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CORAZONES REBELDES

CORAZONES REBELDES

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor a primera vista / Triángulo amoroso / Colegial dulce amor / Melodrama / Chico Malo
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Entre los secretos de un pasado enterrado que la marcó para siempre y las manipulaciones de una élite dispuesta a devorarla, Ángela deberá descubrir si es capaz de romper los hilos de su propia dinastía antes de que la obliguen a vender el resto de su vida al mejor postor.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Oportunidad y reconciliación

...CAPÍTULO 9...

...----------------...

...ANGELA SALLES...

Observé a mi padre desde el umbral del despacho. No había vasos de cristal sobre su escritorio, ni ese brillo vidrioso en su mirada que tanto me asustaba. Se veía cansado, con ojeras profundas, pero sus manos estaban firmes mientras sostenía el teléfono. Cumplió su palabra: llamó a mi madre.

Me quedé contenida, escuchando solo fragmentos de la conversación. Mí padre fue directo.

—Se queda conmigo, Sofía —le dijo, y pude notar la determinación en su tono—. Hasta que ella decida lo contrario. Fue un malentendido, un momento de estrés... Sí, disculpa las molestias. Estamos bien.

Cuando colgó, suspiró y se frotó las sienes. No hubo reproches de mi madre del otro lado, al menos no los suficientes para hacerlo flaquear. Ella había aceptado. Por primera vez en mi vida, sentí que mi voz y mis deseos tenían un peso real en las decisiones de mis padres.

Caminé hacia él y me senté en la silla frente a su escritorio. Él me miró y me dedicó una sonrisa triste, pero honesta.

—Te lo prometí, Ángela —susurró, señalando su taza de café—. Ni una gota. No voy a permitir que una botella sea más importante que tú o que el bebé que viene en camino. Chloe y tú son lo único que me mantiene en pie.

—Lo sé, papá —respondí, sintiendo un alivio que me aflojaba los músculos del cuello—. Gracias por confiar en mí de nuevo.

Las primeras semanas de vacaciones tenían un sabor agridulce. Mi padre cumplía su promesa de sobriedad y la paz en la mansión Salles era casi irreal, pero mi mente estaba en otra parte. Había convencido a mi madre de dejarme pasar un tiempo con ella, y lo más sorprendente es que mi mamá había aceptado que llevara a un "amigo" del instituto, bajo condiciones estrictas de comportamiento. Ella no sabía que ese amigo era Asher, ni mucho menos que era mi novio.

Con esa pequeña chispa de esperanza, fui a buscarlo a nuestro lugar en la playa. Necesitaba proponerle el plan, decirle que podríamos estar juntos unas semanas más.

Pero cuando llegué, la imagen me detuvo en seco.

Asher no estaba surfeando. Estaba en la orilla, con la mandíbula apretada y los ojos inyectados en una furia fría. Antes de que pudiera llamarlo, lo vi levantar su tabla y, con un grito de pura frustración, la estrelló contra una roca, partiéndola en dos. Los trozos de fibra de vidrio quedaron flotando en la espuma.

—¿Asher? —susurré, acercándome con cuidado.

Él se giró bruscamente. Al verme, sus hombros cayeron y soltó un suspiro pesado, tratando de recuperar el aliento. Se acercó a mí y me besó, pero fue un beso desesperado, cargado de una tristeza que me heló la sangre.

—¿Qué pasa? ¿Por qué hiciste eso? —le pregunté, acariciando su rostro.

—Me tengo que ir, Angela. Se acabó —dijo, mirando los restos de su tabla—. Por alguna laguna legal estúpida, mi padre perdió la custodia. Mi madre ganó una apelación de emergencia o algo así... no entiendo nada de leyes, solo sé que tengo que subirme a un avión.

—¿A dónde? —pregunté, sintiendo que el aire empezaba a faltarme.

—A Milán. Italia.

El mundo se detuvo. Italia estaba al otro lado del océano. No eran unas horas en auto; era otro continente, otra vida.

