"Cuatro esposos, cuatro muertes misteriosas, una viuda sospechosa. El detective Eduardo Rizzo se infiltra en la vida de Julieta Vera, la enamora y se casa con ella. Pero cuando la verdad sobre su investigación salga a la luz, ¿podrá su amor sobrevivir al peligro y la traición?"
NovelToon tiene autorización de Angie de Suaza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6
El cuarto esposo I
Julieta fue hospitalizada por estrés postraumático. Su abuela se quedó a su cuidado, pero Julieta no reaccionaba. Las pesadillas de las muertes de sus esposos la atormentan y ha sido necesario tenerla sedada.
Su abuela está muy preocupada, no sabe por que Julieta ha llegado hasta ese estado.
Fue necesario que el psiquiatra de la clínica la valorara, y casualmente es el mismo psicólogo que la había tratado. Fabio Legarreta es un afamado clínico, experto en problemas mentales, quien después de cursar su carrera de medicina y especializarse en psiquiatría, también hizo su carrera en psicología. A sus 38 años es un erudito que, permite realizar intervenciones terapéuticas más allá de la medicación.
Se sorprendió al ver a su paciente en una cama en estado casi catatónico. La vez anterior le costó mucho sacarla de su trauma, no entiende la mala suerte que la acompaña.
Cambió la medicación que le estaban dando y poco a poco Julieta fue despertando. Él estaba ahí a su lado para valorar su reacción.
Lo primero que hizo Julieta al abrir los ojos fue observar todo a su alrededor. Al comprobar que estaba en una clínica, entendió lo que había pasado y empezó a llorar. Su abuela, que no se había despegado de su lado, rápidamente la abrazó.
―Tranquila, mi niña, llora todo lo que tienes que llorar. Eso es bueno, saca todo lo que tienes adentro. ―Julieta lloraba inconsolable, mientras que el doctor Legarreta observaba.
Eso era buen indicio; el que conocía la historia de Julieta Vera sabía todo el trauma que ella había vivido. Luego se fue calmando, y en medio de hipeos le habló a su abuela.
―Abuela, quiero ir al funeral de Enzo. ―Su voz salió como una súplica ―¿O ya pasó?
―No, mi niña, aún no. ―Lita, la abuela de Julieta, miró al doctor. El cual habló para hacer ver su presencia.
―Hola, Julieta, en tu estado no es recomendable que vayas. Debo valorar bien tu estado de ánimo, tu percepción del entorno y ahí sí decido si puedes asistir. ¿Te parece? ―Julieta, al ver a su psicólogo a la cabecera de su cama, sintió un gran alivio. Fabio fue de gran ayuda para ella, le debe a él su retorno a la normalidad y de tomar el riesgo de enamorarse de nuevo. Pero al recordarlo, nuevamente empezó a llorar.
―Hola, doctor Legarreta. Gracias por estar aquí. ―Decía mientras las lágrimas surcaban su rostro. ―Pero yo necesito ir a despedirme de él.
Ya Julieta no pudo hablar más; su voz se quebró al decir lo último y nuevamente estalló en llanto. Así que el doctor le puso un sedante suave para que se relajara y durmiera un rato más.
Al mediodía, despertó y su abuela la obligó a comer una crema de verduras.
Cuando terminó, volvió el doctor Legarreta, pero esta vez en compañía del abogado Álvaro Cañon y un policía con una notificación oficial.
A Julieta no le extrañó ver a su abogado, pero sí le pareció raro que un policía lo acompañara.
―Buen día, señora. Vengo con una información importante para usted. ―El abogado saludó y miró al doctor Legarreta, el cual asintió dándole el aval para hablar.
―Buen día, licenciado, ¿cuál información? ―Julieta estaba más que intrigada.
―El agente Díaz le va a explicar. ―El agente mencionado se acerca a donde se encuentra Julieta sentada.
―Señora Scola. Esta es un acta de detención que le íbamos a hacer a su difunto esposo un día antes de la boda, pero por problemas administrativos, no lo pudimos hacer. ―Julieta de manera instintiva lleva una mano a su pecho.
