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Un Latido En Dos Tiempos

Un Latido En Dos Tiempos

Status: En proceso
Genre:Juego de roles / Pareja destinada / Amor en la madurez
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Nuñez

In-Oh es una fotógrafa de veintidós años atrapada entre los fantasmas de su memoria y la comodidad de su rutina. Un viaje inesperado de regreso al pueblo costero de su infancia entrelaza violentamente su pasado y su presente. Tras diez años de dolorosa ausencia, reaparece Min-Woo, su primer amor platónico de la niñez, transformado ahora en un enigmático hombre. Al mismo tiempo, su incondicional mejor amigo de la secundaria, Seo-Jun, decide dar un paso al frente y confesarle un sentimiento guardado durante siete años. Atrapada entre el eco de una antigua promesa de verano y la calidez de un amor maduro que teme arruinar la amistad, In-Oh deberá enfrentar los traumas de su pasado para aprender a abrir su corazón al presente.

NovelToon tiene autorización de Paula Nuñez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Fragilidad y cenizas

​El silencio que siguió a la huida del atacante se sentía denso, cargado de una adrenalina que comenzaba a desvanecerse para dejar paso a un temblor incontrolable en todo mi cuerpo. Seo-Jun seguía allí, de pie frente a mí, con las manos manchadas y la respiración aún agitada. Sus ojos, que habían estado dominados por la furia, se suavizaron al fijarse en el desastre que me rodeaba: mi ropa, desgarrada por el forcejeo, dejaba al descubierto mi vulnerabilidad ante la noche fría.

​Sin mediar palabra, el gesto fue automático. Se despojó de su chaqueta con una celeridad que delataba su urgencia por protegerme. Al colocarla sobre mis hombros, la tela, que conservaba el calor de su cuerpo y su aroma familiar, me envolvió por completo; siendo yo mucho más pequeña que él, la prenda me cubría casi hasta las rodillas, dándome una sensación de refugio absoluto. En cuanto terminó de abrigarme, sus brazos me rodearon con una fuerza protectora, instintiva. Hundió su rostro en mi cabello, buscando mi cercanía como si necesitara confirmar que yo seguía ahí, que estaba completa.

​—¿Estás bien? —susurró con la voz quebrada, un tono que no le escuchaba desde antes de que todo nuestro mundo se fracturara—. Perdóname... por favor, perdóname por no haber llegado antes.

​Sus palabras fueron el detonante final. El muro de contención que había construido para sobrevivir a la situación colapsó. Me refugié en su pecho, permitiéndome sollozar hasta quedarme sin aliento, dejando que el shock y el miedo se drenaran con cada lágrima. Mi cuerpo seguía sacudido por espasmos, pero mi corazón, en medio de la tormenta, reconocía una verdad innegable: estaba a salvo. Entre llantos, solo pude articular un "gracias" inaudible, aferrándome a la solapa de su chaqueta.

​Después de unos minutos que parecieron un siglo, me condujo suavemente hacia su auto. El trayecto hasta mi edificio fue una procesión silenciosa. Yo no podía apartar la vista de sus manos sobre el volante; sus nudillos estaban rotos, hinchados y cubiertos por una capa de sangre seca que me desgarraba el alma. Cada vez que él cambiaba de marcha, un gesto de dolor cruzaba su rostro, pero no se quejó.

​Al llegar frente a mi edificio, la realidad volvió a golpearnos como un balde de agua fría. Lo miré, sintiendo una mezcla de culpa y gratitud, y le pedí que subiera.

​—Por favor, pasa —le rogué—. Tus manos necesitan atención. Déjame curarte... al menos eso.

​Él negó con la cabeza, manteniendo la vista fija al frente, como si temiera que, si me miraba de nuevo, perdería la compostura.

—Puedo hacerlo en casa, In-Oh. Estarás bien, es lo único que importa —respondió, y su tono, aunque suave, levantó una barrera invisible.

​Fue entonces cuando la vibración de mi teléfono rompió el encanto. La pantalla mostraba el nombre de Min-Woo, parpadeando con insistencia. Seo-Jun desvió la mirada hacia el aparato; su expresión cambió en una fracción de segundo, la calidez de hace un momento evaporándose para dar paso a una frialdad gélida.

​—Contesta —dijo, cortante—. Debe estar preocupado. Nos vemos mañana en el trabajo.

​Me sentí atrapada en una encrucijada emocional. Por un lado, necesitaba hablar con Min-Woo, mi ancla y mi presente; pero por otro, una parte egoísta de mí quería detener el tiempo, quería que Seo-Jun no se fuera, quería curar no solo sus heridas físicas, sino las invisibles que ambos cargábamos. Sin embargo, al ver su postura tensa y el brillo de indiferencia regresando a sus ojos, supe que cualquier intento de forzar más cercanía sería en vano.

​Bajé del auto en silencio, sintiéndome pequeña dentro de su chaqueta, que aún conservaba su olor. Lo vi alejarse sin mirar atrás, dejando tras de sí un vacío que ni siquiera la llamada entrante de Min-Woo lograba llenar. Esa noche, el consuelo y el dolor se habían mezclado de una forma que no sabía cómo procesar.

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