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Las Cuatro De La Medianoche.

Las Cuatro De La Medianoche.

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Mundo mágico / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Cuando la noche hace un pacto con la luz, nacen juramentos que ni el tiempo osa romper.

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Capítulo 18 — La canción de cuernos

Se escuchó un silencio como un acorde fino que antes nadie había oído. No era la ausencia de sonido, sino la culminación de todos los ruidos del mundo condensados en un solo punto de presión insoportable. Era un silencio que exigía una respuesta, un vacío que suplicaba ser llenado por algo más que lamentos.

Lyraka Van’Thar dio un paso al frente. Sus cuernos de amatista, habitualmente oscuros y opacos como la piedra de una cueva, comenzaron a brillar con una luminiscencia interna. La sangre que había brotado de sus bases se evaporó, dejando tras de sí un rastro de ceniza púrpura. Ella sintió el acorde de Shapira golpeando sus sienes, una llamada que solo alguien con su herencia —la herencia de los que escuchan en la oscuridad— podía interpretar.

—El silencio de Shapira es el papel —dijo Lyraka, y su voz sonó extrañamente melódica, despojada de su habitual aspereza—. Y yo soy la tinta.

—Lyraka, ten cuidado —advirtió Ravenna, retrocediendo mientras su Tomo empezaba a vibrar con una advertencia mágica—. Ese acorde es energía pura de la creación. Si intentas armonizar con él y fallas, tu mente se dispersará en mil fragmentos de pensamiento sin sentido.

Xylia puso una mano sobre el hombro de Lyraka. Sus ojos se encontraron. Ya no había rivalidad entre la luz y la sombra, solo el reconocimiento de dos supervivientes en el borde del abismo.

—Hazlo —le dijo Xylia—. Eres la única de nosotras que puede hablarle al vacío y hacer que el vacío responda. Canta, cuernuda. Canta por todas nosotras.

Lyraka cerró los ojos y dejó que su conciencia se deslizara por la superficie de sus cuernos. En la cultura de los Van’Thar, se decía que los cuernos de las elfas nocturnas eran antenas que conectaban con los ancestros, pero Lyraka siempre los había usado solo para la guerra. Ahora, por primera vez, los usó para lo que realmente fueron creados: para canalizar la música de las esferas prohibidas.

Empezó con un susurro bajo, una nota gutural que parecía nacer en las entrañas de la tierra. No era una canción de palabras, sino de sentimientos puros. Era el sonido del viento en los desfiladeros de su infancia; era el chasquido de las dagas en la noche; era la soledad de ser una guerrera en un mundo que solo quería que fuera un monstruo.

A medida que Lyraka cantaba, sus cuernos empezaron a emitir ondas de energía visible. Eran círculos concéntricos de un color púrpura tan oscuro que bordeaba el negro. Estas ondas chocaron con el "Eco" de Shapira, y el efecto fue instantáneo. El Vórtice dejó de ser una estructura estable y se convirtió en una vorágine de geometría imposible.

—¡Está funcionando! —exclamó Ravenna, protegiéndose los ojos—. ¡Está abriendo una brecha entre las dimensiones!

La canción de Lyraka se volvió más compleja. Empezó a tejer los hilos del sacrificio de Shapira con su propia voluntad de hierro. La melodía se elevó, volviéndose aguda, casi estridente, una canción de desafío contra los reyes que habían escrito sus nombres en sangre. Era una canción que decía: *Estamos aquí. Os vemos. Ya no tenemos miedo.*

Xylia sentía que su armadura de ceniza vibraba con cada nota. La luz dorada que emanaba de su mano comenzó a mezclarse con el púrpura de Lyraka. El oro y la sombra ya no luchaban por el dominio; se abrazaban, creando una nueva sustancia, una energía que no era de este mundo.

—¡Más fuerte, Lyraka! —gritó Xylia—. ¡Puedo ver el umbral! ¡Está ahí, detrás de la mudez de Shapira!

Lyraka arqueó la espalda, su cuerpo entero temblando por el esfuerzo de sostener tal cantidad de poder. Sus cuernos brillaban tanto que parecían estar a punto de derretirse. En su mente, vio la cara de la Reina Elowen, la Desprendida. Vio la traición en sus ojos claros y sintió un asco tan profundo que su canción se transformó en un grito de guerra armónico.

—¡POR LA LIBERTAD QUE NOS ROBARON! —gritó Lyraka, y en ese momento, el acorde fino de Shapira y la canción de cuernos de Lyraka colisionaron en una explosión de silencio absoluto.

El mundo pareció invertirse. El suelo de cristal desapareció, sustituido por un vacío estrellado donde las constelaciones eran de color obsidiana. En el centro de ese vacío, justo donde Shapira estaba levitando, comenzó a abrirse una grieta. No era una grieta de luz blanca o dorada, sino de una oscuridad tan absoluta que emitía su propio resplandor. Era la "luz negra", la energía de lo no-nacido y lo olvidado.

—Es un pasaje —murmuró Ravenna, maravillada—. Un pasaje hacia el Origen. Hacia el lugar donde se guardan los juramentos antes de ser pronunciados.

La grieta se expandió, formando un arco gótico de luz negra que palpitaba como un corazón herido. Desde el otro lado del pasaje, un viento gélido trajo consigo el olor a flores marchitas y a metal antiguo. Era el olor de las promesas incumplidas.

Shapira, en su estado de Eco, fue la primera en moverse hacia el pasaje. Sus cadenas se extendieron hacia el interior de la luz negra, como si estuvieran reconociendo un hogar antiguo. Lyraka cayó al suelo, agotada, con sus cuernos humeantes y su voz reducida a un hilo de aliento, pero con una mirada de triunfo en su rostro.

—Lo hice... —susurró Lyraka, mientras Xylia la ayudaba a levantarse—. Les dije que mi canción no era solo para asustar a los niños en la noche.

Xylia miró el arco de luz negra con una mezcla de esperanza y terror. Sabía que cruzar ese umbral significaba dejar atrás todo lo que conocían. Ya no eran las elfas de sus respectivas cortes; ya no eran las herramientas de sus reyes. Eran algo nuevo, algo que el mundo aún no tenía nombre para describir.

—Esto es lo que Elowen temía —dijo Ravenna, ajustándose su mochila y agarrando su Tomo con fuerza—. Ella se desprendió para no tener que ver lo que hay al otro lado de este pasaje. Ella huyó de la responsabilidad de la verdad. Nosotras, sin embargo, vamos a entrar de frente.

Lyraka se apoyó en Xylia, y ambas miraron a Shapira, que las esperaba en el umbral de la luz negra. El Eco de su amiga parecía más sólido ahora, como si el pasaje le estuviera devolviendo una parte de su realidad, aunque fuera una realidad oscura.

—¿Están listas? —preguntó Xylia, mirando a sus compañeras.

—He pasado toda mi vida estudiando sombras —dijo Ravenna—. Ya es hora de que camine entre ellas.

—Si hay algo al otro lado que merezca ser golpeado, estaré allí —añadió Lyraka con una sonrisa débil pero valiente.

Juntas, se acercaron al arco de luz negra. La canción de cuernos todavía resonaba en las paredes del Vórtice, un recordatorio de que el silencio había sido roto por fin. No por un grito de odio, sino por una canción de hermandad que había costado una voz, pero que había ganado un destino.

En ese acorde la cuernuda cantó, y la canción abrió un pasaje de luz negra.

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