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Destinada a Cinco Bestias

Destinada a Cinco Bestias

Status: En proceso
Genre:Romance / Poli amor / Mujer despreciada / Bestia / Harén Inverso
Popularitas:24.5k
Nilai: 5
nombre de autor: elmira brazil

Aitana nació como la omega más débil de su manada. Sin garras, sin colmillos y sin una marca digna de respeto, fue humillada por todos, incluso por su propia sangre.
Pero la noche en que la venden como si no valiera nada, la Diosa Luna despierta en ella un poder que llevaba mil años dormido.
Aitana no es una omega cualquiera.
Es la Luna Sagrada, la Elegida destinada a cambiar el mundo de los cambiantes. Y su destino no pertenece a un solo hombre, sino a cinco bestias de clanes distintos: Leandro, la serpiente dorada que la protegería con su vida; Mateo, el curandero lince que sana sus heridas; Quirón, el halcón orgulloso que arde como un fénix; Iván, el tigre blanco que desafía todo por ella; y Nereón, el sireno que guarda secretos bajo el mar.
Mientras antiguos enemigos codician su sangre y los clanes se preparan para la guerra, Aitana deberá construir una nueva manada desde las cenizas, proteger a las hembras olvidadas y demostrar que la omega que todos rechazaron puede convertirse en la fuerza más poderosa del mundo.
Cinco vínculos. Cinco destinos. Una sola Luna.

NovelToon tiene autorización de elmira brazil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Capítulo 23: La victoria que expuso a Bruna

El duelo empezó con seis saquitos cerrados.

Aitana tenía las manos frías.

Eso la molestó más que el miedo. Había enfrentado burlas, mordidas de luna, sueños imposibles y un embarazo anunciado como milagro y peligro al mismo tiempo. Pero seis bolsas de hierbas sobre una mesa bastaron para recordarle que seguía siendo nueva. Que una cosa era saber algo por memoria extraña y otra sostenerlo frente a toda la manada.

Leandro estaba detrás de ella, lo bastante cerca para que su olor a tierra caliente y escamas le sostuviera la espalda.

—No tienes que demostrarme nada —murmuró.

—No es a ti.

—Lo sé.

Mateo se acercó por el otro lado con un cuenco de agua.

—Huele despacio. Algunas hierbas cambian si respiras con miedo.

Leandro lo miró.

Mateo bajó la vista.

—Perdón. Solo...

—No —dijo Leandro, con dificultad—. Sigue.

Mateo parpadeó.

Aitana habría sonreído si no estuviera a punto de meter la nariz en una bolsa que podía decidir su futuro.

Bruna fue primera. Tomó el saquito, lo apretó entre los dedos y levantó la barbilla.

—Corteza de sauce amargo. Para fiebre y dolor.

Abuela Remedios no reaccionó.

Yara olió el segundo.

—Raíz de sueño. Nunca a embarazadas ni a niños pequeños.

La anciana hizo una marca en la tablilla.

Aitana tomó el tercero. El olor subió débil por el cuero: seco, áspero, con una nota dulce al final. Lo tocó. Las hojas dentro estaban quebradas, no en polvo.

No era árnica. No era hierba amarga.

Recordó a Abuela Remedios golpeándole los nudillos por confundir tallos.

También recordó algo más pequeño: Mateo, la tarde anterior, diciéndole que una planta bien secada conserva el olor en capas. Primero tierra, luego tallo, luego lo que la vuelve peligrosa o útil. Había sonado casi poético en su boca, aunque él probablemente habría preferido hundirse en el suelo antes de admitirlo.

No buscó una respuesta brillante.

Buscó capas.

—Flor de luna seca —dijo—. Sirve para calmar espasmos, pero en exceso baja demasiado el pulso. No se da a alguien que ya perdió sangre.

El silencio fue pequeño, pero real.

Abuela Remedios marcó la tablilla.

Continuaron.

Bruna acertó dos. Falló una raíz que dijo útil para fiebre y que, según Abuela Remedios, podía provocar sangrado si se mezclaba con corteza. Yara acertó casi todo, aunque dudó en una hierba local que solo crecía cerca del arroyo. Aitana falló el nombre de una resina, pero dijo correctamente que debía probarse en la piel antes de ponerla sobre una herida grande.

—Una curandera puede olvidar un nombre —dijo Abuela Remedios—. Lo que no puede olvidar es el daño.

Bruna apretó la mandíbula.

La segunda prueba fue peor.

Tres personas se sentaron frente a ellas: una mujer anciana con tos, un cazador con una herida inflamada y Flor, que aceptó participar solo después de que Aitana le prometió que podía levantarse cuando quisiera.

Yara leyó el pulso de la anciana con precisión. Bruna examinó al cazador y recomendó una cataplasma fuerte.

Mateo frunció el ceño.

Aitana también.

—¿Algo que decir? —preguntó Abuela Remedios.

Bruna sonrió.

—Si la aprendiz tiene opinión, que hable.

Aitana se acercó al cazador. La herida olía mal, pero debajo del olor a pus había otra cosa: calor demasiado profundo, piel tensa, líneas rojas subiendo.

—No basta la cataplasma —dijo—. Hay infección. Si tapamos fuerte sin limpiar, encerramos la podredumbre.

El cazador palideció.

Bruna soltó una risa.

—Podredumbre. Qué palabra tan dramática.

Abuela Remedios destapó la venda con cuidado. El borde de la herida mostró una bolsa oscura que nadie había visto desde lejos.