―Y… ¿por qué lo iban a detener? ―pregunta en un hilo de voz.
―Por varios delitos, estafa, abuso de confianza, falsedad en documentos, falsedad personal, fraude procesal, apropiación indebida de bienes y lavado de activos. El señor Scola le estaba robando a usted, así como le robó durante años a su difunto esposo, el señor Dante Rinaldi. ―Julieta no lo podía creer; le recibió al agente el acta procesal y el abogado tomó la palabra.
―Señora Julieta, yo fui el que descubrió el fraude de Enzo Scola. Tuvo un pequeño descuido y fue suficiente para reunir las pruebas que se necesitaban para su judicialización. ―Julieta, aún asombrada por la información recibida, no deja de mirar con desprecio a su abogado.
―¿Y por qué no me había informado lo que mi flamante prometido estaba haciendo? ¿Por qué, usted que se supone es mi protector, dejó que yo me casara con mi verdugo? ¿Para eso lo dejó Dante a cargo? ¿Para que me vean la cara de idiota? ―Julieta descargó toda su frustración en el abogado, que ya sudaba frío al ser increpado por su patrona.
―Señora, perdóneme. Pero primero necesitaba estar seguro de mis sospechas; segundo, si le advertía a usted, corría el riesgo de poner sobreaviso a Scola y luego, como se programó su detención para el día antes de la boda, yo me confié en que así sería y justo ese día mi Clarisse entró en trabajo de parto, se estaba complicando y por eso no tenía cabeza para saber si Scola fue detenido o no. Lo siento mucho, no quería que llegara a ese extremo y vivir lo que vivió ante la decisión cobarde que tomó ese hombre. ―El abogado se escudó en un válido argumento, pero eso no quitaba el sinsabor de la boca de Julieta.
―¿Así que el maldito me robaba? Entonces, ¿para eso me enamoro, para tenerme a su merced? ―El abogado y los agentes asintieron con pesar. ―Qué patética me siento, y el cobarde al verse acorralado prefirió la salida fácil. Licenciado Cañon, ¿cuál es el procedimiento a seguir?
Ya a Julieta nada le importaba; por ella, que su difunto tercer esposo se esté calcinando en la cuarta paila del infierno.
―Con la demanda interpuesta, los bienes del señor Scola han sido confiscados por la fiscalía mientras dura el proceso. Pero al haber fallecido, la sucesión de bienes queda congelada hasta que el veredicto final, y al ser usted una víctima, solicité una reparación de daños y perjuicios ―el abogado le explicó y fue tal cual como lo estipula. Tres meses después, Julieta recibió todos los bienes de su difunto tercer esposo, como herencia al ser la legítima esposa y a la vez víctima de sus actos delictivos.
El saber que Enzo Scola era un hampón que construyó su fortuna a base de patrañas la sacó un poco de su depresión, pero aún estaba temerosa de volverse a enamorar. Aún las pesadillas la atormentaban en las noches, así que decidió tomar el consejo de su psicólogo y retomó las sesiones con él.
Las terapias que le programó, fueron muy acertadas para Julieta, pues en ellas se combinaba varias terapias con hipnosis y terapia grupal, donde conoció mujeres guerreras que han pasado por traumas similares o peores al de ella.
Un año después, Julieta pudo superar sus traumas, sintiendo que todo el peso de sus anteriores pérdidas se fue de su vida. Mira el futuro con más optimismo, tanto que ha puesto un orden casi milimétrico en sus empresas. Y la empresa y los bienes que le dejó su tercer esposo los vendió, inyectando ese capital a sus empresas, haciendo crecer aún más su capital.
La pobre viuda, ahora es más millonaria que nunca.
Vamos a ver cómo lo toman los niños
Ay Julieta,cómo es eso que Eduardo es la única persona a la cual puedes acudir, no me está gustando esa confianza
Gracias querida escritora @👒⃟𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮𝓓𝓮𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪⃟👒 por actualizar 🤗 sigamos apoyando con me gusta publicidad comentarios y regalos 🤗🌹