Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.
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Capítulo 19: El libro que no debía existir
La luz que envolvía a Emilia y Derek desapareció lentamente.
Las antiguas llanuras prohibidas volvieron a quedar en silencio.
La reliquia negra flotaba delante de ellos.
Y sobre las manos de ambos brillaba el mismo símbolo.
Un dragón rodeado por oscuridad.
Emilia observó la marca.
Podía sentir un calor suave recorriendo su brazo.
No le producía miedo.
Era una sensación extrañamente familiar.
—¿También la sientes?
Preguntó.
Derek contempló su propia mano.
—Sí.
Es como si algo estuviera despertando.
La reliquia descendió lentamente hasta quedar suspendida entre los dos.
Entonces una voz infantil volvió a escucharse.
Era Lyra.
Pero ya no podían verla.
—No la separen jamás.
La joya reaccionará al corazón de quien la sostenga.
Emilia extendió la mano.
La piedra negra se apoyó sobre su palma.
Durante un instante el mundo desapareció.
Se encontró caminando por una enorme biblioteca.
Era diferente a cualquier lugar que hubiera visto.
Las estanterías parecían no tener fin.
Miles de libros flotaban en el aire.
En el centro de la sala había una mesa.
Y sobre ella descansaba un único volumen.
Su cubierta era azul oscura.
Con letras plateadas.
Emilia sintió que el corazón dejaba de latir por un segundo.
Conocía aquel libro.
Se acercó lentamente.
Temblando.
Sobre la portada podía leerse:
"Debajo de tu sombra".
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—No puede ser...
Una mano apareció y cerró el libro antes de que pudiera tocarlo.
Era una mujer.
Llevaba un largo vestido blanco.
Su rostro permanecía oculto bajo un velo.
—Todavía no.
Dijo con una voz tranquila.
—¿Quién eres?
—Alguien que también leyó esta historia.
—¿Cómo llegó este libro aquí?
La mujer levantó una mano.
Los miles de libros comenzaron a moverse.
—Porque este no es un cuento.
Es un recuerdo.
Antes de que Emilia pudiera hacer otra pregunta, la visión desapareció.
Derek la sujetó antes de que cayera.
—¡Emilia!
Ella respiró agitadamente.
—Vi el libro.
El joven frunció el ceño.
—¿Qué libro?
—Mi novela favorita.
Estaba aquí.
En este mundo.
Derek permaneció en silencio.
Luego recordó las últimas palabras del hombre enmascarado.
"Cuando descubran quién escribió la novela..."
Una preocupación comenzó a crecer en su interior.
—Debemos guardar esto en secreto.
Emilia asintió.
—Nadie puede saberlo.
Los dos emprendieron el regreso.
Pero no notaron que, entre las sombras, unos ojos rojos los observaban.
En el Palacio de Edredón.
La reina Elena no había dormido.
Sobre su escritorio había varios documentos antiguos.
Y uno de ellos contenía un dibujo.
Una marca.
La misma que ahora llevaban Emilia y Derek.
Elena acarició el pergamino.
—Después de tantos años...
Volvió a aparecer.
La puerta se abrió.
Emma entró en la habitación.
—Majestad.
Todo avanza según el plan.
La reina guardó el pergamino.
—¿Y Ester?
—Su comportamiento sigue siendo extraño.
Elena se levantó lentamente.
—No es solo eso.
Hay algo dentro de ella que no reconozco.
Emma sonrió con frialdad.
—Si es un problema...
Podemos eliminarla.
La reina negó con la cabeza.
—Todavía no.
Primero quiero descubrir quién es realmente.
Mientras tanto, en el Reino Dragón.
Morgana visitó la habitación de Derek.
Encontró a Emilia sentada junto a la ventana.
La reina se acercó despacio.
—¿Puedo acompañarte?
—Claro.
Las dos contemplaron el amanecer.
Después de un largo silencio, Morgana habló.
