Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
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Las reglas del silencio
El dique se rompió por unos segundos que parecieron eternos, pero la realidad no tardó en golpear a Matías con la fuerza de un latigazo. Fue él quien, reuniendo una fuerza de voluntad que le tensó cada músculo del cuerpo, se apartó y rompió el beso de golpe, retrocediendo sobre el colchón como si el contacto con los labios de Clara lo hubiera quemado.
Tenía la respiración agitada y los ojos desorbitados, fijos en ella con una mezcla de pánico, culpa y un deseo que todavía vibraba en el aire de la suite.
—Clara... yo... lo siento. No puedo hacer esto —tartamudeó, con la voz rota y las manos temblorosas.
Sin esperar una respuesta de ella, Matías comenzó a recoger los planos de alzado y las muestras de madera que poblaban la cama. Lo hizo con una urgencia caótica, casi torpe, dejando que algunos papeles se arrugaran entre sus dedos. No la miró a los ojos ni una sola vez mientras amontonaba sus cosas de cualquier manera bajo el brazo.
—Tengo... tengo que revisar unos detalles de la estructura en el despacho de abajo. Descansa —añadió, con una cortesía forzada que delataba su necesidad desesperada de huir.
La puerta de la suite se cerró tras él con un chasquido seco, dejando a Clara sumida en un silencio sepulcral.
Clara se quedó inmóvil, recostada contra los almohadones, con los dedos rozando sus propios labios, que aún conservaban el calor y el sabor de Matías. En su fuero interno, la primera reacción fue una oleada de satisfacción gélida y triunfal. Matías se había marchado huyendo de sí mismo, aterrorizado por la intensidad de lo que sentía. El plan estaba funcionando a la perfección: el "esposo guardián" había caído en la red de manera definitiva, atrapado por la culpa de desear a la mujer que creía que era su esposa, pero que en realidad era el peón de su hermano.
Sin embargo, a medida que los minutos pasaban y la lluvia de otoño seguía golpeando los cristales, la frialdad de su estrategia empezó a agrietarse. Clara se acomodó bajo las mantas, buscando el sueño, pero la suite se sentía extrañamente enorme y fría sin la presencia silenciosa del arquitecto al otro lado del colchón. Una inquietud desconocida, un calor incómodo que nada tenía que ver con el cálculo, se le instaló en el pecho. Le molestaba el eco de la respiración de Matías en su mente.
Se repitió a sí misma, con insistencia casi agresiva en la oscuridad, que esa agitación era solo el temor a que él se distanciara demasiado y arruinara su juego de seducción. Tenía que ser solo eso. Obligándose a respirar con calma, finalmente se quedó dormida.
Pasadas las tres de la madrugada, un leve crujido la trajo de vuelta a la superficie del sueño. Clara no se movió; mantuvo los ojos cerrados y la respiración acompasada, activando la guardia de inmediato.
La puerta de la suite se abrió y se cerró con un sigilo absoluto. Unos pasos descalzos y vacilantes cruzaron la alfombra. Era Matías. Clara percibió el sutil cambio de peso en el colchón cuando él se deslizó con extrema lentitud bajo las sábanas, en su lado de la cama.
Matías se acostó dándole la espalda, manteniendo una distancia rígida, casi matemática, en el borde del colchón. Clara pudo escuchar su respiración, contenida y pesada, delatando que él tampoco lograría conciliar el sueño. Compartían la misma cama bajo el amparo de la farsa que Julián había montado, pero esa noche, el espacio de colchón que los separaba se sentía cargado de una electricidad peligrosa.
Cuando la mañana del sábado amaneció con el cielo limpio, la Suite Principal seguía atrapada en esa densidad. Clara despertó y encontró a Matías de pie junto al ventanal que daba al jardín trasero, con una taza de café intacta entre las manos y la mirada perdida en la bruma matinal.
