Catalina es la primogénita de la familia Bloemen, un ducado de gran importancia en el imperio de Blodau, pero a pesar de eso su vida siempre estuvo lejos de ser la de una dama noble, por lo que desde que recuerda su mayor deseo es huir de su disque familia, algo que logra de la mano de un desconocido que llego a su puerta sin avisar y del que se enamoró perdidamente.
La pareja enamorada hizo su vida lejos de los lujos de la nobleza, felices simplemente con estar el uno al lado del otro, pero algo empañaba esa felicidad y eso eran las preguntas que existían alrededor de Jared, Jared no recuerda nada de su pasado, solo su nombre y descubrir quién es él y encontrar a sus padres es algo que desea hacer, pero Jared no es quien él cree que es, y su verdadera identidad sumergirá a la pareja en un mundo lleno de peligros del que creían que eran ajenos.
¿Podrán Catalina y Jared superar los obstáculos que los esperan y ser felices?
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Capítulo 18
Catalina salió temprano en compañía de Oliver; este último se había estado quedando en el palacio desde la aparición de Basil hace dos días, algo para nada inusual, ya que Oliver solía quedarse en el palacio por periodos cortos.
Con ellos también estaban un par de guardias, quienes serían los encargados de la seguridad de Catalina al volver al palacio; todos eran hombres de confianza del emperador.
La primera parada fue el restaurante, en donde Catalina, quien usaba un vestido prestado por Rosalina, se reunió no solo con Lila, sino también con Amina.
—Catalina, querida, nos preocupamos mucho cuando no viniste ayer —le dice Lila, quien se siente aliviada de ver a la pelimorada en perfectas condiciones.
- Lamento mucho haberla preocupado, pero algo surgió que me impidió venir ayer.
—Bueno, eso ya no importa, ponte un mandil y a trabajar, y mientras picas algunos vegetales, quiero que me cuentes si la señora que vino a buscarte sí tenía relación con Jared o no —le dice Lila.
—Sí, mi señora, yo también quiero saber —dice Amina.
—Sobre eso, he venido a decirle que ya no trabajaré aquí. Lamento mucho avisarle así de repente y siempre le estaré agradecida por lo que hizo por mí —se disculpa Catalina, mientras hace una reverencia a Lila en señal de respeto.
—¿Por qué has decidido renunciar? —le pregunta Lila.
- La mujer de ese día, si conocía a Jared, y bueno, el pasado de mi esposo es mucho más complejo de lo que imaginamos, por el momento no puedo decir mucho, pero ya sabrán la verdad más adelante, me gustaría ser yo quien se las dijera, pero no puedo, pero a pesar de eso si les pido que si alguien alguna vez viene preguntando por Jared o por mí, sean lo más ambiguas que puedan en sus respuestas – les pide Catalina, a lo que ambas mujeres se miran, comprendiendo que las cosas relacionadas con Jared sí que eran complicadas.
—Confía en nosotras y cuando toda la verdad se sepa, espero una buena explicación de tu parte, pero ahora solo te puedo decir una cosa: cuídate mucho, y fue un honor tenerte trabajando en mi restaurante; eras de las mejores cocineras; tal vez al inicio eras un desastre, pero rápidamente te volviste de las mejores, te voy a extrañar —le dice Lila, mientras abraza a Catalina, abrazo que la pelimorada corresponde de inmediato.
—Mi señora, sin importar qué sea lo que esté pasando, yo siempre le seré leal, así que no se preocupe, puede confiar en mí —le dice Amina a Catalina, a lo que la pelimorada, sin dudarlo, se lanza a los brazos de la pelirroja.
—Cuando todo se calme vendré por ti, y volveremos a estar juntas; hasta entonces, por favor, cuida de ti —le dice Catalina a Amina, a lo que la pelirroja tan solo asiente.
Para Catalina solo una persona podía ser su dama, y esa era Amina, aquella que le había sido leal hasta en los peores momentos, pero ahora para mantenerla a salvo debían separarse, al menos por el momento.
Después, Catalina se despidió del resto de sus compañeros de trabajo y dejó el restaurante en donde a la salida la esperaba Oliver.
—¿Has terminado? —le pregunta Oliver, a lo que Catalina asiente.
—Así es, ahora sígueme, uno de mis antiguos compañeros de trabajo me dijo dónde encontrar a Aeson; al parecer su madre está enferma y Aeson está en su casa —le informa Catalina a Oliver y ambos se dirigen hacia la casa del hombre, en donde son recibidos por la hija mayor.
—Catalina, qué sorpresa, ¿y quién es el hombre a tu lado? —pregunta la joven.
—Él es Liver, un conocido mío, Liver desea ser médico, por lo que ayudará a Aeson el día de hoy —contesta Catalina.
—Eso es genial, adelante, pasen.
La casa es pequeña, pero muy hogareña; la joven que les abrió la puerta los lleva hasta una de las habitaciones, en donde Aeson está tratando a una mujer de alrededor de 40 años.
—Catalina, ¿qué te trae por aquí? —le pregunta Aeson al verla, y se sorprende aún más al ver a Oliver detrás de ella.
—Queremos hablar contigo —le dice Catalina a Aeson.
—En ese caso, termino aquí y ya podremos hablar —le responde Aeson, quien vuelve a centrar su atención en la mujer que está tratando.
Catalina y Oliver son testigos de cómo Aeson revisa a la mujer y, tras darle su diagnóstico, le entrega las medicinas que necesita tomar y también le explica los cuidados que debe tomar.
Una vez termina con la mujer, Aeson sale de la habitación, seguido de Catalina y Oliver, y habla con la hija de la mujer, a quien también le da las instrucciones de la medicina que debe tomar su madre y los cuidados que esta debe tener.
- Muchas gracias señor Aeson – le contesta la joven, mientras que de la despensa de la casa saca un pequeño canasto de manzanas – me gustaría darle más, pero hace poco mi padre perdió su empleo y todos vivimos de lo que gana mi hermano, pero el manzano del patio dio estas manzanas, están muy dulces, tómelas como forma de pago – le ofrece la mujer y Oliver se sorprende de que aquella jovencita intente pagar el tratamiento de su madre con una canasta de manzanas, si bien el no sabia mucho de medicina, había reconocido que la medicina que Aeson le había dado a la señora no era para nada barata.
—Se ven deliciosas, gracias, con esto la deuda queda saldada, y en caso de que tu madre presente algún otro síntoma, llámame, pero no creo que sea necesario, ella ya estará mejor —le responde Aeson, tomando el canasto de manzanas.
Oliver no da crédito a lo que ve; realmente Aeson había aceptado unas pocas manzanas como pago. Si bien lo había visto aceptar pocas monedas de parte de Catalina como pago, creyó que era porque era buen amigo de su primo y la esposa de este, además de que sus majestades le pagaron una muy buena suma de dinero por tratar a Basil, y si bien en la historia que contaron Catalina dijo que Aeson no había cobrado nada por curar a su primo, él no lo creyó del todo, pero ahora esa percepción estaba cambiando.
Los tres salieron de la casa, y fuera de esta, Aeson les ofreció una manzana a Oliver y a Catalina, ofrecimiento que ambos rechazaron.
—Y bueno, ¿de qué quieren hablar? —les pregunta Aeson mientras come una manzana.