Todos lloraron cuando Isabella Morel murió. Todos… excepto su esposo. Alexander Vega, el hombre más poderoso y temido de la ciudad, permaneció inmóvil frente al ataúd de la mujer que juró amar para siempre. Sin lágrimas. Sin dolor. Sin explicaciones. Pero lo que nadie sabe… es que Isabella sobrevivió. Ahora, escondida bajo una nueva identidad, regresará para descubrir quién intentó matarla y por qué el hombre que aún ama parece ocultar secretos capaces de destruirlo todo. Porque detrás del imperio Vega hay mentiras, traiciones y una verdad tan peligrosa… que alguien estuvo dispuesto a enterrarla viva para mantenerla oculta. Y esta vez, Isabella no volverá como víctima. Volverá para hacerlos caer a todos.
NovelToon tiene autorización de Jonathanf para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La noche en que todo terminó de romperse
La lluvia golpeaba violentamente las ventanas del motel mientras el silencio comenzaba a volverse insoportable.
Marco seguía sosteniendo el teléfono lentamente.
Dante permanecía inmóvil junto a la puerta.
E Isabella…
sentía que el corazón estaba a punto de salírsele del pecho.
—¿Qué quieres decir con que no viene solo? —preguntó ella finalmente.
Marco levantó lentamente la mirada.
Y algo en sus ojos hizo que el miedo creciera todavía más.
—Viktor viene con él.
Dante soltó una maldición en voz baja.
Aquello era peor de lo que imaginaban.
Mucho peor.
Porque si Alexander estaba permitiendo que Viktor lo acompañara…
solo podían significar dos cosas:
perdió completamente el control,
o estaba desesperado.
Y ambas opciones eran peligrosísimas.
Marco caminó rápidamente hacia la mesa y tomó la carpeta de documentos.
—Tenemos que movernos ahora.
Pero Isabella no se movió.
Seguía pensando en la segunda USB.
En las miradas incómodas.
En las verdades a medias.
Y en esa sensación horrible de que todavía le ocultaban algo muchísimo más grande.
—No pienso seguir huyendo —dijo finalmente.
Dante giró inmediatamente hacia ella.
—Bella…
—No.
Las lágrimas comenzaban a acumularse otra vez.
Pero ahora estaban mezcladas con cansancio.
Muchísimo cansancio.
—Toda mi vida se convirtió en una mentira desde aquella noche. Ya estoy cansada de correr detrás de secretos.
Marco apretó lentamente la mandíbula.
Porque entendía perfectamente ese sentimiento.
Isabella respiró profundo.
—Quiero enfrentar a Alexander.
El ambiente quedó inmóvil.
Dante negó inmediatamente.
—Eso es exactamente lo que ellos quieren.
—Pues ya no me importa.
Silencio.
Y por primera vez desde el accidente…
Isabella parecía completamente distinta.
Más fría.
Más fuerte.
Como alguien que finalmente dejó de tener miedo.
Marco la observó cuidadosamente.
Y entendió algo importante.
Ella ya no era la mujer que Alexander intentó esconder del mundo.
Algo dentro de Isabella había cambiado para siempre.
Entonces las luces del motel parpadearon violentamente.
Una vez.
Dos veces.
Y después…
todo quedó completamente oscuro.
El corazón de Isabella dio un golpe brutal.
Dante sacó inmediatamente el arma.
—Se adelantaron.
La lluvia seguía cayendo afuera.
Pero ahora otro sonido comenzaba a escucharse lentamente.
Pasos.
Varios.
Acercándose.
Marco abrió apenas la cortina de la ventana.
Y maldijo inmediatamente.
Vehículos negros rodeaban completamente el motel.
Isabella sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—Dios mío…
Dante avanzó rápidamente hacia ella.
—Escúchame con atención.
Su voz ahora era completamente seria.
Militar.
Peligrosa.
—Si entran aquí, no confíes en nadie. Ni siquiera en Alexander.
Aquellas palabras le provocaron un escalofrío inmediato.
Porque Dante jamás hablaba así.
