NovelToon NovelToon
La Sangre Que Doblegó Al Rey

La Sangre Que Doblegó Al Rey

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Hombre lobo / Mujer poderosa
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Caami Puig

Sophia Clarkson, 17, heredera de Luna Plateada.
Kael Drevon, 24, rey de reyes de Colmillo Negro.

No se conocen. Pero el hilo los encontró.

A 600 kilómetros, ella se quema las manos para no correr hacia él.
Él apoya la frente en vidrio frío para no decir su nombre.

NovelToon tiene autorización de Caami Puig para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

*Lo que ve cuando cruza*

El perímetro se rompe antes que el silencio.

Luna Plateada no se encierra con muros. Se marca con piedra y nieve. Línea sagrada que doce hombres pisaron riéndose hace una hora. Línea que él cruza ahora sin pedir permiso. Sin avisar.

El aire cambia de golpe. Se vuelve más frío. Más denso. Como si el invierno entrara caminando y exigiera silencio.

Primero pasa la sombra. Larga. Negra. Se estira sobre el barro rojo hasta tocarme las botas. Me marca los pies antes de marcarme a mí.

Después él.

Kael Drevon.

No mira los cuerpos. Hay tiempo para contar muertos después. Ahora hay otra cuenta que hacer.

No mira a Cecilia. No mira a los seis guerreros con espadas en mano, respirando aliviados porque llegó el.

Me mira a mí.

Tres segundos. Eternos. Pesados.

Ojos de tormenta. Verdes. Sin fondo. Los mismos que me miraron desde lejos en la reunion de frontera cuando hablamos en el claro. Me midieron, ahora me ve acá. De cerca. Sin filtro. Sin distancia.

Me ve bañada en sangre ajena hasta el pelo. La trenza chorreando rojo. La coraza goteando. El lobo de Luna Plateada casi borrado bajo sangre. La daga roja hasta la empuñadura, apretada en mi mano como si fuera lo único que me sostiene. Botas hundidas en barro espeso que ya no es nieve.

Me ve temblando. No de frío. El frío me da igual. Tiemblo de rabia que todavía no se me fue del cuerpo. Tiemblo de asco que me sube a la garganta cada vez que respiro. Tiemblo de alivio que me parte el pecho por dentro porque llegó. Porque sintió todo y vino igual.

Cuenta. Lo siento en el hilo. Cuenta lento, como si cada número le doliera.

Cuenta los doce cuerpos tirados como basura.

Mirá la sangre en mi mejilla.

Cuenta que sigo de pie. Que no me arrodillé. Que no grité.

Cuenta que maté doce hombres sola.

No dice nada. Tres segundos. Solo respiró. JALÓN. EXPULSA. Pero el suyo congela el aire entre nosotros. El mío no alcanza. Se me corta en la garganta.

El barro rojo a mis pies se congela más en los bordes. Cristales finos suben por mis botas. El vapor de mi respiración se vuelve hielo en el aire. Los guerreros atrás no se mueven. Cecilia no respira. Nadie respira. Todos saben que cuando Kael cuenta en silencio, el mundo espera.

Kael da un paso. Nieve y barro crujen bajo su bota. Sonido seco. Definitivo. Huele a pino, a cuero por horas de cabalgar, a lavanda y a rabia contenida. Huele a dueño del invierno parado en mi tierra sin pedir disculpas.

Otro paso. Ahora está a tres metros. Lo bastante cerca para verle el músculo de la mandíbula tenso, saltando bajo la piel. Lo bastante cerca para ver que no parpadea. Que me traga entera con los ojos como si quisiera grabarme en la memoria y asegurarse de que sigo entera.

Ve la daga en mi mano. Ve mis nudillos blancos por apretarla tanto. Ve la línea en mi mejilla, por la lanza que me lanzaron. Ve que soy carne. Ve que no me rompí. Ve que me alcanza para matar y seguir sana.

Ve que maté doce hombres sola. Ve que no pedí ayuda. Ve que no lloré cuando el quinto me abrazó por atrás. Ve que no temblé hasta ahora, que él llegó.

Ve todo. Y eso le duele más que ver los cuerpos.

Porque Kael no siente culpa por la muerte. Siente culpa por llegar tarde.