—Cuando Derek era pequeño siempre miraba el cielo.
Decía que alguien lo estaba esperando.
Emilia sintió una punzada en el corazón.
—¿De verdad?
—Sí.
Y, aunque parezca extraño, desde hace unos días siento que volvió a encontrar esa esperanza.
La joven bajó la mirada.
No podía decir la verdad.
Pero aquellas palabras la conmovieron.
Morgana tomó su mano.
—Pase lo que pase...
No permitas que nadie apague la luz de su corazón.
Emilia sintió que los ojos se le humedecían.
Pensó en su propia madre.
En Adriana.
Y comprendió cuánto dolor sufriría Morgana si algo le ocurría a Derek.
—Lo prometo.
Susurró.
Sin darse cuenta, había hecho una promesa que marcaría su destino.
En el ducado, Derek enfrentaba otro desafío.
Adolfo lo había llamado a su despacho.
La habitación estaba llena de mapas y documentos.
El duque observó a su hija con atención.
—Siéntate.
Derek obedeció.
Adolfo apoyó las manos sobre la mesa.
—La familia real comienza a confiar demasiado en ti.
Eso es bueno.
El joven guardó silencio.
—Pronto llegará el momento de comprometerte oficialmente con el príncipe Eduardo.
Derek sintió un fuerte malestar.
No por él.
Sino por Emilia.
Sabía que aquel compromiso había sido una prisión para la verdadera Ester.
—Padre.
Dijo con calma.
—¿Alguna vez me preguntó qué deseo?
Adolfo quedó sorprendido.
—Tu deber es obedecer.
—¿Y si no quiero esa vida?
El duque golpeó la mesa.
—El poder está por encima de los sentimientos.
Derek sostuvo su mirada.
Por primera vez comprendió el sufrimiento de Ester.
Y en ese instante tomó una decisión.
Aunque recuperara su cuerpo...
No permitiría que ella volviera a vivir encadenada.
Aquella noche, el vínculo volvió a unirlos.
Emilia se sentó sobre el balcón.
Derek hizo lo mismo desde el otro reino.
Podían sentir el viento.
La tranquilidad.
Y la presencia del otro.
—¿Estás bien?
Preguntó Emilia.
—Sí.
Aunque hoy entendí algo.
—¿Qué cosa?
—La verdadera Ester nunca fue libre.
Ella permaneció en silencio.
Porque también había pensado lo mismo.
—Cuando encontremos una forma de arreglar todo esto...
Dijo Derek.
—Quiero salvarla también.
Emilia sonrió.
Aquello era exactamente lo que ella deseaba.
—Entonces la salvaremos juntos.
Una luz suave apareció alrededor de sus marcas.
Y, por un breve instante, pudieron verse.
No con los ojos.
Sino a través del vínculo.
Emilia vio al verdadero Derek sonriendo.
Y Derek vio el verdadero rostro de Emilia.
Cabello castaño.
Ojos verdes.
Una expresión dulce y tímida.
Los dos quedaron inmóviles.
—Así que...
Murmuró Derek.
—Así es tu verdadero rostro.
Emilia sintió que sus mejillas se calentaban.
—Y tú eres exactamente como te imaginaba.
Ninguno dijo nada más.
Pero los dos comenzaron a sonreír.
Muy lejos de ellos, en una torre olvidada, el hombre de la máscara negra observaba un antiguo espejo.
Dentro del espejo aparecía la imagen de Emilia.
Luego la de Derek.
Finalmente apareció el rostro de una joven desconocida.
Cabello negro.
Ojos rojos.
La verdadera Ester.
El hombre apoyó una mano sobre el cristal.
—Despierta.
Susurró.
—Ha llegado el momento de que recuerdes quién eres.
Una lágrima cayó por la mejilla de la joven dormida.
Y, por primera vez desde que Emilia llegó a ese mundo, el alma de Ester comenzó a despertar en las profundidades de su corazón.