—Pero... pero seguiremos en contacto —dije, tratando de forzar una sonrisa mientras las lágrimas empezaban a nublarme la vista—. Hablaremos por FaceTime todos los días, nos veremos en vacaciones. Yo puedo ir a verte, tú puedes venir... Las cosas no tienen por qué cambiar, Asher.

Asher me miró con una honestidad brutal que me dolió.

—Ángela, escúchame. Créeme... las relaciones a distancia nunca funcionan. Son una agonía lenta. Al principio te escribes cada hora, luego cada día, luego una vez a la semana hasta que un día te das cuenta de que eres un extraño para la otra persona.

—¡No nosotros! —exclamé, aferrándome a su sudadera—. Nosotros somos diferentes.

—Lo mejor sería... —hizo una pausa, y vi cómo sus propios ojos se cristalizaban— aprovechar este tiempo que nos queda juntos. Máximo provecho. Y luego, cuando me suba a ese avión... terminar las cosas de forma limpia. Sin rencores.

—¿Terminar? —el corazón se me rompió en mil pedazos ahí mismo en la arena—. ¿Me estás diciendo que lo nuestro tiene fecha de caducidad? ¡No puedes rendirte así de fácil! ¡Te dije que no me quería separar de ti!

Empezamos una discusión cargada de dolor. Yo le gritaba que era un cobarde por no querer luchar, y él me respondía que estaba siendo realista, que no quería que yo pasara mis mejores años pegada a una pantalla esperando a un chico que está a miles de kilómetros. Fue una pelea triste, llena de reproches que nacían del miedo a perdernos.

Finalmente, al verme tan destrozada, Asher me tomó de los hombros y me pegó a su pecho, silenciando mi llanto.

—Está bien, está bien —susurró, aunque su voz no sonaba convencida—. Lo intentaremos, Ángela. Intentaremos estar juntos a distancia. Haremos que funcione, te lo prometo.

Me quedé abrazada a él, escuchando el mar. Me había dicho lo que quería oír para no hacerme sufrir más, pero en el fondo de mi alma, sentía que ese "te lo prometo" sonaba más a una despedida que a un plan de futuro.

...----------------...

Caminé por el sendero de entrada con las piernas todavía un poco pesadas y una sensación de extrañeza que no lograba sacudirme de encima. Asher me había dejado en la puerta; el beso de despedida había sido tierno, pero el silencio en el Jeep durante el trayecto de regreso fue abrumador.

Tenía el cabello húmedo por el salitre y la humedad de la noche, y sentía la ropa pegajosa contra la piel. Mientras caminaba, la realidad de lo que acababa de pasar me golpeaba en oleadas. No era como en las películas, ni como en los libros que solía leer para imaginar mis historias. Había sido real, un poco torpe y, honestamente, doloroso. Sentía una incomodidad física que me recordaba a cada paso que algo en mí había cambiado para siempre. Pero, a pesar del pinchazo de dolor que persistía, no me arrepentía. Lo quiero, y si el destino nos iba a separar por un océano, al menos quería llevarme ese recuerdo conmigo.

Entré a la mansión tratando de no hacer ruido, moviéndome como una sombra hacia las escaleras. Solo quería llegar a mi baño, ducharme y enterrarme bajo las sábanas para procesar todo lo que Asher me había dicho sobre irse a Milán.

Subí los escalones de dos en dos, conteniendo la respiración cada vez que la madera crujía. Al llegar al pasillo de mi habitación, aceleré el paso, pero me detuve en seco cuando vi una figura recortada contra la luz tenue del corredor.

Mi padre estaba allí, de pie, esperándome justo al lado de la puerta de mi cuarto.

—Ángela —dijo con una voz tranquila, pero que me hizo dar un respingo.

Me quedé paralizada. Traté de acomodarme el cabello con un gesto rápido, pero era inútil; mi aspecto me delataba.

—Papá... qué susto me diste —balbuceé, intentando que mi voz no temblara—. Pensé que ya estabas durmiendo con Chloe.

Nathan dio un paso al frente. Me miró de arriba abajo, deteniéndose un segundo de más en mi cabello mojado y en mi expresión desencajada.

Su rostro no mostraba la furia de la otra noche, sino una seriedad profunda, casi melancólica, que me hizo sentir aún más incómoda.

