Luciana Montreal siempre obtuvo lo que quiso.
Incluso a David Balbuena… el único hombre que alguna vez se le resistió.
Pero el deseo no siempre trae victoria.
Entre noches que la consumieron y una verdad que lo cambió todo, Luciana entendió que hay algo más peligroso que no tener a alguien… tenerlo y descubrir quién es en realidad.
Años después, convertida en una mujer poderosa e inalcanzable, ha construido un mundo donde nadie puede tocarla...
Hasta que el pasado regresa... y no viene solo: Un hombre que aún puede hacerla arder. Otro que ya decidió que será suya.
Entre el fuego que la desarma y el control que amenaza con atraparla, Luciana deberá enfrentar la única decisión que nunca pudo dominar: seguir lo que la consume… o no volver a perderse jamás.
NovelToon tiene autorización de SilvinaTracy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
SUEÑO VS REALIDAD
NARRADOR
Luciana observó a David moverse desnudo por la habitación. Abrió distintos cajones luego de haberla empujado sobre la cama. Buscaba sus condones.
Ella se lo había recordado cuando estuvo a punto de sentirlo al natural y él reaccionó con sorpresa. El deseo le había nublado el juicio lo suficiente para olvidar algo tan importante como eso. Era la primera vez que le pasaba y se aseguraría de que también fuera la última.
Luciana estaba enamorada, pero no ciega por amor. Se había encaprichado con él, pero eso no haría que se adelantara en sus planes ni tampoco perdería la cabeza por él.
Sería muy sencillo estar casada con David si recurría a un plan tan prehistórico como tener un hijo con él. En las familias poderosas los hijos equivalían a cadenas para unir a dos personas.
Ella no haría algo tan bajo como eso. ¿Traer a un hijo al mundo para sufrir por tener padres desdichados? No estaba en sus planes. Podía ser joven, pero no era estúpida.
Sería madre si David llegaba a amarla y solo cuando alcanzara su sueño profesional o estuviera muy encaminada a lograrlo. No antes. Sería un error, un aplazamiento en sus planes.
Si al cabo de un plazo, que aún Luciana no definía, David no la amaba... ella pediría el divorcio y se alejaría para no cometer errores. Sabía el deseo que él representaba y también toda la experiencia que tenía en asuntos de cama. Guapo y bien dotado. Ella no cometería el error de volver a acostarse con él si se divorciaban.
Luciana había pensado y calculado todo. Cada cosa. Si todo salía bien sería feliz. Si nada salía como lo esperaba, tendría que poner distancia para no caer en la tentación.
Una mujer valiosa como ella no rogaba ni suplicaba. Tampoco haría berrinches como si fuera una niña pequeña o buscaría retener a un hombre usando melodramas baratos. De ninguna manera. Si su matrimonio se terminaba no haría un escándalo, simplemente cada quien seguiría su camino y según como resultara todo podría fingir no conocerlo si volvían a verse.
Ella tenía todo planeado. Su mayor deseo era jamás divorciarse, alcanzar su sueño profesional, formar una familia y ser feliz. David era primordial para eso, pero si nada salía como lo esperaba... tendría que alterar el orden de sus objetivos.
Luciana se juró a sí misma que jamás perdería la cabeza ni se cegaría por un hombre, ni siquiera por David.
Cuando vio a David ponerse un condón, ella desechó todos sus pensamientos y abrió bien sus piernas para recibirlo.
Él la miró con lujuria. Llevó su boca a su centro y cada pensamiento coherente la abandonó por completo.
-David... no pares- Pidió agitada
Nadie le había hecho algo así antes. Sus experiencias previas carecían de sentido en comparación a lo que David le hacía sentir.
Él no le dedicó muchos minutos a la tarea. En otro momento cuando no le urgiera tanto estar dentro de ella lo haría con más calma, pero allí no podía esperar más.
Él ingresó en una embestida. Luciana gritó al sentirlo así, pero le gustaba. Internamente, podía sentir un mínimo de dolor, pero su cuerpo estaba demasiado excitado para prestarle atención.
Un solo roce de David le erizaba la piel. Nunca había experimentado eso antes. La química que tenían era demasiado intensa para poder ignorarla. Eso él también lo sentía. Era lo único en lo que estaban en perfecta sintonía, aunque en lo demás no tenían nada en común.
La habitación muy pronto fue testigo de un encuentro completamente lujurioso entre los dos. Nada de lo que allí ocurría era fingido. Dos cuerpos totalmente guiados por el placer sin pudor alguno o consciencia. Completamente entregados a la tarea de complacerse.
-Siempre pides más. Eso me gusta en una mujer- David desaceleró sus movimientos, estaba sudando agitado, pero su cuerpo se negaba a detenerse
-Me enciendes como nadie pudo hacer antes- Luciana le habló igual de agitada, todavía con sus piernas temblando luego del orgasmo
David la escuchó y eso fue suficiente para aumentar más sus ganas y también su desenfreno. Si ella tanto lo había deseado... la convertiría en su amante perfecta, una que no le pusiera ningún tipo de límites dentro de la habitación.
Muy pronto, Luciana estuvo sobre manos y rodillas. Su cabello alisado envuelto en la mano de David mientras él la tomaba con ferocidad. Ella sentía que su cuerpo podría romperse, pero no podía importarle menos. Tampoco prestaría atención si la pasión dejaba marcas en su piel. Ella ya no estaba concursando en ningún sitio, por eso todo estaba permitido.
Al cabo de varios minutos, los dos cayeron exhaustos sobre la cama. Estaban satisfechos.
Luciana estuvo segura de que había escogido al marido perfecto. Nadie la había hecho vibrar ni le había despertado lujuria de esa manera. Su matrimonio sería totalmente satisfactorio dentro de cuatro paredes. David estaba convencido de que de haberse tenido que casar con una de sus compañeras de cama, ella hubiese sido la elegida. Era hermosa, ardiente y totalmente predispuesta, ¿Qué más podía esperar?
Los dos se durmieron. No supieron en qué momento. Cuando Luciana despertó, sintió un peso en su cintura, pero el cuerpo de su esposo a varios centímetros del suyo. Ella confundió aquello con un abrazo. No lo era.
David no la había abrazado luego de su encuentro apasionado. Tampoco la había besado. Los besos y las caricias solamente habían ocurrido durante el acto y los breves momentos previos que habían compartido. Para él eso era sexo, nada más que eso.
Luciana confundió sus expectativas con la realidad que comenzaba a asomarse. Aquello podría cambiar con el tiempo o no hacerlo, pero mientras tanto... debería adaptarse. ¿Sería el buen sexo con David ser suficiente para compensar todo lo que ella anhelaba? o tal vez... ¿La química que compartían podría acabarse rápidamente y enfrentarla más duramente a la realidad?