Y cuando habla, es una sola frase. Grave. Baja. Sin adornos. La frase que me parte al medio porque no es regaño. No es orden. No es furia de Alfa.

Es miedo. De él. Kael Drevon tiene miedo. Y lo dice sin decirlo.

"Te marqué tarde" dice.

Seis palabras. Y me caen encima como avalancha.

No habla de los doce muertos. No habla de Cenizas. No habla de guerra ni de venganza. Eso viene después. Eso lo resuelve él con cincuenta lobos sin despeinarse.

Habla de mí. De que llegó tarde a taparme la espalda. De que me vio sola entre cadáveres y no pudo estar antes. De que el hilo ardió y él corrió nieve y aun así llegó tarde para verme limpia.

Da otro paso. Ahora a un metro. Lo bastante cerca para que su sombra me tape. Lo bastante cerca para sentir el frío que trae encima pegándome en la cara.

Levanta la mano. Dudo. Mi cuerpo pide que me toque. Que me va a decir “no debiste”. Pero no.

Solo me quita un resto de sangre de la mejilla con el pulgar. Gesto brusco. Casi violento. Casi tembloroso. Como si quisiera arrancarme la sangre de la piel con las manos. Como si le diera lastima verla ahí. Como si fuera su sangre.

Sus dedos están helados. Los míos siguen calientes de sangre ajena. El contraste me quema.

Me mira la boca. Un segundo. Me mira los ojos. Dos segundos. Me mira la daga que todavía no solté. Tres segundos.

"Soltala" ordena. No grita. Ordena. Voz de Alfa que parte piedra y obedece el invierno.

Tardo en obedecer. No porque desobedezca. Porque soltar la daga es soltar la rabia. Y todavía no estoy lista. Todavía me quema el pecho. Todavía quiero más.

Pero su orden pesa. Pesa más que doce muertos. Pesa más que mi bronca.

Suelto la daga. Cae a la nieve con ruido sordo. Roja. Inútil ahora. Se hunde un poco y la nieve empieza a teñirse alrededor del filo.

Kael me abraza. El hielo me abrazó. Se queda ahí. Respirando mi aire. Tapándome del viento con su cuerpo ancho. Como si doce muertos no fueran nada. Como si la manada de atrás no existiera. Como si yo fuera todo lo que hay en Luna Plateada ahora.

Detrás de él, cincuenta lobos de Colmillo Negro se detienen en el perímetro. No cruzan más. No pisan mi nieve sin orden. Esperan. Cabezas bajas. Respeto. Porque él no dijo “avancen”. Dijo “Crucen” hace minutos. Y con eso alcanzó. Ahora solo lo esperan él.

Porque él solo tiene ojos para mí. Para su marca invisible en mi piel. Para su culpa de haber sentido todo y no estar acá antes.

"Te marqué tarde" repite bajito. Solo para mí. Para que nadie más lo escuche. Voz rota por dentro aunque por fuera siga siendo hielo. "No vuelve a pasar."

Y yo, sana. De pie. Bañada en sangre ajena. Temblando de bronca y de alivio, entiendo dos cosas a la vez y me duelen las dos:

Uno: Kael Drevon tiene miedo. No de Cenizas. No de guerra. De perderme antes de tenerme.

Dos: Luna Plateada no tiene muros de piedra. Pero él acaba de plantarse como mi muro. Y los muros de Kael no se rompen.

El silencio vuelve. Pero ya no pesa igual. Ahora pesa a él parado frente a mí. Ahora pesa a promesa.

Y yo sigo sin saber si odio más que haya llegado tarde, o que haya llegado igual.

1
Tamara Cruz
👏
Caami Puig
Hola buenas noches!
voy a estar subiendo capitulos día por medio. así tengo tiempo de planificar y crear. espero que le guste. estaba haciendo otra novela. pero no me convencio, asiq espero que está si puedan disfrutar. muchas gracias y cualquier cosa que quieran decirme bienvenido sea❤️❤️❤️❤️🥰🥰🥰🥰
ximijass: cuando esté completa, avisa!!!!🥰🥰🥰👏☺️
total 1 replies
Claudia Correa
es entretenida, y me gusta q la trama se desarrolle en Argentina
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play