—Te estaba esperando —respondió él, cruzándose de brazos—. Quería hablar contigo antes de que te fueras con tu madre en unos días, pero veo que estás aprovechando bien tus momentos en Los Ángeles.

Se hizo un silencio eterno en el pasillo. Podía escuchar el latido de mi propio corazón en mis oídos.

—¿Dónde estabas, hija? —preguntó, bajando el tono, casi como si tuviera miedo de la respuesta—. Y no me mientas, Ángela. Ya no estamos para mentiras.

Bajé la mirada, evitando el contacto directo con sus ojos. Sentía que si me miraba demasiado tiempo, podría leer en mis pupilas todo lo que había pasado en la arena.

—Estaba en la playa, papá —dije, tratando de que mi voz sonara lo más estable posible—. Fui a despedirme de algunos amigos... del grupo con el que suelo estar. Algunos se irán de Los Ángeles y quería verlos una última vez.

Me pasé una mano por el cabello húmedo, acomodándolo nerviosamente detrás de la oreja.

—Hacía mucho viento y nos quedamos cerca de las rocas hablando hasta tarde. Se nos fue el tiempo y... bueno, por eso el pelo y la ropa —añadí, esperando que la mención al mar justificara el desorden de mi aspecto.

Nathan no se movió. Se quedó allí, observándome con una calma que me ponía los pelos de punta. No parecía enfadado. Me sentía tan expuesta bajo la luz del pasillo; cada centímetro de mi cuerpo me recordaba que ya no era la misma niña que había salido de esa casa horas antes.

—Amigos —repitió él en un susurro, casi para sí mismo—. Ángela, yo también tuve catorce años. Yo también sentí que el mundo se acababa en una noche de verano.

Dio un paso hacia mí y, por un segundo, temí que fuera a recriminarme algo, pero solo puso una mano suave sobre mi hombro. Su tacto se sintió cálido, paternal, y me provocó un nudo en la garganta que me costó tragar.

—Solo espero que esos "amigos" te cuiden tanto como yo intento hacerlo —continuó, con una voz cargada de una honestidad que me dolió—. No quiero que te lastimen, hija. No quiero que nadie te haga sentir que no vales lo suficiente.

—No lo hacen, papá. Todo está bien —mentí, aunque por dentro me sentía rota al pensar en Asher y su vuelo a Milán.

—Está bien. Ve a descansar —dijo, dándome un beso fugaz en la frente.

Me apresuré a entrar en mi habitación y cerré la puerta con cuidado. Me apoyé contra la madera, dejándome resbalar hasta el suelo. La oscuridad de mi cuarto me envolvió y finalmente solté el aire que no sabía que estaba reteniendo. Me abracé a mis rodillas, sintiendo aún la extraña sensación en mi cuerpo y el vacío en mi corazón.

Al otro día, el sol de la mañana entraba con una agresividad que no encajaba con mi estado de ánimo. Bajé a la cocina con el cuerpo todavía resentido, esperando encontrar el aroma del café de mi padre o la voz suave de Chloe, pero la casa estaba sumida en un silencio sepulcral. Una nota sobre la encimera me confirmó que se habían ido temprano a un chequeo médico de rutina por el bebé.

Estaba sola. Y la soledad me dio una chispa de audacia que no sabía que tenía.

Tomé el teléfono y marqué a Asher. Mi mente volaba a lo que habíamos vivido anoche; a pesar del dolor y la extrañeza, había algo eléctrico en el recuerdo que me hacía querer volver a sus brazos. Quería una última vez, algo que nos perteneciera solo a nosotros antes de que la distancia se volviera real.

—Asher... —susurré en cuanto contestó—. No hay nadie en casa. Pensé que podrías venir a buscarme. Podríamos ir a ese lugar donde nadie nos ve... tú sabes.

Hice la insinuación con el corazón galopando contra mis costillas, esperando escuchar su risa ronca o el sonido de las llaves de su Jeep. Pero lo que recibí del otro lado fue un silencio pesado, seguido de un suspiro que me heló la sangre.

