. Si pusiste estas cláusulas para ponerme a prueba… o si simplemente decidiste que ya no te sirvo como socia… al menos ten la decencia de decírmelo a la cara. No me hagas creer que tenemos un trato justo cuando no es así.

—Yo no he cambiado nada a escondidas —respondió él con firmeza, aunque en su mirada ya se notaba la duda—. Pero tampoco aceptaré que intentes manipular las condiciones. Si no estás de acuerdo, no firmes.

Ella apartó la carpeta con un movimiento brusco, sintiéndose traicionada de nuevo, esta vez por la persona en la que más confiaba. Lo que ninguno sabía todavía era que Bianca había accedido a los documentos preliminares, había hecho llegar esa versión alterada a los asesores y había sugerido que las modificaciones eran necesarias para evitar que Karol tomara decisiones imprudentes. Había logrado sembrar la desconfianza justo en el momento en que todo parecía resuelto.

—No firmaré algo que no entiendo y que no acordamos —dijo Karol poniéndose de pie—. Prefiero perderlo todo antes que entregar lo único que me queda sin saber por qué.

Nathanael la vio irse, y aunque su orgullo le impedía llamarla, en el fondo sabía que algo no encajaba: la forma en que ella defendía sus derechos no era la de quien quiere aprovecharse, sino la de quien protege su dignidad.

La puerta se cerró tras de ella con un golpe suave que resonó mucho más fuerte en el silencio de la sala. Nathanael se quedó solo, mirando la carpeta sobre la mesa, y la ira que sentía al principio empezó a mezclarse con una inquietud que no lograba apartar. Conocía a Karol lo suficiente ahora para saber que no era ambiciosa a costa de todo, ni capaz de exigir lo que no le correspondía.

Tomó el documento y se dirigió rápidamente al despacho de su jefe jurídico. Al entrar, dejó el papel sobre su escritorio.

—¿Esta es la versión final del contrato que acordamos? —preguntó sin rodeos.

El abogado lo revisó un instante y frunció el ceño.

—No, señor Moretti. Esta tiene cláusulas que nunca aprobamos. La última versión que usted autorizó le daba a Karol la mayoría de la dirección y la propiedad de la marca. Esta… esta parece redactada para quitárselo todo.

—¿Cómo llegó esto aquí? —demandó Nathanael, sintiendo cómo se le helaba la sangre.

—Hace dos días vino la señorita Bianca —explicó el hombre—. Dijo que usted quería revisar cambios urgentes por motivos de seguridad, y nos entregó estas anotaciones manuscritas con su firma. Como parecía auténtica, procedimos a redactar este borrador.

Nathanael cerró los ojos un momento, comprendiendo al fin toda la verdad. Bianca no solo había mentido: había falsificado su rúbrica, había manipulado los documentos y había logrado enfrentarlos justo cuando más unidos estaban. Regresó al apartamento corriendo, con el corazón encogido por lo que acababa de decirle a Karol.

La encontró sentada en el sofá, mirando al vacío, con los ojos rojos pero sin lágrimas.

—Karol —dijo él con voz ronca, acercándose despacio—. Perdóname. Perdóname por haber dudado, por haberte acusado sin saber. No fui yo quien cambió el contrato. Fue ella. Bianca falsificó mi firma, entregó estas modificaciones y nos hizo creer que el otro estaba mintiendo.

Ella levantó la vista lentamente, y en su mirada todavía quedaba el rastro del dolor.

—¿Estás seguro? —preguntó apenas—. ¿No es otra forma de…?

—Estoy totalmente seguro —la interrumpió él, tomándola de las manos con desesperación—. Te lo juro. Quería protegerte, y terminé siendo la causa de tu dolor. Ella quería que rompiéramos, que nos destruyéramos el uno al otro, para quedarse ella con todo. Pero no lo conseguirá. No dejaré que se interponga entre nosotros nunca más.

Karol sintió cómo el peso que le aplastaba el pecho se aligeraba, aunque la herida seguía ahí. Asintió levemente, y al sentir el calor de sus manos, supo que al menos la confianza entre ellos ya no era una cuestión de suposiciones: era real, y habían pasado la prueba más dura.

 

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Milo Mosquera
Pero este Nataniel es tonto o se hace, no confía en ella , pero en otra si?
Milo Mosquera
Pero este Nataniel es tonto o se hace, no confía en ella , pero en otra si?
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