Marco revisó rápidamente su arma.
—No podremos salir por la entrada principal.
Entonces…
los faros de un automóvil iluminaron directamente la habitación desde afuera.
Y el corazón de Isabella se detuvo completamente.
Porque reconoció inmediatamente ese vehículo.
Alexander.
El automóvil permaneció inmóvil bajo la lluvia.
Las puertas no se abrieron inmediatamente.
Como si alguien estuviera esperando.
Observando.
Calculando.
Entonces Isabella vio otra camioneta detenerse detrás.
Más hombres descendieron.
Vestidos completamente de negro.
Armas visibles.
Y entre ellos…
Viktor Karev.
Dante tensó inmediatamente la mandíbula.
—Mierda…
Marco observó atentamente afuera.
Y algo comenzó a parecerle extraño.
—Espera.
Dante frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
Marco entrecerró lentamente los ojos.
—Alexander no vino por voluntad propia.
Silencio.
Isabella sintió el corazón acelerarse nuevamente.
—¿Qué quieres decir?
Marco señaló discretamente hacia afuera.
Y entonces lo vieron.
Dos hombres permanecían detrás de Alexander.
Demasiado cerca.
Vigilándolo.
Controlándolo.
El miedo subió inmediatamente por el cuerpo de Isabella.
Porque ahora entendía algo horrible.
Alexander ya no estaba liderando nada.
También era un prisionero.
En el estacionamiento subterráneo abandonado a varios kilómetros de allí, Gabriel y Emma permanecían escondidos dentro de un automóvil oscuro mientras intentaban procesar todo lo ocurrido.
Emma seguía completamente rota después de la confesión de Viktor.
“Te enamoraste de dos mujeres al mismo tiempo.”
Aquella frase seguía destruyéndola lentamente por dentro.
Gabriel observaba el edificio abandonado frente a ellos mientras intentaba organizar todas las piezas.
Pero cada respuesta solo traía más preguntas.
—¿Alexander realmente te amó? —preguntó finalmente.
Emma permaneció en silencio unos segundos.
Luego soltó una pequeña risa amarga.
—Creo que sí.
Gabriel giró lentamente hacia ella.
Emma tenía los ojos completamente rojos.
Cansados.
Vacíos.
—Pero nunca de la forma en que yo quería.
El silencio llenó el automóvil.
Emma respiró profundamente antes de continuar.
—Alexander siempre intentó mantener distancia conmigo después de conocer a Isabella.
Gabriel escuchaba atentamente ahora.
—Entonces ¿por qué pasó algo entre ustedes?
Emma cerró lentamente los ojos.
Y la respuesta salió rota.
—Porque ambos estábamos destruidos aquella noche.
El corazón de Gabriel se tensó.
Emma continuó hablando.
—Después del accidente… Alexander dejó de dormir. Apenas hablaba. Creía que Isabella realmente había muerto.
Las lágrimas comenzaron a bajar nuevamente.
—Y yo acababa de perder a mi hermana.
Silencio.
—Todo explotó al mismo tiempo.
Gabriel bajó lentamente la mirada.
Ahora entendía algo peor.
No fue solo deseo.
Fue culpa.
Dolor.
Soledad.
Emma se limpió rápidamente las lágrimas.
—Pero nunca fui ella.
Aquella frase golpeó extrañamente a Gabriel.
Porque sonó demasiado sincera.
Demasiado triste.
Entonces el teléfono de Gabriel comenzó a vibrar.
Número desconocido.
Emma levantó inmediatamente la mirada.
—No contestes.
Pero Gabriel ya había deslizado la llamada.
—¿Hola?
Silencio.
Y luego…
la voz de Isabella.
Agitada.
Temblorosa.
—Gabriel…
Él se incorporó inmediatamente.
—¡Bella! ¿Dónde estás?
Pero Isabella apenas podía respirar.
Y detrás de ella…
se escuchaban disparos.
El corazón de Gabriel explotó violentamente.
—¡ISABELLA!
Entonces la llamada se cortó.