—No puedo, Ángela —su voz sonaba tensa, casi frenética—. Estoy enterrado entre maletas y cajas. Mi madre se volvió loca... adelantó el vuelo para hoy mismo en la noche.

—¿Hoy? —sentí como si me hubieran echado un balde de agua helada—. Me dijiste que teníamos un par de días más.

—Ella tiene un compromiso en Milán, una cena o algo de su estúpida vida social que no puede posponer. Dijo que no hay razón para seguir perdiendo el tiempo aquí —escuché un ruido de cosas cayendo de fondo—. Tengo a los abogados de mi padre y a los de ella peleando en la sala mientras yo trato de meter mi vida en una maleta. No puedo salir de aquí, Salles. Si intento escaparme ahora, mi madre llamará a la policía solo por despecho contra mi viejo.

Me senté en el taburete de la cocina, sintiendo que el mundo se encogía a mi alrededor. La noche anterior, la de mi primera vez, se sentía ahora como un regalo de despedida que se estaba evaporando demasiado rápido.

—Entonces... ¿ya está? —mi voz se quebró—¿No nos vamos a ver antes de que te vayas? ¿Solo nos queda esa despedida en la puerta de mi casa?

—Haré lo posible por llamarte antes de subir al avión —dijo él, y su voz sonaba tan rota como la mía—. Pero no me pidas que vaya ahora. Me estoy desmoronando, Ángela. Si te veo ahora, no voy a ser capaz de subirme a ese maldito avión.

Colgué el teléfono y me quedé mirando el jardín. En unas horas, el chico al que le había entregado todo estaría a miles de kilómetros. Y lo peor de todo era que ni siquiera podía gritarlo, porque para el resto del mundo, Asher Collins era solo un error que yo debía olvidar.

No podía quedarme de brazos cruzados viendo cómo los minutos se escapaban. Horas después de estar pensando en la sala, subí corriendo a mi habitación, busqué el sobre donde guardaba mis ahorros del último cumpleaños y, sin avisar a nadie, salí de la casa.

—Al aeropuerto internacional. Rápido, por favor —le dije al taxista con la voz entrecortada.

El trayecto fue una tortura. Cada semáforo en rojo se sentía como una condena. Miraba mi celular cada dos minutos, esperando un mensaje de él, pero no había nada. La ciudad pasaba como una mancha borrosa a través de la ventana mientras yo intentaba ensayar lo que le diría, aunque sabía que, al verlo, probablemente no saldría ni una palabra.

Cuando llegué, la terminal era un caos de gente y maletas. Corrí hacia la zona de salidas internacionales, esquivando a viajeros y carritos, con el corazón martilleando en mis oídos. Mis ojos buscaban desesperadamente esa chaqueta de cuero o esa forma tan particular que tenía él de caminar.

De repente, lo vi.

Estaba a lo lejos, cerca de la fila de seguridad. Su madre estaba unos pasos adelante, hablando por teléfono de forma animada, ignorando por completo la tormenta que su hijo llevaba dentro. Asher cargaba una mochila al hombro y miraba hacia el suelo, con una expresión de derrota.

—¡Asher! —grité, pero mi voz se perdió en el estruendo de los anuncios de vuelos.

Corrí ignorando el ardor en mis pulmones.

—¡ASHER! —grité más fuerte cuando estaba a unos metros.

Él se giró bruscamente. Sus ojos se abrieron de par en par al verme allí, despeinada, sin aliento y con las lágrimas corriendo por mi cara. Soltó su mochila en el suelo y, sin importarle que su madre se detuviera a mirarnos con indignación, corrió hacia mí.

Nos encontramos a mitad de camino en un abrazo que nos dejó sin aire. Me aferré a su cuello con una fuerza que no sabía que tenía, como si mis manos pudieran detener el tiempo o impedir que cruzara esa línea de seguridad.

—Viniste... —susurró él contra mi cabello, apretándome con la misma desesperación—. Estás loca, Salles. Te dije que no vinieras.