La risa de Bruna murió.

—Primero agua hervida, sal limpia y drenaje —continuó Aitana, con la voz menos firme de lo que quería—. Luego cataplasma suave. Y vigilar fiebre.

Mateo asintió sin darse cuenta.

Leandro no dijo nada, pero Aitana sintió su orgullo por el vínculo como calor en la nuca.

Entonces llegó Flor.

Bruna intentó tocarle la muñeca. Flor retrocedió.

—No quiero.

—Es una prueba —dijo Bruna.

—Dijo que no —intervino Aitana.

Bruna la miró.

—Si no podemos tocar, no podemos curar.

Aitana se agachó para quedar a la altura de Flor.

—¿Quieres que lea tu pulso yo o prefieres salir?

Flor miró a la manada. Miró a Bruna. Miró a Tilo, dormido cerca de una aprendiz.

—Tú.

Bruna respiró por la nariz.

Aitana no se sintió victoriosa. Se sintió responsable.

Tomó la muñeca de Flor solo cuando ella la ofreció. El pulso era rápido, irregular por miedo y cansancio. No era una enfermedad simple. Era hambre acumulada, terror, heridas mal cerradas.

—No necesita una hierba fuerte ahora —dijo Aitana—. Necesita comida en porciones pequeñas, descanso vigilado, agua segura y que nadie la obligue a contar lo que pasó antes de que su cuerpo deje de esperar golpes.

Yara bajó la mirada.

Abuela Remedios marcó otra línea.

La tercera prueba fue sobre parto.

Allí Aitana tuvo miedo de verdad.

Abuela Remedios describió a una hembra con cachorro grande, fiebre ligera, dolores que avanzaban mal y un esposo gritando fuera de la tienda.

Bruna respondió primero:

—Se aparta al esposo y se ordena a la hembra empujar con fuerza antes de que el cachorro se asfixie.

—¿Aunque no esté lista? —preguntó Abuela Remedios.

—Si el cachorro se pierde, todos culparán a la curandera.

La frase quedó desnuda.

No dijo "si la madre sufre". Dijo "culparán".

Yara respondió mejor: revisar posición, limpiar, calentar agua, sostener a la madre, no forzar hasta entender.

Aitana escuchó su propia respiración. Pensó en su vientre, en el sueño, en Leandro intentando no mostrar pánico.

—Primero se saca al esposo si estorba —dijo—. No para castigarlo. Para que el miedo de él no le robe aire a ella. Luego se revisa si el bebé está mal colocado, se da agua tibia si puede beber, se cambia la postura de la madre. Si hay fiebre, no se ignora. Y nadie le grita que empuje como si fuera una puerta trabada.

Paloma murmuró:

—Voy a bordar eso en una manta.

Aitana siguió:

—La vida del bebé importa. La de la madre también. Si una curandera salva un cachorro rompiendo a la hembra como si fuera una vasija, no hizo un milagro. Hizo una deuda.

Yara bajó la cabeza, no por derrota, sino por reconocimiento.

—En mi clan perdimos a una madre así —dijo en voz baja—. El cachorro vivió. Nadie volvió a decir su nombre en voz alta porque todos querían llamar victoria al desastre.

El patio se estremeció.

Aitana no esperaba que Yara la apoyara. Esa honestidad volvió más pesada la prueba, pero también más limpia.

Abuela Remedios dejó la tablilla.

Durante un momento nadie habló.

Luego la anciana miró a Bruna.

—Tu conocimiento mira primero al juicio ajeno.

Miró a Yara.

—El tuyo es fuerte, pero no conoces esta tierra.

Finalmente miró a Aitana.

—El tuyo está incompleto. Pero cuando no sabes, preguntas. Cuando dudas, miras a la persona antes que al resultado. Eso se puede enseñar.

Bruna dio un paso atrás.

—Esto estaba decidido desde el inicio.

—No —dijo Abuela Remedios—. Tú lo decidiste cuando llamaste obstáculo a una hembra asustada.

La rabia le deformó el rostro a Bruna durante un segundo. Fue breve, pero todos la vieron.

Allí estaba la verdad: no dolor, no preocupación, no vocación. Hambre.

En la orilla del patio, entre visitantes y curiosos, un hombre alto con capa gris levantó apenas la cabeza. Sus ojos eran claros y afilados, demasiado quietos. No miraba a Bruna.

Miraba a Aitana.

Y en su mirada había una intención fría, ajena a la manada, como si una garra invisible acabara de marcar una presa.

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Maria Diosdado Velázquez
esto es lo que a mí no me gusta, porque después se pierde la novela y no se sabe en qué termina, 😞😞 repruebo esto de no poner toda la novela entera, si usted escritora pudiera no hacer eso se lo agradecería
La novela está buenísima, pero no la pone completa y eso le resta puntos
Maria Diosdado Velázquez
no, no se abren las fotos🤔🤔🤔🤔🤔
Mary Salazar
me encanta 👏👏👏🤣🤣🤣👌👌😂😂
Mary Salazar
Woow 👏👏👏
Mary Salazar
OMG 😱😱😱😭😭😭
🏳️‍🌈ZOE GIANNI 🇮🇹🇦🇷
no puedo ver las imágenes, no soy solo yo no??
Elizabeth Vargas: yo tampoco puedo 😭
total 1 replies
Mary Salazar
Woow 👏👏👏👏👏👏 fantástico
Mary Salazar
guacala 😂😂😂🤣🤣🤣👌👌👌
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