No llevaba el traje impecable que solía usar para imponer distancia; vestía un jersey gris de lana fina y las mangas recogidas. Se veía exhausto, como si hubiera pasado las pocas horas de tregua procesando la traición que su propio cuerpo había cometido. El peso del secreto por el que Julián lo chantajeaba parecía aplastarle los hombros más que nunca.
—¿No has dormido, Matías? —dijo Clara, apareciendo en el umbral con su bata de seda azul. Ajustó su voz para que sonara suave, teñida de esa sutil desorientación que usaba como escudo desde el accidente.
Matías se giró rápidamente. Al verla, sus ojos reflejaron una chispa de esa devoción indefensa de la noche anterior, pero inmediatamente después, la rigidez volvió a su rostro. El libreto que Julián le había hecho memorizar sobre el pasado de Clara no lo había preparado para la realidad de tenerla tan cerca.
—Pensaba en los plazos del teatro. Y en que el médico no tardará en volver —respondió él, con una voz más áspera de lo habitual. Dejó la taza sobre la mesa—. Clara, sobre lo de ayer... lo que pasó antes de que me fuera...
—No tienes que decir nada —lo interrumpió ella, dándose cuenta de que él pretendía racionalizar el beso—. Sé que soy una carga. Sé que desde el accidente todo ha sido confuso para mí, pero... estar contigo es lo único que me hace sentir segura en esta casa. Eres mi esposo, Matías. No tienes que disculparte por quererme.
Cada palabra de Clara fue un dardo envenenado de culpa. Se acercó a él con pasos lentos, buscando repetir el efecto hipnótico. Alargó la mano para acomodarle el cuello del jersey, un gesto doméstico diseñado para probar su resistencia.
Matías se tensó notablemente. Sintió el impulso de dejarse llevar, de abrazar la mentira que su hermano lo obligaba a sostener, pero su propia brújula moral se lo impidió. Dio un paso atrás, rompiendo el contacto y alejándose de sus dedos.
—Clara, no es tan simple —dijo él, mirándola con una seriedad que la obligó a aguzar los sentidos—. Estás recuperándote de un golpe muy fuerte. Tu mente está intentando aferrarse a lo primero que encuentra. Yo... yo tengo que ser responsable por los dos. No quiero que hagas algo de lo que puedas arrepentirte cuando tu memoria regrese.
Clara lo miró, manteniendo la expresión de desamparo y ligera decepción que requería su papel, pero por dentro experimentó un leve y molesto pinchazo en el estómago. Esperaba que Matías cediera por completo tras el beso, que se entregara a la farsa de su matrimonio. Que pusiera límites racionales a su atracción la descolocó.
—¿Me estás pidiendo que me aleje de ti? —preguntó ella, bajando la mirada, fingiendo dolor.
Matías suspiró, cerrando los ojos un instante. La culpa lo estaba devorando: pero no la culpa con Julián, sino la culpa por mentirle a una mujer herida, y ahora, la culpa de desearla con una intensidad que no podía controlar.
—Te estoy pidiendo que esperemos —susurró él, con una honestidad que a Clara le pareció extrañamente real—. Prometí cuidarte cuando despertaste en ese hospital, y lo voy a hacer. No te va a pasar nada malo mientras yo esté aquí. En esta casa nadie va a hacerte daño, te lo aseguro. Pero dentro de esta habitación... tenemos que mantener la distancia.
Él se dio la vuelta para recoger su laptop de la mesa, dándole la espalda para cortar la conversación de manera definitiva. Clara se quedó estática en el centro de la sala. Debería haberse sentido satisfecha; Matías seguía asumiendo el rol de su protector incondicional, lo que facilitaba su plan de usarlo para descubrir quién saboteó su coche el día del accidente.
Sin embargo, mientras miraba la silueta de Matías saliendo por la puerta, Clara sintió una extraña opresión en el pecho. Le molestaba que él hubiera podido dar ese paso atrás. Se repitió a sí misma, con insistencia casi agresiva, que esa agitación era solo la frustración de ver retrasada su estrategia de seducción. Tenía que ser solo eso.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.