—No iba a dejar que te fueras así —sollocé, separándome lo justo para verlo a los ojos—. No sin decirte que no me importa la distancia. No me importa Milán, ni las horas de diferencia, ni nada de lo que dijiste en la playa. Te voy a esperar.

Asher me miró con ternura, me tomó el rostro con ambas manos y me dio ese beso que tanto había buscado.

—Última llamada para el vuelo 422 con destino a Milán —resonó la voz metálica por los altavoces.

Su madre lo llamó con un gesto impaciente desde la entrada de los detectores de metales. Asher se separó lentamente, sus dedos rozando mi mejilla una última vez.

—Escríbeme cuando aterrices —le supliqué—Promételo.

—Te escribiré antes de que el avión despegue —me aseguró, retrocediendo hacia la fila sin dejar de mirarme—. Te quiero, Ángela. No lo olvides nunca.

Lo vi caminar hacia el control, entregar su pasaporte y cruzar el umbral. Antes de desaparecer por el pasillo que lo llevaría a las puertas de embarque, se giró una última vez y levantó la mano. Yo me quedé allí, de pie en medio de la terminal, sintiendo cómo el mundo se volvía inmenso y vacío de repente.

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Maria Elena Martinez Lazaro
Por favor Yazz , que la historia de Sofía y Nathan no se repita en ellos porfis
Maria Elena Martinez Lazaro
Vuelvo y digo ya esto no me está gustando Angela se encuentra a Mark hasta en la sopa, mientras que Asher se está alejando que será lo que irá a pasar entre ellas
Maria Elena Martinez Lazaro
Ya esto no me está gustando, le va a llegar competencia a Asher. Será que Angela le va pasar lo mismo que Sofía ella también se tropezó con Alari en la universidad . ojalá que no se repita la historia
Maria Elena Martinez Lazaro
excelente que buena está la historia , gracias querida Dios te bendiga
Maria Elena Martinez Lazaro
Pero como cambia la plata a las personas si Sofía también era una muerta de hambre que trabajaba con el cuñado si no fue porque conoció a. Alarith no hubiera conseguido lo que tiene ahora y eso que no digo de lo soberbia y altiva que es porque eso siempre lo ha sido creyéndose más que otros y que Nathan
Yausmira Alvarez Herrera
sofia que triste ver en lo que te convertiste mas con tu hija y ese hombre que tanto te amado solo por apariencias
😜 Betsy 🇻🇪
Q le pasa a Sofía ps' no puedes llegar con esa soberbia no joda así se habla Ángela un peo con los errores del pasado 😡
😜 Betsy 🇻🇪
Jajajaja Sarat tu y tus locuras 😜 menos mal q es una novela 😉 porq mi mamá me decía q si me tragaba el chiche se me quedaba pegado del culo 🤣😂🤣😂🤣😂
😜 Betsy 🇻🇪
No joda se te tenía que decir y se dijo 👏👏 así se habla Alaric
😜 Betsy 🇻🇪
Entiendo tus miedos Sofía pero asfixia a Ángela todos cometemos errores pero cada quien como sus propios errores eso es inevitable
😜 Betsy 🇻🇪
Hay Sofía tu cómo siempre 😵‍💫😵‍💫 cuando te enteres q serás abuela te va a dar un soponsio y q vas hacer un coño 😡
😜 Betsy 🇻🇪
A bueno ahora falta Sofía 🫣🫣
😜 Betsy 🇻🇪
Así es mi Nathan 🥰 jajajaja como q raro vas hacer un excelente abuelito 😜 al caracolito no le faltará amor ❤️❤️
😜 Betsy 🇻🇪
Excelente palabras Chloe 👏👏👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Bueno no va hacer facil lo q les esperan pero pa' Lante es paya 💪💪
😜 Betsy 🇻🇪
Hay q bellos 🥰 y con su futuro caracolito 🥰
😜 Betsy 🇻🇪
Muy bien dicho Ángela 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Me encanta Nathan siempre un padre comprensivo 😜
😜 Betsy 🇻🇪
No joda así se habla carajo 👏👏👏👏 ahora sí tienes los pantalones bien puesto 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
No joda Ángela te tardaste en hablar y ya se te adelantaron 😬😬
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